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el duque del norte caído - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 Capítulo 23 La Voz de la Luna
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23: Capítulo 23: La Voz de la Luna 23: Capítulo 23: La Voz de la Luna el corazón del Ducado Saint, lejos de las intrigas políticas y las sombras de la guerra, existía un lugar sagrado conocido solo por unos pocos: el Lago de las Flores Lunares.

Un vasto campo acuático cubierto por un tapiz infinito de flores de luna —pétalos blancos y plateados que solo se abrían bajo la luz de la luna llena, liberando un brillo etéreo que iluminaba la noche como miles de estrellas caídas.

Allí, flotando suavemente sobre la superficie del agua, estaba Lilia Saint, la Gran Santa del Imperio.

Su apariencia era un reflejo de pureza divina: cabello rubio largo y ondulado que caía como cascadas de oro líquido hasta su cintura, ojos azules suaves llenos de bondad infinita.

En lugar de orejas, tenía alas pequeñas y delicadas en la cabeza, como las de un ángel serafín, cubiertas de plumas blancas suaves que se movían con la brisa.

Su vestido era blanco inmaculado con detalles celestes y dorados sutiles, mangas amplias que ondeaban como nubes, y un corsé ajustado con bordados de estrellas en vez de los patrones más oscuros.

Un halo tenue flotaba sobre su cabeza, y sus pies descalzos no tocaban el agua, sino que levitaba a centímetros, rodeada por un aura de luz cálida.

Lilia cantaba.

Una melodía suave, etérea, como el susurro de la luna misma.

Su voz era frágil pero poderosa, capaz de calmar tormentas o curar almas rotas.

Las flores lunares se abrían más al ritmo de su canción, y pequeñas luces danzaban alrededor como hadas invisibles.

Ella era pura de corazón.

Amable con todos, cariñosa incluso con los más humildes, frágil en apariencia como una flor de cristal… pero su poder divino podía bendecir campos enteros o repeler plagas con una oración.

Lilia no sabía de las oscuridad del mundo.

Criada en el ducado como un tesoro protegido, ajena a las esclavitudes, las cazas de portadores o las masacres ordenadas en nombre del Imperio.

Su padre, el Duque Saint, la mantenía en inocencia deliberada, creyendo que su pureza era la fuente de su poder.

Esa noche, mientras cantaba una antigua balada de paz y unidad, algo perturbó la armonía.

Una nutria blanca —un espíritu mensajero sagrado, pelaje níveo como la luna, ojos inteligentes y brillantes— emergió del agua.

Nadó grácilmente entre las flores hasta llegar a sus pies flotantes.

Lilia detuvo su canción, bajando suavemente hasta tocar el agua con los dedos.

—Luna, mi pequeña amiga… ¿qué te trae con tanta prisa?

La nutria, llamada Luna por la propia santa, trepó a una flor grande y habló con voz suave y cristalina —un don divino para sus mensajeros.

—Mi señora Lilia… noticias graves del palacio.

Traigo palabras del Emperador y los Duques.

Una fuerza de cien soldados élite fue enviada al norte para sabotear al Ducado Voss.

Todos… murieron.

Devorados en la oscuridad por sombras y bestias.

Solo uno sobrevivió para contar el horror: gritos en la noche, cuerpos arrastrados, comidos vivos.

El Emperador está aterrorizado.

Adelanta la guerra.

Lilia palideció.

Sus alas en la cabeza se plegaron ligeramente, temblando.

—¿Devorados…?

¿Cómo… cómo puede ser?

La guerra ya trae suficiente dolor… ¿por qué tanta crueldad?

Luna bajó la cabeza.

—El norte responde con terror a la invasión.

Dicen que tienen demonios y sombras que no perdonan.

Lilia se cubrió la boca con manos delicadas, ojos llenándose de lágrimas.

—No… no puede ser.

La gente sufre… soldados con familias, almas que podrían salvarse… Flotó más alto, mirando la luna llena como buscando guía.

—No conozco las sombras del mundo como los demás.

Mi padre me protege… pero siento que esto es equivocado.

La guerra solo trae más oscuridad.

Debo hacer algo.

Luna nadó más cerca.

—¿Qué harás, mi señora?

Lilia secó sus lágrimas, voz frágil pero decidida.

—Iré personalmente al norte.

Veré al Duque Kain Voss.

Hablaré con él.

Llegaré a un acuerdo pacífico.

Porque si hay pureza en algún lado… debe haberla en ambos bandos.

No permitiré que más almas se pierdan en la noche.

Su aura brilló más fuerte, iluminando el campo de flores lunares como un faro de esperanza.

La nutria inclinó la cabeza.

—Serás escoltada, mi señora.

Pero el norte es peligroso ahora.

Lilia sonrió con ternura, acariciando el pelaje blanco de Luna.

—La luz siempre encuentra camino en la oscuridad.

Y si el Duque del Norte tiene corazón… me escuchará.

Al día siguiente, partiría.

Ajena a las intrigas, pura y amable, frágil pero con poder divino infinito.

La Gran Santa Lilia Saint iría al norte.

No con ejército.

Con una canción de paz en el corazón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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