el duque del norte caído - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 Capítulo 29 Las Escamas como Escudos
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29: Capítulo 29: Las Escamas como Escudos 29: Capítulo 29: Las Escamas como Escudos El nuevo valle del Lago de las Flores Lunares se había convertido en un lugar de calma dentro del bullicio guerrero.
Lilia cantaba suavemente por las noches, guiando almas y calmando a los refugiados.
Fang devoraba cantidades ingentes de carne pero ya no aullaba de hambre eterna.
Una tarde de viento helado, Draka buscó a Lyria en las murallas ampliadas.
La dragona mestiza caminaba con paso decidido, escamas doradas brillando bajo la capa roja que ahora llevaba como estandarte personal.
Lyria estaba supervisando un vuelo de kitsune sobre wyverns cuando Draka aterrizó a su lado con un salto dracónico.
—Comandante —saludó Draka, llamas danzando en sus pupilas—.
Tengo una propuesta.
Para el duque.
Lyria alzó una ceja ámbar.
—¿Otra de tus ideas de fuego?
Habla.
Draka sonrió con colmillos.
—Nosotras.
Los dragones.
La Tribu Alaescarcha y yo.
Queremos crear un ejército en siete días.
Lyria frunció el ceño.
—¿Siete días?
El Imperio marcha en esa fecha.
¿Qué clase de ejército?
—Dragones blindados —respondió Draka, voz ronca de excitación—.
Como tanques vivientes.
Nos pondremos al frente de los Caballeros de Dios.
Escudos de carne y escama.
Nuestros cuerpos son duros como adamantio.
Fuego, aura, flechas: rebotan o queman poco.
Cargaremos primero, romperemos formaciones enemigas, absorberemos el impacto.
Detrás, Bork y sus locos cargan sin miedo.
Los caballeros humanos duran más.
Nosotros resistimos más.
Lyria cruzó los brazos, alas plegadas, pensativa.
—Interesante.
Los adultos de tu tribu ya son guerreros.
Las madres protegerían a las crías… pero los jóvenes y adultos podrían formar una línea frontal imparable.
¿Cuántos?
—Veinte adultos listos para pelear.
Diez jóvenes fuertes como yo.
Treinta en total.
En siete días, entrenamos formaciones, resistencia a aura enemiga, cargas coordinadas con wyverns aéreos.
Lyria sonrió lentamente.
—Me gusta.
Presentémoslo al duque.
Esa misma noche, en el salón del trono, Draka y Lyria expusieron la idea ante Kain.
Kain, sentado en el trono de hielo negro, escuchaba con brazos cruzados.
Bork a su derecha, Lilia flotando cerca con curiosidad pacífica, los Pecados —Elara, Kira, Fang— sentados en bancos laterales.
Draka habló con pasión.
—Mi señor… el Imperio vendrá con todo: caballeros aura, magos, golems.
Nosotros, los dragones, podemos ser su pesadilla.
Un ejército de treinta dragones en siete días.
Al frente de los Caballeros de Dios.
Escudos vivientes.
Nuestras escamas resisten cortes, fuego, hielo.
Nuestros cuerpos absorben impactos que matarían a cien hombres.
Rompemos líneas, escupimos fuego, protegemos la carga de Bork.
Los caballeros avanzan seguros.
El enemigo se rompe contra nosotros como olas contra acantilado.
Kain se inclinó hacia adelante, ojos dorados brillando.
—¿En siete días?
¿Listos para la batalla principal?
Draka asintió con firmeza.
—Mi madre Pyra ya está organizando.
Los adultos entrenarán día y noche.
Los jóvenes como yo lideraremos las puntas.
Con Lyria coordinando desde el aire y Bork desde tierra… seremos imparables.
Bork soltó una carcajada profunda.
—¡Ja!
¡Dragones como tanques y mis dioses detrás!
¡El Imperio se cagará en las botas!
Lyria añadió: —Viable.
Los dragones tienen resistencia natural.
Siete días bastan para formaciones básicas y sincronía con wyverns.
Lilia, voz suave, intervino: —Protegerá vidas… humanas y dracónicas.
Apoyo la idea, si no hay crueldad innecesaria.
Kain se puso de pie, caminando hasta Draka.
Miró a la dragona que había llegado encadenada y ahora proponía ser escudo para todos.
—Draka… aceptado.
Crea tu ejército de dragones.
Treinta escudos vivientes.
Al frente de todo.
El Imperio aprenderá que el norte no solo tiene sombras… tiene fuego que no se apaga.
Draka golpeó el pecho con el puño, llamas danzando en su palma.
—Por Voss.
Por el norte.
Quemaremos su avance.
Kain sonrió.
—Siete días.
Hazlo realidad.
El salón rugió en aprobación.
Dragones, caballeros, kitsune, Pecados, una Santa.
El norte se preparaba para recibir al Imperio.
No con miedo.
Con escamas, fuego y voluntad inquebrantable.
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