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el duque del norte caído - Capítulo 27

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  4. Capítulo 27 - 27 Capítulo 27 La Caída de un Duque y la Llegada de la Luz
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27: Capítulo 27: La Caída de un Duque y la Llegada de la Luz 27: Capítulo 27: La Caída de un Duque y la Llegada de la Luz Lilia Saint regresó al Ducado Saint con el corazón pesado pero decidido.

El viaje de vuelta fue silencioso; sus escoltas sagrados notaban el cambio en su aura: más brillante, más firme.

Al llegar al palacio blanco de torres celestiales, pidió audiencia inmediata con su padre, el Duque Reginald Saint.

El salón del trono familiar era un lugar de luz pura: columnas de mármol luminoso, vitrales con escenas divinas, suelo que reflejaba el cielo.

Reginald Saint, un hombre mayor de cabello plateado y túnica blanca bordada en oro, la recibió con sonrisa paternal.

—Mi querida hija.

¿Cómo fue tu viaje al norte?

¿Convenciste al rebelde Voss de rendirse?

Lilia flotó hasta el centro, alas en la cabeza quietas, ojos azules llenos de dolor.

—Padre… necesito la verdad.

Háblame del Pecado encerrado aquí.

Del niño que fue maltratado en nombre de la fe.

Del tráfico de portadores.

De la traición a la Casa Voss.

El Duque palideció un instante, pero recuperó la compostura.

—Rumores, hija.

Mentiras de traidores.

Los Pecados son peligrosos.

Deben ser contenidos.

Lilia negó con la cabeza, lágrimas brotando.

—No.

Kain Voss me lo contó todo.

Su padre fue asesinado por querer revelar la corrupción.

Niños torturados.

Esclavos en todos los ducados… incluso aquí.

Tú lo sabías.

El rostro de Reginald se endureció.

La máscara paternal cayó.

—Necia niña.

La pureza es un lujo que el Imperio no puede permitirse.

Los Pecados son armas.

El norte es una amenaza.

Hice lo necesario para protegerte… para proteger nuestra posición.

Intentó usar su autoridad ducal: un pulso de mana sagrado corrupto para someterla, cadenas invisibles de obediencia que siempre habían funcionado en el pasado.

Pero Lilia ya no era la niña protegida.

Sus ojos brillaron con luz divina pura.

Del suelo brotaron cadenas de luz resplandeciente —las Cadenas de la Redención en su forma más poderosa—.

Se enroscaron alrededor de Reginald antes de que pudiera reaccionar.

Él gritó, intentando contraatacar con mana robado de artefactos prohibidos.

Las cadenas lo drenaron.

Poder, riquezas espirituales, autoridad ducal: todo fluía hacia la luz, purificándose o disipándose.

Reginald cayó de rodillas, envejeciendo visiblemente, aura apagándose.

Lilia flotó sobre él, voz temblorosa pero firme.

—Padre… te juzgo en nombre de la verdadera luz.

Has manchado el nombre de Saint con oscuridad.

Desde hoy, no estaré del lado del Emperador.

Ni del tuyo.

Tus poderes te son retirados.

Tus riquezas serán para los oprimidos.

El Ducado Saint cambiará… o caerá.

Las cadenas lo soltaron.

Reginald quedó como un hombre común, temblando en el suelo.

Lilia se giró sin mirar atrás.

Fue a las profundidades del palacio: las mazmorras sagradas ocultas.

Allí encontró al Pecado encerrado: Fang, la chica lobo portadora de Gluttony.

Encadenada en una celda de luz falsa, aullando de hambre eterna, colmillos afilados, ojos amarillos brillando en la penumbra.

Años de maltrato la habían hecho salvaje, siempre hambrienta, siempre sola.

Lilia abrió la celda con un toque.

Las cadenas falsas se disolvieron.

Fang gruñó, lista para atacar.

Lilia se arrodilló, aura cálida envolviéndola.

—No temas, pequeña.

Soy Lilia.

Vengo a liberarte.

Te llevaré al norte.

Allí hay otros como tú.

Un hogar.

Comida.

Libertad.

Fang olfateó, Gluttony susurrando desconfianza… pero sintiendo la pureza real.

—¿Norte…?

¿Hogar?

Lilia extendió la mano.

—Ven conmigo.

Fang, temblando, la tomó.

En ese instante, el Lago de las Flores Lunares —el lugar sagrado de Lilia— desapareció del Ducado Saint.

Flores, agua, luz: todo se desvaneció como niebla.

Y reapareció en el territorio expandido del Gran Ducado del Norte: un valle nuevo, cerca de las murallas ampliadas, rodeado de nieve pero eterno en su brillo lunar.

Un regalo divino.

Un santuario trasladado.

Kain fue informado inmediatamente por un Ojos del Norte.

—Mi señor… el lago sagrado de Saint… apareció en nuestras tierras.

Y la Santa viene con una chica lobo.

Kain, en medio de supervisar un nuevo campo de entrenamiento, sonrió por primera vez en días.

Corrió al valle nuevo.

Allí estaba: flores lunares abriéndose bajo la nieve, agua cristalina reflejando estrellas aunque fuera día.

Lilia flotaba en el centro, Fang a su lado —aún desconfiada, pero comiendo carne que kitsune le habían traído.

Kain se acercó.

—Santa Lilia… has hecho lo imposible.

Le quitaste al Emperador su mejor aliada.

Lilia sonrió con tristeza y esperanza.

—No aliada del Emperador.

Aliada de la verdad.

Este lugar… es mi nuevo hogar.

Mientras lo necesitéis.

Fang aulló suavemente, Gluttony calmada por primera vez.

Kain inclinó la cabeza.

—Bienvenidas.

Ambas.

Cinco Pecados ahora.

Una Santa.

Un lago de luz en la nieve.

El Imperio había perdido más que una aliada.

Había perdido su luz.

Y el norte… brillaba más fuerte que nunca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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