el duque del norte caído - Capítulo 12
- Inicio
- Todas las novelas
- el duque del norte caído
- Capítulo 12 - 12 Capítulo 12 Los Ojos del Norte
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: Capítulo 12: Los Ojos del Norte 12: Capítulo 12: Los Ojos del Norte Lyria Flamewing no perdía el tiempo.
Al día siguiente de recibir la aprobación de Kain, los cincuenta y dos reclutas reprobados por Bork fueron convocados en la plaza alta del castillo —una plataforma elevada en la muralla norte, azotada constantemente por vientos helados y con vistas infinitas sobre valles nevados y picos distantes.
Lyria estaba en el centro, alas plegadas, lanza clavada en la nieve como estandarte.
A su lado, tres oficiales elegidos: Sylva, la elfa arquera que había sobrevivido al entrenamiento completo de Bork; un humano veterano llamado Harlan, maestro ballestero; y una joven mitad dragona llamada Vesper, con ojos que veían en la oscuridad.
Los reclutas formaban en filas irregulares.
Eran una mezcla: elfos de dedos finos, humanos de pueblos fronterizos, algunos enanos de vista aguda y hasta un par de kitsune exiliados.
Todos llevaban arcos largos, ballestas pesadas o lanzas de tiro.
Ninguno había soportado la brutalidad física de los Caballeros de Dios, pero sus manos eran firmes y sus ojos precisos.
Lyria habló con voz que cortaba el viento.
—Vosotros no sois los que Bork llama “dioses”.
No necesitáis romperos los huesos para ser útiles.
Pero seréis algo que incluso sus caballeros temerán: los Ojos del Norte.
Un tiro certero desde quinientos metros.
Una flecha que atraviesa una rendija de yelmo a plena carga.
Un virote que derriba un wyvern enemigo antes de que abra las alas.
Vosotros no ganaréis la guerra en el cuerpo a cuerpo.
La ganaréis antes de que el enemigo sepa que está en guerra.
El entrenamiento se dividió en fases claras, diseñadas para forjar precisión, paciencia y frialdad mental.
Fase 1: La Base — Respiración y Estabilidad (primer mes) Cada mañana empezaba al alba en la plataforma alta.
—Posición de tiro básica —ordenaba Lyria—.
De pie, de rodillas, tumbados en nieve.
Con viento lateral, con viento frontal, con nieve en la cara.
Los reclutas disparaban a dianas fijas a cien metros.
Pero no era simple.
Lyria introducía variables: • Disparar después de correr cien escalones con el arco cargado.
• Disparar mientras un compañero les gritaba insultos al oído.
• Disparar con una mano atada a la espalda.
El objetivo no era fuerza bruta, sino control absoluto de la respiración.
—Un arquero que jadea falla el tiro —decía Sylva, corrigiendo posturas—.
El corazón late una vez: soltad la flecha en el espacio entre latidos.
Al final del mes, todos acertaban nueve de diez tiros a cien metros, incluso con viento cruzado de treinta nudos.
Fase 2: Distancia y Altura (segundo y tercer mes) Se trasladaron a las torretas más altas del castillo y a acantilados cercanos.
Dianas a doscientos, trescientos, quinientos metros.
Lyria usaba wyverns jóvenes para mover dianas móviles: figuras de madera colgadas de sus garras, volando en patrones impredecibles.
—Disparad al movimiento, no al objetivo —enseñaba Harlan—.
Calculad el viento, la caída, el latido del wyvern.
También entrenaban en posiciones incómodas: • Colgando de cuerdas en paredes verticales.
• Tumbados en salientes de hielo con el vacío bajo los pies.
• Disparando boca abajo desde torretas invertidas.
Vesper, la mitad dragona, introdujo ejercicios nocturnos.
—Disparad en oscuridad total.
Usad el oído, el olor del viento, el calor del enemigo.
Los kitsune brillaban aquí: su visión nocturna y olfato los convertían en centinelas perfectos.
Al final de esta fase, el mejor tirador —un elfo llamado Thorne— acertó a un blanco móvil a seiscientos metros con viento lateral fuerte.
Fase 3: Mente Fría — Simulacros y Estrés (cuarto mes en adelante) Aquí Lyria introdujo el verdadero filtro.
Simulacros reales.
—Escuadrones de Caballeros de Dios cargando a toda velocidad hacia la muralla, fingiendo ser enemigos.
Los Ojos del Norte debían identificar “amenazas” (caballeros con banderas rojas) y “aliados” (banderas blancas) mientras disparaban virotes embotados.
Un error significaba repetición toda la noche.
Otro ejercicio: meditación forzada.
—Sentados en postes altos durante seis horas, sin moveros.
Con nieve cayendo.
Con wyverns rugiendo abajo.
El que se movía o temblaba bajaba y repetía al día siguiente.
Lyria explicaba: —El enemigo no espera a que estéis cómodos.
Un centinela duerme: morimos todos.
Un arquero duda: perdemos la batalla.
También entrenaban comunicación.
Señales con banderas, silbatos de hueso, incluso flechas luminosas forjadas con mana.
Un sistema complejo: una flecha verde significaba “enemigo avistado al este”, dos rojas “fuerza grande aproximándose”, etc.
Fase 4: Especialización Los reclutas se dividieron en roles: • Centinelas: Parejas permanentes en torretas.
Ocho horas de guardia, ocho de descanso.
Ojos que nunca parpadeaban.
• Francotiradores: Equipos de tres (tirador, observador, protector).
Especializados en tiros imposibles.
• Antiaéreos: Ballesteros pesados con virotes explosivos de cristal.
Entrenados contra wyverns de práctica.
• Infiltradores: Grupos pequeños con arcos cortos, para emboscadas en valles.
Lyria no usaba el dolor extremo de Bork, pero sí presión mental constante.
—Fallad un simulacro y todo el grupo repite el ejercicio sin dormir.
—Acertad todos los tiros y tenéis un día libre para cazar o beber.
Funcionaba.
Los reprobados de Bork se convirtieron en algo letal a distancia.
Una tarde, Kain subió a la torreta más alta para observar un simulacro final.
Treinta Caballeros de Dios cargaban por el valle, mezclados aliados y “enemigos”.
Los Ojos del Norte, posicionados en cinco puntos elevados, dispararon salvas coordinadas.
En menos de un minuto, todas las banderas rojas estaban “muertas”.
Ninguna blanca tocada.
Kain miró a Lyria, que observaba con brazos cruzados.
—Impresionante.
Ella sonrió con orgullo.
—No necesitan bañarse en lagos congelados para ser mortales.
Solo necesitan ser precisos.
Kain asintió.
—Cuando Bork vuelva con más wyverns… algunos de tus mejores montarán.
Flechas desde el cielo.
Lyria rio.
—Y entonces nadie podrá acercarse al norte sin ser visto… o derribado.
Bajo ellos, los Ojos del Norte recargaban con calma quirúrgica.
El castillo ya tenía dientes en tierra.
Alas en el cielo.
Y ahora ojos que veían todo.
El Gran Ducado del Norte se convertía, lentamente, en inexpugnable.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com