el duque del norte caído - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Capítulo 19 La Llamada de la Ira
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19: Capítulo 19: La Llamada de la Ira 19: Capítulo 19: La Llamada de la Ira camino de regreso al norte era brutal: ventiscas constantes, caminos helados, patrullas imperiales que evitaban con cautela.
Kain y su escolta cabalgaban sin descanso, impulsados por la urgencia de la guerra declarada.
En la cuarta noche, acampados en un valle cubierto de nieve, Kain sintió un tirón nuevo en su alma.
Fuerte.
Ardiente.
Como un fuego que rugía en su pecho.
Bork, vigilando el perímetro, se acercó.
—¿Jefe?
Tienes cara de haber visto un dragón furioso.
Kain cerró los ojos, concentrándose.
—Ira.
El Pecado de la Ira se acerca.
Rápido.
Al amanecer del quinto día, los Ojos del Norte enviaron un cuervo mensajero desde el castillo: “Figura solitaria en la frontera sur.
Femenina.
Escamas doradas visibles.
Aura de fuego.
No hostil, pero… peligrosa.” Kain espoleó su caballo.
—Llegaremos a tiempo.
En el Castillo Helado Draka, la dragona mestiza portadora de Wrath, había llegado al límite.
Dieciséis años de coliseos clandestinos, cadenas, combates forzados hasta la muerte.
Su piel ocultaba escamas doradas que brillaban cuando la ira la consumía.
Sus ojos rojos como brasas.
Su fuerza sobrehumana, alimentada por el demonio que rugía en su cabeza.
¡Quémalos!
¡Quémalos a todos!
Wrath había gritado durante semanas, impulsándola hacia el norte.
Escapó durante un combate final en un coliseo del Gran Ducado del Este.
Su oponente: un gladiador campeón, armado con espada aura.
Draka, encadenada al centro, sintió el llamado dorado más fuerte que nunca.
El público rugía por sangre.
El gladiador cargó.
Draka dejó que Wrath tomara control parcial.
Llamas doradas estallaron alrededor de su cuerpo.
Las cadenas se fundieron.
Un puñetazo.
El gladiador voló contra la pared, inconsciente.
El público entró en pánico.
Draka saltó las gradas, rompiendo guardias como ramitas.
Fuego controlado —solo lo suficiente para aterrorizar, no matar inocentes.
Huyó al norte.
Días de carrera implacable.
Evitó patrullas quemando puentes detrás de ella.
Durmió en cuevas, comió carne cruda de bestias cazadas con puños.
Wrath la mantenía despierta, furiosa, viva.
¡Venganza!
¡Libertad!
¡Quema el mundo que te encadenó!
Al fin, exhausta, cubierta de sangre y hollín, llegó a las barreras del Castillo Helado.
Los Ojos del Norte apuntaron flechas.
Los kitsune gruñeron en las sombras.
Pero Lyria, alertada, voló hasta la puerta principal.
Draka cayó de rodillas en la nieve, llamas débiles danzando en sus manos.
—No… disparéis.
Sentí… un hogar.
Aquí.
Lyria desmontó, alas abiertas en señal de no amenaza.
—Wrath.
La dragona de los coliseos.
Te esperábamos.
Draka alzó la vista, ojos rojos llenos de furia contenida.
—¿Esperábamos?
¿Quién?
Lyria sonrió.
—El duque Kain Voss.
Y tus hermanos Pecados.
Envy y Lust ya están aquí.
Draka tembló.
No de frío.
De alivio furioso.
Lyria la ayudó a levantarse.
—Ven.
Te bañaremos.
Te curaremos.
Te daremos ropa digna de una dragona.
La llevaron a los baños termales.
Agua caliente disolviendo sangre y suciedad.
Mana dracónico de Lyria cerrando heridas antiguas: cicatrices de látigos, quemaduras de cadenas.
Escamas doradas limpiadas hasta brillar.
Ropa nueva: armadura ligera negra con detalles rojos, capa con el emblema Voss.
Comida: carne abundante, casi cruda como le gustaba.
Elara y Kira la esperaban en el salón.
Tres Pecados ahora.
Elara tocó sus orejas largas, sonriendo.
—Bienvenida, hermana de fuego.
Kira, colas ondeando, añadió: —Lust te saluda.
Aquí nadie te encadenará.
Draka apretó los puños.
Llamas bailaron en sus palmas.
—Wrath… quiere quemar el Imperio.
Lyria rio.
—Pronto tendrás oportunidad.
El duque regresa mañana.
La guerra ha sido declarada.
Draka sonrió por primera vez, colmillos dracónicos visibles.
—Bien.
Que vengan.
Sí… quémalos a todos.
Esa noche, los wyverns rugieron más fuerte.
Los kitsune aullaron en la oscuridad.
Los Ojos del Norte afinaron flechas de fuego.
El castillo sintió la ira llegar.
Y se preparó para desatarla.
Al día siguiente, Kain y su escolta cruzaron las puertas.
Vio a Draka en la plaza: alta, musculosa, escamas doradas brillando bajo el sol pálido, ojos rojos fijos en él.
Se acercó.
—Tú eres Wrath.
Ella asintió.
—Y tú eres el llamado.
El que nos reúne.
Kain extendió la mano.
—Bienvenida al Gran Ducado del Norte.
Aquí tu ira tendrá propósito.
Draka tomó su mano.
Fuego cálido contra aura mixta.
—Entonces… quememos el Imperio juntos.
Kain sonrió.
—Juntos.
Tres Pecados.
Cuatro más por venir.
La guerra se acercaba.
Y el norte ardía de anticipación.
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