el duque del norte caído - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 La Furia del Emperador
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28: Capítulo 28: La Furia del Emperador 28: Capítulo 28: La Furia del Emperador En el Palacio Augusto, la noticia llegó como un rayo en noche clara.
Un mensajero sagrado —pálido, temblando— fue admitido de urgencia en la sala del trono imperial.
Los Grandes Duques restantes estaban presentes: Valerian Blade del Este, Lorenzo Lotto del Carmesí, Elara Voss del Arcano.
Reginald Saint, destituido y encadenado en una celda lejana, ya no contaba.
El mensajero se arrodilló.
—Majestad… la Gran Santa Lilia ha abandonado el Ducado Saint.
Ha juzgado y despojado a su padre de todo poder y riqueza.
Ha trasladado el Lago de las Flores Lunares… al territorio del Gran Ducado del Norte.
Y se llevó consigo al Pecado encerrado: la portadora de Gluttony.
Ahora está con Kain Voss.
El silencio que siguió fue asfixiante.
Augusto III se levantó lentamente del trono.
Su aura imperial, normalmente controlada como una tormenta contenida, estalló: el suelo de mármol se agrietó bajo sus pies, las antorchas se apagaron por un instante, los guardias retrocedieron instintivamente.
—¿Lilia… con el rebelde?
Su voz era baja, peligrosa.
El Duque Blade habló primero, espada aura vibrando en su vaina.
—Imposible.
La Santa es la pureza del Imperio.
Nunca traicionaría… La Duquesa Voss del Arcano intervino, flotando inquieta.
—Su poder es divino, no imperial.
Si juzgó a su propio padre… significa que descubrió la verdad sobre los Pecados.
Y eligió el lado de Voss.
Lotto, sin su sonrisa habitual, murmuró: —Hemos perdido nuestra arma más poderosa.
Sin Lilia, nuestras bendiciones de guerra se debilitan.
Los soldados temerán más la noche del norte.
El Emperador caminó hasta el balcón del trono, mirando la capital extendida abajo: luces, riqueza, poder aparente.
Y por primera vez en décadas, sintió una grieta en su control absoluto.
—Kain Voss… —dijo en voz baja—.
Un mocoso de diecinueve años.
Un huérfano que saqué de la cuna para matar.
Y ahora… Se giró bruscamente hacia los Duques.
—Primero reúne Pecados como si fueran mascotas leales.
Luego masacra a mis élites en la oscuridad sin perder un hombre.
Después convence a la Santa más pura del Imperio de traicionar a su propia sangre… y ella le entrega su santuario sagrado.
No es fuerza bruta.
Es astucia.
Está jugando un juego que nosotros creíamos controlado.
Y va ganando.
Blade apretó los dientes.
—Entonces aplastémoslo antes de que consiga los siete Pecados.
El Emperador negó con la cabeza.
—No.
Ya no es solo aplastar un ducado rebelde.
Es detener una revolución que usa nuestra propia luz contra nosotros.
Ordenó con voz que no admitía réplica: —Adelanten todo.
Movilicen el ejército completo en siete días, no en diez.
Portales arcanos masivos: que los magos S abran caminos directos al norte.
Caballeros aura del Este: marcha forzada.
Flota aérea del Arcano: golems y artefactos voladores.
Y enviad mensaje a todos los condes y marqueses leales: quien no marche con nosotros será declarado traidor.
No lucharemos solo contra sombras y Pecados.
Lucharemos contra la idea de que un mocoso de diecinueve años puede desafiar un Imperio… y ganar.
Pero en su mente, una admisión silenciosa: Está siendo más astuto de lo que yo fui a su edad.
Y eso… me aterra.
En el norte, Kain observaba el nuevo Lago de las Flores Lunares desde una colina cercana.
Lilia cantaba suavemente en el centro, guiando almas errantes de antiguas batallas Voss al descanso.
Fang, la chica lobo, comía junto a Draka, Gluttony calmada por primera vez.
Elara, Kira y los demás Pecados observaban con respeto.
Kain sonrió.
—El Emperador acaba de darse cuenta.
Le quitamos su luz.
Y ahora… brillaremos nosotros.
La guerra se acercaba.
Pero el norte ya no luchaba en la oscuridad.
Tenía su propia luz.
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