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El estratega de Plata: Arco de Tharvella - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 Sangre y Acero
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13: Sangre y Acero 13: Sangre y Acero ―Mark… Lo llamó una voz.

No hubo respuesta.

―Idiota… Llamó otra voz.

Tampoco hubo respuesta.

—Mark… ¿qué te pasa?…

«Por favor, ¡reacciona, hermanito!

¡Te necesito!

¡No puedo sin ti!» Le exigió una voz desde lo más profundo de sus recuerdos.

Respiró entrecortado mientras parpadeaba rápido, reaccionando ante los llamados.

Frente a él, Altharion yacía con una herida abierta en el abdomen, siendo atendido por Nim, que luchaba por mantenerlo con vida.

—¡Nunca sané una herida así de grave!

¡Solo puedo mantenerlo con vida, pero no por mucho tiempo!

—exclamó la chica con voz temblorosa.

Sus manos temblaban sobre la herida mientras el resplandor verdoso de la luz sanadora parpadeaba, amenazando con extinguirse.

Mark estaba por hablar, pero un puñetazo lo interrumpió de lleno en la boca.

Se dobló hacia atrás, sosteniéndose el rostro mientras la sangre le corría por los labios.

― ¡Reacciona de una maldita vez!

—le gritó Leonard, furioso.

Aun así, el temblor en su voz traicionaba su miedo.

Mark se limpió la sangre con el dorso de la mano, observando el rojo en sus dedos.

«Es verdad… me estoy oxidando…», pensó, riendo con nerviosismo, mostrando los dientes manchados de sangre.

Se quitó la mochila de los hombros, sacó una botella con un líquido azulado y se la ofreció a Nim.

—Suelta una mano y bebe esto… repondrá tu maná de golpe.

Despacio.

Mucho de golpe podría darte calambres o algo peor.

Nim apagó la luz de su mano izquierda y tomó la botella.

Zayrra la ayudó a sacar el corcho.

Mark se incorporó y se colocó junto a la cabeza de Altharion, que lo miró con dificultad desde el suelo.

—¿Cómo está tu estado, soldado?

—Bromeó Mark, forzando una sonrisa mientras el dolor le torcía la voz.

—Te sangra la boca… —respondió Altharion, escupiendo sangre entre sus palabras ahogadas.

—Es porque quiero parecerme a usted… —respondió Mark, provocando en el hombre una sonrisa mezclada con una mueca de dolor.

― ¡¿Podrías dejar de payasear?!

¡Tú también sabes magia curativa, ayuda a Nim!

―le exigió Marcus, tomándolo del cuello de la camisa.

—Por favor… —Estoy en eso… —replicó Mark, girando para mirar al resto de los presentes.

Todos lo observaban con los rostros tensos, cargados de miedo.

—Papá… resiste… tú puedes… ―suplicó Leynian, sintiendo una humedad nerviosa en los ojos.

Mark la tomó de los hombros y la apartó con suavidad.

Se inclinó sobre Altharion, obteniendo una vista más clara de la herida.

El daño ya tenía horas; sanarlo con magia de bajo nivel era prácticamente imposible.

Nim solo estaba ralentizando el sangrado.

Mark dedujo que Altharion se había aplicado primeros auxilios, pero su magia curativa tampoco era avanzada.

Si él hubiese tenido acceso a la herida recién hecha, habría podido reconstruirla en cuestión de segundos.

Pero esa oportunidad se había perdido hacía mucho.

—Necesito rellenar la herida y cerrarla… ― ¿Rellenarla?

—preguntó Zayrra, confundida.

—Tenemos que reemplazar la carne que se destruyó en el momento del ataque… la fusionaré con magia negra y luego sanaré con Magia Luminus —explicó Mark, algo incómodo al admitirlo.

—Intuyo que necesitas carne humana… —murmuró Leonard, con evidente disgusto.

—¿Pero de dónde sacaríamos carne para…?

—preguntó Leynian, pero la respuesta llegó sola al ver a Marcus y a Leonard extender los brazos, arremangados.

—Somos los únicos donantes aquí presentes… —anunció Marcus, medio nervioso, pero firme.

—¿Hay algún calmante o algo?

¿O nos tocará gritar como niñas cuando nos saques un trozo de brazo?

—preguntó Leonard, tembloroso.

Sin previo aviso, vio cómo una daga le cortaba una tira de carne del brazo.

Fue rápido y preciso.

—Heilkraft Hand Wiederherstellung… —recitó Mark, pasando la mano cerca de la herida reciente de Leonard.

Esta se cerró al instante, impidiendo que el dolor lo hiciera gritar.

Solo quedó una punzada persistente.

El siguiente fue Marcus, que apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de sentir el filo.

Mark actuó sin dudar, aunque su mirada delataba la perturbación que cargaba.

Hacía lo que debía, pero cada movimiento le pesaba.

El viajero tomó las tiras de carne con cuidado, enrollándolas antes de colocarlas dentro de la herida de Altharion.

―Materiezusammenschluss ―susurró.

Una runa morada se dibujó en su palma mientras los trozos de carne se fusionaban con los de Altharion.

Los tejidos reaccionaron, aceptando la nueva materia como propia.

Luego, Mark aplicó la magia sanadora, reacomodando los tejidos hasta cerrar la herida por completo.

—Déjenlo descansar ahora… —ordenó, sintiendo retorcijones en el estómago.

Corrió al baño y vomitó en un recipiente.

—Fue… mucho, en muy poco tiempo… ―murmuró con la voz quebrada, saboreando el ácido del dolor y el cansancio.

—Wow… ¿qué rayos te pasa?

—preguntó Leynian, acompañada de Marcus.

—¿Es normal que te pase esto?

—añadió Marcus, dándole una palmada en la espalda a Mark, lo que solo provocó que vomitara aún más.

―Demasiadas sensaciones de golpe… ―respondió entre jadeos.―¿Cómo está tu brazo?…

—¿Todo esto es por lo del brazo?…

Tranquilo, estoy como nuevo.

Leonard también.

—No… también tuve feas sensaciones de golpe.

Un recuerdo horrible atravesándome el cuerpo… dios… me siento para la mierda… ―murmuró, sacando una poción de curación.

Pero Leynian le detuvo la mano antes de que la destapara.

—Eso no te va a sacar las náuseas —le dijo con suavidad.

Mark guardó la botella en silencio y se puso de pie.

Estaba a punto de volver a la habitación donde habían atendido a Altharion cuando una mano lo detuvo.

Marcus salió sin notar nada.

Mark giró la cabeza.

Leynian lo sujetaba de la mano, arrodillada junto al lugar donde él había vomitado.

Sus ojos reflejaban una preocupación genuina.

Ella tiró de su brazo con fuerza, atrayéndolo hacia sí.

Cayó sentado junto a ella.

Por un instante creyó que iba a abrazarlo y se preparó para esquivarla, pero en su lugar sintió un tirón en el cabello, seguido de un chillido ahogado.

Antes de poder reaccionar, los brazos de la chica se cerraron alrededor de su cuello.

―Explícate… Hace un tiempo estabas comobufónn comiendo maní, y ahora te paralizaste… ―ordenó ella, apretándolo contra sí, casi al borde de asfixiarlo.

—No te soltaré hasta que me lo expliques.

—Sí que eres molesta… —comentó Mark, con falta de aire.

—Igual que tú y tus secretitos… —Fueron muchas cosas de golpe.

Vi a tu padre moribundo y no pude evitar recordar a mi hermano… Su voz fue la más sincera que había pronunciado.

—Tuve un hermano mayor… murió empalado por una lanza.

Es irónico: cuando lo vi herido, me paralicé.

Un puñetazo en la boca me hizo reaccionar, igual que lo hizo Leonard.

—Lo siento mucho… —dijo ella, apretando más el abrazo.

Él sintió el mentón de ella apoyado en su cabeza.

… Leonard cargó a Altharion en sus brazos y lo llevó hasta una cama.

—La magia negra sí que es perturbadora… —comentó Jioro, soltando una risa seca.

—Nunca imaginé que tendríamos que recurrir a un tipo de magia así… —dijo Zayrra, con angustia.

—¿Tan horrible es la magia Flux?

Salvó la vida del señor Linus… ¿no deberíamos estar felices?

—preguntó Nim.

—No es la magia, Flux, es una naturaleza mágica.

Muchos nacen con ella… ―aclaró Zayrra, mirando al vacío.―Hablo del hechizo al que recurrimos: convertir partes de un cuerpo en partes de otro.

Me recuerda a las lecciones de historia sobre Viktor Voss… aún recuerdo la sensación al escuchar esa historia… da escalofríos.

—¿Quién es ese tal Voss?

—preguntó Jioro, dejando atrás su tono burlón.

—Mejor conocido como el Hechicero Hexagón —respondió Leonard, cruzándose de brazos—.

El más poderoso que ha existido en nuestra historia.

Una criatura deforme que mataba personas, las desmembraba, las comía… o las absorbía, nadie lo sabe con certeza.

Tenía múltiples brazos, ojos y hasta se rumorea que varios órganos.

—Pharagus contaba esa historia… ¿todavía se la creen?

—intervino Marcus, rascándose la cabeza con una sonrisa incrédula.

—Sea real o no la verdadera existencia de Hexagón, esa magia no es un tabú.

Además, salvó a nuestro maestro… ¿está mal vista?

Sí, pero solo por una historia.

—interrumpió Leonard al entrar de nuevo en la habitación con sus compañeros.

—Da igual si el hechizo es moral o amoral; si la moral interfiere con la vida, debemos romperla para salvarla.

Lo único que importa es que Altharion está vivo y debemos agradecer a Mark y a Nim por salvarlo.

—Es cierto… ¡bien hecho, pequeña!

—Sonrió Marcus, palmeando la cabeza de Nim.

Ella soltó una amplia sonrisa.

Mark salió del baño con Leynian a su lado; se estaba autocurando la boca con magia.

—¿Qué hacían todavía ahí?

—preguntó Marcus, confundido pero con una sonrisa juguetona, intercambiando miradas con Zayrra.

—Nada importante… —respondió Mark, con las mejillas inflamadas y enrojecidas; Leynian solo sonreía con inocencia.

—Con la presencia de Altharion aquí, los avances hacia el plan se reducen… —dijo Mark, ganándose las miradas impactadas del grupo.

—¿Por qué?

—preguntó Leonard, dando un paso al frente.

—Originalmente planeaba que Altharion activara las runas que anularían la barrera, pero con él aquí y sin acceso al castillo, perdimos esa oportunidad.

—Mi padre está entre las tropas del rey; podría hacer la tarea él —propuso Nim con voz alzada.

―No.

—respondió Mark, mirando a Nim.

—Y ahora que lo mencionas, debemos sacarlo de entre las tropas… ponerlo a salvo.

―¿Eh?

—balbuceó Marcus— ¿Por qué?

¡Él es de mucha ayuda!

¡La pequeña Nim tiene razón!

—Es obvio que Nim tiene razón.

Pero piensen en la situación: Nohier descubrió al señor Linus y casi lo mata.

El mejor espadachín de Tharvella casi muere hoy.

—Mark hizo una breve pausa.

—No es despreciar su valor… pero ¿qué título tiene el señor Nizian que me haga creer que sobrevivirá a otro ataque de Nohier?

La habitación quedó en un silencio imperioso.

Leonard bajó la mirada, aceptando la realidad.

―La decisión está tomada… hay que retirar al señor Nizian de entre las tropas.

― —Bueno… no voy a discutir este punto.

Haré lo que Leonard diga.

—dijo Marcus, encogiéndose de hombros.

—Es una pena perder una oportunidad así… —murmuró.

—Papá siempre hace un recorrido desde la plaza central hasta la panadería El Pan Demoniado, a la una de la tarde.

—Le mencionó Nim a Leonard.

—Eso es perfecto.

Podemos retirarlo hoy mismo.

Nim, me acompañarás para identificarlo.

—le indicó Mark.

― ¿Qué?…

¿Qué pretendes?

―preguntó Marcus, poniéndose a la defensiva.

—Cada segundo es un segundo menos para mí, uno más para Nohier y uno menos hasta que descubran al pobre hombre.

—respondió Mark mientras se ajustaba las mangas.

—No pienso perder tiempo.

Ustedes son criminales; Nim y yo no lo somos.

Una mano se levantó, captando la atención de todos.

—Yo… ¿puedo acompañarlos?

—preguntó Jioro, con una mirada un tanto decaída.

—¿Y a ti qué te pasa ahora?

¿Por qué la cara larga de repente?

—preguntó Zayrra, acercándose a él.

—No es nada… simplemente me gustaría ver el pueblo de día, por una vez.

—respondió— Además, si algo llega a salir mal, Mark y Nim necesitarían apoyo.

—Créeme, Mark no necesita apoyo.

—replicó Leonard, lanzándole una mirada de reojo al estratega.

—Solo fueron un par de golpes, tampoco exageres.

—protestó Mark, ofendido.

—Sí, Jioro, te permito acompañarnos.

Planeo comprar comida también; necesito a alguien que cargue las bolsas.

—Ni que fueras una mujer en día de compras… —respondió Jioro con sarcasmo.

—Me das dinero y oportunidades de comida, y te juro que me pongo loca… así que agárrate.

Jioro solo soltó una carcajada.

… —Esto tiene que ser una broma… —soltó fastidiado, cargando las bolsas de Mark.

—¿Yo cuándo dije que bromeaba?

―volteó a ver a Jioro, que se escondía bajo su capucha.

El encapuchado parecía disgustado, incluso nervioso ante la situación.

Los tres caminaban por la calle; eran las 11:00 de la mañana.

Mark examinaba con atención los artículos de los puestos, fijándose en los precios.

—¿Por qué tantos ingredientes, señor Arm?

—preguntó Jioro.

—¿Señor Arm?

¿De dónde salió tanta formalidad?

Solo dime, Mark.

—Perdón, pero usted es mayor que yo, y de alguna forma debo mostrar respeto y modales… —Jaja, no te preocupes —respondió Mark, admirando una papa—.

No soy un noble ni un rey al que debas mostrar respeto.

—Mark, escúchame… yo tenía planeado hacer otra cosa… —interrumpió Jioro, con la voz cargada de angustia.

—Ya sé… ¿por qué crees que te forcé a llevar mis compras?

Tu intención no era quedarte con nosotros… lo deduje al ver tu cara larga.

—Mark tomó las compras de Jioro y las metió en su mochila.

—¿Por qué mentiste?

—No me iban a dejar salir si les decía la verdad… —respondió Jioro, bajando la mirada.

—Si no te lo permiten, es porque no es tan importante… —le replicó Mark, sin mirarlo.

— ¿Cómo sabes que no es importante!?

—gritó Jioro, frunciendo el ceño y acelerando el paso, listo para agarrarle del hombro.

Pero Nim hizo un gesto sencillo, pidiéndole que bajara la voz.

—Jio, no hagas un episodio en medio de la calle —le dijo la niña.

Jioro se resignó, apretando la mano con rabia.

—Tengo novia, Mark.

Llevo semanas sin verla… quería aprovechar la oportunidad para… ―confesó, entristecido, bajando la mirada.

Al levantarla de nuevo, vio a Mark mirándolo por encima del hombro, sin siquiera voltear del todo.

—Si hablas de ver a tu novia… ¿por qué te ves tan triste?

¿No deberías estar urgido o desesperado?

Puede que te sientas decaído sin saber de ella, pero… ¿así de triste?

—Es fácil hablar así.

Apuesto a que ni novia has tenido… y si la tuviste, nunca pasaste por algo así… ―respondió Jioro a la defensiva.

—Tienes las manos libres.

Vete y no molestes… ―soltó Mark, molesto.

—Quiero que estés en Zarmáso antes de las dos.

No hubo otra palabra; solo la silueta de Jioro metiéndose en un callejón.

―Nim… — Quieres que te hable de Jioro, ¿verdad?

—preguntó ella.

—¿Eres algún tipo de genio?

—Asiente él.

Sin despegar la vista del callejón.

… Pasaron unos minutos.

Jioro estaba de pie frente a una casa, admirando su arquitectura, pero incapaz de dar un paso.

Su labio temblaba.

Sentía la necesidad de avanzar, pero su cuerpo se lo negaba.

Era como si el mismo destino le estuviera pidiendo huir.

Por otro lado, Mark seguía revisando los precios cuando algo le tiró de la manga.

Giró la cabeza y vio a Nim señalando con una mirada temblorosa.

Se fijó en lo que señalaba: Armand Nohier caminaba por la calle, justo en dirección a ellos.

―Mierda… ―soltó Mark, agarrando a Nim de la cintura, cargándola sobre su hombro.

—Mark, esperé… —pidió Nim con voz tensa.

Él giró la cabeza para verla.

No hier no los había notado.

Se había desviado del camino y se paró frente a otro guardia.

― ¿Uh?… ¿Sucede algo, señor Nohier?

—preguntó el guardia, con las manos temblorosas.

—No… ―susurró Nim, con miedo.

—Nim… ¿qué sucede?

—preguntó Mark, viendo la escena con preocupación.

—Señor Nizian, queda detenido por sospecha de traición —avisó Nohier.

Sígueme si no quieres cargos extra… —¿Señor Nizian?

—repitió Mark, dándose cuenta de que fracasaron.

Bajó la mirada hacia su reloj de bolsillo: 12:20.

Todavía había tiempo, pero no esperaba una situación así.

— ¡No, papá!

—clamó Nim, extendiendo la mano, intentando bajarse del hombro de Mark para correr hacia él.

El grito resonó en toda la calle; incluso los civiles se quedaron quietos, observando a la chica.

Nohier y Mark se miraron, sorprendidos cada uno por la reacción del otro.

—Nim… no… —balbuceó el padre, nervioso.

—Jaque… —balbuceó Nohier, mostrando una amplia sonrisa.

Repentinamente, una varilla de acero emergió del suelo, atravesando el estómago del señor.

― ¡Arminton!

—gritó Nohier, extendiendo la mano.

―Mierda… ―susurró Mark en pánico, quedándose quieto al notar un detalle.

― ¿No hizo recitó hechizo?

Nohier levantó la mano, la palma apuntando directamente hacia él.

―Maldita sea… ¿cuál será el ataque?

―murmuró Mark.

La respuesta fue aterradora: un párpado se abrió en la palma de Nohier, revelando un tercer ojo que lo miraba fijamente.

La expresión de Nohier pasó de sorpresa a aceptación y finalmente a seriedad.

—Ya sé quién eres… ―susurró, mientras cinco varillas emergían listas para acabar con él.

— ¡Aerokanon Impulso!

—apuntó Mark.

Una fuerte expulsión de aire lo elevó junto con Nim, quien se colgó automáticamente de su espalda, dejando libres ambas manos.

—¡Perdóname, Mark!

—gritó ella, arrepentida, viendo a su padre arrastrarse lejos de Nohier.

Mark extendió un brazo, jalado de una cuerda.

Al instante, un arpón con cuerda fue lanzado justo al lado del pie de Nohier.

—¿Y esto?

—balbuceó Nohier.

Al levantar la cabeza, se encontró con ambos pies de Mark encajándole un pisotón en medio de la cara.

Rápidamente se recompuso, girando y lanzando espadas hacia Mark.

Éste se cubrió con su capa, invalidando las espadas con el blindaje.

Nim ya no estaba en su espalda; Nohier la vio curando la herida de su padre.

Apuntó a la cabeza con una flecha, pero Mark la atrapó con la mano antes de que completara el trayecto y, sin aviso, le metió un puñetazo con la misma mano.

Un hilo de sangre brotó de la nariz de Nohier mientras retrocedía unos pasos.

Desde su capa, apareció un cañón, dejando helado a Mark.

El cañón disparó.

— ¡Aerokanon Supercélula!

—clamó Mark, mano, al frente.

Un torbellino de aire concentrado comenzó a enfrentarse a la fuerza del disparo.

La presión del viento amenazaba con destruir toda la calle; la gente tuvo que escapar del conflicto.

Nohier no desaprovecharía la batalla de Mark para atacar a traición.

―Mierda… ―se dio cuenta, levantando la otra mano para defenderse.

Fuertes pasos resonaron sobre un tejado, y la silueta de un encapuchado apareció en el aire, tensando un arco.

― ¡Sorpresa, puta!

―clamó Jioro, disparando la flecha.

Logró atravesarle el costado y el cuello a Nohier.

― ¡Mierda, fallé!

—exclamó de inmediato.

De repente, fue empalado por una varilla de acero que creció desde el cielo.

Mark logró detener la bala de cañón.

Cuando el proyectil cayó al suelo, lo vio: colgado en el aire con la varilla atravesándole el hombro.

― ¡Jioro!

—gritó preocupado.

El arquero miró su hombro, pero solo sonrió, viendo cómo Nohier se arrancaba la flecha y se curaba al instante.

―Mierda… la cagué… ―soltó con una risa dolorida―.

Pero no importa… si me lo permites, leeré mi testamento… ―avisó a Nohier mientras sacaba un papel enrollado.

― ¿Eh?

—balbuceó confundido.

Jioro, aguantándose el dolor, acomodó la garganta y abrió la boca mientras desenrollaba el papel.

— ¡Oh!

¡Me equivoqué de papel!

—gritó, aplastando el papel entre sus manos.

Una explosión de humo emergió del pergamino, creando una cortina.

—¿Un pergamino predibujado?

—susurró Nohier, confundido, lanzando más varillas de metal.

El sonido de ruedas tronó en sus oídos.

Giró la mirada para encontrarse con Mark, espada Longlife ensamblada, listo para un golpe contundente.

Instintivamente, Nohier se cubrió la cara, exponiendo el pecho, el punto perfecto.

El choque de metales fue ensordecedor.

La potencia del golpe hizo que Mark lo arrastrara de espaldas al suelo, vaciándole los pulmones con el impacto de la varilla.

― ¡Jioro!

—Llamó Mark, preocupado, buscando a su alrededor.

—Estoy bien… —respondió Jioro, junto a Nim, que ya le había sanado la herida.

El suelo tembló.

Comenzó a agrietarse.

—¿Acaso no se rinde?

—preguntó Mark, extendiendo la mano hacia sus compañeros.

—¡Largo!

— ¡Volveré!

—avisó Jioro, cargando al padre de Nim mientras los tres se alejaban del conflicto.

—¿Pensaste que podrías engañarnos siempre, Lazarus?

—dijo alguien, poniéndose en pie.

La mirada del estratega rojo lo atravesó con intensidad.

Mark dio un paso atrás y frunció el ceño.

—¿Cómo me llamaste?

―preguntó, confundido; luego sonrió con seguridad.

― ¿El pueblo te contó que me llamo Lazarus?

Ja.

¿Ves?

Podemos jugar a la farsa los dos… —Ni te esfuerces por mentir… eres el real.

El ojo te reconoce.

—declaró Nohier, levantando la mano.

Un párpado en su palma se abrió, revelando un tercer ojo.

Mark tensó la mandíbula y retrocedió otro paso.

— ¡¿Eres un enfermo?

¡No me digas qué hacer!…

—Me da igual si es tabú mutar el cuerpo con magia… —interrumpió Armand.

Se arrancó el ojo de la mano; una vez fuera, lo soltó.

Con un simple pisotón lo destrozó.

Mark alzó la vista hacia su cara otra vez.

Nohier sonreía con emoción, una sonrisa que resultaba a la vez fascinante y perturbadora.

—Tengo al auténtico Lazarus Nova delante… te mataré.

—Lazarus Nova es un alias.

Yo sigo siendo Mark Arminton.

—respondió Mark con un suspiro.

—Bueno… ven con todo.

― ¡Traick!

—tronó el carrusel.

Reemplazó Longlife por una nueva espada, bautizada Nodeath.

El suelo se partió: alambres de acero brotaron del piso y rodearon al viajero.

―Kauter.

Un fogonazo fundió todo el alambre frente a él.

―Aerokanon… impulso.

—pronunció, apuntando con la mano hacia atrás.

Un cañonazo de aire lo lanzó hacia adelante a toda velocidad.

Una pared metálica se interpuso ante Mark, pero bastó otro disparo de aire hacia el suelo para impulsarse a las alturas.

Giró descontroladamente mientras ascendía; cuando logró estabilizarse, ya estaba sobre el campo de batalla.

De la pared brotó un techo cubierto de púas, ocultando a Nohier debajo.

Una caída directa sería letal.

Una luz morada se encendió en la mano de Mark y se fundió en forma de runa.

Reunió energía para ejecutar un tajo de nivel once.

―Khralóniceno.

―pronunció.

El tajo atravesó el techo con un estruendo.

Una grieta luminosa se abrió, y Mark descendió a través de ella, impactando a Nohier con un golpe directo en el rostro al aterrizar.

Algo dolió.

Nohier tenía un rostro tan duro como el acero.

El techo se desplomó, permitiendo la entrada de luz.

Un mero maniquí metálico reveló su verdadera identidad.

En un instante, extendió picos que perforaron toda la mano de Mark.

Él gritó de dolor.

Activó el nivel siete de agarre ardiente.

―Ignisgreif Combustio.

El señuelo de Nohier se redujo a metal fundido.

Mark buscó con la mirada alguna señal del estratega rojo.

Nohier estaba detrás.

Una columna metálica, nacida de sus propios dedos, lo empujó con violencia varios metros atrás.

El viajero se reacomodó, se colocó sobre la columna y la usó como impulso directo hacia Nohier.

Lo tuvo enfrente.

Lanzó el primer tajo con su espada, pero un escudo apareció en el aire y bloqueó el golpe.

Realizó tres tajos más, consecutivos, pero cada uno chocó con nuevos escudos de acero que se manifestaban al instante, frustrando sus intentos de ataque.

«¡Qué pasa!?» pensó Mark, observando cómo Nohier bloqueaba todo sin inmutarse.

«¿¡Es un talento nato!?

¡¿Controla magia de acero sin Hechizos!?» Los cuatro escudos formados se unieron y lo golpearon al mismo tiempo, lanzándolo lejos del estratega.

Cayó al suelo dando vueltas violentamente, pero terminó el giro clavando los pies con firmeza.

Guardó su espada con velocidad, sacó un anillo con la boca y acercó ambas manos, una frente a la otra.

En cada palma brilló una runa: una roja y otra blanca.

—Runenkompendium… —balbuceó.

―Ábrete, Zarmáso.

—interrumpió una voz.

En ese instante, Mark sintió cómo el mundo entero se alzaba ante sus ojos.

Cayó de espaldas al suelo con un quejido de dolor.

Al alzar la mirada, Jioro y Nim estaban junto a él.

—¿Pero qué…?

—balbuceó Mark mientras se colocaba nuevamente el anillo.

—¿Estás bien?

Los temblores llegaban hasta aquí… ―dijo Jioro, extendiéndole la mano.

—¿Qué pasó?

¿Por qué?

―preguntó Mark, poniéndose de pie.

Al mirar hacia el techo, notó que la puerta por la que había llegado ya no estaba.

—Le ordené a Zarmáso traerte.

—respondió Leonard, observándolo desde una esquina, sentado tranquilamente en una silla.

—Jioro llegó con prisa, cargando al señor Nizian y acompañado de Nim.

Nos avisó del desastre y estaba a punto de correr a ayudarte… —Yo estaba peleando contra Armand… —murmuró Mark.

—Lo sé.

Jioro dijo que la situación se estaba complicando.

Mejor evitemos ese conflicto por ahora.

—contestó Leonard, manteniendo una mirada serena.

Mark tragó saliva y asintió en silencio.

En el fondo, sabía que Leonard tenía razón.

—Descansa… a simple vista, no fue fácil.

Si tú no lo hubieras enfrentado… no sé qué habría hecho yo.

—Te estás rebajando demasiado.

El ataque fue repentino ―respondió Mark―.

No llegó a herirme.

― ¡Mark, literalmente estas sangrando!

—interrumpió Leynian, mientras se acercaba a él.

Le tomó la mano herida para inspeccionarla.

—Ay… —chilló Mark, haciendo una mueca.

―Nim.

—Ya voy —dijo la niña, acercándose.

Alzó las manos y una luz verdosa se formó entre ellas, dibujando una runa.

―Onixe.

Mark suspiró aliviado.

—Gracias… ―murmuró, mirando a Leynian, que le fruncía el ceño—.

¿Qué hice ahora?

—preguntó, encogiéndose de hombros.

—¡Pelear, idiota!

¿Por qué no escapaste con Jioro y Nim?

—Nohier tiene un talento nato con el acero —explicó él—.

Es capaz de crearlo y manipularlo sin necesidad de hechizos.

Nos habría perseguido sin freno… además, su maná es descomunal.

La cantidad de acero que generaba era absurda.

―Debo jugar a ser el abogado del diablo ―intervino Jioro―.

Mark tiene razón.

Ese infeliz tenía una ventaja brutal… y Mark improvisó hechizos a lo loco para contrarrestarlo.

—No es un talento nato —interrumpió una voz.

El padre de Nim apareció en el umbral, cojeando, con el rostro endurecido por el dolor.

Cada paso parecía pesarle, pero aun así se sostuvo firme.

—Fue un conjuro hablado —dijo, respirando con esfuerzo—.

Les contaré todo lo que sé…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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