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el duque del norte caído - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 Los Poderes de la Gran Santa
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24: Capítulo 24: Los Poderes de la Gran Santa 24: Capítulo 24: Los Poderes de la Gran Santa Lilia Saint no era solo un símbolo de fe para el Imperio.

Era su arma más poderosa, envuelta en un velo de inocencia y pureza que nadie osaba manchar.

Sus dones divinos provenían de una bendición antigua, otorgada por los dioses de la luz en eras olvidadas.

Frágil en apariencia —cuerpo delicado, voz suave, corazón que lloraba por cualquier sufrimiento—, su poder era absoluto cuando se manifestaba.

El Escudo de las Manos Celestiales Cuando Lilia sentía miedo genuino o peligro inminente, su aura respondía instintivamente.

Del aire mismo surgían enormes manos etéreas, translúcidas y brillantes como cristal divino, del tamaño de torres.

Estas manos la rodeaban, protegiéndola de cualquier ataque: espadas se rompían al tocarlas, magia se disipaba, ejércitos enteros podían ser apartados como hojas en el viento.

Eran imparables, indestructibles, y solo desaparecían cuando el peligro pasaba o ella se calmaba.

Nadie había logrado herirla cuando estas manos aparecían; era como si los dioses mismos la defendieran.Las Cadenas de la Redención Con una oración suave, Lilia podía invocar cadenas de luz pura que brotaban del suelo o del cielo.

Resistentes como adamantio divino, capaces de atar dragones antiguos o ejércitos enteros.

No solo inmovilizaban el cuerpo: purificaban el alma, forzando arrepentimiento en los malignos o calmando la ira de los poseídos.

Muchos enemigos se rendían voluntariamente al sentir su toque, lágrimas de remordimiento brotando sin control.

El Arco de la Luz Eterna Su poder supremo, que solo canalizaba en momentos de desesperación absoluta.

Lilia alzaba las manos, y un enorme arco de luz pura se materializaba: curvo como la luna, brillante como mil soles.

Una sola flecha —formada de mana divino concentrado— podía ser disparada.

Su impacto no destruía solo materia: arrasaba con oscuridad, demonios, plagas o ejércitos malignos.

Se decía que una flecha completa podría purificar —o aniquilar— todo el Imperio si así lo deseaba la voluntad divina.

Pero Lilia nunca lo había usado al máximo; su corazón puro la hacía dudar incluso contra el mal mayor.Guía de Almas y Descanso Eterno Lilia era la puente entre vida y muerte.

Con un toque suave o una canción, podía ver almas errantes, calmar espíritus inquietos y guiarlos al descanso eterno.

Campos de batalla se convertían en paz cuando ella pasaba: muertos encontraban luz, heridos sanaban.

Podía resucitar recientemente fallecidos si su alma lo deseaba, o sellar undead para siempre.

Su voz sola bastaba para mover almas hacia la luz, liberando ciudades de maldiciones antiguas.

Y mucho más: bendiciones que hacían campos estériles florecer, curaciones que regeneraban miembros perdidos, barreras de luz que repelían invasores demoníacos, visiones proféticas de paz futura.

Pero Lilia usaba sus poderes solo para sanar y proteger.

Nunca para conquistar.

Su pureza la hacía ajena al odio; veía bondad incluso en enemigos.

Por eso, al oír del horror en el norte —hombres devorados en la oscuridad—, su corazón se rompió.

—No más sangre —susurró en el Lago de las Flores Lunares, flotando sobre el agua iluminada.Su aura brilló, alas en la cabeza temblando.

—Iré al norte.

Hablaré con Kain Voss.

Mi luz encontrará su corazón… y detendrá esta oscuridad.

Porque si hay guerra, mis manos celestiales protegerán a los inocentes.

Mis cadenas atarán la violencia.

Y si falla todo… mi arco traerá paz eterna.

Pero rezaré para que no llegue a eso.

Lilia Saint, frágil flor de luz en un mundo de sombras, partiría sola —con mínima escolta sagrada— hacia el Castillo Helado.

Buscando paz.

Con poder suficiente para terminar la guerra… o ganarla para cualquiera que la mereciera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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