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el duque del norte caído - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Capítulo 6 La Huida de la Elfa Envidiada
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6: Capítulo 6: La Huida de la Elfa Envidiada 6: Capítulo 6: La Huida de la Elfa Envidiada En las profundidades rojas del Ducado Lotto Carmesí, las minas de piedras mágicas nunca dormían.

El polvo carmesí teñía el aire, y el eco de picos golpeando roca era el único latido de aquel infierno subterráneo.

Elara, la elfa esclava de orejas mutiladas, tenía dieciséis años y llevaba doce de ellos encadenada.

Su piel pálida estaba marcada por latigazos antiguos, y sus ojos verdes brillaban con un fulgor que nadie entendía.

Día tras día extraía cristales rojos que valían fortunas, mientras ella no poseía ni un mendrugo de pan sin permiso.

Pero esa noche, algo cambió.

El tirón en su pecho —ese llamado dorado que sentía desde hacía semanas— se volvió insoportable.

Era como si una mano invisible la jalara hacia el norte, prometiendo algo que nunca había conocido: libertad.

Ellos tienen todo, susurró Envy en su mente, más fuerte que nunca.

Riqueza, comida caliente, camas blandas.

Tú tienes cadenas.

Tómalo.

Haz que te envidien a ti.

Elara apretó el pico con manos temblorosas.

“Hoy”, murmuró para sí misma.

“Hoy escapo.” Paso 1: El robo silencioso Durante meses, Envy le había enseñado un truco secreto: absorber mana de los cristales sin que explotaran.

Cada noche, cuando los capataces dormían, ella escondía un cristal pequeño en su harapo y lo drenaba lentamente.

Su núcleo de mana —normalmente vacío en un esclavo— ahora estaba lleno hasta reventar.

Esa tarde, durante el turno, fingió un desmayo.

Cayó dramáticamente al suelo polvoriento.

—¡La elfa se muere otra vez!

—gritó un capataz riendo.

Dos guardias se acercaron, laxos.

Uno la pateó para ver si reaccionaba.

Elara abrió los ojos de golpe.

Un pulso verde oscuro salió de su cuerpo —el poder de Envy canalizado—.

Los dos guardias sintieron un vacío repentino: envidia pura hacia la “débil” elfa que yacía en el suelo.

Sus mentes se nublaron.

—¿Por qué ella descansa y nosotros trabajamos?

—murmuró uno, confuso.

El otro asintió, atontado.

Mientras discutían entre ellos, Elara se levantó sigilosa, robó las llaves del cinturón del más cercano y abrió sus grilletes.

Los guardias ni se dieron cuenta.

Corrió hacia el túnel de servicio, uno que los esclavos usaban para llevar desperdicios.

Paso 2: El sabotaje Sabía que la alarma sonaría en minutos.

Necesitaba tiempo.

Envy le dio la idea.

Haz que se envidien entre ellos.

Elara corrió a la sala de distribución de cristales —donde se guardaban los cargamentos del día—.

Allí había docenas de barriles con polvo de mana altamente inflamable.

Con su mana absorbido, creó una ilusión simple: hizo que cada capataz viera al otro robando cristales para sí mismo.

Gritos estallaron en la mina principal.

—¡Ladrón!

¡Me estás robando mi parte!

—¡Tú eres el que siempre se queda con los mejores cristales!

Pelearon entre ellos.

Puños, látigos, incluso espadas.

El caos fue total.

Elara aprovechó para verter polvo inflamable en los soportes principales del túnel de salida.

Luego, con un chasquido de dedos, creó una chispa verde.

BOOM.

Una explosión controlada derrumbó la entrada principal.

Nadie podría seguirla por allí en horas.

Paso 3: La ascensión Subió por los conductos de ventilación —túneles estrechos que solo un cuerpo delgado como el suyo podía atravesar—.

Arañó piedra durante horas, sangrando, pero el llamado del norte la impulsaba.

Al fin salió a la superficie, en medio de la noche carmesí.

El aire libre la golpeó como un latigazo.

Por primera vez en años, vio las estrellas.

Pero no había tiempo para admirarlas.

Los perros de caza ya ladraban en la distancia.

Paso 4: Atravesando el Ducado Lotto Carmesí Robó ropa de un tendedero: un vestido sencillo de sirvienta y una capa con capucha.

Escondió sus orejas mutiladas lo mejor que pudo.

Usando el poder de Envy, manipuló guardias en los puestos de control.

A uno le hizo envidiar la “belleza élfica” que imaginó bajo la capucha, dejándola pasar coqueteando.

A otro le hizo creer que su compañero de guardia era más favorecido por el duque, provocando una discusión que le permitió escabullirse.

Viajó de noche, escondiéndose de día en graneros o ruinas.

Robaba comida con ilusión: hacía que los comerciantes envidiaran al “cliente rico” que imaginaban, pagando ellos mismos por su pan.

Cruzó ríos en barcazas de mercaderes, haciendo que el capitán envidiara la “historia trágica” de la chica muda, llevándola gratis.

Paso 5: Las fronteras centrales Al salir del Ducado Lotto Carmesí, entró en tierras neutrales —zonas comerciales llenas de caravanas.

Se unió a una caravana de mercaderes que iba hacia el norte, fingiendo ser una sirvienta huérfana.

El jefe de la caravana, un hombre gordo llamado Marco, la aceptó porque Envy le hizo envidiar la “lealtad” que creía ver en ella.

Durante semanas viajaron.

Elara trabajaba duro: cocinaba, limpiaba, curaba heridas menores con mana absorbido.

Ganó confianza.

Pero una noche, un mercenario reconoció sus orejas mutiladas.

—Es la elfa fugitiva.

Hay recompensa.

Intentó agarrarla.

Elara liberó una oleada de Envy pura.

Todos en el campamento se volvieron unos contra otros.

—¿Por qué tú tienes más vino que yo?

—¿Por qué siempre te dan la mejor guardia?

Pelearon hasta derramar sangre.

Elara huyó en la confusión, robando un caballo.

Paso 6: El cruce del Gran Ducado del Este Las tierras del este eran militares.

Patrullas constantes.

Aquí fue más difícil.

Tuvo que abandonar caminos y cruzar bosques y montañas a pie.

Cazadores de esclavos la persiguieron durante días.

Usó ilusiones para crear copias de sí misma corriendo en direcciones opuestas.

Una vez, acorralada en un acantilado, dejó que Envy tomara control parcial.

Sus ojos brillaron verde esmeralda.

Los cazadores se paralizaron, consumidos por envidia mutua.

—Él tiene mejor arco… —Ella tiene más recompensa si la capturamos viva… Se mataron entre ellos.

Elara bajó del acantilado llorando, pero siguió.

Paso 7: Las tierras heladas Finalmente, el aire se volvió frío.

La nieve apareció.

El llamado dorado era tan fuerte que dolía.

Cabalgó el caballo robado hasta que murió de agotamiento.

Luego caminó.

Días sin comida.

Noches bajo ventiscas.

Sus pies sangraban.

Las orejas mutiladas se congelaban.

Pero no se detuvo.

Ellos tienen calor, hogares, familias, susurraba Envy.

Tú tendrás poder.

Haz que te envidien.

Y entonces, una mañana… Vio las barreras iridiscentes en el horizonte.

El Castillo Helado, reconstruido, imponente contra el cielo blanco.

Torretas girando.

Estandartes Voss ondeando.

Y en la puerta principal, un joven de cabello negro y ojos dorados esperaba, como si supiera que llegaba.

Kain Voss.

La llegada Elara cayó de rodillas en la nieve, a cien metros de la puerta.

Sus fuerzas se acabaron.

Guardias con armaduras blancas —los Caballeros de Dios— corrieron hacia ella, armas listas.

Pero Kain alzó una mano.

—Bajad las armas.

Caminó solo hacia la elfa exhausta.

Elara levantó la vista.

Vio esos ojos dorados que había soñado.

—Tú… eres el llamado… Kain se arrodilló frente a ella, quitándose su propia capa cálida y envolviéndola.

—Bienvenida al norte, Elara.

Aquí nadie te encadenará jamás.

Ella lloró.

Por primera vez en su vida, lloró de alivio.

Lyria y Bork llegaron corriendo.

—Es una de ellos —dijo Lyria, impresionada—.

La portadora de Envy.

Kain la ayudó a levantarse.

—La primera en llegar.

La primera carta que jugaremos contra el Imperio.

La llevaron dentro.

La curaron.

Le dieron comida caliente, ropa limpia, una habitación con vista a las montañas.

Esa noche, en el gran salón, Kain la presentó ante todos.

—Ella cruzó medio imperio sola.

Enfrentó guardias, cazadores, frío y hambre.

Y llegó.

Elara, aún débil, habló con voz ronca.

—Sentí… un hogar.

Por primera vez.

La multitud rugió.

—¡Por la elfa del norte!

—¡Por Voss!

Kain, a su lado, susurró: —Descansa.

Mañana empezaremos a planear cómo hacer que el Imperio pague.

Elara sonrió débilmente, ojos verdes brillando.

Ahora ellos envidiarán lo que tenemos.

Y en las sombras de su mente, Envy rio satisfecho.

La primera pieza había llegado.

El tablero de la guerra acababa de cambiar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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