EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 35
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Capítulo 35: Capítulo 17 — Sangre de Dravokar
Los humanos creen que el silencio es paz.
En mi mundo, el silencio solo significa que la guerra aún no ha comenzado.
Estoy de pie frente al holograma de combate.
La imagen se repite una y otra vez.
Mi hermano desapareciendo.
No muere.
No explota.
Simplemente deja de existir.
Eso me irrita más que la muerte.
—Otra vez —digo.
El asistente humano tiembla antes de obedecer.
La grabación comienza de nuevo.
La nave humana.
El combate.
El niño.
La figura de luz.
El momento final.
Cierro los puños.
La armadura cruje bajo mi fuerza.
—¿Eso fue todo? —pregunto.
El humano traga saliva.
—Sí… señor.
Lo observo.
Es pequeño.
Frágil.
Los humanos siempre lo son.
—Dime algo —le digo con calma—. ¿Crees que ese niño mató a mi hermano?
El hombre tarda en responder.
—Los informes indican que el poder provino del… sujeto.
Sujeto.
Qué palabra tan pobre.
Respiro despacio.
Siento la gravedad artificial del hangar vibrar bajo mis pies.
Mi padre siempre decía que la sangre Dravokar tiene memoria.
Recordamos cada batalla de nuestros ancestros.
Recordamos cada deuda.
Y esta…
es una deuda grande.
Camino hasta el ventanal principal.
El planeta Dravok gira debajo de nosotros.
Océanos oscuros.
Tormentas eléctricas.
Continentes marcados por cicatrices de guerra.
Es un buen mundo.
Un mundo fuerte.
—Mi hermano era débil —digo finalmente.
El humano parece confundido.
—Señor… era un Nivel 5 según los registros humanos.
Sonrío.
—Eso solo demuestra lo poco que saben de nosotros.
Me giro hacia él.
—Vaelor era el menor de nuestra casa. Apenas había terminado su entrenamiento.
El humano parpadea.
—¿Apenas?
—Sí.
Extiendo una mano.
La gravedad del hangar se deforma ligeramente alrededor de mis dedos.
No uso todo mi poder.
No es necesario.
El humano retrocede un paso.
—Los Dravokar enviamos a nuestros hijos más débiles a otras razas para probarlos —explico—. Algunos sobreviven. Otros no.
Miro el holograma del niño humano.
Kai.
Ese es el nombre que aparece en los archivos.
—Pero ser débil no significa que su muerte quede sin respuesta.
La puerta del hangar se abre.
Uno de mis hermanos entra.
Más alto que yo.
Más ancho.
Más antiguo.
—Kael —dice con voz grave.
Inclino la cabeza.
—Draxen.
Él observa el holograma.
—¿Ese es el niño?
—Sí.
Draxen guarda silencio unos segundos.
—Interesante.
—Mató a Vaelor.
Draxen cruza los brazos.
—No. Algo lo protegió.
—Una manifestación energética.
—Un guardián —dice.
Asiento.
—Eso parece.
Draxen sonríe.
Y cuando un Dravokar sonríe… alguien suele morir.
—Entonces no será una caza aburrida.
El humano sigue en la habitación.
Lo olvidé por un momento.
Eso ocurre a menudo.
—Tu general humano envió esta información —le digo.
—Sí, señor.
—¿Por qué?
El hombre duda.
—Desconozco sus motivos.
Claro que sí.
Yo también los conozco.
Los humanos siempre hacen lo mismo.
Provocan conflictos… y luego esperan sobrevivir entre los restos.
—Tu general desea que matemos a ese niño —digo.
El humano guarda silencio.
No necesita confirmarlo.
Draxen se acerca al holograma.
Observa la imagen congelada del Guardián.
—Ese poder es antiguo.
—Sí.
—Peligroso.
—También.
—Entonces debemos verlo de cerca.
Me gusta cómo piensa mi hermano.
Apago el holograma.
La sala queda en silencio.
—Preparen una nave —ordeno.
El humano levanta la cabeza.
—¿Van a atacar la Tierra?
Lo miro.
—No.
Me inclino un poco hacia él.
—Vamos a visitar a la capitana humana.
Siento la emoción recorrer mi sangre.
La misma emoción que precede a toda gran batalla.
—Quiero ver al niño que borró a mi hermano del universo.
Draxen se ríe.
—Tal vez podamos quedarnos con él.
Sonrío.
—Si sobrevive a nosotros.
Antes de salir del hangar miro una última vez la imagen congelada del combate.
El niño.
El Guardián.
La mujer que lo protege.
Capitana Evelyn Ardent.
Un nombre humano.
Un nombre que pronto será recordado por mi raza.
Apago la grabación.
Y por primera vez desde que recibí el informe…
siento algo parecido a entusiasmo.
La guerra siempre es interesante cuando el enemigo es inesperado.
Siempre pensé que el peor lugar de una nave era el campo de batalla.
Estaba equivocada.
El peor lugar es una sala silenciosa donde todos te miran como si ya hubieran decidido tu destino.
Estoy de pie frente al tribunal militar.
Tres oficiales sentados detrás de la mesa de juicio.Uniformes perfectos.Miradas frías.
Mi uniforme está limpio, pero ya no significa lo mismo.
Nira está detrás de mí.
Lisa también.
Kai duerme en mis brazos.
El Guardián permanece cerca de la pared como una estrella silenciosa.
Nadie se atreve a mirarlo directamente.
Uno de los jueces habla primero.
—Capitana Evelyn Ardent… ¿reconoce haber desobedecido una orden directa del Consejo de Defensa Terrestre?
—Sí.
No veo razón para mentir.
El hombre asiente.
—¿Reconoce haber interferido con una operación oficial de recuperación de activo estratégico?
Aprieto a Kai un poco más fuerte.
—Si se refiere a mi hijo… sí.
Un murmullo recorre la sala.
El juez golpea la mesa.
—Orden.
Otro oficial me observa con atención.
—Capitana… ¿comprende la gravedad de sus acciones?
Lo miro directamente.
—Perfectamente.
Se inclina hacia adelante.
—Entonces explíquenos por qué lo hizo.
Miro a Kai.
Su respiración tranquila me da fuerza.
Levanto la vista.
—Porque era lo correcto.
Silencio.
El primer juez suspira.
—Capitana… el ejército no funciona con lo que cada soldado cree correcto.
—Tal vez debería.
Ese comentario provoca varias miradas incómodas.
Nira intenta contener una sonrisa detrás de mí.
El juez continúa.
—Sus acciones provocaron un enfrentamiento con Custodia Central.
—Ellos vinieron armados.
—Sus acciones provocaron la destrucción de un Nivel 5 enviado por Terra.
Ese momento pesa más que todo lo demás.
Nadie habla durante unos segundos.
—Ese hombre iba a matar a mi hijo —digo finalmente.
El juez baja la mirada a sus notas.
—Y ahora una raza alienígena extremadamente poderosa puede exigir represalias.
No respondo.
Porque sé que es verdad.
El tercer juez habla por primera vez.
Su voz es más suave.
—Capitana Ardent… usted ha servido al ejército durante muchos años.
—Sí, señor.
—Su historial es… excepcional.
Eso me sorprende.
—Pero también ha demostrado una tendencia peligrosa a actuar por cuenta propia.
—A veces alguien tiene que hacerlo.
El hombre se queda en silencio.
Luego asiente lentamente.
La deliberación dura solo unos minutos.
Nira se inclina hacia mí.
—Pase lo que pase… sigo contigo.
—Lo sé.
Lisa murmura desde el otro lado.
—Yo también.
El Guardián permanece inmóvil.
Kai sigue dormido.
Ojalá todo en el universo fuera tan simple como su sueño.
Los jueces regresan.
El primero lee la decisión.
—Capitana Evelyn Ardent… esta corte la declara culpable de desobediencia grave, interferencia militar y conducta incompatible con el mando.
No me sorprende.
—Por decisión del tribunal… queda expulsada del ejército de la Tierra.
Las palabras caen como piedras.
Aun así, no siento rabia.
Solo algo parecido al final de una vida.
—A partir de este momento queda despojada de su rango y de su nave.
Miro el suelo.
Ese sí duele.
El juez continúa.
—Será trasladada a una colonia humana en los territorios exteriores.
Nira levanta la cabeza.
—¿Exilio?
—Reasignación civil.
—¿A qué colonia?
El juez revisa el documento.
—La ubicación ha sido clasificada.
Eso es extraño.
—Su nombre será retirado de los registros militares activos.
Eso es aún más extraño.
—Recibirá una nueva identidad civil.
Ahora lo entiendo.
Levanto la mirada.
—¿Por qué?
Los jueces se miran entre ellos.
El tercer juez habla.
—Porque el Consejo cree que usted ya ha causado suficiente… interés.
Kai se mueve en mis brazos.
—Esto es para proteger a la colonia —añade.
Sé que eso no es toda la verdad.
Horas después estoy en el hangar principal.
Una nave pequeña espera.
Nira camina conmigo.
—Esto no es justo.
—Lo sé.
—Podríamos quedarnos.
—No.
Me detengo.
—Si me quedo… vendrán más.
Nira aprieta los puños.
—Entonces voy contigo.
La miro.
—No tienes que hacerlo.
—No te estoy pidiendo permiso.
Sonrío un poco.
—Eso pensé.
El General Varron aparece detrás de nosotros.
No lleva uniforme formal.
Solo su abrigo militar.
—Ardent.
Me giro.
—General.
Durante un momento ninguno habla.
Luego dice:
—Lamento cómo terminó todo.
—No lo lamente.
—Perdiste tu carrera.
Miro a Kai.
—Gané algo más importante.
El general observa al niño.
Y al Guardián.
—Sí… lo imagino.
Se acerca un poco más.
Baja la voz.
—La información sobre el Nivel 5 se filtró.
—¿Qué?
—Alguien informó a su raza.
Entiendo todo de inmediato.
—Los Dravokar…
Asiente.
—Vendrán.
Siento un escalofrío.
—Por eso hicimos esto.
—¿Expulsarme?
—Borrarte.
El general suspira.
—Oficialmente ya no existes, Evelyn Ardent.
—¿Y el planeta?
—Ni siquiera yo apareceré en los registros.
Eso explica todo.
Subo a la nave.
Nira entra detrás.
Lisa también.
—No pensabas irte sin mí —dice.
Sonrío.
Kai despierta.
—Mami.
—Aquí estoy.
El Guardián se mueve hacia la compuerta.
El general observa todo.
—Buena suerte.
—La necesitaremos.
La nave comienza a despegar.
Por la ventana veo la nave que fue mi hogar.
Mi carrera.
Mi vida.
Todo queda atrás.
Pero cuando Kai toma mi mano…
entiendo que algo nuevo acaba de comenzar.
Un lugar nuevo.
Un nombre nuevo.
Una vida nueva.
Y probablemente…
una guerra que todavía no ha empezado.
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