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El ERMITAÑO, NO QUIERE SALIR DE LA MONTAÑA - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 LA MAGIA
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16: LA MAGIA 16: LA MAGIA Todo estaba oscuro, solo el sonido de una respiración lenta y profunda.

Y en la oscuridad, un pequeño cúmulo de esferas resplandecientes.

Pequeñas y compactas.

Flotando en silencio.

Atrayendo a más y más puntos de luz distantes, dispersos a lo lejos.

Una atracción intencionada, en comunión.

PLAK Un golpe seco devolvió los sentidos a la realidad.

—¡¿Qué vergas?!— gruñó Mat, agarrándose la cabeza.

Un viejo arrugado sonrió al golpearle la cabeza con la mano.

—Es hora de intentarlo de nuevo—.

No era otro que el loco de Erik.

Mat lo miró, extraño y sospechoso.

—¿Seguro que sabes lo que haces?— preguntó, entrecerrando los ojos.

Erik le devolvió la mirada, con los ojos inyectados en sangre, y Mat levantó los brazos en alto.

Era, después de todo, la misma mirada loca que le dio antes de mandarlo a volar.

Fastidiado, Erik se recargó en el respaldo de su silla, juntó los dedos frente a sí y, con un largo suspiro, decidió concentrarse.

—Oh, fuego… r-responde a mi pedido y p-préstame… tu luz y calor… pequeña llama— dijo, entre tartamudeos, rojo de vergüenza.

Esperaron un minuto.

Luego dos.

Minuto tras minuto.

Y nada.

—¿Qué esperas?— preguntó Erik, viéndolo, antes de darle otro zape.

—¡DEJA DE HACER ESO!

¡¿Qué no ves que lo intento, viejo decr…?!— habló antes de ver esos mismos ojos por un segundo y corregir— …Maestro Erik—.

—No puedo creerlo a mi me salió en menos de un día…ahhh supongo que mi talento no se puede comparar —Presumió el arrugado anciano Mat bajó la mirada fastidiado y se concentró de nuevo.

Era el trato al que llegó con Erik.

Él le enseñaba magia para que completara su misión; a cambio, Mat le hablaba de su mundo, sus avances, ciencia y lo que conocía en general.

Un trato justo, en papel.

Salvo que, después de una semana, lo único a lo que llegó fue a aprender los principios básicos y cómo amasar maná.

La magia, incluso la más pedorra —como la pequeña llama, un mísero hechizo a modo de encendedor—, estaba aún fuera de su alcance.

Sin contar el cántico, que daba vergüenza ajena.

Y Dios lo protegiera si cuestionaba al viejo loco: terminaba como tortilla embarrada en el jardín.

—Mmm… parece que se acabó tu tiempo, niño— señaló el viejo sonriente.

La voz de Erik lo hizo apartar la vista de sus dedos hacia el reloj que apuntaba.

Una de las condiciones: Erik le enseñaba y guiaba dos horas, y Mat le enseñaba otras dos.

—Ahhh— suspiró Mat, cansado.

—No sé cómo eres tan malo.

Solo debes seguir el cántico y movilizar el maná…— se burló el vejete, antes de tornarse más serio—.

A este paso, aunque juntes suficiente maná, no podrás hacer un círculo—.

Mat entrecerró los ojos.

Era una de sus mayores preocupaciones.

Según los principios que le enseñó Erik, los círculos permitían mayor alcance al realizar magia.

Sin ellos… Vencer al Rey Demonio era una ilusión más que lejana.

La sola imagen lo hizo suspirar.

—¿En qué nos quedamos… aritmética?— tomó una tiza, listo para empezar.

—Deja eso… mejor enséñame los materiales que decías— instó Erik.

—Química… ¿qué, no pudiste con la aritmética?— se rió Mat.

—¿Qué?!— Erik lo miró amenazante.

—¡NADA!— Y Mat prefirió no echarle leña al fuego.

Estaba cansado de salir volando y de los regaños de Feor.

—Bien…— Cansado, comenzó a recordar sus clases de química.

Empezó por lo básico: la tabla periódica.

Ciento dieciocho elementos.

Noventa y cuatro naturales.

Veinticuatro sintéticos.

Diez grupos.

Número atómico sencillo; la masa era lo que no recordaba.

—Mmm… eso es imposible.

No puede haber tantos materiales, elementos… lo sabríamos— murmuró Erik.

—Que no.

Debes estar confundiendo mezclas y compuestos— respondió Mat.

Lo miró como si fuera estúpido.

A Erik le irritó la mirada, pero lo dejó continuar.

—Un compuesto es algo como el agua: una unión química de dos o más elementos que crea otra sustancia.

En cambio, las mezclas son la unión física de elementos o sustancias en distintas proporciones, como la tierra y demás—.

Pensativo, Erik comenzó a repasar la información.

Su conocimiento se basaba en la creencia de un pequeño grupo de materiales existentes y su integración con el calor/sequedad y el frío/humedad.

Mat esperó en silencio, dejándolo digerirlo.

Solo cuando Erik alzó de nuevo la mirada, continuó.

La lección se basó en los compuestos y las interacciones químicas, antes de volver a la clase mágica y seguir en ciclo.

Hasta caer la noche.

Recostado en la suave cama, Mat evaluó su precaria situación.

No sabía del todo por qué el rey de este país le ofreció asilo después de hablar con Erik.

Entendió una parte, pero no todo, y eso le causaba ansiedad por aprender.

El mundo no parecía hostil.

En la superficie.

Aun así, su propia falta de habilidad lo dejó molesto y aumentó su ansiedad.

No entendía en qué fallaba.

El hechizo que llevaba días intentando no funcionaba.

Cerró los ojos, inhaló profundamente y los abrió, repitiendo el cántico.

—Oh, fuego, responde a mi pedido y préstame tu luz y calor… pequeña llama—.

Esperó.

Nada.

Solo silencio.

—¡AHHH!

¿Por qué es solo fuego…?— masculló, masajeándose los ojos.

Mat se quedó tirado en la cama, pensando.

¿Pero qué es el fuego?

Cerró los ojos y comenzó a analizar.

El fuego no era más que combustión: una interacción entre combustible, oxígeno y calor.

El detonante.

Era magia, sí, pero Erik lo lograba como si nada.

El maná es energía, en últimas instancias… combustible.

Pero no hay nada que lo canalice, a menos que sea una cosa y a la vez otra… La idea lo hizo juntar las manos.

Erik dijo ” el maná es una fuente de poder cambiante, sujeta a la voluntad —cánticos— y a la naturaleza”.

Así que puede actuar como una chispa.

Mat recordó su encendedor familiar.

El pedernal.

Guiando desde su pequeño cúmulo de partículas de maná, separó las más brillantes, como Erik le enseñó.

Las condujo hacia sus dedos.

Y sus dedos tronaron con un chasquido.

CHIP Sus oídos captaron el sonido familiar de las chispas saltando en el aire.

No necesito oxígeno, está en todos lados… combustible no puedo sacarlo de la nada… maná.

“El mana estaba en todas partes en el mundo” La voz molesta del anciano aun le taladraba él oido.

Un mago interactuaba con esas partículas mágicas externas, en proporción y a través de las propias en su cuerpo.

Era difícil, ya que el maná tendía a dispersarse.

Por eso los círculos: una vez juntabas suficiente maná, debías crear uno para evitar su dispersión, manteniéndolo compacto y unido.

Mat frunció el ceño y comenzó a sentir esas partículas, como le enseñaron a golpes.

Dispersas.

Tranquilas.

Silenciosas.

Pero abundantes.

Guió unas pocas partículas propias, influyendo en las cercanas, llevándolas a converger en sus dedos.

Mantenlo como una válvula… un ritmo constante.

Concentrado.

Mantuvo el flujo y… CHIP Con el chasquido, las chispas crepitaron audiblemente.

Un destello atravesó sus párpados cerrados.

El calor suave lo sintió en la punta de los dedos.

Abrió los ojos.

Una pequeña llama danzaba sobre ellos.

—¡JAJAJ!

¡Lo hice, viejo chucho!

¡Lo hice, en tu cara!

¡JAJAJA!…No esta aquí—.

Su risa maníaca resonó en el cuarto oscuro mientras observaba, hipnotizado, el fuego bailarín.

En la emoción, la nariz de Mat comenzó a picarle.

Snif.

—Algo se quema—.

Sus pupilas se dilataron al ver la llama tornarse dorada y rojiza.

—¡AHHH, ME QUEMO!

¡AHHH!—.

FUHUUU—FUHHH Soplando y sacudiendo la mano, Mat apagó su pequeño incendio.

Sus dedos quedaron dolorosamente quemados.

—Ah… ahora veo por qué creó la llama lejos de él… maldito vejestorio— maldijo, pensando en Erik.

Mat terminó frente a la enfermería de Feor, suspirando con satisfacción.

—¡MALDITO MOCOSO!

¡¿CUÁNTAS VECES TENGO QUE REPETIRLO?!—.

Pero ni el regaño de Feor logró quitarle la sonrisa.

A pesar de su felicidad, Feor frunció ligeramente el ceño , viéndolo raro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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