El ERMITAÑO, NO QUIERE SALIR DE LA MONTAÑA - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 IR Y VENIR
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12: IR Y VENIR 12: IR Y VENIR —Ahhh… ahhh—La respiración agitada de la caballero era audible; su peto subía y bajaba al ritmo de sus hombros.
Esta, observaba a Mat a sus pies , hecho pulpa , en silencio; su ceño enfadado ahora era más ligero.
—Veo que te llenaste de mierda, puff— La burla crispó las orejas de la caballero, quien se volteó mecánicamente.
Sus ojos cayeron en un hombre de mediana edad, sonriente.
—¡Tío!
—frunció el ceño, molesta.
Pero Sebas solo puso la mano enfrente suyo, presentando la escena.
—JAJAJAJ, con ustedes saliendo… desde las cloacas “la perdición: CATHERINE”—.
Catherine entrecerró los ojos, acercándose a paso lento.
—Ehhh, ¿qué haces…?
No te acerques, apestas… ¡ESPERA!—Sebas se apartó asustado cuando Catherine meneó la cabeza, dispersando el agua fétida que se le había quedado pegada al cabello.
—Eaghhh… ¿terminaste?
—escupió Sebas.
Catherine solo refunfuñó.
—¿De verdad te dio problemas, eh?
—preguntó con la ceja alzada picando a Mat con el pie, viendo si estaba vivo.
Pero Catherine simplemente guardó silencio.
Sebas se burló en silencio.
—KIIE— Un chillido eliminó la sonrisa del rostro de Sebas, levantando los antebrazos.
Un águila negra aterrizó con una nota en la pata, que leyó rápidamente.
—Levántalo… tenemos que volver al castillo —ordenó.
—No quiero tocarlo… hazlo tú—.
—No fue una pregunta, es una orden… además, los dos apestan.
Es difícil quitar esa peste de la armadura, ¿sabes?—Sebas se burló mientras comandaba el camino.
Catherine chasqueó la lengua, levantando a Mat sobre el hombro y siguiendo a Sebas.
A lo lejos, en el castillo, un anciano canoso, un caballero dorado y un rey estaban sentados, esperando.
—Julius—.
Erik pronunció su nombre y guardó silencio antes de preguntar: —¿Y el invocado?—.
—En camino —habló Julius mientras sorbía un poco de té.
Erik se acarició la sien, pensando en todos los experimentos que no estaba haciendo.
—Tranquilo, anciano —escupió Tairus desde su puesto, inmóvil como una estatua de acero.
—Llegando al punto… ¿cómo planeas hablar con el hombre?
No habla la lengua de Lumia —cuestionó Julius.
—Ah, mocoso, si es una de tus herramientas políticas, ¿cómo no puedes verlo?
JAJAJA— Con una sonrisa arrogante, Erik se pavoneó frente a Julius.
Unos momentos de silencio más tarde, mientras Julius veía esa cara como si la respuesta fuera obvia, sus ojos se entrecerraron, rascando en su memoria.
—El hechizo de Rellier— Sus ojos brillaron con burla al ver a Erik chasquear la lengua.
—Sí, el hechizo de Rellier —afirmó Erik.
Recordando la historia de Rellier y cómo creó el primer y único hechizo capaz de romper los muros del lenguaje, impuesto por la negativa de los dioses a compartir el don de sus lenguas.
—Pero es un hechizo… no puede usarlo alguien que no habla la lengua —afirmó Julius, reclinándose en su silla.
Era un hechizo famoso, después de todo, usado por diplomáticos en negociaciones o simple comercio.
—Jejeje, eso crees —retomó su burla Erik, retorciendo su rostro arrugado.
—Deja de divagar, anciano, se me revuelve el estómago al verte —se quejo Tairus.
—¿Qué dijiste, mocoso?
¿Acaso quieres que te apalee como en los viejos tiempos?— Alzo el puño Erik —Eso fue hace décadas.
Las cosas cambian —gruñó Tairus.
—Sí… tal vez necesite unos cien años más para que tengas alguna oportunidad— se rio Erik —¿Qué dices, ANCIANO?
—Tairus se acercó al rostro burlón de Erik.
Antes de ser detenido por Julius.
—Tairus, no olvides dónde estás—.
—Me disculpo, su majestad— volvió Tairus a su lugar de mala gana, inclinándose.
Mientras Erik observaba todo eso, tapaba su risa disimuladamente.
Pero no escapó del oído sobrenatural de Tairus, quien lo miró mortalmente.
—ERIK— Levanto la voz Julius.
—Ahórratelo, mocoso.
Hice una promesa.
No trates de ordenarme —Erik hablo sacando se la cerilla de la oreja.
—Abuelo— bajo la voz Julius.
—Tsk… ahora recurres al chantaje emocional.
De verdad has crecido, tsk tsk… bien, bien, lo dejare aquí—Chasqueó la lengua y dejó de burlarse.
—¿Y cómo lo vas a hacer?
—preguntó una vez más Julius.
Suspirando, Erik acarició su barba.
—Pues…— CLAP La puerta se abrió de golpe.
—Su majestad, capitán Tairus… m-maestro Erik —el soldado sudó al verlos.
—Habla —ordenó Julius.
—Lo han capturado y traído al castillo—.
Los ojos de los tres resplandecieron de formas diferentes y extrañas.
—JAJAJAJ, ven, te mostraré cómo lo haré.
¡MUESTRA EL CAMINO, MOCOSO!— Sin dar tiempo a que Julius reaccionara, el viejo salió corriendo.
—Maldito anciano… ¡ESPERA LAS ÓRDENES!
—gruñó Tairus.
—Jaaa… ¿lo movieron al salón nobiliar de “invitados”?
—preguntó.
—Sí, su majestad… aunque está muy…cough herido —tosió el soldado.
—Haaa… puedes retirarte— Julius se masajeo su cien.
El soldado asintió y se retiró, dejando a Julius y a Tairus solos.
—¿Y la santa?— Pregunto Julius ladeo ligeramente la cabeza.
—No se han reportado cambios en su condición, Majestad, pero bien podrían retener información— informo Tairus.
—Mmm… más de medio día… bien.
Refuerza la seguridad y avisa sobre cualquier cambio.
No quiero perder esta ventaja—.
Tairus lo miró extrañado y asintió.
Y la “oportunidad” en cambio, estaba inconsciente en la cama de una habitación lujosa, por decir algo.
De momento, estaba rodeado por un par de soldados y dos hombres en ropajes azules, de los que desprendía un aura verde y refrescante .
—Maestro Feor, he terminado los primeros auxilios —respondió un joven delgado.
—Bien hecho, Viktor —respondió Feor, evaluando las heridas y la hinchazón ampliamente reducidas— Has mejorado—.
Viktor sonrió.
—Gracias, maestro… la joven Catherine le dio una buena, jajaja… pero, maestro, ¿por qué atendemos a un prisionero?—.
—No nos corresponde saber eso, Viktor —respondió Feor, guardando sus brebajes y dejando un ungüento en la mesita.
Viktor asintió en silencio.
Muchas veces, saber menos era mejor.
Conversaron un par de cosas más, sin saber que toda la conversación caía en los oídos de Mat, que fingía estar dormido.
No llevaba mucho tiempo despierto; despertó con el toque fresco del ungüento en su rostro.Era una ventaja que desarrolló: el fino arte de hacerse el dormido para evitar el trabajo.
Sirvió para que nadie notara que estaba consciente, pero fue inútil para lo demás.
No podía hacer nada.
Solo sabía que lo estaban tratando de una forma extraña y mágica.
Los pasos y las voces cayeron en sus oídos, reafirmando su decisión.
<¿Qué carajo dicen…?
¿Cuánto tiempo van a estar hablando?> Y obviamente no entendía ni pija de lo que decían.
Era exasperante no moverse durante tanto tiempo.
CLAP La puerta se abrió de golpe.
—Ou esht ilio je ifhosahr!!
—(¿Dónde está el invocado?)— El grito casi hizo saltar a Mat.
<Calma… calma.
Respira.> —¿Fieshe Escrid nho fhier he vioskh ghisther the poto Mafheste?
—(Maestro Erik, no sé; este es el prisionero de su majestad)—respondió Feor, exaltado.
—¿Fhior he the poto?
—(¿Feor es el prisionero?)— Feor asintió.
La sonrisa lunática de Erik creció.
Erik pasó junto a ellos, teniendo a Mat frente a sus ojos, estudiándolo como si tuviera rayos X.
Mat solo percibió una respiración pegada a su cuerpo.
Se le erizaron los pelos.
—Phothos jenco jethes althe —(¿Cuánto tiempo lleva así?)—.
—Dhesthe flete jele —(Desde que llegó)—.
—mmm…Dhesthe flete jele fhoste?
Jejeje —(¿Desde que llegó finge?)—.
Los soldados llevaron las manos a sus empuñaduras.
<¿¡Me descubrieron?!
No… calma.CALMA> FUHH Una corriente de viento chocó en la oreja de Mat dandole un escalofrío por el cuerpo.
Su cuerpo reaccionó como resorte oxidado, rodando torpemente.
Viendo claramente a las personas en la habitación, un par de caballeros , dos hombre vestidos de azul y … —¿ Gandalf?… espera— Cuestiono Mat al ver a un anciano con la barba blanca , antes de que hicieran conexión sus neuronas.
El decrépito le sopló en la oreja.
—¡Aeghhh!— Mat se rascó la oreja con la manga, con asco.
Primero ir y ahora el venir.
Un asco.
—JAJAJAJA— La risa del vejete le taladró los oídos a todos en la habitacion.
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