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el duque del norte caído - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Capítulo 14 El Mensajero del Emperador
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14: Capítulo 14: El Mensajero del Emperador 14: Capítulo 14: El Mensajero del Emperador El viento del norte aullaba con furia esa mañana, como si presintiera la tormenta que llegaba envuelta en colores imperiales.

Un único jinete apareció en el horizonte: capa púrpura bordada con el águila dorada del Imperio, escoltado por doce caballeros de élite con armaduras relucientes y plumas rojas en los yelmos.

Portaban la bandera de tregua blanca, pero nadie en el Castillo Helado se engañaba: era una advertencia disfrazada de diplomacia.

Las puertas se abrieron solo lo necesario.

Los Ojos del Norte tenían flechas apuntando desde cada torreta.

Los kitsune patrullaban invisibles en las sombras de las murallas.

Wyverns jóvenes rugían desde los nidos altos.

El mensajero desmontó en la plaza principal.

Era un hombre alto, de rostro afilado y voz entrenada para sonar imparcial.

Llevaba un pergamino sellado con cera dorada y el sello personal del Emperador Augusto III.

Kain Voss esperaba en lo alto de las escaleras del salón principal, capa negra ondeando, La Domadora envainada a su cintura.

A su derecha, Lyria Flamewing con las alas semiabiertas.

A su izquierda, Bork Ironbeard —recién regresado de su expedición con quince wyverns nuevos— sosteniendo su hacha como si esperara usarla.

Elara observaba desde un balcón lateral, ojos verdes brillando con una mezcla de miedo y desafío.

El mensajero inclinó la cabeza —no una reverencia completa, solo lo justo para no ser ejecutado por insolencia.

—Lord Kain Voss, heredero de la Casa Voss, declarada traidora hace dieciocho años.

Traigo palabras del Emperador Augusto III, soberano absoluto del Imperio de Tratarían.

Desenrolló el pergamino y leyó con voz clara y fría.

—Por orden imperial, se prohíbe expresamente el resurgimiento del Gran Ducado del Norte.

La Casa Voss fue juzgada y condenada por alta traición.

Cualquier intento de restaurar su autoridad, levantar ejércitos o reclamar títulos será considerado acto de rebelión abierta.

Se os concede una única oportunidad de evitar la guerra.

En siete días, en la Ciudad Neutral de Cresta de Plata, se celebrará una reunión de todos los Grandes Duques, Duquesas, Condes y Marqueses del Imperio.

Vos, Kain Voss, compareceréis personalmente y sin escolta armada mayor de diez hombres.

Allí se discutirá vuestro… estatus.

Si no asistís, o si continuáis alzando fuerzas, el Imperio responderá con toda su potencia militar.

El mensajero enrolló el pergamino y miró directamente a Kain.

—¿Vuestra respuesta, señor?

El silencio cayó sobre la plaza.

Solo el viento y el lejano rugido de un wyvern.

Kain bajó lentamente los escalones hasta quedar frente al mensajero.

Sus ojos dorados lo atravesaron como cuchillas.

—Escuchad bien mis palabras, mensajero.

Llevadlas textualmente al Emperador.

El Gran Ducado del Norte no “se está alzando”.

Ya está vivo.

Respira.

Late.

Crece.

Mis murallas están reconstruidas.

Mis wyverns vuelan de nuevo.

Mis caballeros entrenan.

Mis arqueros vigilan.

Mis sombras cazan en la noche.

El Emperador no me da miedo.

Puede traer a su ejército entero: los caballeros aura del Este, las riquezas del Lotto Carmesí, los magos del Arcano, la santa de Saint.

No importa.

No daremos bandera blanca a nadie.

Si quiere guerra, que venga.

Pero que sepa esto: el norte ya no duerme.

Y cuando despierte del todo… será el Imperio el que tiemble.

El mensajero palideció ligeramente, pero mantuvo la compostura.

—¿Es esa vuestra respuesta final?

Kain sonrió sin calor.

—Dadle también este mensaje personal: en Cresta de Plata estaré.

Con mis diez escolta.

Pero no para suplicar.

Para mirar a los ojos a cada duque, cada conde, cada marqués… y recordarles que los muertos pueden regresar.

El mensajero inclinó la cabeza de nuevo, montó y, junto a su escolta, abandonó el castillo a galope.

Las puertas se cerraron tras ellos con un eco metálico.

Lyria fue la primera en hablar.

—Siete días.

Nos declaran rebeldes oficialmente.

Bork soltó una carcajada profunda.

—¡Por fin!

¡Pensé que tardarían más en enviar su amenaza de papel!

Elara bajó del balcón y se acercó.

—Van a intentar humillarte en esa reunión… o matarte.

Kain miró al horizonte, donde la bandera imperial ya desaparecía.

—Que lo intenten.

Luego se giró hacia su gente reunida en la plaza.

—¡Escuchad todos!

Su voz resonó amplificada por aura.

—¡El Imperio nos ha declarado la guerra!

¡En siete días iré a su reunión!

¡Pero no iré a rendirme!

¡Iré a mostrarles que el norte ha vuelto!

¡Mientras esté fuera, doblar los entrenamientos!

¡Reforzar murallas!

¡Preparar wyverns!

¡Afilar flechas!

¡Porque cuando regrese… o con paz honorable en mis manos… o con guerra total en mi corazón!

La plaza estalló en un rugido único.

—¡Por Voss!

—¡Por el Norte!

Kain subió de nuevo los escalones.

Lyria lo siguió.

En privado, en el salón del trono, ella preguntó: —¿Realmente crees que habrá paz en esa reunión?

Kain se sentó en el trono de hielo negro, expresión dura.

—No.

Pero iré.

Porque si no voy, dirán que tengo miedo.

Y no les daré esa satisfacción.

Lyria puso una mano en su hombro.

—Entonces ve.

Y vuelve.

Porque este ducado te necesita vivo.

Kain miró La Domadora en su cintura.

—Volveré.

Y cuando lo haga… el Imperio sabrá que despertó a un dragón que creía muerto.

Fuera, la nieve empezó a caer más fuerte.

Siete días.

El tiempo de la guerra había comenzado a contar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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