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el duque del norte caído - Capítulo 33

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  4. Capítulo 33 - 33 Capítulo 33 Fuego Sombras y Luz en la Batalla
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33: Capítulo 33: Fuego, Sombras y Luz en la Batalla 33: Capítulo 33: Fuego, Sombras y Luz en la Batalla gran guerra estalló con un estruendo que sacudió las montañas del norte.

Al amanecer, el ejército imperial avanzó como una marea interminable: filas interminables de caballeros aura brillando con filos mortales, golems arcanos de diez metros retumbando, magos flotando en plataformas lanzando barreras protectoras.

El Emperador, desde un carro de mando elevado, alzó su espada.

—¡Cargad!

¡Aplastad a los traidores!

El rugido fue ensordecedor.

En el norte, Kain Voss dio la señal desde la muralla principal.

Los Escudos Dragón avanzaron primero.

Treinta dragones —Draka y Pyra al frente— formaron una línea impenetrable de escamas doradas, plateadas y rojas.

Alas plegadas como escudos, colas entrelazadas para anclarse.

La carga imperial chocó contra ellos como una ola contra acantilado.

Caballeros aura golpeando con espadas que cortaban acero como mantequilla.

Pero las escamas resistieron.

Draka rugió, recibiendo un tajo directo en el pecho que solo dejó una marca superficial.

Contraatacó con un chorro de llamas doradas que incineró a diez caballeros en segundos, armaduras fundiéndose, gritos ahogados en fuego.

Pyra barrió con su cola, derribando una fila entera de infantería.

Golems cargaron.

Puños de mana aplastando.

Un dragón joven recibió el impacto, resbalando hacia atrás, pero los compañeros lo anclaron.

Respondieron con fuego coordinado: llamas concentradas fundiendo articulaciones de golems, haciendo que colapsaran como torres derribadas.

Detrás, Bork lideró la contra-carga.

—¡Caballeros de Dios, adelante!

Cientos de armaduras blancas irrumpieron por brechas abiertas por dragones.

Bork en cabeza, hacha girando como un torbellino, partiendo yelmos y escudos.

Un capitán aura enemigo cargó contra él.

—¡Muere, bárbaro!

Bork bloqueó con el mango, rio y contraatacó: el hacha cortó armadura aura como papel, decapitando al capitán en un golpe.

Los Caballeros de Dios siguieron: cargas imparables, escudos blancos chocando, espadas perforando líneas imperiales.

En el cielo, wyverns con kitsune y Ojos del Norte entraron en acción.

Kira, montado en un wyvern, usó Lust: oleadas de ilusión haciendo que soldados imperiales vieran compañeros traicionándolos, causando caos interno.

Flechas de Ojos del Norte llovieron: virotes explosivos impactando golems, flechas de hielo eterno perforando magos en plataformas.

Magos imperiales respondieron: meteoros cayendo sobre dragones.

Elara intervino: ilusiones masivas multiplicando dragones aparentes, confundiendo objetivos.

Meteoros impactaron nieve vacía.

Fang saltó desde la espalda de Draka: la chica lobo aterrizó en una formación enemiga, Gluttony desatada.

Devoró oficiales en segundos, colmillos rasgando armaduras, dejando terror en las filas.

El día fue sangriento.

El Imperio avanzó, pero cada metro costaba ríos de sangre.

Dragones heridos pero resistiendo, sanados por luz distante de Lilia.

Caballeros de Dios cayendo, pero llevándose diez enemigos cada uno.

Kitsune devorando retaguardia, magos imperiales cayendo del cielo sin saber cómo.

Al mediodía, el avance imperial se detuvo.

Miles caídos.

Golems destruidos.

Líneas rotas.

El Emperador, desde su carro, vio dragones aún erguidos, caballeros blancos cargando sin fin, wyverns dominando el cielo.

Gritó orden de retirada temporal.

—¡Al campamento!

¡Preparad para mañana!

En el norte, Kain bajó de la muralla, La Domadora manchada de sangre enemiga.

Miró el campo: nieve roja, cuerpos imperiales amontonados contra escamas dragón.

Lyria aterrizó a su lado, alas heridas pero curándose con luz de Lilia.

—Resistimos.

Más que eso: les dolimos.

Bork llegó jadeando, hacha goteando.

—¡Miles muertos!

¡Y nosotros apenas cientos!

Draka, escamas marcadas, rugió victoria.

Fang lamió sangre de colmillos, satisfecha.

Elara y Kira sonrieron.

Lilia cantaba desde el lago, luz sanando heridos a distancia.

Kain alzó la espada.

—El día fue nuestro.

La noche será peor para ellos.

Porque el Imperio atacó con todo… y no bastó.

La gran guerra continuaba.

Pero el norte sangraba menos.

Y el Emperador, en su campamento, empezaba a dudar.

Un ducado.

Contra todo un Imperio.

Y el ducado resistía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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