el duque del norte caído - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 Capítulo 22 El Terror Llega al Palacio Imperial
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22: Capítulo 22: El Terror Llega al Palacio Imperial 22: Capítulo 22: El Terror Llega al Palacio Imperial En la capital del Imperio de Tratarían, el Palacio Augusto brillaba bajo un sol invernal débil.
Las torres doradas, los jardines encantados, las fuentes de mana puro: todo parecía inquebrantable.
Hasta esa mañana.
El capitán Darius Voss —el único superviviente de la fuerza de élite— fue llevado ante el trono en una camilla.
Pálido como un cadáver, pierna amputada por su propia espada, ojos vidriosos por el horror vivido.
Los Grandes Duques y altos consejeros estaban reunidos en sesión de emergencia.
El Emperador Augusto III, en su trono elevado, observaba con expresión impasible.
—Habla —ordenó.
Darius tembló.
Su voz salió ronca, quebrada.
—Majestad… cien hombres… los mejores infiltradores del Este… enviados a sabotear el norte… Hizo una pausa, jadeando.
—Avanzamos en la noche.
Silencio total.
Y entonces… demonios.
Desde las sombras.
Sombras vivas.
Nos atacaron uno a uno.
No los veíamos.
Solo sentíamos.
Garras.
Colmillos.
Ojos brillando en la oscuridad.
Los arrastraban… y los comían vivos.
Escuché sus gritos… huesos rompiéndose… carne desgarrándose… Intenté luchar.
Corté a uno… pero eran demasiados.
Del cielo cayeron más.
Bestias aladas silenciosas.
En minutos… solo yo quedé.
Una mujer dragona me dejó vivo.
Dijo… que llevara el mensaje.
Que el norte tiene sombras que devoran.
Que esta es solo la primera masacre.
El salón quedó en silencio mortal.
El Duque Valerian Blade palideció.
—Mis mejores hombres… devorados como animales.
La Duquesa Elara Voss del Arcano flotó inquieta.
—Mana de ilusión y sombra… kitsune, quizá.
Y wyverns nocturnos.
Esto confirma las amenazas de Kain Voss.
El Duque Lorenzo Lotto perdió su sonrisa comercial.
—Cien élite… eliminados sin una sola baja enemiga.
Esto no es una rebelión.
Es… algo peor.
La sacerdotisa de Saint murmuró oraciones, mano temblando sobre su símbolo divino.
El Emperador se puso de pie lentamente.
Su aura imperial —capaz de aplastar montañas— se expandió, haciendo crujir el trono.
Pero por primera vez en décadas, había algo nuevo en sus ojos.
No ira pura.
Miedo.
No lo admitiría nunca, pero lo sintió: un escalofrío que ningún enemigo había provocado antes.
—Kain Voss… —murmuró—.
No solo resucitó un ducado.
Despertó pesadillas.
Golpeó el brazo del trono con el puño.
Mármol agrietado.
—¡Convocad a los generales!
¡Adelanten la marcha!
¡Quiero todo el ejército del Este en la frontera en diez días!
¡Magos S del Arcano preparando portales!
¡Caballeros aura completos!
¡La Santa Lilia bendecirá las tropas ella misma!
No esperaremos más.
Aplastaremos el norte antes de que sus… sombras crezcan.
Un consejero, voz temblorosa, preguntó: —¿Y si las historias son ciertas, majestad?
¿Si realmente tienen demonios… Pecados… bestias que devoran en la noche?
El Emperador lo fulminó con la mirada.
—Entonces lucharemos de día.
Quemaremos sus murallas con fuego eterno.
Usaremos luz divina para ahuyentar sus sombras.
No hay noche que dure para siempre.
Pero en su mente, una duda pequeña pero persistente: ¿Y si sus sombras no temen la luz?
En el salón, los nobles intercambiaron miradas.
El terror había llegado al corazón del Imperio.
Un capitán roto contando horrores.
Cien hombres desaparecidos en la oscuridad.
Y un mensaje claro: El norte no esperaba la guerra.
La guerra ya había empezado.
Y el Imperio acababa de perder su primera batalla… sin disparar una flecha.
En el Castillo Helado, Kain recibió el informe de un kitsune explorador.
Sonrió en la oscuridad.
—El Emperador tiene miedo.
Lyria, a su lado, alas plegadas.
—Bien.
Que tiemble.
Draka soltó una risa ardiente.
—Pronto tendrá razones para quemarse de terror.
Elara tocó sus orejas largas.
—Y envidiará lo que nunca podrá tener.
Kira sonrió con colmillos.
—Y deseará la muerte antes de enfrentarnos.
Cuatro Pecados.
Familias de dragones.
Sombras que devoran.
El norte esperaba.
Y la noche era suya.
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