El Eco de la cordillera - Capítulo 40
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Capítulo 40: La reina que cedió la brecha
—¿Perdón? —Jin Ah parpadeó un par de veces confundida—. Creo que no he escuchado bien.
—Si escuchaste bien —Leone entrelazó sus manos bajo su mentón—. Quizás te parezca un poco abrupto, lo sé. Pero ese suceso en específico me llama la atención.
—No entiendo como un acto tan… —se quedó en pausa viendo a Leone con algo de temor—. Deshumanizado, podría resultarte relevante. La historia de Lunhae es extensa, podemos—
—No importa qué tan “deshumanizado” sea —interrumpió—. Se me ha negado conocer la situación política de mi reino y se me ha puesto en territorio enemigo sin siquiera darme una noción mínima de los conflictos. Lo que sé de esta guerra es nada más que las noticias murmuradas por los sirvientes. Quiero conocer las circunstancias en las que se supone ayudaré a negociar una tregua ¿No te parece que es lo justo?
Jin Ah dejó fluir el oxígeno con extenuación.
—Es verdad, estás en tu derecho —trató de convencerse a sí misma de que era correcto hablar—. Estás en tu derecho —hizo una pausa pensando el orden adecuado de sus palabras—. En la nobleza hay siete familias que han existido desde la fundación de Lunhae, hace alrededor de mil años. Todas son familias altamente respetadas, la familia Hwang, Bae, Choi, Gal, la familia Lee, qué es de donde descendían su fallecida majestad la reina Munraeh y su hermano el general Lee Hoon Ka; la dinastía Hae y por supuesto la familia Min Har, cuyo apellido doble es gracias al nombre completo del primer guerrero de Lunhae —ante esto Jin Ah notó como Leone alzaba las cejas—. ¿Alguna duda?
—¿Los Min Har no tienen tres apellidos? El Sera también los acompaña, hasta donde sé.
Jin Ah se dio golpecitos en la muñeca pensando.
—A como recuerdo, hace muchos años en la casa de la luna creciente no nació un solo varón que continuara el apellido Min Har, por lo que la joven heredera se casó con un hombre de apellido Sera. Ese apellido se ha conservado junto al apellido familiar
—Prosigue por favor —impulsó Leone.
—Durante sus últimos años la reina Munraeh realizó campañas a la frontera, donde los estragos de la guerra se habían reducido a hambre, cuerpos y enfermedades. Ante la desgracia su majestad fundó el orfanato más grande del reino donde logró albergar a la mayoría de los niños en necesidad, quiso hacer lo mismo con las mujeres y adultos mayores, pero los costos que conllevaba enfrentar una guerra sin que la economía del reino decayera eran tan altos que las arcas reales no podían permitirse tales servicios públicos.
—¿Aunque fuera para el pueblo? —Leone apretó los ojos con incredulidad—. Me resulta lógico y a la vez cruel.
—Las decisiones de un gobernante rara vez son fáciles —admitió Jin Ah tenue—. La reina no consideró que el sufrimiento de los lunhayenos a los alrededores de la frontera fuera algo justo, por lo que, rompiendo el protocolo, se presentó a una asamblea y le propuso al consejo real terminar la guerra.
—¿Terminar?
—La reina planteó ceder el paso de la cordillera a Ílios y negociar los precios de los derechos de aduana para que a Lunhae se le cobrara la mitad que a los demás países, Ílios a su vez, tendría una tasa más baja de impuestos por introducir productos a Lunhae. De ese modo Lunhae se aseguraría un paso terrestre hacia occidente sin tener que navegar el peligroso mar del sur o rodear la cordillera hasta Isfrid.
—Pero, esa es una idea estupenda. Es decir, la estrategia de invertir en negocios en lugar de prolongar la guerra sería algo que le encantaría al parlamento. Reducir los portoria de Ílios a Lunhae, habría asegurado que ambos reinos llegaran a un acuerdo muy bien congeniado.
—Es correcto. Aunque en un principio la propuesta fue tachada de “Ridícula” o “Insulsa”, la reina trabajó en conjunto con el tesorero real y el ministro de hacienda para mostrar en números el aumento significativo del tesoro real solo con un año sin guerra. Gracias a esto el consejo real se dividió en dos bandos, los que apoyaban a la reina, y los que consideraban esto una falta al honor de Lunhae.
—Dada la situación actual es obvio que la reina no pudo conseguirlo —exhaló con decepción.
—Es verdad, la reina murió antes de que se concretara esto, pero, consiguió que seis de las familias milenarias estuvieran de acuerdo con su postura y se convirtieran en aliadas directas —recogió aire para seguir hablando—. Todas a excepción de su propia familia, los Lee, cuya cabeza era nadie más que su hermano. El general era el principal opositor de esta idea, gracias a él, el consejo jamás pudo aprobar el final de la guerra. Luego de que la reina falleciera la idea se dejó de lado, hasta que hace unos años, el yeonbok Gal Jae Won, líder de la familia Gal y ex capitán del ejército, planteó nuevamente esta iniciativa. La discusión nuevamente se elevó al punto de comenzar disputas internas dentro del consejo, fue entonces que el rey de Ílios falleció y los Ílios se reorganizaron en la frontera con formación ofensiva.
Leone agudizó la mirada escuchando con los oídos claros la última frase, ella sabía muy bien que eso jamás pasó. En ese tiempo el ejército había tenido alteraciones gracias al fallecimiento abrupto del rey, por lo que los líderes militares lejos de dar una ofensiva en la frontera se establecieron en Griseonderti para seguir los ritos funerarios.
—El general Lee accedió a intervenir la frontera con diálogo, propuso al consejo un pelotón especial en el que un representante de cada miembro asistiera para presentar la idea de la reina como una opción considerable en lugar de iniciar directamente un enfrentamiento armado. Fue así como los hijos, hermanos, sobrinos y parientes de las familias milenarias, a excepción de los Min Har, se integraron bajo el mando del general, pero…—su rostro se oscureció y su piel palideció—. El resultado acabó en una masacre de la que tan solo hablar me hace llegar escalofríos —se abanicó con nerviosismo.
Leone tragó en seco tratando de resumir toda la información recopilada en tres ideas centrales. La primera, era que alguien aprovechó la oportunidad para deshacerse del pelotón del general. La segunda, que el campamento ílios de la frontera a cargo de su padre había cometido asesinatos que no se divulgaron, lo que le parecía imposible, su padre podría ser incluso su propio enemigo, justo por eso lo conocía lo suficiente para saber que no cometería actos tan bajos. La tercera, era que la reina no tenía una relación con su hermano que le garantizara convertirlo en un aliado.
Leone giró los ojos abiertos con lentitud hacia Kyun, ella la observaba con la expresión descompuesta, estaba igual de sorprendida que ella. A pesar de haber escuchado la historia con anterioridad de boca de Hanae, Leone no había sentido terror, no hasta que a la cabeza le llegó la remota y siniestra idea de que quién mintió a Lunhae y asesinó a los nobles más importantes del reino fue el propio general que dirigía al ejército.
El pensamiento encaminó un hielo que vagó desde su columna hasta su cuello. El miedo le rasgó las costillas, se sintió en medio de un océano de pirañas que olfateaban su sangre congelada. Todo lo extraño, lo sospechoso, lo tenebroso y desagradable parecían rodear a ese hombre, y desde el primer día, como una hiena hambrienta, él se presentó ante ella.
…
El atardecer cayó, los rayos dorados besaban las hojas verdosas de los árboles de sauce que con debilidad se movían gracias a la pereza del viento que horas atrás era salvaje. Leone caminaba con la sombrilla de encaje celeste cielo que combinaba a la perfección con el tul que envolvía su vestido y las florecillas artificiales que adornaban la moña en la parte baja de su cabeza.
—¿Estás bien? —musitó Kyun a su lado. Recorrían uno de los bordes del enorme río que formaba parte del paisaje del palacio. Helio y Hanae que traían consigo a Lupus Argentus las seguían a una distancia prudente.
—¿La escuchaste? —preguntó Leone detallando con ojos abiertos todo a su alrededor—. ¿Escuchaste todo lo que Jin Ah dijo?
—Claro que lo hice —respondió Kyun apretando la falda de su vestido—, y es verdaderamente inquietante. No entiendo como en Ílios jamás se habló de esto, ni una sola vez escuché al archiduque, a mi padre, al mayordomo o alguno de los caballeros hacer mención de esto, ni siquiera a las sirvientas o a la gente del mercado que de todo se enteran.
Leone giró el mástil de la sombrilla mientras se mordía el interior de la mejilla.
—Porque eso jamás pasó —se giró hacia Kyun con el rostro pétreo, casi preocupado—. ¿No lo entiendes Kyun? Los descendientes de las familias fueron asesinados y lo encubrieron diciendo que murieron a mano del ejército de Ílios.
Kyun tragó grueso, apartó la cara verificando que Helio y Hanae no hubiesen escuchado nada y observó a Leone con cara de reproche.
—No digas cosas tan descuidadas donde todos pueden escucharte. creo que estás sacando conclusiones demasiado precipitadas —ladeó un poco la cabeza—, quizás Ílios si estuvo involucrado, pero debido a la importancia del escuadrón el asunto se mantuvo bajo discreción.
Leone soltó una risa estresada.
—No Kyun, no es extraño que los hechos específicos de esa masacre hayan sido encubiertos dentro de Lunhae —su voz se entrecortó—. No sería la primera vez.
Nuevamente Kyun observó a su alrededor con nerviosismo.
—Lo del príncipe Hyaker no ha sido encubierto, tú te has negado a contárselo incluso a él.
—No estoy hablando del intento de asesinato de Hyaker —se mordió el labio con molestia al no poderse explicar con claridad gracias a la interrupción de Kyun.
—¿Entonces? ¡Habla de una vez! —Kyun elevó el tono del susurro.
Leone inició a respirar con más fuerza y rapidez al traer de regreso a su memoria lo que observó su primera mañana en Lunhae, nuevamente la sangre y el olor a muerte parecieron rodearla como río desbordante.
—Yo observé un asesinato —confesó con ojos brillantes—. Observé como dos hombres cargaban un cuerpo ensangrentado envuelto en una alfombra y lo sacaban del palacio por el acceso secreto —apretó el mástil de la sombrilla con tal fuerza que parecía iba a romperlo—. El hombre que cargaba el cadáver habló en idioma ílios.
Kyun desencajó la mirada, los ojos se le desorbitaron y se quedó tan quieta como una estatua.
—Leone… —murmuró con voz glacial, su rostro no eliminaba la mueca—. Entiendo que últimamente has atravesado un sinnúmero de momentos difíciles, pero —la miró con preocupación genuina—, inventar algo como eso solo para tener la razón es… bajo.
Leone dejó escapar un quejido mientras negaba con la cabeza incrédula.
—No me crees —se carcajeó con ironía. Se estrelló la palma contra la cabeza admitiendo en sus adentros que la reacción de Kyun era algo que predijo desde antes—. ¿Crees que soy tan cínica como para mentir con algo así? —inició a alterarse.
—Baja la voz —advirtió Kyun—. No pienso que seas una cínica, simplemente creo que demasiadas experiencias duras están nublando tu juicio.
—Crees que estoy loca —se mordió el labio—. Pues aunque eso quieras, no lo estoy —inició a caminar a paso firme en dirección al anexo del invierno. Kyun, Helio y Hanae la siguieron sin perder la velocidad. Una vez Leone estuvo en sus aposentos hizo pasar a Kyun y cerró la puerta—. ¡Nadie entre! —gritó desde el interior—. ¡Tengo algo que arreglar con mi dama de compañía! —abrió uno de los armarios e inició a tirar la ropa con desespero por todas partes.
—Leone… —Kyun estaba preocupada, su señora actuaba como si tal y estuviera fuera de sus cabales.
—Aquí está —exclamó abriendo la falda de un vestido voluminoso, del interior sacó el reloj de plata que pertenecía al cadáver y lo tiró a los pies de Kyun—. Ahí lo tienes. Comprueba por ti misma que no estoy alucinando por el estrés.
Kyun recogió el reloj del suelo y lo examinó impetuosa, rápidamente notó la firma del artesano y la cadena de oro blanco del objeto.
—¿De dónde sacaste esto?
—Usa un poquito el cerebro —Leone nunca había hablado con tanta rigidez a Kyun—, o quizás estés tan loca como yo y lo que tienes en las manos sea una estúpida alucinación.
Kyun bajó la cabeza, el comentario de Leone no le agradó en lo absoluto, pero no podía responder con honestidad a quién tenía en frente. Solo a veces olvidaba que Leone era una aristócrata cuyas palabras no una vez habían cortado en finos pedazos a sus familiares u otros sirvientes.
—Este reloj, tiene la firma del artesano que fabrica las joyas de la familia real en Griseonderti —miró levemente a Leone—. Don Liam y Don Leonardo poseen el mismo modelo, pero sus iniciales están grabadas en la parte trasera junto a la firma del artesano.
—Continua —impulsó Leone con voz dura.
Kyun apretó su falda.
—Revisé cada parte del equipaje de mi señora antes de partir, he limpiado toda su ropa antes y después de llegar a este sitio, también registré cada paquete llegado de Cartalia en nuestra estancia en este lugar y ese objeto jamás entró en mi inventario.
—¿Eso quiere decir? —La observó gélida.
—Que la pieza no ha viajado desde Ílios, al menos no con usted —culminó aclarándose la voz.
—¿Sabes por qué? —Preguntó Leone hostil. Kyun negó con la cabeza—. Porque ese reloj se ha caído del cadáver que los hombres sacaron a escondidas de este palacio. Yo lo recogí como prueba de que todo aquello no era producto de una pesadilla.
La dama de compañía se quedó muda durante unos segundos.
—Pero no entiendo —habló nerviosa—. ¿Por qué no lo dijiste antes? —a su cabeza llegó aquel primer día en Lunhae, cuando Leone casi en estado de trance derramó té caliente sobre sus manos y como a partir de ese día había tenido serios problemas para dormir.
Leone volvió a reír con sorna.
—¿Y todavía preguntas? ¿Has visto tu reacción?
Kyun ignoró la burla y pensó:
—Entonces, alguien dentro de Lunhae tiene conexiones con Ílios —dedujo con miedo.
—Así es, por ese motivo la idea de que alguien se deshizo adrede de los descendientes milenarios no resulta tan descabellada.
—¿Tú piensas que el asesinato, el contrabando y la masacre están relacionados?
—No necesariamente —observó la luna iluminar el pasto a través de la puerta del jardín levemente abierta—, pero, la pista de uno de los tres casos puede ser suficiente para iniciar a desenmascarar a los traidores.
—No pienso que involucrarnos sea una buena idea.
Leone la miró enojada.
—No seas tonta ¿Qué te hace creer que nosotras no somos un objetivo? La relación de Lunhae e Ílios es más turbia de lo que creíamos, si queremos sobrevivir debemos escapar, o por consecuencia estar un paso adelante —Se apretó el dedo medio con el dedo pulgar—. Sé que no quieres escapar Kyun, entonces abre los ojos y de una vez entiende que entramos a un nido de gárgolas siendo pichones.
Miró el anillo de diamantes azules en su mano, recordó al general Lee y el miedo que le provocó su participación en esa historia. Nuevamente se tensó, los pulmones se cerraron y los labios se sintieron fríos, pero, si era objetiva, no podía involucrarlo solo por lo que le transmitía, sin embargo, los demás hechos señalaban que si no era el general, otros, en igualdad o superioridad de influencia podían estar cometiendo actos meramente criminales.
Respiró hondo tratando de tranquilizarse, solo necesitaba que alguien con poder suficiente la escuchara. Una vez Liam conociera todo lo que descubrió, tendría armas para desenmascarar a los traidores y proteger a Cartalia, así ella podría huir en paz sin tener miedo de las consecuencias que su familia podría sufrir.
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