el duque del norte caído - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Capítulo 13 Los Colmillos de la Noche
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13: Capítulo 13: Los Colmillos de la Noche 13: Capítulo 13: Los Colmillos de la Noche las profundidades del Castillo Helado existía un sector prohibido para la mayoría: los Caniles de Sombras, una serie de túneles y cuevas subterráneas iluminadas solo por cristales de mana azul tenue.
Allí, Lyria había decidido entrenar por separado a los seis kitsune que habían llegado como reclutas —exiliados de clanes orientales lejanos, con colas múltiples ocultas bajo capas encantadas y ojos que brillaban como brasas en la oscuridad.
Los kitsune no encajaban en los Ojos del Norte ni en los Caballeros de Dios.
Eran algo distinto.
Lyria los llamaba, en privado, sus “perros de caza nocturnos”.
El entrenamiento era brutal, pero adaptado a su naturaleza salvaje.
Fase 1: Caza en Oscuridad Absoluta Los túneles se sellaban con magia.
Luz cero.
Ni una chispa.
Dentro, se soltaban presas: conejos de hielo, lobos pequeños capturados, incluso maniquíes encantados que corrían y gritaban como humanos.
Los kitsune, desarmados al principio, debían cazar solo con sentidos.
—Olfato, oído, instinto —ordenaba Lyria desde fuera, voz amplificada por runas—.
La vista nocturna es vuestro don.
Usadla.
Los kitsune se movían como sombras vivas.
Colas bajas, cuerpos agachados, pasos silenciosos sobre la piedra helada.
Un recluta kitsune llamado Kael, con cuatro colas visibles cuando se emocionaba, era el mejor.
Localizaba a una presa a cincuenta metros solo por el latido acelerado de su corazón.
En días, cazaban sin fallar.
Fase 2: Persecución Implacable Lyria introdujo presas “inteligentes”: reclutas voluntarios de los Ojos del Norte disfrazados, corriendo por los túneles con antorchas apagadas.
—Regla —gritaba Lyria—.
La presa puede esconderse, fingir muerte, suplicar.
Vosotros no paráis hasta neutralizarla.
Aquí se reveló su verdadera amenaza.
Un humano voluntario, exhausto, se tiró al suelo fingiendo estar muerto: respiración contenida, cuerpo inmóvil.
Los kitsune se acercaron… olfatearon… y atacaron de todos modos.
Colmillos y garras rasgaron el maniquí acolchado que llevaba debajo de la ropa.
Si hubiera sido real, lo habrían devorado vivo.
Otro voluntario suplicó en la oscuridad: —¡Me rindo!
¡Estoy muerto!
Los kitsune lo rodearon.
Uno lamió la “sangre” falsa.
Otro mordió el cuello del maniquí.
No dejaban el cuerpo.
Nunca.
Kain, que había bajado a observar invitado por Lyria, se quedó en la entrada de los túneles con los brazos cruzados.
La luz tenue iluminaba su expresión incrédula.
—¿Esto… es entrenamiento o estás criando monstruos?
Lyria, a su lado, observaba con calma dracónica.
—No monstruos.
Herramientas perfectas para la noche.
El enemigo que invada el norte lo hará con antorchas, con luz.
Pero si envían infiltrados, asesinos, exploradores… estos los olerán a leguas.
Y no habrá fingir muerte que valga.
Kain frunció el ceño.
—Se comen el cuerpo.
Incluso si es aliado en entrenamiento.
Lyria se encogió de hombros.
—Es su recompensa.
Les doy carne cruda después de cada caza exitosa.
Si “matan” a la presa, se la comen.
Si fallan, ayunan tres días.
Así aprenden a no fallar nunca.
Un kitsune salió de la oscuridad arrastrando un maniquí destrozado.
Lo dejó a los pies de Lyria y se sentó, colas ondeando, esperando aprobación.
Lyria le arrojó un trozo grande de carne de alce congelada.
—Buen chico, Ren.
El kitsune lo devoró en segundos, crujiendo huesos incluidos.
Kain negó con la cabeza.
—Son como perros de guerra… pero peores.
Un perro deja el cuerpo si finges muerte.
Estos no.
—Exacto —respondió Lyria—.
Por eso los entreno aparte.
Los Ojos del Norte disparan desde lejos.
Los Caballeros de Dios cargan de frente.
Pero estos… estos serán nuestra amenaza en la oscuridad.
Patrullas nocturnas.
Emboscadas en ventiscas donde no se ve nada.
Persecución de fugitivos.
Cuando el Imperio envíe sus sombras… nuestras sombras los comerán vivos.
Kain observó a los seis kitsune alineados ahora, ojos brillando en la penumbra, lenguas lamiendo colmillos.
—Solo déjalos porque es su recompensa… —murmuró.
Lyria sonrió con colmillos propios.
—Y porque funcionan.
Mira.
Chasqueó los dedos.
Los seis kitsune desaparecieron en la oscuridad en un instante.
Ni un sonido.
Segundos después, un maniquí escondido en una grieta alta fue bajado y “devorado” en equipo.
Kain soltó un suspiro.
—El norte ya no solo tiene ojos, dientes y alas.
Ahora tiene pesadillas que no duermen.
Lyria asintió.
—Y cuando Bork vuelva con los wyverns… algunos de estos irán montados.
Imagina: wyverns volando sin luz, kitsune cazando desde el cielo.
Kain miró los túneles oscuros.
—Que los dioses ayuden al enemigo que se atreva a venir de noche.
En la oscuridad, seis pares de ojos brillaron con hambre.
Los kitsune habían encontrado un hogar.
Y una presa eterna.
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