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el duque del norte caído - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 El Segundo Día de la Reunión
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18: Capítulo 18: El Segundo Día de la Reunión 18: Capítulo 18: El Segundo Día de la Reunión El sol de mediodía entraba por los altos ventanales del Gran Salón de los Pactos, reflejándose en las armaduras y joyas de los nobles como un desafío silencioso.

La mesa redonda estaba más tensa que el día anterior: nadie había dormido bien después de las palabras de Kain.

Augusto III abrió la sesión con voz grave.

—Hoy decidiremos el destino del norte.

Kain Voss, has hecho afirmaciones graves.

Dos Pecados bajo tu control.

Bestias que devoran en la oscuridad.

Wyverns resurgidos.

Demuéstralo o retírate.

Kain, sentado ahora en el asiento que le habían concedido —el antiguo de los Voss, limpiado a regañadientes—, sonrió con calma.

—No necesito demostrar nada aquí.

Los hechos llegarán solos.

Pero os daré una prueba que no podéis ignorar.

Alzó la mano y, con un pulso sutil de aura mixta (luz y oscuridad), proyectó una ilusión en el centro de la mesa: imágenes vivas del Castillo Helado.

Murallas reconstruidas.

Wyverns volando en formación.

Caballeros de Dios cargando en la nieve.

Ojos del Norte disparando desde torretas imposibles.

Y, en la oscuridad de la noche, seis kitsune montados en wyverns cazando sombras que desaparecían tragadas por la nada.

Los nobles se inclinaron hacia adelante, algunos pálidos.

La Duquesa Elara Voss del Arcano entrecerró los ojos.

—Ilusión avanzada… pero el mana es real.

Esos wyverns existen.

El Duque Valerian Blade golpeó la mesa.

—¡Eso no prueba lealtad!

¡Es rebelión armada!

Kain dejó caer la ilusión.

—Rebelión contra una sentencia falsa.

Mi padre fue acusado de traición por descubrir que ciertos nobles —aquí presentes, quizá— traficaban con Pecados para su propio poder.

Un silencio incómodo.

Algunos condes menores se removieron.

El Duque Lorenzo Lotto intervino con su sonrisa comercial.

—Interesante historia, joven Voss.

Pero el pasado es pasado.

Ofrezcamos un trato: disuelve tu ejército, entrega los Pecados al control imperial, y te daremos un título menor en el norte.

Paz y prosperidad.

Kain rio brevemente.

—¿Entregar a mis hermanos?

¿A los que confiaron en mí?

No.

Y paz… la paz del Imperio es cadenas disfrazadas de oro.

No.

Mi oferta es simple: reconoced el Gran Ducado del Norte como legítimo.

Devolvednos nuestras tierras ancestrales.

Jurad no invadir.

A cambio, comercio justo, alianza defensiva, y los Pecados bajo mi control nunca se usarán contra el Imperio… mientras el Imperio no nos ataque.

La sacerdotisa de Saint habló por primera vez, voz suave pero firme.

—La Gran Santa Lilia siente disturbios en el equilibrio divino.

Los Pecados libres son peligro para todos.

Entregadlos a la Iglesia.

Nosotros los purificaremos.

Kain negó con la cabeza.

—Los Pecados no son vuestros juguetes.

Son personas.

Con almas inquebrantables que atraparon a los demonios en lugar de ser corrompidos.

Ellos eligen su camino.

Y eligieron el norte.

El Emperador alzó la mano.

—Basta de palabras.

Votemos.

Los cuatro Grandes Duques tienen voz principal.

Los condes y marqueses asesoran.

¿Quién apoya reconocer al Ducado del Norte?

Silencio total.

Ni una mano.

El Emperador sonrió fríamente.

—Entonces queda declarado: el norte es territorio rebelde.

En un mes, el ejército imperial marchará para restaurar el orden.

Kain se puso de pie lentamente.

Bork hizo lo mismo, hacha resonando al apoyarse en el suelo.

—Que así sea.

Pero recordad esto, majestad y nobles: Cuando vuestros ejércitos crucen la nieve, no encontrarán un castillo débil.

Encontrarán wyverns en el cielo.

Flechas que no fallan.

Caballeros que no conocen piedad.

Y sombras que devoran vivos.

Los Pecados lucharán a mi lado.

Y cuando caigáis… envidiaréis a los muertos.

Dio media vuelta y salió, Bork cubriendo su espalda.

Los guardias imperiales se apartaron instintivamente.

Nadie los detuvo.

Fuera, en el campamento, Kain montó su caballo.

—A casa, Bork.

El gigante sonrió.

—¿Guerra total, jefe?

Kain miró al norte, donde sentía el castillo llamándolo.

—Guerra total.

Cabalgaban hacia la nieve cuando un cuervo mensajero los alcanzó: una nota de Lyria.

“Kira, portador de Lust, ha llegado.

Curado y leal.

El castillo está seguro.

Te esperamos.” Kain sonrió por primera vez en días.

—Tres Pecados pronto.

El Imperio acaba de cometer su mayor error.

Bork alzó el puño.

—¡Por Voss!

¡Que vengan!

Los once jinetes galoparon hacia el norte.

La guerra había sido declarada.

Y el norte estaba listo para devorarla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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