El ERMITAÑO, NO QUIERE SALIR DE LA MONTAÑA - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 DESPERTAR
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15: DESPERTAR 15: DESPERTAR —No tienes que verme así— La voz de Lumia resonaba, en eco.
—No puedo devolverte… por ahora—.
Su voz, su burla.
—Haz esto por mí—.
Las manos de Mat le picaban al ver a Diveine, queriendo darle un puñetazo a su arrogante rostro.
—¡NO!
¡NOOO!—.
Los ojos de Mat se abrieron y gritó tan fuerte como pudo, mandando un puñetazo a su rostro arrogante.
—¡NO~!—.
Mat se incorporó de golpe, sudoroso; las cobijas aún lo envolvían en parte.
—Ahh… Arghh… una pesadilla— pronunció, quitándose el sudor de la cara.
Al abrir los ojos, vio las sábanas grises y suaves.
—Sí… una difícil verdad— una voz grave y rasposa resonó en sus oídos.
Congelándolo.
Mat giró mecánicamente, observando a un viejo sonriente, sentado en una silla de madera, no muy lejos de él.
La sangre se le heló al recordar ese rostro y ese dolor que le taló los nervios.
—¡El PUTO VEJESTORIO!—.
Saltó instintivamente hacia atrás, pero aún a medio envolver tropezó, cayendo de cabeza.
PLANK —¡JAJAJ!
Qué joven tan energético, pero… no vuelvas a llamarme así— gruñó Erik con una mirada penetrante.
GLUP Mat tragó saliva y lo vio a los ojos.
Aún recordaba su sueño vivido y lo que no les dijo a esos dos en la cara y, armado de valor, pronunció: —¿Como vejestorio o… PU-TO?— El silencio y la tensión se solidificaron en la habitación.
Erik lo miró con su arrugado rostro y una cálida sonrisa.
Antinatural.
Más abajo, en el patio, varios guardias resguardaban la planta baja en caso de otro intento de escape.
—¿Cuánto tiempo debemos hacer esto?— preguntó un pequeño caballero a un hombre alto de cabello castaño, con una prominente cicatriz en el rostro.
—Lo que tengamos que tardar… el rey dio órdenes para evitar otro incidente— suspiró el caballero, que no era otro que Sebas.
—…— El pequeño caballero resopló.
Y, por supuesto, Catherine era el otro caballero.
—¿Sigues molesta por las cloacas?… golpeaste al prisionero, pensé que eso calmaría las aguas— se burló Sebas.
—No estoy enojada— refunfuñó Catherine.
—Ajá, y yo…— Sebas fue interrumpido por una fuerte explosión.
BAM El dúo, y básicamente todos en el patio, voltearon.
Vieron una figura ser despedida por la ventana, volando en parábola.
—El prisionero no tiene suerte, ja— Sebas no pudo evitar suspirar al reconocer la figura despedida.
Una vista asombrosa en el palacio; no todos los días ves a alguien volando.
Hasta que Mat se estampó contra el suelo, sobre el pasto.
—¡Agrhh!— Con un quejido y mucho dolor, se incorporó lentamente, comprobando si no se rompió algo.
De alguna forma logró rodar antes de estamparse de lleno.
Sus brazos estaban raspados, la piel abierta o colgante, y apenas unos instantes después la sangre comenzó a brotar como un manantial.
—Mierda— maldijo entumecido, viendo el espectáculo sangriento.
La única vez que sufrió tanto daño fue con su bicicleta: una banqueta engañosa de bajada, tan alta como una persona.
No salió volando; chocó contra el pavimento y rodó toda la pendiente.
Y ni ahí sangró tanto.
Un cálido chorro por su cabeza lo despertó del recuerdo, pintando su ojo izquierdo de rojo.
—¡AHH, hijo de puta!— Maldijo, dejándose caer contra el suelo.
Francamente, ni ganas de huir tenía.
Sabía perfectamente que, cuando se perdiera el calor del momento, su cuerpo le gritaría las heridas.
—Llamen al Maestro Feor— ordenó Sebas, suspirando al ver que seguía vivo con ese cuerpo después de eso.
Aun así, los guardias y caballeros arrestaron a Mat de nuevo.
Viendo de reojo a la chica que lo apaleó, Mat no pudo evitar sacarle el dedo de en medio mientras era arrastrado y metido una vez más en un cuarto limpio.
Claro, Catherine no entendió la seña, pero no evitó que frunciera el ceño.
Con el viejo loco.
Esta vez, más callados ambos.
Y por sus heridas, Mat pudo ver por primera vez cómo trataban a la gente en este mundo extraño.
Mientras limpiaban sus heridas, el viejo barbón, vestido de azul, lo miró.
—No te muevas… no puedo creerlo, de nuevo herido— el viejo conocido como Feor lo regañó, o tal vez simplemente se quejó del trabajo.
—No pudiste controlarte, viejo cascarrabias— regañó Feor al viejo loco.
Provocando la sonrisa de Mat, un ligero “te lo mereces”.
Y tan rápido como Mat vio que el viejo lo miraba de reojo, desvió la mirada, fingiendo demencia, ignorando las quejas de Feor o el silencio del viejo.
Feor siguió su trabajo.
Sus manos eran delgadas.
No esperó mucho cuando una cálida y suave luz verde emanó de ellas, suficiente para que Mat olvidara su rencilla con todos.
Sus manos.
Frías.
Cálidas.
Refrescantes.
La luz que irradiaba envolvió sus heridas como un aro, o aura.
Viendo una vez más algo fantástico y antinatural, Mat quedó absorto.
Hasta que sucedió: una comezón irritante en sus heridas.
Vio cómo la luz sobrenatural regeneraba su piel en tiempo real, tapando la grasa expuesta, regenerando el tejido como si brotara piel nueva.
Y en cuestión de media hora, sus heridas grotescas y superficiales estaban curadas.
Mat no se pudo contener más y se rascó esa comezón fantasma, quedando perplejo al sentir su piel nueva.
Suave.
Sin dolor ni sangre.
Como si nunca hubiera sido herido.
—Listo… procura no herir o ser herido, ¿de acuerdo?— Feor vio al anciano y luego a Mat, remarcando.
El anciano asintió de mala gana, viendo cómo Feor salía de la habitación en silencio.
—Ahh, empecemos de nuevo… Soy Erik.
Erik Treinor— empezó Erik después de un largo suspiro; parecía que lo habían regañado bastante.
Mat lo vio y entrecerró los ojos, tentado a maldecirlo.
Pero no quería salir volando de nuevo.
—Matías Luna Guerra— pronunció después de guardar silencio.
—Dos apellidos, ¿eres noble?— Erik levantó la ceja.
—Noble… no.
Son mis apellidos paterno y materno— frunció el ceño al explicar—.
¿Por qué, tú eres noble?— —Ya veo… no, no soy un noble— Erik asintió en comprensión, recargándose en su respaldo.
—¿En dónde estoy?— Mat lo vio fijamente, alerta.
—El Reino de Lumen, o tal vez te refieres al nombre del mundo: se llama Shie— respondió, centrando la mirada como si tratara de penetrar su piel solo con los ojos.
El aire en la habitación se volvió pesado.
Tragando saliva, Mat vio un leve resplandor azulado en su iris y continuó: —Así que venden papel… la perr… digo, Lumia me dijo que debía acabar con el Rey Demonio para volver a casa— Desvió la vista de Erik; su mirada le provocaba escalofríos.
—Pero no me dijo cóm…— Erik lo miró, analizándolo, y cortó sus palabras.
—¿Dónde está tu don?— Sus palabras le cayeron como un yunque en el pecho.
Tragando saliva: —N-No me dio ninguno— las manos le sudaban.
—Ya veo… entonces, ¿por qué tienes maná?
Tairus dijo que no tenías nada… qué extraño— Erik sonrió, juntando las manos.
—¿Maná?— lo vio como a un loco.
No solo por sus cambios de humor, similares a una montaña rusa; era imposible que tuviera algo así.
No había magia en la Tierra.
—Quería ver el poder divino de frente… una lástima— suspiró, levantándose con su bastón y parándose frente a la cama de Mat.
Los nervios de Mat se pusieron de punta, pero se mantuvo quieto viéndolo.
Sus piernas le gritaban que se alejara, pero se negó a ceder al miedo.
—Jo, pero parece que no será una pérdida de tiempo… dime, ¿quieres regresar a tu mundo, no?— Erik sonrió al ver sus movimientos, tirando de su larga barba.
Mat mantuvo la mirada y asintió en silencio.
—No sé por qué Lumia no te dio un don como a los otros dos, pero si quieres sobrevivir…— acercó su arrugado rostro sonriente al de Mat— hagamos un “quo pro quo”— Sus expresiones y el acercamiento le hicieron fruncir el ceño, dándole un escalofrío.
Mat se quedó congelado un par de segundos antes de escupir: —Qué asco.
Consígase un monaguillo— Alejándose con pánico.
Ni volver a casa valía eso.
Erik lo vio con los ojos abiertos, sorprendido y confundido.
Su poderosa mente comenzó a procesar toda la información: las expresiones, el lenguaje corporal, el diálogo… y el asco en la cara de Mat.
Un segundo.
Dos.
Tres.
—¡Maldito mocoso mal parido!—rugió.
Por fuera, Catherine seguía vigilando la zona, aburrida, mientras Sebas daba rondas.
Antes de voltear.
BOMMM
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