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El ERMITAÑO, NO QUIERE SALIR DE LA MONTAÑA - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 LO QUE SE ESPERA
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5: LO QUE SE ESPERA 5: LO QUE SE ESPERA El silencio en el salón del trono era tan denso que podía cortarse con un cuchillo.

Las últimas palabras de Irilia aún flotaban en el aire.Y ella, con una sonrisa imperturbable, continuó: —…El Héroe será la piedra angular para la victoria de la humanidad.

Con nuestra guía y la luz divina de nuestra Diosa, la victoria está destinada—.

El rey Julius observaba el discurso de la santa desde su trono, sus dedos tamborileando con impaciencia sobre el reposabrazos de madera tallada.

Sumergido en sus pensamientos, calculaba cómo negociar lo que ella ya daba por sentado: la entrega total del Héroe a la Iglesia.

—Su santidad —comenzó Julius con voz grave, cortando el silencio helado— Comprendo la fe en el héroe venidero, pero considero que la custodia real podría ofrecerle una perspectiva más amplia y terrenal sobre los conflictos de nuestro reino y de la humanidad— Irilia sonrió con una expresión serena, un contraste nítido con la fría calma de sus bellos ojos verdes.

—Majestad… un héroe no es un general, un oficial o un administrador.

Es un símbolo.

Un instrumento de la voluntad divina —habló mientras su aura sagrada se encendía — Debe ser moldeado con la guía de la divina Diosa y de la Iglesia para que alcance su máximo potencial, como lo hicieron Sasaki y Shoujo–.

Julius solo pudo observar con un asco disimulado su máscara de pulcritud.

Chasqueó la lengua internamente: <La Iglesia ni siquiera existía en esa época… no eran más que un culto de Lumia>, pensó, guardándose esas palabras.

Cerró los ojos y respiró hondo antes de responder.

—Eran otros tiempos.

En esa época, Lumia estaba presente para guiarlos.

Ahora está en el cielo —pronunció cada palabra mirándola fijamente, buscando cualquier indicio de flaqueza—.

Sin la presencia directa de la Diosa, el héroe debe ser guiado de otra forma, y qué mejor… que bajo tutela real—.

Irilia no perdió la sonrisa, pero sus ojos se entornaron apenas, como una depredadora reevaluando a su presa.

—Precisamente por eso, Majestad —respondió con voz dulce, como miel envenenada— Sin la voz de la Diosa, solo queda la Iglesia como su canal en la tierra.

Somos el medio por el cual su voluntad fluye hacia el pueblo y, pronto, hacia el héroe.

Privarlo de esa guía sería como quitarle agua a una flor… no florecerá; se marchitará antes de cumplir su deber–.

Julius sintió un escalofrío.

No era una sugerencia.

Era una amenaza velada.“Como quitarle agua a una flor”.

¿Se atrevería a “marchitar” al héroe?

Palabras simples, pero afiladas.

Julius analizó los escenarios posibles.

No lo matarían abiertamente, pero sí podían dificultar su crecimiento.

—Entiendo su inquietud, su santidad —dijo Julius, manteniendo la mirada—.

Pero no debe olvidar a los héroes anteriores, Sasaki y Shoujo.

Ellos nunca necesitaron apoyo ni “agua” para brillar.

Cada uno era un ejército por sí mismo–.

Sí, era verdad.

Sasaki, el primero: Llegó a este mundo con una maestría incomparable con la espada.

Cada arma parecía servirle y concederle poder.

Podía ver los puntos débiles de sus oponentes como si fueran marcas de tinta.

Más fuerte que los Maestros Caballeros.

Un héroe de la espada.

Y luego Shoujo, el segundo héroe: Podía guiar el campo de batalla como si viera el futuro.

La magia respondía a su voz, bendecido por la magia, logrando cosas que solo los archimagos podrían soñar.

Sus ideas marcaban la historia, tanto que más tarde darían origen al Reino de Lumen y, con él, a la Iglesia de Lumia.

Al llegar eran fuerzas monstruosas, y esa verdad hizo que Irilia frunciera el ceño apenas… lo suficiente para que Julius lo notara.

<Sí… como si controlar a un héroe fuera fácil.

Aunque eran honorables, nada garantiza que se los pueda manipular>, pensó Julius.

Irilia lo miró largo rato antes de esbozar una sonrisa extraña, casi cómplice.

Se llevó las manos a los labios y dejó escapar una suave burla.

—Puf–.

—Majestad —dijo con un tono cargado de veneno—.

Justamente ese es el punto.

Tiene razón: ellos no necesitaron agua.

Eran fuerzas de la naturaleza.

¿Cree que alguien podría controlarlos?–.

Las palabras se clavaron en Julius.

Era cierto: ambos sabían que nadie podía controlar un héroe.

—Habla del héroe como si fuera un perro al que se pueda entrenar —respondió Julius— Yo hablo de guiarlo.

De apuntar la espada hacia su destino.

Solo falta el incentivo correcto—.

La pausa que dejó Irilia penetró el salón, como si disfrutara del silencio.

—Después de todo, ese es nuestro deber como guía, Majestad —continuó— Encaminar al héroe como el puño de la Diosa, para que sea un rayo de luz, fe y fuerza para la humanidad.

Por eso debe estar con la Iglesia.

Porque solo la fe puede ofrecer control sobre una fuerza que, como usted recordó… es inherentemente incontrolable– Sí.

Lo mismo.

Hay muchas formas de controlar sin usar fuerza: chantaje, soborno, seducción… y ambos sabían bien que la sangre de los primeros héroes aún corría por el mundo.

<¡Esta perra!> pensó Julius con furia contenida.

<Este viejo rey… no piensa ceder> chasqueó la lengua internamente Irilia.

Ambos lo tenían claro: ninguno daría el brazo a torcer.

<Entonces será… quien llegue primero al héroe> pensaron al unísono, ocultos tras sus máscaras de cordialidad.

Justo entonces, cuando la tensión estaba a punto de romperse, el destino decidió patearlos.

¡TRACK!

Un estruendo desgarrador explotó en medio del salón, como si el aire mismo se partiera.

Una onda de choque invisible los levantó del suelo, seguida de un destello cegador.

—¿¡Q—?!

¡CLAP!– Irilia tampoco se libró: un fragmento del suelo voló y le golpeó entre las cejas.

El impacto apagó su brillo divino, dejando un hilo carmesí sobre su piel de porcelana.

Sus ojos quedaron en blanco.

—¡OYE, PERRA…!—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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