El ERMITAÑO, NO QUIERE SALIR DE LA MONTAÑA - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 UNA PALIZA
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11: UNA PALIZA 11: UNA PALIZA GLMMM La oscuridad era absoluta.
Todo sonido, silenciado por el agua.
Mat rebotaba entre las paredes de la tubería, rápido, sin saber si estaba arriba o boca abajo, sin rumbo más que el que el canal imponía.
El frío le mordía los huesos; piedras invisibles lo picaban.
MMM.
El aire se le acababa.
La sensación de asfixia, desesperada e implacable.
<¡VOY A MORIR AHOGADO EN MIERDA!> El solo pensamiento era depresivo y asqueroso.
Al canal no le importaban los pensamientos de Mat.
Lo arrastró sin piedad, junto a un pitufo de acero: el caballerito.
Con cada segundo que pasaba, Mat perdía la esperanza.
Su cuerpo le gritaba “¡AIRE!”, suplicante e inútil.
Con los ojos borrosos y los pulmones ardiendo, sintió el fin cerca.
Su mente empezaba a flotar, a desconectarse.
Quizás sería mejor dejar de luchar… ¡CRACK!
No fue un golpe contra la piedra.
Fue un cambio.
Una transición súbita de presión y ruido.
La tubería angosta se abrió de golpe.
El sonido del agua era audible, rugiente, ensordecedor.
La corriente ya no lo envolvió ni lo estrujó; lo lanzó, como un corcho destapado, al aire.
Mat salió disparado.
Por un instante, solo hubo la negrura del cielo, un instante eterno… y una caída libre.
Seguido de un impacto seco, que le sacó el aire rancio de los pulmones.
¡SPLASH!
El agua se abrió de un impacto dolorosamente seco.
Sin la fuerza de la corriente meneando su cuerpo, Mat nadó hacia la superficie.
—¡AHHHH!
¡COF!
¡COFFF!— Respiró profundamente, agitado y tosiendo.
El agua aquí era diferente.
No era la corriente presurizada de la cloaca.
Era un cuerpo amplio, profundo, con un frío que le talaba los huesos y una corriente calmada.
Tal vez por eso no olía, de milagro, a mierda.
Olía a piedra mojada, a musgo, a mineral.
Como el agua de un río o lago.
El instinto fue más fuerte que la razón.
Lo hizo patalear lejos, desesperadamente, lejos de esas aguas que le robaban el calor.
Hacia donde su coco adivinaba que habría tierra.
JAD.
Sus manos no tardaron en tocar suelo firme.
Tosiendo, escupiendo y a medio atragantar.
El sonido de su propia agonía jamás le había dado tanta felicidad.
Era el mejor sonido que había escuchado en toda su vida.
A su alrededor se encontraba una arboleda, quizás un bosque, verdoso, bañado en las sombras de la noche, tenuemente alumbrado por la luz de la luna y las estrellas.
Arrastrado en la orilla, se derrumbó con un CLAP audible, nítido.
No estaba en el túnel, en la tubería.
Estaba en la fría orilla de un lago que fluía lenta e incansablemente.
Aún podía oír, a lo lejos, el sonido de la cloaca que mandaba a volar los desperdicios en dirección de la corriente, lejos de la ciudad y sus aguas dulces.
—¡AH!
¡COF!
¡COFhh!
¡Carajo…!
¡AHH!
¡No sé cómo sobreviví…!
¡GLUP!
¡Pero sobreviví!—.
No pudo evitar reír al sobrevivir a eso, recibiendo con alegría el aire aunque se atragantara.
CLAP.
SPLASH.
—¡AHH!
¡COF!
¡COF!—.
Un caballerito emergió como un bote que se hunde, su casco abollado por los golpes de la corriente, chorreando agua desde sus huecos.
Pataleaba de forma torpe, girando sobre sí mismo, claramente desorientado; parecía a punto de volverse a hundir.
Mat lo miró estoicamente.Parece chapulín en la olla, pensó.
Mat entrecerró los ojos cuando el caballero paró y se quedó flotando.
—Está mirando para acá —murmuró Mat, incorporándose lentamente.
El caballerito comenzó a moverse.
No para alejarse o flotar.
Con brazadas torpes pero decididas, comenzó a nadar hacia la orilla.
Hacia él.
—¡ESTÁ NADANDO PARA ACÁ!— Mat se puso de pie de un salto; las piernas le temblaban.
El alivio de estar vivo se evaporó, reemplazado por el frío familiar de la adrenalina.
El pequeño caballerito salió del agua, tambaleante, con la armadura tirando agua y llena de lodo.
Se detuvo a unos metros de Mat, observando.
Ya no parecía juguetón.
Parecía muy enojado.
Apretó sus manos enguantadas en pequeños puños, emitiendo un sonido gutural y enfadado desde dentro del casco.
—¡V-voud!
¡B-baldi!— Mat no entendió las palabras, pero era evidente que quería continuar.
Miró a su alrededor, rápido.
Bosque oscuro.
Noche.
Su cuerpo, exhausto, magullado; su ropa, hecha jirones.
—Mira, pitufo —dijo Mat, levantando las manos en un gesto de paz—.
Debes soltar… seguir con tu vida—.
El caballerito no respondió.
Dio un paso adelante.
Sus puños crujieron al cerrarse.
—Ahí, carajo —gimió Mat, justo antes de que el enano arremetiera.
Rápido y sin juegos.
Solo el sonido del bosque oscuro y la determinación molesta de dos idiotas.
El enano atacó con furia.
Mat apenas pudo esquivar un par de ganchos.
—¡Mashelio!
—gritó el caballerito antes de embestirlo.
Su fuerza anormal los mandó a ambos contra el suelo.
—¡Suéltame, mald…!
—Mat lo maldijo mientras forcejeaba para quitárselo de encima.
Cuando lo vio, sus palabras se atascaron en su garganta al ver un puño resplandeciente en alto.
El brillo del puño acercándose se reflejaba en sus ojos.
Retorciendo su cuerpo como gusano, Mat apenas evitó el contacto.
¡CRACK!
El crujido del suelo haciéndose añicos fue horriblemente audible.
Los ojos de Mat casi se salieron de sus órbitas al ver el agujero que quedó, donde, hacía apenas un segundo, estaba su cabeza.
<¡¡PUTO LUNÁTICO!!> Maldijo internamente, la espalda entumecida por el golpe cercano.
El pitufo vio cómo su golpe falló y siguió mecánicamente, levantando su otra mano en alto.
<Si me da, estoy muerto> pensó, al ver cómo el puño comenzaba a resplandecer mientras lo levantaba.
Sus manos fueron más rápidas que sus pensamientos, terminando rápidamente sujetas de los agujeros del peto para tirarlo a un lado.
—¡Mierda!
—maldijo.
Esta vez el truco no le salió bien.
Fue levantado por el cuello por el pitufo, terminando por arriba, encima del pitufo, quien no se detuvo a pesar de la mala posición.
El aire se rompió con la velocidad del golpe.
El instinto de Mat le gritó, empujándolo a lanzarse sobre el enano.
¡FISHH!
El golpe loco no conectó, pero el aire rompiéndose a sus espaldas le dio un escalofrío.
Mat buscó poner distancia apenas el enano comenzó a recuperar su puño, pero lo sostenía firmemente de su ropa.
La pálida luz azul comenzaba a resplandecer de nuevo.
—… —La cara de Mat se tornó en una mueca asustada.
CRAB.
—¡Cordo!
—el enano maldijo cuando Mat puso su pierna en el brazo, impidiéndole moverse su puño mortal.
Forcejearon.
—¡JAJAJAJ!
¡No pudiste matarme, maldito gremlin de mierda!
—Mat rió con locura al haber escapado de la situación.
—¡Maltho cordo!
—rugió el caballerito mientras trataba de despegar su brazo del suelo, sin soltar a Mat durante un rato.
Hasta que hicieron click sus dos neuronas.
Su agarre en la playera de Mat se soltó, cargando otro puño resplandeciente con su mano libre.
—Ahí, Dios —soltó Mat, dejándose caer hacia atrás.
¡FISHH!
El puño resplandeciente le pasó como un borrón enfrente de los ojos Cayendo de culo en las piernas del caballerito.
Solo unos segundos después de ver eso, el ceño de Mat se frunció, soltando una patada fuerte y seca en su mentón.
—¡Mrrr!
—el pitufo gruñó cuando su cabeza voló hacia atrás.
CLAP.
Su casco voló e impactó, rodando detrás de él.
—¿Ehh?
—Mat se congeló al ver su rostro.
Una nariz y un mentón rojos en una piel blanca, con pelo corto y negro.
Y dos grandes ojos lagrimeantes.
—…Eres mujer —escupió.
El tiempo pareció detenerse.
Pero el resplandor en el puño de la chica siguió ardiendo.
No era el hombre bruto que imaginaba.
Era una joven, quizás de su misma edad o menos, con el rostro aguantando el dolor del golpe, quizá por su nariz.
Tenía una belleza salvaje y desaliñada.
Pero en ese momento, para Mat, parecía una fiera atacando.
—Ahh, mied… —balbuceó.
PUNCH.
La cabeza de Mat se giró por un fuerte golpe en la cara.
La chica no dijo nada.
Solo atacó.
Mat tenía la guardia baja, por lo que el golpe impactó de lleno, lo que permitió que diera otro.
Y otro… El lago se llenó del ruido de impactos sólidos.
Para suerte de Mat, solo el primero estaba a medio cargar.
—¡Ahhh…!
¡Ahh…!
—gimió.
Hasta que volvió el silencio, quedando solo los jadeos de la gremlin en los oídos de un Mat hecho mierda, inconsciente y sangrando en la orilla.
A lo lejos, entre la espesura, alguien observaba con burla lo ocurrido.
Un par de ojos brillantes en la oscuridad, una silueta que no había intervenido.
Esperando.
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