El ERMITAÑO, NO QUIERE SALIR DE LA MONTAÑA - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 MAS FUERTE CAES
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19: MAS FUERTE CAES 19: MAS FUERTE CAES Era de noche, en un callejón silencioso y oscuro, lejos del ojo público.
Dos sombras se movían hacia una reunión.
El más pequeño y encorvado estaba nervioso, viendo de un lado a otro; un pequeño sirviente del castillo.
—¿Lo trajiste?
—preguntó calmado el más alto.
Todo su cuerpo estaba cubierto, salvo sus ojos negros.
Un asesino, dirían.
El pequeño saltó ante su pregunta antes de asentir, sacando con precaución de su capa un pergamino amarillento.
La sombra lo tomó, confirmando su contenido, tomándose su tiempo.
Sus ojos recorrían cada línea hasta que un nombre le hizo fruncir el ceño.
<Erik> —M-mi pago…
—extendió el sirviente su pequeña mano temblorosa.
—Ah…
sí.
—Metió su mano en su capa, sacando una pesada bolsa de monedas.
El sirviente se alegró al ver el resplandor dorado.
SPIK —…
—El pequeño sirviente bajó los ojos y vio cómo una sombra le atravesó limpiamente el pecho.
Sin gritos, sin forcejeos, sin sangre.
Solo un gemido ahogado.
Solo la luz escapando de sus ojos.
—Debías esperar a que llegara a casa —maldijo el asesino a la oscuridad.
—Jaja, perdón.
Solo no me agradan los…
traidores —se burló alguien, desvaneciendo la sombra que sostenía el cuerpo.
Se desplomó inerte.
Y, como si la oscuridad lo escupiera, salió una sombra igual de alta que el asesino.
Su piel era grisácea, levemente escamada; su forma, entre humano y reptil.
Sus ojos de serpiente observaron el cuerpo del pequeño sirviente muerto en el suelo.
La sangre tibia se esparcía a su alrededor, cubriendo el resplandor del oro, ahora rojizo.
—Simplemente no me agradan quienes venden su lealtad por oro —escupió, mostrando su lengua bífida.
—La lealtad se vende fácilmente cuando uno tiene sed…
o cuando alguien lo espera en casa.
—El asesino vio de reojo un relicario barato y roto que escapó de entre la ropa del sirviente—.
Ahhh…
esto es más trabajo, Zul-T…
mi señor no estaba contento.
Zul-T frunció el ceño.
Sus pupilas elípticas se contrajeron.
—Si el problema es el cuerpo…
—Con un chasquido de sus dedos, Zul-T hizo que el cuerpo fuera tragado por las sombras.
Como si nunca hubiera existido.
La sangre, su ropa, todo se desvaneció.
El asesino lo vio sin inmutarse, antes de lanzar el pergamino.
—El trato está concluido…
es su problema ahora.
No olviden su pago.
—Se desvaneció.
Tenía que informar el problema, pero no antes de recordar su acuerdo.
Zul-T comenzó a leer el contenido y se detuvo en el mismo nombre.
Sus pupilas se expandieron y contrajeron.
—Erik…
se necesitará la ayuda del Señor Adrialcus…
—El rostro de Zul-T se oscureció antes de suspirar, desapareciendo en las sombras, dejando el callejón en el mismo silencio que tenía antes de que llegaran.
Lejos, en el corazón de la ciudad, se encontraban los terrenos reales, y dentro de ellos el palacio real y el de la reina: en sí, una fortaleza y proeza arquitectónica.
BOOM Las explosiones eran audibles alrededor del palacio real.
Sus salones paralelos temblaban con cada choque.
—¿Lo viste, anciano?
Así es como se hace.
Los electrones se cargan y generan un puente a tierra, o sea, el punto de contacto.
Jajaja, la magia eléctrica es más fácil que la de fuego.
—Mat tiró un rayo contra el suelo antes de señalar la pizarra.
—Explica más lento, mocoso —gruñó Erik mientras escribía más rápido.
—No…
tu tiempo se acabó hace media hora.
Ahora explica cómo funciona la magia aérea.
—¿Cómo voy a enseñarte cuando aún no aprendo lo mío?
—Ese no era el trato.
Además, tú ya sabes usar esta magia.
—Pero no así —remarcó Erik con ojos locos, pero Mat no cedió—.
…Bien, tu turno.
Sí, ambos, en cierta forma, estaban sedientos por razones diferentes, ya fuera de conocimiento o de poder.
—Escucha.
Por lo que veo, entiendes la lógica del aire, pero estás olvidando algo: es un elemento disperso, etéreo, le llamarían algunos.
Por ello requiere mayor control y reservas de maná para generar la fuerza y potencia requerida…
Mientras Erik explicaba, Mat ponía atención.
Tenía claros los conceptos, pero el control fino requerido era otra cosa.
—Hoja de viento —recitó Erik, cortando al maniquí a la mitad.
Ahí estaba lo que le interesó: un ataque cortante, de alcance corto, pero…
invisible al ojo humano.
Ese punto lo hizo querer saltarse su introducción a la magia de tierra y agua.
Requería más control, pero su naturaleza esquiva era mejor.
Le ayudaría a acortar el tiempo para volver a casa.
O eso creía.
Con los ojos cerrados, Mat concentró el maná en la punta de sus dedos, buscando la conexión con el poder externo que flotaba.
Y, con un balanceo, trazó un arco en el aire.
El aire tembló y se movió: una pequeña ráfaga que movió la tela del maniquí.
Un leve movimiento, inútil y efímero.
—Por algo esta magia se enseña cuando uno está a punto de avanzar al segundo círculo.
A menos que tengas un control absurdo, requiere demasiada energía —comentó Erik.
—¿Cuánto tiempo llevará?
—dudó Mat.
—No lo sé…
quizá un año si tienes talento.
Dos o más si te falta.
—¡¿QUÉ?!
¡No puedo esperar tanto!
Llevo ya dos meses aquí —saltó Mat a reclamar.
—Jajaja.
Pensaste que sería rápido.
Hasta ahora has tenido suerte —meneó la mano Erik sin importancia.
Pero recordó…
y vio a Mat detenidamente.
<A decir verdad, fue demasiado rápido>, pensó Erik al sentir el maná en el cuerpo de Mat.
—¡¿Qué haces, viejo?!
Erik tomó a Mat de la muñeca, cerró los ojos y sumergió su conciencia a través de un delicado hilo de maná, sintiendo su condición.
El círculo mágico envolvía un núcleo de maná flotando silenciosamente.
El maná estaba concentrado de forma anormal.
<¿Cómo es posible?
A este paso…
tendrá que crear el segundo círculo en seis meses o menos.
Es…
demasiado rápido>.
Erik abrió los ojos y vio a Mat cuidadosamente.
—¿Qué?
Mat se puso nervioso ante su mirada de escrutinio.
—Nada…
daré una vuelta.
—Erik sonrió de golpe y salió rápidamente del cuarto.
—Viejo loco…
—Mat suspiró.
No podía seguir sus cambios de humor todo el tiempo.
Cerró los ojos y volvió a condensar el maná.
Si las reservas eran el problema…
la solución era simple.
Por otro lado, Erik caminaba por el pasillo, mientras un recuerdo —más específicamente, una conversación— rondaba su mente.
“Algo anda mal con el chico, viejo” habló Tairus, viendo a Mat a lo lejos, escondido.
“¿Qué mocoso?” preguntó Erik, irritado, viendo el pie de Mat sobresalir de su escondite.
“No debería sentirlo”comentó Tairus.
“¿Qué?” “Siento al chico…
débilmente.
No debería ser posible.” Erik lo miró alarmado.
Un mago no puede detectar a un usuario de qi y viceversa.
Hay métodos, pero ninguno que permita percibir al otro…
no como Tairus dice sentirlo.
“Y…
lo vi sangrar por la nariz.
Y eso solo pasa…” “Cuando hay saturación de qi.
Pero no es posible…
cultiva maná.
Erik volteó a ver a Mat, preocupado y…
fascinado.
La conversación aun le rondaba la mente.
—Pero ahora su maná se ha condensado demasiado rápido.
Eso es un problema —dijo Erik, volviendo al presente.
—Sí…
es un problema.
¿Qué crees que pase?
—preguntó Tairus.
—No lo sé.
Solo he visto casos así en la forja del qi.
Tú deberías saberlo mejor.
—El cuerpo se…
descompone.
—La voz de Tairus enfrió el ambiente.
—Sí.
Y eso es en el caso del qi.
Si es el maná…
con su naturaleza, una explosión interna es lo más plausible —dijo Erik tras un sorbo de su té.
—¿Lo dices por la autodestrucción mágica?
—Sí…
y está lo que dijiste.
Aún me preocupa.
Es fascinante la incógnita…
y un dolor de cabeza.
Erik se masajeó la sien.
Tairus suspiró.
No era que no sintiera lástima por el chico…
pero había más problemas.
—¿Cuándo crees que esté listo?
—¿Listo?
Eh…
con esto y aquello…
quién sabe, sinceramente —resopló cansado.
—Le dijiste algo al rey, Erik Tairus lo miró a los ojos.
—Ya sé lo que le dije a ese mocoso…
pero no es como si tuviera más cartas.
La iglesia lo habría presionado…
o peor, juzgado si se deshacía del chico.
—Erik miró inquisitivamente a Tairus—.
Además, por lo que veo, el chico es una apuesta segura.
Incluso si su problema para, tendríamos a un mago de quinto o sexto círculo en quince años…
eso es algo.
Tairus hundió la mirada.
No era un mal trato…
pero el rey no tenía quince años.
La iglesia seguía tocando la puerta.
Y eventualmente tendría que abrir.
<¿Qué habrá pensado Lumia al mandar a un chico sin don?>.
La sola pregunta le daba dolor de cabeza.
PLANK La puerta se abrió de golpe, poniéndolos en alerta.
Un guardia entró.
<¿Y ahora qué?>.
—¿Qué sucede, Felix?
—preguntó Tairus, soltando la empuñadura de su espada.
Felix inhaló profundamente y golpeó su pecho.
—¡CAPITÁN!
Reportando al Maestro Erik: el héroe a colapsado, en un charco de sangre.
—¡¿Qué?!
<Pasó antes…
aún no sé el problema, carajo…> —¡Maldición!
—Erik salió corriendo.
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