El ERMITAÑO, NO QUIERE SALIR DE LA MONTAÑA - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 EL GATO Y EL RATÓN
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8: EL GATO Y EL RATÓN 8: EL GATO Y EL RATÓN Las paredes húmedas, el calor de los túneles y la peste azotaban los sentidos.
Los pasillos eran idénticos en cada dirección.
—Verga… estoy perdido —Mat suspiró; solo quedó el silencio y el sonido del agua corriendo.
Realmente no tenía un plan sólido cuando escapó.
Vio la oportunidad y la tomó: El banco en la celda, la ventanilla, la pequeña compuerta para la comida, el guardia haciendo rondas…Tuvo la buena y mala suerte de haber pasado todo un día encerrado en su propio cuarto cuando se rompió la perilla.
Solo que ahora las bisagras estaban por FUERA.
El resto se desenvolvió solo: encontró la cloaca y quitó la tapa como lo hacían los rateros en su ciudad.
Francamente <NO CREI LLEGAR TAN LEJOS>.
Para su suerte, no estaba llena la cloaca de aguas negras.
Después de un viaje incómodo terminó ahí.
Perdido.
—Mmm… el agua —murmuró, observando sorprendido el cauce que fluía en un lugar tan carente de luz—.
¿A dónde vergas va?
…Una salida—.
Siguió el flujo de las alcantarillas, esquivando charcos cuyo contenido prefirió no imaginar, mientras reflexionaba.
Aún tenía pendiente el loco encargo de la diosa lunática, pero no tenía idea de cómo lograrlo.
<El Rey Demonio>.
La imagen mental de un ser enorme, rojo, lleno de poderes místicos y demás mamadas ,que pulverizaba gente con un rayo de la muerte.
No era alentador.
—Puta esquizofrénica… —maldijo a Lumia.
—¿Cómo vergas venzo algo así?
¿Con qué?
¿¡Con el poder de mis huevos?!
—gritó, sujetándose los mismos.
No podía dejar de mentarle la madre a Lumia mientras avanzaba irritado, cargando una misión suicida sobre los hombros.
Arriba, muy por encima de la piedra húmeda, la superficie hervía con caos.
Una búsqueda implacable recorría el castillo y sus palacios.
Y el apenas consciente de la magnitud.
—¡Encuéntrenlo, no pudo haber ido lejos!—.
—¡Busquen!—.
Un tumulto de caballeros y guardias peinaba cada rincón; las linternas danzaban en la noche.
—¿Y los magos?
¿Por qué no lanzan un hechizo de búsqueda?
—preguntó un pequeño caballero de armadura opaca y voz melodiosa.
Su baja estatura lo destacaba entre todos.
—Ya lo hicieron.
No encuentran nada —respondió un hombre, un alto caballero .
—Si nos separamos cubriremos más terreno —propuso el pequeño, avanzando con emoción disimulada.
—Ja… buen intento —se burló el mayor, tomándolo del peto.
—¿Por qué?
—reprochó el caballerito.
—Porque sigues en entrenamiento —respondió, quitándose el casco.
Su cabello castaño y rostro firme, cruzado por una cicatriz en la quijada, contrastaban con su atractivo —Y no quiero a Tairus molestándome después.
Limítate a observar—.
—Ahh… a las órdenes —se enderezó.
—No ansíes tanto la acción.
Ve el frente sur.
—El caballerito guardó silencio.
El frente sur, el campo de guerra más sangriento, donde el general demonio había estancado la lucha durante años.
Donde murieron decenas de miles…incontables incluso.
—No hemos encontrado rastros en las inmediaciones del palacio real ni en el de la reina, ni en los muros —reportó el jefe de guardia.
—Nada… sin rastros de mana o qi… ¿cómo es posible?
—frunció los ojos el caballero.
El pequeño tragó saliva y calló.
—Hay que volver a la escena —ordenó, caminando hacia las mazmorras.
—¿A quién buscamos, señor?
—preguntó el caballerito, siguiendo tras él.
—A un prisionero—.
—¿Prisionero?
¿Quién?
—insistió, con la armadura rechinando detrás.
—No lo sé, ni nos corresponde saber.
Seguimos órdenes—.
—Mmm… ya veo—.
Llegaron finalmente a la celda del ala A.
—El perno de las bisagras… fue sacado —observó el caballerito sorprendido.
—Sí.
Una falla.
Normalmente intentan derribar la puerta… fue ingenioso, expuso un punto débil —dijo el caballero recogiendo el perno—.
Pero ¿cómo burló a los guardias de la mazmorra, los del palacio y los de los muros?
Es imposible que escape sin que alguien lo vea—.
—Tal vez no lo hizo… por ahí —señaló el caballerito.
—¿Qué?
Mmm… —al seguir la dirección de su dedo, vio la tapa de las alcantarillas y entendió— Cierto.
La cámara de desechos está cerca, y más arriba queda la cocina real—.
—Y esa cámara está cerrada, solo el carcelero y el verdugo pueden entrar.
No es sorpresa que nadie buscara ahí… por lo que nadie reviso la tapa de drenaje expuesta afuera del cuarto ,aunque no sé cómo sacó la tapa.
Pensé que estaba pegada al suelo.
¿Qué piensa, Sebas?
—se burló el caballerito.
CLANG—La humedad desgastó la unión —respondió Sebas, levantando la pesada tapa como si nada.
Forzó sus ojos para ver dentro—.
Vamos.—¡Tú!
Da aviso.
El prisionero escapó por la alcantarilla.
Que manden equipos de búsqueda—.
—Enseguida, señor —corrió el carcelero.
CLAP Sebas saltó primero, cayendo pesadamente en la piedra húmeda.
CLAP El caballerito lo siguió.
—Por cierto… le diré a tu padre que rompiste la jerarquía de rangos —se burló Sebas.
—¿Qué ?…vamos tío, fue un desliz —reclamó.
—¿Tío?
¿A quién le hablas?
—rió Sebas.
—Señor, fue un desliz —corrigió el pequeño caballero, cruzándose de brazos.
—Mucho mejor —rió Sebas—.
No te pongas asi.
¿Quién quería ser caballero?—.
El caballerito calló.
—El camino será difícil.
Solo quiero que te acostumbres… venga, vamos —le dio una palmada metálica en la espalda antes de seguir.
Sebas y el caballerito comenzaron su inspección.
—Hmmm… marcas —Sebas pasó sus dedos sobre una “X” superficial en la pared.
En otra parte del laberinto oscuro, Mat caminaba mientras las voces y golpes desde arriba se desvanecían como una cuenta regresiva.
—¿Algo cambió?
—su instinto le gritó que se apresurara.
RASGUÑO El sonido vino justo al lado, en un túnel convergente.
Raspado.
Húmedo.
Luego.
CLANG Una tapa se abrio.
Mat se giró.
No vio nada… pero su mente gritó: <¡Saben dónde estoy!> Sus piernas reaccionaron antes que él.
BUUUF Otra tapa moviéndose, arrastrada .
A la derecha.
A la izquierda.
Otra más.
—¡NO CHINGUES!
—gritó, girando en la siguiente bifurcación.
Puntos amarillos aparecieron a lo lejos, uno tras otro, iluminando los túneles como velas en la noche.
—¡CORRE, WEY, CORRE!
—se grito, impulsándose al siguiente cruce.
PLAP Se detuvo en seco.
Dos figuras al fondo: caballeros de armadura completa.
—Voud caldisup?
—el caballerito asomándose pregunto emocionado,.
—Ahhh jia —y otro asintió suspirando.
Mat no entendía una mierda.
Miró a ambos lados.
Y por el otro lado del túnel, la “libertad”.
—¡CHÚPENLA!
—rugió, lanzándose por un túnel lateral.
—¡JAJAJAJAJA!
—rio el caballerito, corriendo detrás suyo.
El juego del gato y el ratón había comenzado.
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