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El ERMITAÑO, NO QUIERE SALIR DE LA MONTAÑA - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 NOTICIAS Y AVANCES
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17: NOTICIAS Y AVANCES 17: NOTICIAS Y AVANCES El Héroe había sido invocado.

La noticia viajó rápidamente por la población de Lumen.

A algunos les fastidió.

—Ese infeliz es el héroe —se quejó Catherine, balanceando su espada.

A otros les pareció divertido o indiferente.

—JAJAJ, sigues enojada… así son las cosas —se burló Sebas, parando su Horizontal.

Más allá, las reacciones fueron diversas.

Felicidad, fe renovada entre la población; la sensación de que su diosa los amaba y los cuidaba.

Pero no todas las reacciones fueron iguales.

Los nobles más fanáticos y devotos a la iglesia tuvieron respuestas parecidas.

Solo unos pocos, los más precavidos y neutrales, alejados de la religión, vieron el panorama completo.

Se acercaba una era turbulenta de cambios y un aumento en la violencia en el frente de la guerra.

Y luego estaban los que se lo tomaban a mal.

Nobles inclinados a los demonios, más por ganancia que por relación o entendimiento.

En una habitación oscura, ostentosamente decorada, se erguía una sombra frente a una esfera de obsidiana lisa y finamente pulida.

Cuidada y mantenida, sin dudas.

—Lumia ha invocado al héroe —informó, subiendo los codos a la mesa.

—¿Otro?… ¿Es solo uno?

—una voz extraña y distorsionada salió de la esfera oscura.

—Sí, solo uno —se masajeó la frente.

—¿Quién es…?

¿Qué poderes y habilidades posee?

—preguntó la persona al otro lado de la esfera.

—Antes que nada… mi cargamento no ha llegado.

Te di el aviso de la emboscada y aún no pa-gas —gruñó.

—Llegará.

¿Acaso he quedado mal alguna vez?

—prometió.

La sombra frunció el ceño, pensando unos segundos, y suspiró.

—…Su nombre es Mat.

Unos dieciocho o diecinueve.

No hay mucha información ahora mismo; es difícil conseguirla.

Meter espías en el palacio incrementó la seguridad.

La sombra guardó silencio.

—Mat… Julius debe resguardar esta oportunidad.

Consigue más información y duplicaré tu pago.

La sombra sonrió, asintiendo a la esfera de obsidiana, como si pudieran verlo al otro lado de ella.

Sí.

Siempre hay alguien velando por sus intereses.

Como los más altos en la pirámide.

En su trono de mármol y oro, viendo todo hacia abajo, estaba Lumia.

Observando el mundo mortal a través de los ojos de sus creyentes en su espejo de plata.

Precisamente a la instigadora: Irilia.

—Jo, al menos sirve para algo —sonrió, sintiendo esa fe llegando a ella.

Diveine, como cada vez que podía, estaba a un lado de Lumia y comentó con ojos odiosos: —Solo queda que el maldito mortal haga el trabajo… si es que no muere.

Lumia lo vio de reojo y guardó silencio, volviendo a su espejo.

<Al menos debe aguantar para crear un santo o dos> .

Un pensamiento que había tenido desde que invocó a Mat.

No pudo, ni quiso, darle poder; pero al menos debería generar suficiente fe.

<Genera suficiente>Era lo único que esperaba que Mat hiciera.

Y mientras el mundo se movía, la gente se alegraba, le apuntaba o simplemente esperaba que hiciera lo suficiente… Mat seguía en el palacio, a un lado de los jardines.

—Mira esto, vejete.

En una semana.

No esperabas que lo consiguiera, viejo decrépito —jugando con una pequeña llama danzante flotando sobre sus dedos, Mat se lo restregaba en la cara a Erik.

Erik lo miró inexpresivo, antes de mandarlo a volar por el jardín con una corriente tremenda de viento.

Tirado, lo vio medio irritado y consternado.

<Tan pronto… y sin cántico>.

Erik entrecerró los ojos; se moría por preguntar cómo lo había hecho.

—No pudiste aguantar mi asombrosa capacidad… después de todo… mi talento es incomparable—.

Pero ver a Mat presumiendo le hizo tragarse la pregunta.

—¿De qué presumes, mocoso?

A tu edad ya podía volar una ciudad entera —le restregó Erik.

Mat lo vio aturdido mientras se sacudía el polvo, incapaz de saber si decía la verdad o no.

Era un mundo extraño.

—Muy bien… ya que lograste esto, pasaremos a magia básica.

Solo para que lo sepas… la dominé en menos de tres días —señaló arrogantemente Erik.

—Primero el cántico… Espíritus del fuego y la ceniza, préstame tu furia e incinera a mis enemigos…— Las palabras de Erik parecieron retumbar en el aire frente a su bastón, retorciéndolo.

—¡BOLA DE FUEGO!—.

La espiral se aceleró.

El aire fue absorbido, alimentando algo invisible antes de ser encapsulado en una llama esférica… antinaturalmente perfecta, que ardió estática.

Con un movimiento de su bastón, Erik la mandó volando.

Ni rápido ni lento.

Avanzando silenciosamente hacia un árbol cercano.

Al contacto, la esfera no solo ardió como se esperaba, sino que se expandió con un rugido ensordecedor.

Una onda de presión invisible arrasó con el pasto cercano, lanzando escombros de madera astillada por el aire.

BOOM El espectáculo del brillo de la explosión llegó antes que la propia onda sonora y la mordida del calor.

Las llamas anaranjadas danzaban furiosamente en los escombros del árbol, alimentando su hambre voraz.

—¡FUEGO!

¡Apáguenlo!

—ordenó un guardia.

Los guardias corrieron por cubetas de agua.

—Ese loco… —maldecían entre susurros.

—¿Y bien?

¿Crees que puedas con esto?

—preguntó sonriente Erik, ignorando el caos que provocó y reafirmando que el decrépito estaba loco.

—C-claro que puedo —tartamudeó Mat, viendo los escombros del pobre árbol.

Cerró los ojos y se concentró una vez más: su mundo interno y ese mundo invisible a su alrededor.

Después de un rato de espera silenciosa… Nada pasó.

—¿Quieres que repita el cántico?

—se burló Erik, apiadándose de él.

—No —gruñó Mat sin abrir los ojos.

Era una conclusión a la que había llegado.

La magia necesitaba un control preciso del maná para los hechizos y los cánticos.

Los magos los utilizaban para concentrarse y visualizar el fenómeno que querían.

Y, de alguna forma, lo conseguían solo con su control del maná y la visualización del resultado.

Mat podría seguir intentándolo, pero había límites.

Ya se había encontrado con uno incluso en Pequeña Llama.

Así que repasó el fenómeno que acababa de presenciar.

El aire distorsionado, el maná moldeado, la forma de la llama… todo para darle una explicación, entablar un proceso.

A diferencia de Pequeña Llama, no podía dejar un escape constante.

Necesitaba un flujo, una concentración fija, esférica.

El maná debía ser moldeado con antelación, comprimido y mantenido.

El maná en su cuerpo comenzó a influir en el exterior, temblando, guiado y moldeado de acuerdo con su voluntad.

—…— Erik abrió los ojos, sorprendido al sentir el maná concentrándose.

La esfera invisible comenzó a tomar forma; su superficie debía ser más densa que el interior.

El sudor le escurría por la frente.

Su pobre almacén de maná volvía la tarea más difícil y tardada.

<ahora el paso final> .

Mat chasqueó los dedos, encendiendo la chispa que incendió su superficie.

Sintió el calor abrazador azotar su rostro y la luz atravesar sus párpados.

Abrió los ojos.

Una esfera ardiente flotaba suspendida sobre sus manos.

—¡¿Erik, qué demonios haces?!— Un grito ensordecedor resonó en los jardines cuando Tairus llegó con su armadura dorada.

Una distracción fue suficiente.

—Carajo —maldijo Mat, sudoroso y alterado.

No sabía cuánto duraría la superficie de maná condensado.

Erik sintió la inestabilidad del hechizo.

—¡Maldito mocoso, lánzala!

—gritó, alejándose.

En pánico, Mat la empujó con una orden hacia el único lugar sin gente: unos rosales desolados.

—¡¿Qué están haciendo ustedes dos?!

—abrió los ojos Tairus al ver la bola de fuego volando.

Una bola de fuego.

Este hechizo no era diferente a un tanque de gas cubierto de fuego, esperando explotar.

Una bomba.

BOOM La esfera se expandió al contacto, consumiéndolo todo.

El aire se rompió con el rugido de la onda de choque.

El rosal quedó destruido en un instante, lanzando ramas y hojas quemadas por los aires.

Escombros en llamas.

Solo fuego hambriento, lamiendo lo que quedaba.

—L-lo l-logré… ¡¿qué dices a esto, viejo decrépito?!

—saltó Mat, emocionado.

Erik observó la escena desde lejos.

—¿De qué estás orgulloso?

Me llevó apenas unos minutos conseguirlo en mis tiempos—.

Mat lo miró consternado.

—¿Qué unos minutos?

Dijiste tres días, viejo mentiroso—.

—¿A quién le llamas mentiroso, mocoso mugriento?—.

—Entonces viejo senil!—.

—Tú… —el bastón de Erik comenzó a brillar.

<Ahí Dios>.

Mat cerró los ojos, esperando el impacto.

—¡Ustedes dos!

¿¿Qué creen que hacen?!

— El grito lo detuvo todo.

Ambos voltearon.

Tairus los miraba con los ojos rojos, inyectados en sangre.

—Él lo hizo —.

Mat señaló a Erik y salió corriendo.

—¡Mocoso traidor!

—Erik levantó el bastón.

Tairus se quedó quieto, observando la espalda de Mat alejarse.

Algo no encajaba.

—¡Erik!— Volteo Tairus de un grito —Este… yo…—.

Solo entonces Erik vio el estado del jardín.

Un árbol destrozado y ardiendo.

Los rosales de la reina destruidos y esparcidos.

El fuego extendiéndose.

—…Es parte de la enseñanza —le restó importancia.

—¡Los jardines reales!

¡Aún no apagan el fuego!

—rugió Tairus.

—Es parte de su enseñanza—.

Erik se mantuvo inexpresivo, su piel era gruesa.

—Uff… jajajaj —suspiró Mat entre risas, escondido en un rincón lejano, viendo cómo Erik era regañado.

Ploc… ploc.

Un rastro húmedo, tibio y persistente le cosquilleó la piel.

Al principio pensó que era sudor, pero el olor ferroso le llenó la nariz.

—¿Demonios…?—.

Se llevó el pulgar a la nariz.

Sangre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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