El ERMITAÑO, NO QUIERE SALIR DE LA MONTAÑA - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 MIENTRAS MAS ALTO SUBES
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18: MIENTRAS MAS ALTO SUBES 18: MIENTRAS MAS ALTO SUBES Después de quemar el jardín.
Erik arrastró a Mat a una habitación de fiestas modificada en una habitación de entrenamiento en tiempo récord.
Su nuevo ambiente de estudio.
Y con ayuda de Erik, logró un entendimiento con la magia y, con ello, el camino de Mat solo fue cuesta arriba.
—¡JAJAJ!
¡Lo logré!
—rió Mat.
Erik observó en silencio cómo había arrasado con un pobre maniquí de práctica.
El aliento de dragón había dejado un cono de destrucción en el que caía el maniquí.
Pequeña llama, Bola de fuego, Lanza de fuego, Aliento de dragón… Los hechizos que aprendía eran cada vez más complejos.
Pero lo más raro era la falta de cántico.
Una rareza que picaba la curiosidad de Erik.
Una comezón que no podía rascar.
—Maldito mocoso, ¿cómo haces eso?
—gritó Erik, poniéndose de pie.
Al fin no pudo retener más su curiosidad.
Mat lo miró.
Estas últimas semanas le dejaron clara la ansiedad de Erik.
—Ohhh, ¿quieres saber?
Tal vez si… me dices maestro —se burló Mat.
—No tientes tu suerte —entrecerró los ojos Erik.
—JAA, qué suerte… aún no olvido el sello que me grabaste —recordó Mat.
La ceja de Erik tembló momentáneamente.
—Eso fue hace ya casi un mes.
Debes pasar página, mocoso… soltar —habló Erik con el tono más piadoso que pudo.
—¡¿QUÉ?!… —a Mat se le pusieron los pelos de punta—.
Jamás.
“El rencor es para… siempre”.
Y pienso… cobrar.
Sus palabras cayeron pesadas.
Sus ojos no dejaban margen.
—Tsk… qué mezquino.
Escupió Erik, mientras pensaba: jamás le diría maestro a un mocoso.
Sus ojos brillaron al sentir el maná en el cuerpo de Mat.
Ya era hora.
<¿Crees que eres el único mezquino aquí, mocoso?> Se rio con sarna.
—Muy bien.
Ya que es así, tendremos que retrasar la creación de tu primer círculo —meneó Erik la cabeza, apenado.
—¡¿Qué?!
—el rostro de Mat se hundió.
Solo se centró en hechizos básicos por su falta de maná, almacenando lentamente lo suficiente para un círculo, después de un mes de trabajo.
—Pues el método que usas para el moldeado y control de maná podría ser inestable… riesgoso incluso.
No podemos correr ese tipo de riesgos.
Eres un he-ro-e —.
Erik palmeó el hombro de Mat con lástima.
<¿Qué dice este vejete senil?
El método es el que me enseñaste… mendigo choro se creó para…> Mat veo venenosamente a Erik.
Sus intenciones eran claras.
—Jajaja, pero claro.
Si ese es el problema, te lo puedo decir.
Mat sonrió en comprensión, al igual que Erik al escucharlo.
—Pero primero debo crear mi círculo, para poder mostrártelo claramente.
No vaya a ser que cometa algún… error por la falta de poder.
Cuando sus palabras cayeron, la sonrisa del rostro de Erik se congeló.
—No, no.
Si tienes más poder del acostumbrado, algo podría fallar —dijo Erik, apretando su agarre en el hombro de Mat.
—No te equivocas, pero es mejor… no —sonrió Mat, regresando el apretón.
Por un momento, ambos se vieron sonrientes, comprensivos con el otro.
—¡Dime cómo lo haces, mocoso mal parido!.
—¡Tú prometiste enseñarme a hacer los círculos primero, vejete senil!.
—¡¿A quién llamas vejete?!.
—¡¿Hay alguien más aquí?!.
De lejos, viendo cómo se mangoneaban y maldecían, estaba Sebas, apreciando el espectáculo.
—Ahí van de nuevo —comentó Sebas, divertido.
Nunca había visto a alguien desquiciando a Erik tanto como Mat.
CLAP CLAP.
Los oídos de Sebas escucharon el trote pesado.
No necesitó más que el sonido para saber quién era.
—¿Terminaste?
—habló sin voltear.
Catherine apareció, parándose a su lado.
—Sí… esa era la última vuelta… ¿vuelven a discutir?
—apretó Catherine sus cejas gruesas antes de susurrar—.
¿De verdad es el héroe?
—Jajaj, sí.
La última vez fue porque Erik quería robar tiempo de estudio y viceversa… siempre es un espectáculo —terminó Sebas, sonriendo ampliamente.
Antes de recordar algo.
Se giró hacia Catherine.
—Pero llegas justo a tiempo.
Necesito que vayas con el Capitán Tairus… dile que no ha habido cambios.
Catherine lo miró sin comprender.
—¿Sin cambios?.
—Solo dile eso —concluyó Sebas, volviendo al espectáculo.
Mat y Erik discutieron por media hora antes de llegar a un trato.
Al final, Mat prometió enseñarle después de que Erik cumpliera su promesa de enseñarle a crear un círculo.
Sentados, Erik puso sus manos en la espalda de Mat.
—Cierra los ojos.
Mat cerró los ojos, concentrado en su voz.
—Respira… concéntrate… graba cada detalle de lo que pasará… Mat centró su mente para evitar perder incluso el más mínimo detalle.
—Trata de agregar más maná al formarlo… Listo.
Comenzamos.
Mat asintió.
El maná de Erik comenzó a entrar, trazando un flujo constante y controlado, envolviendo suavemente el monto acumulado de Mat.
Era una sensación fría.
Sus huesos vibraron, pero no de mala manera.
El maná flotaba en silencio, sincronizándose con los latidos de su corazón.
BOM.
BOM.
Mat no olvidó canalizar más maná, amasándolo con el resto.
La premisa era simple: mientras más maná, mejor.
Un círculo más grande significaba más reservas y mayor alcance de efecto.
El maná en su interior era visiblemente comprimido y, al mismo tiempo, compactado.
BOM.
BOM.
Más concentrado.
El poder era envuelto en una esfera, una cuenta de maná concentrado.
<Esto no parece un círculo…> Tan rápido como lo pensó, el maná alrededor de su núcleo comenzó a envolverse una vez más con un anillo.
Como si el núcleo fuera cerrado con llave, impidiendo cualquier fuga.
—Concéntrate.
Graba cada palabra en tu mente —la voz de Erik le taladró la cabeza.
El poder del anillo comenzó a tomar forma.
Palabras extrañas escritas, imposibles de leer… pero, extrañamente, entendía su significado.
Comprimir.
Mantener.
Enfocar.
Repetidas una y otra vez, casi como un cántico.
Las palabras cada segundo más nítidas.
Cada instante más sólidas.
BLIP.
Y ahí estaba.
Flotando en silencio.
Un núcleo de poder, no más grande que un limón.
Era curioso que algo tan pequeño y eterno brillara en su interior.
—…Listo —suspiró Erik, estirando sus viejos huesos.
Mat no dijo nada.
Seguía inmerso en la sensación cálida que desprendía ese supuesto círculo.
Palpitante.
Poderoso.
Sin decir palabra, Mat conjuró el mismo hechizo que había aprendido.
—Bola de fuego —susurró.
Una pequeña mejora: podía llegar al resultado solo con pronunciarlo una vez, ahora que los pasos estaban grabados en su mente.
Apareció de golpe una bola de llamas flotante en su mano, del tamaño de un puño.
—Guau… Lo apreció sorprendido.
Bola de fuego, un hechizo en el cual tenía que concentrarse ampliamente en su control de maná, su conexión con el maná externo y sostener todo con su imagen mental.
Un proceso tardado y complejo.
Ahora podía hacerlo sin más.
La conexión que antes debía cuidar para no perder el control, ahora era fuerte y estable.
—Sorprendido… como dicen: “Un mago solo es un mago… si tiene un círculo” —se burló Erik.
<Aunque eso fue rápido…> Internamente estaba consternado.
BOOM.
Sin perder tiempo, Mat comenzó a lanzar hechizo tras hechizo conocido, probando su nueva velocidad y poder.
—JAJA, ahora no soy diferente a un tanque… un tanque de papel —terminó diciendo, limpiándose la sangre que le goteaba.
Su nula capacidad defensiva dejaba mucho que desear.
“La mejor defensa es un buen ataque” no aplicaba… y menos después de ver de lo que eran capaces tipos como Erik o la caballera.
—Olvidas algo, mocoso —le recordó Erik.
Mat frunció el ceño, recordando su promesa.
<Al menos me dejó sumergirme en ello…> Admiró la destrucción que dejó en el campo de práctica.
Los sirvientes lo maldecirían, pero ese era problema para otro día.
Con el mismo entusiasmo que puso para destruir todo, Erik recibió su lección sobre magia sin cántico.
Consternándose rápidamente.
—Así que, en resumen… ves la magia como un proceso y un resultado —dijo—.
Fascinante.
Mat lo miró sin comprender.
—¿A qué te refieres?
Para él, era lógico.
—Hay tres formas de conjurar hechizos.
Cánticos: lo que te enseñé.
Luego están los atajos: cánticos recortados.
Y, al final, la magia sin cántico… la cúspide de la maestría.
Erik lo miró fijamente.
—Pero tú te saltaste los primeros dos… aunque por causas diferentes, volviendo al segundo nivel.
Mat lo vio sorprendido.
El anciano nunca le había dicho eso.
—Debo ser un pro —sonrió.
—Tú… es cierto que avanzaste muy rápido —Erik lo fulminó con la mirada—.
Pero no te equivoques.
La magia puede tener lógica… pero también es ilógica.
Ya lo verás.
Erik se dio la vuelta y se fue, como si cargara el peso de miles de historias.
<Pero… ¿por qué no me lo dices entonces?> Su paso era lento y cansado.
<Está farmeando aura el decrépito> Mat solo pudo verlo, consternado.
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