El ERMITAÑO, NO QUIERE SALIR DE LA MONTAÑA - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 CONTRARELOJ
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20: CONTRARELOJ 20: CONTRARELOJ Afuera del cuarto se encontraban Erik y Tairus esperando en silencio desde que supieron que Mat colapsó.
Erik imaginaba… o peor, tenía teorías, pero ninguna era segura.
Cuando la puerta rechinó, lo sacó de sus pensamientos.
Feor por fin había salido, con las manos cubiertas de sangre.
—¿Cómo está?
—se levantó Erik.
—Bien —suspiró antes de mirar a Tairus—.
Es como pensaste… hay qi en el cuerpo del chico.
El ceño de Tairus se hundió.
—Eso es… ¿estás seguro?
—preguntó.
Sospechar no era lo mismo que saber.
—Sí —asintió Feor en silencio mientras limpiaba sus manos— Morirá.
El silencio envolvió el pasillo.
Denso.
Asfixiante.
—Espera… ya debería haber muerto.
Erik apartó a Feor y tomó a Mat del brazo, explorando su núcleo.
<Tiene más mana que antes… ¿algo cambió?> pensó, frunciendo el ceño.
No podía sentirlo de primeras, pero había algo más en el cuerpo de Mat.
No era idiota: debía ser qi.
—Tairus, compruébalo —pidió Erik.
La orden hizo que Tairus lo mirara ligeramente irritado, pero no era ciego.
Puso la mano en el pecho de Mat.
Feor solo pudo negar con la cabeza al verlos.
Para él, el resultado ya estaba escrito.
Pero dentro del cuerpo de Mat, Tairus sintió la acumulación de qi: era como un sol en miniatura, cálido y flotante.
<Esa sensación… incómoda>.
—Es mana —volteó a ver a Erik.
Era lo que había informado Feor.
—Sí… pero sigue vivo.
No ha explotado por la repulsión de ambas fuerzas, solo ha sangrado —los ojos de Erik brillaron.
Tairus lo miró sin comprender.
Buscando respuestas, vio a Feor, que se encogió de hombros.
—¿No lo ves, mocoso?
Creemos que es imposible para los humanos la unión de ambas fuerzas, y si ambas fuerzas están destruyendo el recipiente… —ya tenía la información de los síntomas de Mat, pero aun así continuó— también sabemos que es posible.
La expresión de Tairus cambió a una más insidiosa.
—Los demonios.
—Sí.
Ellos pueden mantener ambos poderes.
Claro, no es tan agresivo como lo que le pasa al chico, y muchos de ellos mueren antes de nacer, pero la constante es… —El cuerpo.
Los malditos tienen cuerpos fuertes —gruñó Tairus, comprendiendo a dónde iba Erik.
—Exacto.
Los humanos solo nacen con una de las dos por eso mismo.
El chico, de alguna manera, obtuvo ambas al llegar aquí.
Pero no ha muerto.
Las obtuvo siendo mayor.
Su cuerpo es más resistente que el de un infante; puede tolerar más castigo.
Así que debemos… —¿Quieres entrenarlo en la forja y templado de qi?
—Sí.
Su cuerpo está siendo destruido por carecer de resistencia.
Necesita un cuerpo más fuerte.
Ambos asintieron en comprensión.
—Cough… olvidan algo los dos.
El hecho de que su qi creciera sin que lo supieran quiere decir que el chico lo obtuvo sin más.
Feor los interrumpió, acercándose al cuerpo de Mat.
Sintió el qi sin necesidad de tocarlo, a diferencia de Tairus.
Percibió cómo esa energía se desbordaba y chocaba con la otra fuerza dentro de su cuerpo.
—Eso es normal —frunció el ceño Tairus.
—Normal, sí.
Pero el punto es que el qi, de alguna forma, se acumuló hasta sobresaturar su propia capacidad.
Un guerrero deja de almacenar cuando está lleno, a menos que haya una sobresaturación, y eso pasa con elixires o pócimas… nunca porque sí —suspiró Feor, cortando la conexión de sus sentidos—.
No es una negativa, pero solo le comprarán tiempo.
—Tiene razón —miró Tairus a Erik.
—Sí… de cierta forma el mocoso tiene potencial.
¿Cómo demonios terminó así?
—maldijo Erik, trazando un plan en su mente.
¿Cómo terminó así?
La gran pregunta.
La situación se remontaba a unas horas antes, después de la lección de Erik.
Mat se quedó con la idea de que le faltaba poder para la magia del aire y se sentó a condensar mana.
Lento, pero constante.
Una velocidad que lo dejaba lejos de su objetivo principal: volver a casa.
El mana era una energía que tendía a dispersarse; necesitaba ser recolectada activamente.
¿O no?
Erik le habló de diferentes formas de condensación usadas por magos avanzados.
Técnicas únicas, guardadas celosamente, reservadas para discípulos directos o familia.
Pero si existían… entonces había maneras diferentes de condensar.
El mana respondía a leyes.
Y había leyes fundamentales que él conocía.
Las veía en el inodoro todos los días, o en fenómenos destructivos como los tornados.
Sifón.
Fue entonces cuando Mat dejó de pensar en recolectar y empezó a pensar en crear.
No podía crear mana con solo pensarlo, era incapaz de eso.
Así que hizo lo más cercano.
Giró su círculo.
Una idea estúpida para cualquier mago.
Nadie haría algo así a menos que su círculo y núcleo mágico fueran sólidos.
Y funcionó.
Demasiado bien.
El mana se conglomeró en Mat al rotar su círculo cada vez más rápido.
Tan rápido que no pudo digerirlo correctamente en su núcleo.
Su círculo no estaba preparado para tanto estrés.
… —Así terminé en la cama —la voz de Mat apenas fue un susurro.
Su garganta se sentía como si hubiera tragado agujas.
—¿Creaste un método de condensación?
—la voz de Erik tembló de emoción—.
Enséñamelo.
—¡ERIK!
—gruñó Tairus, molesto, antes de mirar a Mat—.
Ah… mira, chico… Tairus no era de los que sabían dar malas noticias.
Más que suavizarlas, simplemente las daba.
Mat solo pudo escuchar en silencio mientras Tairus explicaba, interrumpido ocasionalmente por Erik con preguntas técnicas.
Sus voces se perdían en sus oídos.
<¿Por qué estoy aquí?> repetía en su mente.
¿Por qué él?
—Moriré… Se quedó vacío.
—Sí.
La voz de Tairus sonó más pesada que nunca.
No sabía qué hacer.
No había palabras.
Se quedó ahí, en silencio, aturdido.
CLAP.
—No pongas esa cara, mocoso.
Aún no estás muerto —sonrió Erik.
—Me golpeaste… —apenas pudo reaccionar a la molestia en su nuca.
—Aún tienes una oportunidad.
Claro, te costará ese método de condensación —sonrió entusiasmado.
—Erik… —recriminó Tairus.
—¡JAJAJA!
Mat solo pudo reír ante su situación.
No tenía opciones.
Pero algo era seguro en su mente.
Su único y frágil consuelo era que, si Erik lo decía, debía ser cierto.
Está loco.
<Al menos nunca ha incumplido su palabra ni me ha engañado>.
Después de eso, Erik y Tairus le explicaron su plan.
Uno sin antecedentes ni pruebas.
Feor lo reforzó con sus propias observaciones.
Así comenzó su cuenta regresiva.
Si en algún punto su cuerpo era rebasado por el crecimiento exponencial de su energía… moriría.
Afuera el mundo seguía girando.
Nadie se detenía.
Nadie lo conocía.
Y el sol se ocultaba como siempre.
—Vaya mierda—
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