EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 17
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: Capítulo 5 — El Primer Día 17: Capítulo 5 — El Primer Día La nave siguió avanzando.
No porque el universo se hubiera vuelto amable, sino porque el universo nunca se detenía por el dolor de una sola persona.
Ni siquiera por el dolor de una capitana.
Pero algo sí había cambiado.
Algo mínimo.
Algo imposible.
La presencia de Kai.
Evelyn caminaba por los pasillos con el bebé sujeto a su pecho en un arnés térmico, como si temiera que si lo soltaba aunque fuera un segundo, la realidad encontrara la forma de quitárselo otra vez.
La tripulación la observaba.
Algunos con respeto.
Otros con miedo.
Y algunos… con una mezcla extraña de ambas cosas, como si estuvieran viendo a su capitana caminar con una bomba dormida sobre el corazón.
En la enfermería, los médicos habían hecho lo que pudieron sin poder hacer casi nada.
No sangre.No tejido.No piel.
Solo saliva, lecturas externas y preguntas sin respuestas.
Y aun así, la nave entera parecía haber tomado una decisión silenciosa: nadie quería ser el siguiente en provocar el despertar de ese niño.
Evelyn entró al módulo privado asignado para cuarentena médica, una habitación amplia y limpia, diseñada para contener patógenos… no destinos.
Nira ya estaba allí.
Sentada en el borde de una cama, Tablet táctica en manos, con el rostro más cansado que la primera vez que Evelyn la vio en el puente, pero con los ojos firmes como acero.
Cuando Evelyn cruzó la puerta, Nira se levantó y se acercó sin prisa.
—¿Cómo está?
—preguntó, mirando al bebé antes que a Evelyn.
Evelyn miró a Kai.
Kai tenía la boca ligeramente abierta.
Dormía.
Un sueño tan tranquilo que parecía una burla para todo lo que había ocurrido.
—Está… vivo —dijo Evelyn, como si esa palabra aún le costara decirla—.
Sigue vivo.
Nira asintió despacio.
—Eso ya es un problema… y un milagro al mismo tiempo.
Evelyn la miró con dureza.
—No lo llames problema.
Nira sostuvo su mirada.
—Eve, escucha.
No lo digo como amenaza.
Lo digo como oficial.
Ese niño… no encaja.
Evelyn apretó la mandíbula.
—Nadie me encajó nunca en este ejército y aun así aquí estoy.
Nira soltó una pequeña exhalación, casi una sonrisa.
—Tienes razón.
Se acercó un poco más, bajando la voz.
—Pero tú encajabas lo suficiente como para que las reglas funcionaran contigo.
Con él… no sé si hay reglas.
Evelyn se sentó lentamente y acomodó a Kai en sus brazos.
Kai se movió apenas, buscando calor.
Su mano diminuta se cerró alrededor de un mechón del uniforme de Evelyn como si lo anclara.
Evelyn sintió un golpe en el pecho.
No miedo.
Una clase de amor tan inmediato que casi parecía injusto.
Nira se sentó frente a ella.
—¿Te duele?
—preguntó de pronto.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Qué?
Nira señaló suavemente.
—Estás apretándolo demasiado.
Evelyn soltó un poco el abrazo.
—No quiero perderlo.
Nira no discutió eso.
Solo bajó la mirada un instante.
—Lo sé.
Hubo un silencio largo.
Luego Nira deslizó la Tablet hacia Evelyn con una pantalla abierta: gráficos, escalas, lectura de biometría, datos del escaneo de ATENEA.
—El general quiere un informe completo —dijo Nira—.
No para castigarte.
Para entender qué está pasando antes de que alguien más decida por ti.
Evelyn miró la pantalla.
—¿Y tú?
Nira no apartó la mirada.
—Yo estoy contigo.
Evelyn sintió un peso salir de sus hombros, aunque fuera un poco.
—Entonces dime la verdad.
Nira respiró hondo.
—Está bien.
La verdad es esta: el poder de Kai… no tiene nada que ver con nuestra escala humana.
Evelyn levantó la vista.
Nira continuó, dejando el tono emocional y entrando en el tono de quien explica un mapa antes de una guerra.
—Nosotros usamos “niveles” porque necesitamos medirnos.
Necesitamos ordenar el caos para no morir en él.
Pero esos niveles… —hizo una pausa— nacieron para humanos.
Y Kai no es humano.
Evelyn no dijo nada.
Lo aceptaba.
Ya lo había aceptado desde el momento en que sobrevivió al vacío del espacio como si el espacio fuera solo otro pasillo frío.
Nira activó el esquema holográfico.
Una escala vertical apareció en el aire, marcada desde Nivel 1 hasta Nivel 5.
—Esto es lo que somos —dijo.
Nivel 1: Modificado Básico —El estándar mínimo para todo humano nacido después de la gran modificación genética —explicó Nira—.
Son la columna vertebral de nuestra civilización… y de nuestro ejército.
Evelyn observó.
Nira habló con calma, como si repitiera algo que había dicho cientos de veces en academias y simuladores.
—Un humano Nivel 1 es superior a un humano antiguo.
Mucho más fuerte, más rápido, más resistente.
Memoria casi perfecta.
Aprenden rápido.
Y lo más importante… Nira levantó un dedo.
—Inmortalidad biológica.
Evelyn alzó las cejas apenas.
—No envejecemos.
—Exacto —dijo Nira—.
No envejecemos más allá de nuestra plenitud física.
Pero eso no significa que seamos invencibles.
Un Nivel 1 puede morir por trauma severo, enfermedades, armas de energía modernas… o seres más fuertes.
Evelyn asintió.
—Todos sangran.
—Sí —respondió Nira—.
Solo tardamos más en caer.
Nivel 2: Hino-mano Nira deslizó el holograma.
—Los Nivel 2 son el siguiente salto.
Poseen lo del Nivel 1… pero magnificados.
Más fuerza, más velocidad, más resistencia.
Muchos no manifiestan poderes activos, pero son naturalmente superiores.
Evelyn miró el esquema.
—Los que pilotan mecas.
—Exacto —dijo Nira—.
Colosos de asalto.
También los especialistas de alto rendimiento.
Suboficiales, ingenieros élite, pilotos.
Y la base de donde salen los siguientes.
Nivel 3: Súper-humano El holograma cambió.
Y el aire pareció volverse más denso, como si el nombre mismo cargara historia.
Nira miró a Evelyn.
—Aquí estás tú.
Evelyn no hizo gesto de orgullo.
Solo de aceptación.
Nira continuó: —Nivel 3 es cuando el potencial explota en habilidades activas: telequinesis, telepatía, precognición leve… o manipulación elemental.
Piroquinesis como la tuya.
Crioquinesis.
Electroquinesis.
También exóticos físicos: invisibilidad, metamorfosis, súper velocidad… Evelyn recordó guerras.
Recordó enemigos gritando.
Recordó fuego.
—Y el Proyecto Quimera —añadió Nira.
Evelyn frunció el ceño.
—Licantropía.
—Sí —dijo Nira—.
Humanos con suero “Ancla”.
Transformaciones controladas a formas de bestia.
Fuerza, sentidos, velocidad… abrumadores.
Evelyn miró a Kai.
Kai dormía.
Y aun así, Evelyn supo que si lo comparaba con cualquier Nivel 3… Era como comparar una chispa con un sol.
Nivel 4: Élite Nira cambió de nuevo el holograma.
—Nivel 4 es raro.
Muy raro.
Y es donde la ciencia empieza a fallar.
Son ases en la manga de la humanidad.
Agentes que ya no solo tienen una habilidad… sino una naturaleza diferente.
Evelyn se inclinó.
—Pactos.
Nira asintió.
—Recipientes de semidioses.
Médiums.
Contratistas cósmicos.
Híbridos.
Magos del Aetherium.
Cosas que hace cien años habríamos llamado mitología.
Evelyn soltó una risa seca.
—Y ahora son parte del ejército.
—Cuando el universo intenta comerte —dijo Nira—, te tragas tus propias dudas primero.
Nivel 5: Destructor Planetario El holograma llegó al final.
El nombre quedó flotando.
Y por primera vez, incluso Nira pareció medir sus palabras.
—Nivel 5… es el pináculo humano conocido.
Leyendas vivientes.
Seres tan raros que puedes contarlos con los dedos de una mano.
Evelyn lo miró.
Nira bajó la voz.
—Su poder puede destruir un planeta.
No figurativamente.
Literalmente.
Evelyn no necesitaba ejemplos.
Pero Nira los dio igual, porque en una sala con un bebé imposible, las palabras debían ser exactas.
—Un piroquinético de Nivel 5 no “crea fuego” —dijo—.
Puede iniciar fusión en una atmósfera y convertir el mundo en una estrella.
Un telequinético de Nivel 5 no mueve rocas… fractura placas tectónicas.
Evelyn se quedó quieta.
Nira cerró el holograma con un gesto, como si ya no quisiera verlo.
—Y aun así… —susurró— incluso un Nivel 5 es considerado “medio-bajo” en la escala cósmica real.
Evelyn sintió un escalofrío.
No por miedo.
Por comprensión.
—¿Y Kai?
Nira la miró.
La mirada de una amiga.
Pero también la mirada de una oficial que sabe que si se equivoca, muere gente.
—Kai no está en esa escala, Evelyn.
Evelyn apretó al bebé contra su pecho.
—Es solo un niño.
—Ahora —dijo Nira—.
Ahora necesita leche, calor, contacto.
Ahora es un bebé.
Evelyn sintió que esa palabra “ahora” pesaba como una amenaza.
Nira continuó: —Pero según ATENEA… en menos de un mes, sus células van a empezar a absorber energía del entorno con más eficiencia.
Mucho más.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Absorber energía?
—Sí —dijo Nira—.
Como si su cuerpo se alimentara no solo de comida, sino de… existencia.
De energía ambiental.
Electricidad, radiación mínima, partículas.
No importa.
Evelyn miró a Kai.
—¿No necesitará comer?
Nira negó lentamente.
—Con el tiempo, no.
Y tampoco necesitará dormir.
Su cuerpo será autosustentable mientras haya energía a su alrededor.
Evelyn sintió un vacío extraño.
No tristeza.
Miedo de madre.
—¿Eso significa que puede morir de hambre si no hay energía?
Nira se quedó callada un segundo.
—No lo sé.
Pero… sinceramente, Eve… dudo que el universo pueda dejarlo sin energía.
Evelyn respiró hondo.
Nira bajó aún más la voz.
—Y lo otro… sus poderes van a despertar.
Evelyn miró a Nira, firme.
—Entonces lo entrenaremos.
Nira asintió.
—Sí.
Porque si no, cualquier emoción puede encenderlo.
Cualquier amenaza puede hacer que su instinto haga lo que hizo en la cápsula.
Evelyn sintió el recuerdo de aquel azul brillante.
El planeta explotando.
Kai flotando en el espacio.
El universo gritando sin sonido.
—Su cerebro… —dijo Evelyn de pronto— ATENEA dijo algo.
Nira asintió.
—Su cerebro no es humano.
Procesa información… —tragó saliva— aproximadamente cien mil veces más rápido que el nuestro.
Evelyn se quedó quieta.
—Cien mil.
—Sí —dijo Nira—.
Eso significa que él “entiende” el mundo de otra manera.
Aprende diferente.
Percibe diferente.
Puede comprender cosas que nosotros tardaríamos años en aceptar.
Evelyn miró a Kai, casi con respeto sagrado.
—Entonces… ¿por qué parece tan tranquilo conmigo?
Nira observó al bebé.
—Porque contigo no se siente amenazado.
Evelyn bajó la mirada.
Kai dormía con la boca ligeramente abierta, respirando como si jamás hubiera existido la guerra.
Evelyn sintió el pecho apretarse.
—Yo tampoco quiero ser una amenaza para él.
Nira sonrió apenas, cansada pero sincera.
—No lo eres.
Eres su ancla.
Evelyn levantó la vista.
—¿Y tú?
Nira no dudó.
—Yo también voy a protegerlo.
Evelyn parpadeó.
—Nira… —Escúchame —dijo Nira, más firme—.
Esa tripulación te seguirá a ti.
Pero hay muchos que no te seguirán si creen que estás perdida en tu dolor.
Yo estaré ahí para que nadie se atreva a tocarlo.
Para que no te lo quiten con burocracia.
Para que no lo llamen “arma” delante de ti otra vez.
Evelyn tragó saliva.
Por primera vez desde hacía meses, sintió que no estaba sola.
—Gracias.
Nira se levantó y se acercó a la cama, mirando por la ventana del cuarto, donde el espacio era un mar de negro.
—Y Eve… —dijo, sin mirarla— cuando él crezca, las cosas se van a poner feas.
Evelyn lo sabía.
Pero lo dijo igual.
—Lo sé.
Nira giró.
—Cuando despierte del todo, no bastará con amor.
Evelyn apretó a Kai con firmeza.
—Entonces lo amaré… y también lo prepararé.
Nira asintió lentamente, como aceptando una verdad inevitable.
Kai se movió un poco, soltó un sonido suave, y su mano se aferró al dedo de Evelyn con fuerza sorprendente para un bebé.
Evelyn sonrió.
—¿Lo sientes?
—susurró.
Nira inclinó la cabeza.
—¿Qué cosa?
Evelyn miró el cielo.
—El universo es enorme… y aun así, me lo devolvió.
Nira no respondió con lógica.
Respondió con una frase simple, humana.
—Entonces no lo sueltes.
Evelyn bajó la mirada hacia su hijo.
Y por primera vez desde la muerte, desde la guerra, desde la nada… La palabra “mañana” volvió a tener sentido.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com