EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 49
- Inicio
- EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR
- Capítulo 49 - Capítulo 49: Capítulo 31 — Quiero Ser Fuerte
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 49: Capítulo 31 — Quiero Ser Fuerte
Kai despertó al amanecer.
La primera luz del día entraba por la ventana en líneas suaves, pintando la habitación con tonos dorados. Durante unos segundos me quedé inmóvil, observando cómo abría los ojos lentamente, como si regresara de muy lejos.
Había pasado toda la noche sentada a su lado.
Cada respiración suya me mantenía despierta.
Cada pequeño movimiento me hacía temer que todo volviera a empezar.
—Mami…
Su voz salió baja, todavía cansada.
Me incliné de inmediato y tomé su mano.
—Aquí estoy.
Kai parpadeó varias veces, enfocándome.
Luego sonrió apenas.
—Tienes cara fea cuando te preocupas.
Solté una risa corta, cansada y sincera.
—Y tú tienes talento para asustarme.
Él extendió los brazos.
Lo abracé con cuidado.
Sentí su calor, estable esta vez. Normal. Vivo.
Y casi me derrumbo ahí mismo.
Después de comer algo ligero, insistió en sentarse junto a la ventana. Le puse una manta encima aunque el clima estaba templado.
Costumbre de madre.
Él miraba la ciudad en silencio.
Eso me llamó la atención.
Kai siempre pregunta algo. Siempre comenta algo. Siempre se maravilla con cualquier detalle.
Hoy estaba pensando.
Y los niños pensando en silencio suelen esconder tormentas.
—¿Te duele algo? —pregunté.
Negó con la cabeza.
—Solo me acuerdo.
Me senté a su lado.
—¿De qué?
Kai llevó una mano al pecho.
—De cuando se calentó aquí… y de tu cara.
Sentí un nudo en la garganta.
—Mi cara estaba asustada.
—Sí.
Me miró.
—Nunca quiero volver a verla así.
Guardé silencio.
A veces una frase pequeña pesa más que una explosión.
Lyra seguía en la otra habitación. Nira había salido por provisiones. Lisa dormía después de pasar la noche vigilando.
Por primera vez estábamos solos de verdad.
Kai jugó con mis dedos unos segundos antes de hablar otra vez.
—La señora bonita dijo que puedo entrenar.
Cerré los ojos un instante.
Claro.
Llegaría a eso.
—Sí.
—¿Y por qué estás triste?
Lo miré.
Porque eres demasiado pequeño.Porque apenas aprendiste a leer.Porque todavía te duermes abrazando una manta.Porque cinco años lejos de ti me parecen imposibles.
Pero solo dije:
—Porque entrenar significa irte un tiempo.
Kai procesó la idea en silencio.
—¿Lejos?
—Sí.
—¿Sin ti?
Esa pregunta me atravesó.
—Por un tiempo.
Kai bajó la mirada hacia sus manos.
Pensé que lloraría.
Pensé que diría que ya no quería.
Pensé que me daría una excusa perfecta para negarme.
En cambio, respiró hondo y levantó la vista.
—Quiero ir.
El mundo pareció detenerse.
—Kai…
—Quiero ser fuerte.
Su voz era pequeña, pero firme.
—Ya eres fuerte.
Negó con la cabeza con una seriedad impropia de su edad.
—No como necesito.
Sentí escalofríos.
—¿Qué significa eso?
Kai apretó los puños.
—Cuando esos animales llegaron… tú gritaste.
Su mirada tembló apenas.
—Y yo estaba en el suelo.
Cada palabra me dolía más.
—Mami… yo vi que te pegaron.
Recordé el rinoceronte, el caos, el polvo.
Recordé su voz llamándome.
—Eso ya pasó.
—Puede pasar otra vez.
Se inclinó hacia mí.
—Quiero que nadie te lastime nunca más.
Mis ojos ardieron al instante.
Intenté hablar y tardé varios segundos en lograrlo.
—Kai… protegerme es mi trabajo.
Él negó de nuevo.
—Entonces yo también quiero trabajar.
Una risa rota salió de mí entre lágrimas.
—Todavía eres un niño.
—Soy tu hijo.
Y esa respuesta acabó conmigo.
Lo abracé con fuerza.
Esta vez lloré sin intentar esconderlo.
Él me rodeó el cuello como siempre hacía cuando quería consolarme.
—No llores, mami.
—Estoy llorando porque te amo demasiado.
—Eso está bien.
Cuando logré calmarme un poco, lo separé para mirarlo.
—Entrenar será difícil.
—Está bien.
—Podría doler.
—Está bien.
—Podrías extrañarme mucho.
Esta vez dudó.
Sus ojos se llenaron de agua.
—Sí…
Mi corazón se partió.
—Yo también te extrañaría.
Se limpió la cara con el brazo.
—Pero si vuelvo fuerte… después estamos juntos mucho tiempo.
Lo dijo con lógica simple.
Con esperanza pura.
Con esa forma que tienen los niños de resolver cosas imposibles.
No supe qué responder.
Porque tenía razón.
Lyra apareció en la puerta sin hacer ruido.
Se quedó observándonos unos segundos.
—Tomó su decisión —dijo con calma.
La miré con cansancio.
—Aún soy su madre.
—Y por eso mismo… tendrás que ser valiente ahora.
Kai soltó mi mano y miró a Lyra.
—¿Me enseñarás a pelear?
Lyra arqueó una ceja.
—Primero te enseñaré a respirar sin romper montañas.
Kai sonrió.
—Suena difícil.
—Lo será.
Lo volví a atraer hacia mí y besé su frente.
Todavía quería decir que no.
Todavía quería encerrarlo del mundo.
Todavía quería congelar el tiempo en esta habitación.
Pero amar a alguien así…
a veces exige sufrir por adelantado para salvarle el futuro.
Miré a Lyra.
Luego a Kai.
Luego a la ciudad más allá de la ventana.
—Está bien.
Mi voz tembló, pero salió firme.
—Lo dejaré ir.
Kai sonrió como si le hubiera regalado el universo.
Y yo sentí exactamente lo contrario.
Sentí que acababa de entregarlo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com