El ERMITAÑO, NO QUIERE SALIR DE LA MONTAÑA - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 ¿Y ÁHORA QUE
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7: ¿Y ÁHORA QUE?
7: ¿Y ÁHORA QUE?
—¡¿QUÉ CARAJOS?!—El grito de Mat se ahogó contra la piedra húmeda.
Nadie respondió.
Nadie escuchó.
Solo quedó el goteo constante del agua cayendo en algún rincón y el sonido de su respiración agitada.
<¿Cómo terminé aquí?> se preguntó, sentándose contra la pared fría.
La realidad de ese día todavía lo estrangulaba.
Su “primer día” ,en un nueva etapa de su vida terminó convertido en un mal viaje: Conoció a una diosa loca y exhibicionista, luego a un fanático con complejo de perfección, y para rematar fue arrojado a quién sabe dónde… y arrestado.
—…ya no estoy en casa— murmuró.El frío de la pared le recorrió la espalda, confirmándole la realidad: Ya no estaba en la Tierra… y posiblemente ni siquiera en su universo.
—¿Para qué me arrojó aquí esa loca?— escupió, dejándose caer de lado.
Sabía para qué, pero no le dio el estúpido “apoyo”.
—Tsk… maldita.
Ni siquiera se dignó a darme algo para entender a estos lunáticos… ni un aviso, nada.
La muy cabrona tomó literal lo de “golpe avisa”—.
Mat se desquitó hablándole a la pared.
—Y ese estupidó, idiota, pito corto de Diveine… se metió de lleno el muy cabrón en su papel clasista, fanático, arrogante lame huevos…—.
La pared se tragó sus groserías en silencio.Sin respuesta, lo cierto es que tenia miedo.Mat lo entendía: no era que todos fueran raros… él era el raro.Incluso la ropa que traía lo delataba como un extraño , alguien fuera de lugar.
Y era claro: “ahora estaba solo” una simple oración en su mente y sin saberlo apretó sus puños tan fuerte que sus nudillos perdieron color .
—Que se pudran — escupió viendo la gran puerta de madera enojado.
Lejos de la húmeda oscuridad, en lo alto del castillo, la estancia real brillaba bajo el danzar de las velas.
La luz cálida acariciaba una habitación ostentosa, marcando la llegada de la noche.
Relieves, decorados tallados, telas suaves, sábanas aterciopeladas, almohadas de plumas de ganso y un ligero aroma a lavanda daban una calma casi curativa.
En medio de todo eso, envuelto como una momia de mediana edad, era atendido por bellas mucamas y sirvientas.
—Kugh…— El hombre frunció las cejas mientras abría sus ojos oscuros, confundido y dolorido.
—¿Qué pasó?
¡Argh!—.
—¡SU MAJESTAD!
¡Se movió!
¡AVISEN QUE EL REY HA DESPERTADO!—La sirvienta que atendía las heridas casi saltó al verlo reaccionar.
El hombre que se agarraba la cabeza no era otro, que el Rey Julius.
—Su majestad, ¿se encuentra bien?
¿Le duele algo?—Entró corriendo un hombre viejo y barbudo con ropa azul, seguido por un joven vestido de la misma forma.
—Maestro Feor… estoy bien— respondió Julius mientras el curandero lo revisaba a profundidad.
—Créame…—.
Feor ignoró sus palabras y continuó examinándolo con meticulosidad.
TRACK, TRACK No paso mucho hasta que llego el sonido del metal que anunció la entrada de un caballero con armadura dorada, con plumas rojas incrustadas en la cresta de su casco: él mismo que había ordenado capturar a Mat.
—Su majestad.—Se inclinó respetuosamente.
—Tairus, dame un reporte—.
—El salón del trono está seriamente dañado.
La Santa Irilia está herida… se rumorea, que mucho.
Se encuentra resguardada por la Orden de Plata en la Iglesia Agnoli.—Tairus dio un reporte corto y al punto.
—¿Los atacantes?—.
—Solo uno… extranjero—La expresión del caballero se tensó.
—¿De qué raza?— preguntó Julius, notando la incomodidad.
—Habla, Tairus—.
Tairus guardó silencio unos segundos.
—Ese es el problema, su majestad… es humano— —¿Humano?
¿Quién lo envió?
¿El reino Swex?
¿Los Noltor?— Julius frunció el ceño, visiblemente molesto.
—No… viste ropa rara y habla otra lengua.—El caballero parecía más confundido cuanto más hablaba.
Julius abrió los ojos con sorpresa.
—¿Estás seguro de que es humano?
¿O tal vez un loco?—.
Tairus negó —No pareció loco durante su arresto—.
—Imposible… todos los humanos hablan la lengua de Lumia… a menos que no sea de este mundo.—Los ojos de Julius brillaron.
<El héroe… pero fue capturado demasiado fácil.
Irilia no habría pasado este día por alto… a menos, que no supiera que sería invocado hoy>Pensó, enlazando los hechos rápidamente.
—¿Dónde está ahora?—.
—En el ala A de los calabozos, en aislamiento—.
Julius asintió —¿Le hicieron daño?—.
—La prioridad fue la seguridad de su majestad—.
Julius suspiró aliviado —Trasládenlo al Ala Norte.
Nadie debe verlo, especialmente la Iglesia… y llama a Erik—.
—¿Erik Treinor?
¿El mago?— Tairus arrugó el ceño, como si tomara un trago amargo.
—Sí.
Sácalo de su madriguera y dile que su rey lo invoca… y nada de peleas.— reitero frunciendo el ceño .
—De inmediato, majestad.— Tairus acepto la orden evitando la mirada inquisitiva del rey.
Tairus salió rápidamente, pero no tardó en volver igual de rápido y pálido.
—¿Qué sucede?— preguntó Julius, inquieto.
—Fueron a trasladar al prisionero y…— Dudo Tairus.
—¿Y?!— rugió el rey.
—El prisionero ha escapado— —¿Qué… CÓMO!?— —Encontraron su celda vacía y la puerta medio arrancada de las bisagras—Explico .
—¿Usó magia?
¿Qi?—Julius sabía que esas puertas estaban hechas para resistir incluso ataques mágicos.
—No, majestad… usó un pedazo del banco de la celda—Tairus evitó su mirada.
—¿No usó hechizos… ni fortaleció su cuerpo?
¿Cómo lo logró?—.
—Creen que usó el banco como apoyo en la puerta para sacar las bisagras—.
<¿Sin magia… ni qi… solo una herramienta improvisada?>Julius sintió una mezcla de extrañeza y cierta admiración.<… ¿por qué no simplemente voló la puerta?> —Parece que nuestro héroe es un escapista…— murmuró.
—Ordena su busqueda.
No puede haber ido lejos.
Y trae a Erik lo más rápido posible usa el puente de salto— Ordeno Julius sin aceptar protestas.
—Pero?— Tairus dudo.
—pero nada …no importa el costo , solo trae a Erik…— Julius lo vio decidido , por lo que solo pudo aceptar .
Tairus asintio y salió lanzando órdenes.
—Veamos hasta dónde llegas… “héroe”— susurro viendo como Tiaras desaparecía en el pasillo.
En lo más profundo del castillo, por túneles nauseabundos donde la luz apenas alcanzaba, Mat avanzaba buscando una salida.
Los pasillos eran largos, húmedos y laberínticos.
—Verga… ¿dónde pijas estoy?
Este lugar apesta…—Estaba perdido, pero la línea blanca que había dejado en la pared lo ayudó a retomar su camino mientras repasaba cada giro.
Pero desde arriba.
—~~~~— Ruidos y murmullos retumbaron desde la superficie.
Debían ser gritos, un tumulto enorme para que él los escuchara desde tan abajo.
—¿Y ahora qué?!—Escupió y aceleró el paso para seguir explorando los pasillos fétidos.
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