El estratega de Plata: Arco de Tharvella - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Motivación mundana
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14: Motivación mundana.
14: Motivación mundana.
—Así que ese gran don viene de un conjuro hablado… ―repitió Mark, reclinado en la silla, brazos cruzados, la mirada fija en el techo mientras apretaba los labios, pensativo—.
Eso nos da cierta ventaja… —Corre el rumor de que Nohier sacrificó todo su potencial en la magia animus para potenciar su dominio del acero y prescindir de hechizos —explicó el señor Nizian, con tono grave.
—No entiendo nada… ¿qué diablos es un “conjuro hablado”?
—preguntó Leynian, clavando la mirada en Mark.
—Es similar a un pacto de sangre —respondió él—.
En un pacto de sangre, dos individuos intercambian condiciones para lograr un mismo fin… pero un conjuro hablado es un pacto consigo mismo.
Uno sacrifica algo para obtener algo a cambio.
En el caso de Nohier, sacrificó casi todo su talento para potenciar una única rama.
—¿Por qué crees que tenemos ventaja?…
¿no viste todo lo que hizo?…
No te daba respiro —expresó Jioro, mirándolo con seriedad.
—El acero es un gran elemento —respondió el viajero—.
Sirve tanto para la ofensiva como para la defensiva, pero tiene debilidades frente a ciertos elementos y hechizos específicos.
Zayrra, con un buen uso de sus hechizos, podría contrarrestar a Nohier… —¿No planeas hacer que Zayrra pelee contra ese monstruo, ¿verdad?!
—reclamó Jioro, golpeando la mesa mientras se ponía de pie—.
¡Por más experta que sea, está por debajo de ti!
Si tú no lograste detenerlo en el momento… ¡ella menos!
—Relájate… solo puse un ejemplo.
—Jioro, no hagas un escándalo —le pidió Leynian con firmeza.
― ¿¡Que no haga un escándalo!?
¡¿Tú lo escuchaste?!
¡Es un cobarde!
¡Quiere enviar a una mujer contra el monstruo!
—Jio… —lo llamó Nim, tocándole el hombro—.
¿Qué te pasó?…
― ¿Eh?
—balbuceó Jioro, desconectado—.
¿A qué te refieres con “qué me pasó”?
―preguntó, nervioso, dando un paso atrás.
Leynian cruzó una mirada confusa con Mark.
El viajero no entendía del todo, pero finalmente logró conectar los puntos.
Comprendió a qué se refería la pregunta de Nim.
—Cuando fuiste a visitar a tu novia… ¿qué rayos pasó?
En la mañana estabas raro, y ahora te desquitas gritándome… ¿eso es lo que estás haciendo?
― ¿Ir a visitar a tu novia?…
¡Jioro!
—gritó Leynian, molesta—.
¡Fuiste para escoltar a Mark y a Nim, no para ir de pololo!
—¡No hables así!
¡Tú no sabes nada!
—respondió Jioro con una voz tensa, sus manos temblando de impotencia—.
¡No sabes ni lo que hice afuera!
¡Incluso ayudé en el conflicto!
¡Estuve presente para ayudar!
—¿Por qué tantos gritos?
—interrumpió Leonard, preocupado, al entrar en la habitación—.
¿Qué está pasando aquí?
Mark levantó las manos, agitándolas como un idiota hasta captar la atención de todos.
Cuando el silencio se apoderó del cuarto, habló: —Tantos gritos van a hacer que me duela la cabeza… —comentó, mirando a Jioro—.
Sinceramente, me da igual lo que haya pasado mientras no estabas con nosotros… pero venir a gritarnos y quejarte como un niño, eso no puedo permitirlo.
De repente, un puñetazo lo hizo retroceder.
Jioro, furioso, terminó sentado en el suelo.
― ¡¿Qué mierda te pasa?!
—le reclamó, saltando de su lugar para devolver el golpe.
Mark esquivó con un leve giro de cabeza y apoyó la palma contra su pecho.
―Aerokanon Minor.
Sin previo aviso, una ráfaga de aire lo empujó con fuerza, estampándolo contra la pared.
Leonard se colocó entre Jioro y Mark, levantando las manos con autoridad.
—¡Deténganse los dos!
― ¡¿Qué mierda te pasa?!
—gritó Jioro, todavía furioso.
—Me desquito… —respondió Mark, con voz baja pero firme—.
Me enoja demasiado que hayan interrumpido mi combate contra Nohier.
Pude haberlo derrotado con un solo ataque… y, de repente, caí aquí dentro.
—¿Y eso te da derecho a golpearme, imbécil?
—¿Y tú tenías derecho a gritarme “imbécil”?
—replicó Mark.
Jioro tartamudeó; las palabras simplemente no le salían.
—¿Te das cuenta de lo estúpida que es la situación, Jioro?
—añadió Mark, exhalando con frustración.
―¿desquitarte de tus estupideces emocionales con la gente que te rodea?
Leonard lo interrumpió, serio.
—Está claro que ambos tienen problemas, pero nada les da derecho a maltratar a sus compañeros.
Jioro no pudo decir más.
Dio un giro repentino y corrió para encerrarse en su cuarto.
Todo el grupo quedó mirando la escena en completo silencio.
—Creo que golpearlo estuvo de más, Mark.
No era tan grave que levantara la voz… ―mencionó Leynian, con un dejo de pena.
—Lo sé.
Pero sus manos estaban temblando… temí que los gritos pasaran a algo físico.
—Mark bajó la mirada.
—¿Esto estará ligado a su cambio de personalidad?
—preguntó Leonard, desconcertado.
—No lo sé… tal vez —respondió Leynian.
—¿Cambio de personalidad?
—preguntó Mark.
—Jioro antes era más serio y determinado con sus tareas.
Pero de repente empezó a hacer bromas… incluso en combate ―explicó Leynian.
Mark suspiró con resignación.
—¿Qué pasa?
—preguntó Leynian.
—Es una barrera —intervino el señor Nizian, que había observado todo con un pichel de agua en la mano.
—Qué gran ayuda… —refunfuñó Mark.
Nim le dio una patada en el tobillo.
—Es mi padre.
―Perdón… … Leonard entró a la cocina, donde Marcus y Zayrra compartían una taza de té.
—Estoy lidiando con niños… —comentó el príncipe con evidente cansancio.
—Se estaba poniendo bueno —bromeó Zayrra—.
Estaba sabroso el chisme.
—No es gracioso… —replicó Leonard—.
Dependemos de este plan para recuperar el trono, y Jioro podría arruinarlo.
—Lo de la novia lo está presionando mucho… ¿estará asustado?
—preguntó Marcus—.
Tal vez es de esos hombres que temen no volver a casa.
—Según Leynian, Jioro era un ladrón escandaloso.
Morir es lo que menos le asusta ―dijo Zayrra, encogiéndose de hombros.
—¿Deberíamos expulsarlo del grupo?
—preguntó Marcus, casi sin pensarlo.
― ¡¿Eh?!
―reaccionaron los dos al unísono.
—Un momento, escúchenme —continuó Marcus—.
La resistencia ha sido un fracaso.
Nos consume tiempo, nos aísla del resto del mundo… me duele decirlo, pero para Jioro somos unos desconocidos.
—Se unió porque quería cambiar su vida, dejar de ser ladrón y unirse a una causa justa —respondió Zayrra.
—Sí, pero pasar tanto tiempo lejos de la persona que ama… yo, en su lugar, estaría igual.
—Bueno, dejemos de lado el tema de Jioro —intervino Leonard—.
Mark y Leynian dijeron que se encargarían de la situación.
Dejó caer un libro sobre la mesa frente a Zayrra.
—¿Y esto?
—Un libro de ciencia básica.
Me dijo Mark que te lo comprara… algo de desarrollar magia, o no sé qué invento suyo.
Zayrra miró el libro con impresión.
Lo agarro, lo abro y hojeo.
Solo para soltar una carcajada cargada de vergüenza; —No entiendo nada… —Es normal, supongo —asumió Marcus—.
Eres aprendiz de un hechicero, no de un científico… ― “Registros básicos de la nueva ciencia” … ―leyó Zayrra en voz baja, observando el título del libro―.
No es una enciclopedia, es un diario que documenta todo lo que se descubrió sin el uso de la magia.
Su objetivo es darle conocimiento al mundo sobre lo que realmente existe… ―concluyó.
—Es lo mismo que se hace con la magia, ¿verdad?
—intervino Leonard, mientras se servía una taza de té y se sentaba junto a su hermano y su amiga—.
Un registro de lo que se ha descubierto, para que los más curiosos sigan explorando cosas nuevas… ¿o estoy equivocado?
—Eso mismo parece ser… —respondió Zayrra, asintiendo.
—Cambiando de tema… quería confesar que me estoy sintiendo más confiado para ser rey.
Tengo miedo de que sea un mal augurio ―bromeó Leonard, soltando una risa leve.
—Habla por ti… yo aún no puedo imaginarme como capitán de la guardia… ―respondió Marcus, encogiéndose de hombros.
—Tranquilo, tendrás al señor Altharion como guía.
—Aun así… no me siento del todo confiado —admitió, bajando la mirada.
—Bueno… no es obligatorio que asumas el cargo de capitán.
Sería una pena, claro.
Pero no dudaría de tu decisión, hermano.
—Gracias, Leonard… me alivia escucharte decir eso.
… Mark se encontraba de pie delante del cuarto de Jioro, giró el picaporte, pero estaba cerrado con llave.
Leynian llamó a Jioro en voz alta, pero no hubo respuesta.
—¿Qué hora es?…
—preguntó Mark, dejando de lado el tema de Jioro.
—¿tan rápido te vas a rendir?…
—no es una rendición… ― le responde al instante, agarrando su mochila.
― es una retirada estratégica… a un hombre hay que darle su espacio personal, la soledad acompaña al sentimiento frustrado de un hombre.
― comenta Mark con voz ronca.
—ja… qué gracioso… no podemos permitir que siga así… —No, Leynian, hablo en serio… cuando un hombre se siente agitado emocionalmente, o estresado… necesita pasar tiempo a solas con su propia soledad… — le responde Mark, volviendo a su tonalidad seria.
Poniéndose la mochila.
—¿eh?…
¿pero por qué?…
—es una forma de calmar el huracán… hay que dejar pasar la tormenta para luego revisar el cielo y pensar cómo acomodar el cultivo… si le exiges a un hombre que te cuente todo cuando está deprimido, nervioso o lo que sea… solo le generas presión y empeoras todo… ― ¿pero estás seguro de que Jioro es esa clase de hombres…?
― — si no lo es… tranquila, no planeo dejarlo solo todo el día… además, nada nos dice que siga en su cuarto… — ¿eh?…
¿tú crees que…?
—Sí… para mí se fugó… la puerta cerrada no es más que un señuelo para que lo dejemos aislarse… démosle su tiempo de soledad… luego me tomaré la molestia de buscarlo y disculparme… ―¿en serio, un hombre prefiere estar solo en su crisis?
—preguntó ella, apenada.
—mayormente sí, pero no todos… — le responde él.
—que complicados son los hombres… ―¿verdad?―.
Pregunto a Mark con una sonrisa— voy a salir… tengo cosas que hacer para llevar a cabo el plan… ―¿puedo acompañarte?…
—preferiría que no… si llego a tener problemas, me escabulliré como la rata que soy y estaré de regreso… —.
Le responde Mark preparando sus cosas en su mochila.
Gira para ver sobre su hombro.
Solo para ver a Leynian con un ligero puchero.
—¡no te rindes, ¿verdad!?
¡vamos!
—Se quejó él, para ver cómo ella suelta una sonrisa ganadora y sigue a Mark.
Ambos caminan hasta una pared.
La palabra “ábrete Zarmáso” fue suficiente para que se abra una salida, justo dirigida a un despejado callejón.
… [tiempo después] —Listo… este es el último… —asume Mark, limpiándose el lodo de los dedos.
— 6 horas viéndote como dibujas runas en toda esta llanura… ― suelta Leynian, arrepentida de haberlo acompañado ― y ni siquiera te pude ayudar… —Te rendiste en la segunda runa, Payasa… —le reprocha Mark.
―¡no me salen las runas tan perfectas!
¡mis círculos parecen rectángulos sin puntas!
Leynian gira avergonzada.
La pila de árboles amontonados en un costado lejano se encontraba a su vista.
Por otro lado, los restos de destrucción de la pasada batalla contra el Golem de acero.
—este lugar me da escalofríos… — murmura en voz baja.
Mirando el lugar con detenimiento ―casi se muere tu padre aquí… es normal que no te guste el lugar… ―¿para qué tantas runas?…
¿planeas usar ese conjuro que usaste contra Leonard?
—Le cambia el tema ella.
―¿mi conjuro territorial?…
no, ese solo puedo realizarlo en cuartos cerrados.
Además, esto es secreto….
Gracias por intentar ayudar, pero debo guardarme esta información para no estropear nada… —le explica, con el dedo índice delante de los labios, pidiendo silencio.
—esto no me da seguridad… —tranquila… si tuviese la intención de hacerles daño, habría muerto hace mucho… ― le avisa Mark arremangándose la manga, dejando ver esa cadena astral aferrada a su brazo.
Leynian miró la cadena en silencio, luego tornó sus ojos a los de Mark.
—está bien… tranquilo… ―¿ya terminamos por hoy?
—preguntó ella después.
—puedes irte si quieres… quisiera hacer unas últimas cosas… ―¿seguro?
—Sí, tranquila… no importa… compraré para la cena… dile a los otros que no cocinen nada, no quiero despreciar a Zayrra, pero cocina horrible, siempre le falta sal… —Idiota, la que cocina soy yo… —como dije, me encanta tu comida… —más te vale cocinar mejor que yo, porque te daré tantos golpes que ni tu magia te curará… ― le amenaza Leynian molesta.
Mark solo puede tragar saliva ante la amenaza.
«mierda, tendré que sacarme lo mejor de la manga para salir de este problema» piensa él, asintiendo tímidamente.
… [tiempo después, las 7 de la tarde exactamente] Mark suelta un suspiro agotado.
Tomando callejones para eludir los caminos principales de la vigilancia de los guardias.
Cargando bolsas de tela cargadas de ingredientes.
—quien iba a decir que Leynian cocinaba feo… bueno, no feo… sino que evade la sal… amargando los verdaderos sabores… yo quería cocinar Reibekuchen para comer rápido y dormir temprano… ¡¿Por qué rayos me fui por Struders!?
¡voy a estas horas amasando!―.
Se quejó Mark abiertamente al aire.
Entro a un callejón.
Ruidos raros comenzaron a resonar en el ambiente.
Un conjunto de suspiros de hombre y mujer acompañados del golpe de una madera contra un muro.
Levanto la cabeza y presencio una ventana abierta, la emisora de los incómodos ruidos.
—¿Son suspiros de placer?
No puede ser… ¡cierren la ventana, par de cochinos!
― habló Mark asqueado.
― pasaré rápido y no… Él se detuvo en seco, giró la cabeza hacia una persona sentada en el escalón de la puerta principal de aquella casa.
Un hombre encapuchado, temblando y aferrado a su capa y propio cuerpo.
Mark levantó la mano para impermeabilizar el frío de sus dedos.
El invierno había terminado hace un mes, pero podían quedar de aquellos días helados.
No.
No era el frío del atardecer.
Miró al hombre nuevamente, pero con más detenimiento.
Levanto la mirada para ver otra vez la ventana emisora de los gemidos.
No era el frío, era la impotencia del hallazgo de una infidelidad.
―mierda… ― balbuceo Mark, mirando por última vez al hombre.
― oye amigo… ― le llama.
La capucha se alza para dejar ver el rostro de la persona.
―¿Jioro?
—Se exaltó Mark.
Con un paso atrás.
―¿M-Mark?
― tartamudeó el Ladrón sin poder dejar de temblar, al verle los labios, había sangre.
Las ansias le sangraban y el labio estaba lastimado.
—¡¿Qué haces aquí?!
—le interroga, empujándose más contra su rincón.
—¿Jioro quién te golpeó…?
— le pregunto acercándose ya con una poción lista.
―¡no me toques!
― le empuja él, provocando que la poción caiga al suelo, derramando el líquido rosado por todo el suelo ―no te me acerques, no me toques… ¡no te quiero cerca, bastardo!
―¿no te golpeó nadie?…
Ya veo, en serio esto te duele… ―¡no hables!¡cállate!¡déjame solo!…
―Lo siento… ― le interrumpe en seco Mark.
― por lo del golpe que te di hoy ¡y perdóname otra vez, pero no te dejaré solo!
― le avisa agarrándole del brazo y tratando de arrastrarlo, pero Jioro se negaba a moverse.
―¡no!
¡déjame!
―¡si te dejo!¡te hará peor!
—¿¡tú qué sabes!?
—¡entiendo tu dolor, idiota!
¡vamos!
―¿¡entender!?
¿¡qué vas a entender?!
¡suéltame!
― le responde, logrando soltarse de su brazo.
―¡¿es un fetiche tuyo esto?!
—le pregunta Mark, dolido ante la situación.
Sin saber cómo ganar una conclusión.
―esto se soluciona hablando, déjame en paz, soy un hombre, los hombres solucionamos las cosas solos… vete a la mierda de una vez… ― le dice Jioro a Mark, mientras se encapsulaba nuevamente bajo la capucha.
La mirada del viajero se tensó de pena ante la respuesta del Ladrón.
—¿hablar?…
¿quieres hablar con ella?…
―estuve mucho tiempo fuera, no le di mi atención.
Es normal que quiera consuelo.
Esto se soluciona hablando, la veré y arreglaré las cosas con ella… la perdonaré y volveremos a ser felices los dos, no te metas… lárgate y déjame solo… ― le dice Jioro con una voz temblorosa y una mirada vacía Mark quedó impactado ante esa declaración, solo pudo negar lentamente con la cabeza.
Incrédulo.
—Jioro… ¿hace cuánto tiempo estás aquí?…
—3 horas… ¡qué te importa!
Vete a la mierda… ― balbuceo casi en automático.
«en el fondo quiere hablar, pero su rechazo a mi es impulsivo» ―yo también tuve una novia que me traicionó… —le confesó Mark sintiéndose algo agitado.
El pecho le ardía por lo que estaba a punto de decir, pero logró hacer que Jioro le mirara a la cara.
― Al parecer tomé un lugar que ella anhelaba, y una ley no permitía que le dé mi lugar… Hizo una breve pausa para tomar aire.
—algo hizo que ella pusiera lo que anhelaba por encima de los 5 años de relación que construimos… mi única novia me apuñaló por la espalda… literalmente… —¿eh?…
—balbuceó Jioro, confuso, pero asombrado ante la repentina revelación.
—no tiene nada que ver con esta situación, pero la impotencia que sentí fue la misma… no me podía mover, y solo escapé… ―que… ¿Por qué me cuentas eso, idiota?…
― le pregunta Jioro, dudoso.
—Ahora que tengo tu atención… —le cambia el tema Mark—te puedo decir… que no vale la pena todo esto… —confiesa, seguido de un tembloroso suspiro.
―¿no vale la pena?…
¿a qué te refieres?…
—esto… — responde abriendo los brazos para señalar alrededor.
—ella… —continúa alzando el brazo para señalar la ventana.
—Si la dejo… perderé mi única motivación para estar en la rebelión… no puedo… yo hacía esto por nosotros… por ella… ― —Jioro… Quiérete un poco más… —le dice Mark—.
No vale la pena esa mujerzuela… busca algo que verdaderamente te motive… —No le digas mujerzuela… — le ordenan, tensando la mandíbula.
—es una mujerzuela… —afirma Mark—, ¿eras ladrón, verdad?
Das de tu esfuerzo y tu vida a una causa que podrías esquivar tranquilamente… ¿y ella, qué hace ahora?
—Yo quería una nueva vida para ambos… — confiesa Jioro, partiendo en lágrimas —¡Quería dejar de ser ladrón para ser una persona digna!
¡¿Tú sabes lo que se siente robarle a alguien en tus mismas condiciones para poder comer al menos una comida al día?!
―¡me encanta esa motivación!¡cúmplela!
― le grita Mark, agarrando una roca del suelo ―¡cúmplela!¡pero primero borra a la mujerzuela de tus motivaciones!
―clama Mark alzando el brazo, pero la roca se le escapa y accidentalmente salió volando para entrar a la ventana.
Se escuchó un impacto y seguido de un cuerpo caer al suelo.
A los segundos, el grito de una mujer nació del susto.
―¡mierda!
¡le pegué al amante!
― se impacienta Mark, echándose a correr.
―¡cuando pensé que no podías ser más idiota!― se queja Jioro, siguiéndole el paso.
Ambos abandonan la escena.
Algunas calles más lejos, en un callejón más sombrío que el anterior.
Mark y Jioro se encontraban recuperando el aliento.
El viajero comentó a reírse, una carcajada más, otra.
—Nunca le tire una piedra a un amante… — confesó entre carcajadas.
Jioro trató de mantenerse serio, pero la justicia fue divina.
Partió a carcajadas con Mark.
—¡Debería ser tradición!
—Bromeo agarrándose la panza.
Tanta risa le hacía doler.
—¿Y ahora?…
—preguntó con un dejo de dolor, Jioro.
―¿qué hago?…
no me queda nada sin ella… —Qué mentiroso… —Le responde Mark, picándole la mejilla con el dedo índice.
—No hagas eso… —Leynian, Leonard y Marcus depositaron confianza en ti al dejarte entrar a la resistencia… ¿qué pensarían ellos al ver que tu lealtad venía de una cerda?
Si no te mueve la nobleza y un acto puro como lo es ayudar… al menos hazlo por lealtad a quienes te abrieron la puerta al cambio… ― continúo Mark, dejando a Jioro con los ojos bien abiertos.
Sabía que él tenía la razón.
—¿Les puedo llamar “tus amigos”?
—le pregunta Mark ante la falta de respuesta de Jioro.
Hubo un breve silencio… —Sí… mis amigos… — soltó con una sonrisa sincera.
—bueno… pongámonos en marcha entonces… nos espera un delicioso manjar… —Si Leynian cocina, no nos espera nada… —soltó Jioro, siguiéndole el paso.
—No, cocino yo… ruega porque yo no haga un desastre… Se mantuvo un breve silencio por segunda vez.
—¿Cómo fue?…
—¿Cómo fue que…?
―¿de verdad tu ex novia te apuñaló por la espalda?
Mark soltó una risa seca.
Pero se le notaba entristecido.
—Sí… aprovecho que yo nunca tenía la guarda en alto con ella… me apuñaló por la espalda, apuntando directamente al corazón… ―¿pudiste sanarte el corazón?
—le pregunto Jioro sorprendido.
—no… el corazón es casi imposible de curar con magia… más si quieres restáuralo tú mismo… —le explico Mark— mi corazón está del lado opuesto al de una persona normal… ella ni yo sabíamos eso… me perforó un pulmón, pero mi corazón estuvo a salvo por unos centímetros… —Qué suertudo… ―¿verdad?…
—¿Y a ti qué te motiva?…
—en esta causa… creo que tengo un rejunte de responsabilidades que no puedo ignorar… eso es, creo…
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