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El estratega de Plata: Arco de Tharvella - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 El Precio de la Maestría
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15: El Precio de la Maestría 15: El Precio de la Maestría —Llegó y se puso a cocinar —murmuró Leonard desde la sala principal, observando a través de la entrada de la cocina.

Mark estaba arremangado y manchado de harina.

—¿Está haciendo pan casero?

—preguntó Marcus al aire, con la curiosidad asomándose.

—No es pan —informó Mark.

—Hizo un estofado… —murmuró Zayrra, tan absorta y curiosa como los otros dos príncipes.

—¡Más le vale que le salga rico, o lo lamentará!

—amenazó Leynian desde una mesa, con la mirada fija en Jioro, quien estaba sentado ante un juego de ajedrez sin rival en frente.

En realidad, su verdadero rival estaba en la cocina, enfrascado en la cena.

—Tu turno, idiota —le urgió Jioro.

—Caballo de B-5 a D-6… y supongo que jaque.

Jioro golpeó con exasperación la mesa, desordenando todas las piezas de madera.

—¡Ya no juego más!

—¡Pero aún no pierdes!

—le animó Leynian.

—¡Pero el desgraciado adivina mis jugadas sin que las mencione!

—Vociferó Jioro.

—¡Eres muy bruto!

Es obvio que no mueves al rey —le replicó Mark desde la olla, mientras destapaba el guiso.

—No huele mal… —comentó Altharion, quien estaba sentado en una esquina de la cocina bebiendo agua de una taza.

—Gracias.

Es un plato que cocina mi padre… ¡y mi comida favorita!

—respondió Mark, estirando la masa con el rodillo antes de enrollarla cuidadosamente.

—¿Un enrollado de pan?

—inquirió Marcus, persistente.

—¡Que no es pan!

—lo corrigió Mark, visiblemente molesto.

Acto seguido, puso un soporte metálico limpio dentro de la olla y encima colocó las tiras de masa enrolladas.

—¡El pan no se hace en olla!

—¡Marcus, con un demonio, no es pan!

—le gritó Mark, ya harto de la insistencia.

… Finalmente, todos se sentaron a la mesa de Struders, admirando el espectáculo: la masa inflada y dorada que coronaba el estofado, acompañada de una tierna mezcla de carne, patatas, zanahoria y otros vegetales.

—¡Increíble!

La carne está tan tierna que puedo cortarla con el tenedor…

—declaró Altharion, sosteniendo el trozo suspendido en el aire con el cubierto, admirado de la facilidad.

—Y la masa…

¡está húmeda y tan suavecita!

—exclamó Nim con un entusiasmo contagioso, devorando el bocado.

—La carne hecha en estofado siempre resulta suave —explicó Mark con un matiz de suficiencia—, y la masa está así precisamente porque se cocinó al vapor.

—¡Pan al vapor!

Una auténtica exquisitez —bromeó Zayrra con picardía, logrando su cometido, pues Mark sintió cómo la vena de su frente se hinchaba de irritación.

Leynian, con un gesto de repugnancia, bebió un sorbo de agua que le dejó un nudo áspero en la garganta.

Rápidamente, tomó un plato vacío y lo alzó como un escudo improvisado.

—Está demasiado salado —anunció, la voz cargada de un disgusto sincero.

—¿Eh?… ¡Pero sí puse exactamente lo que pide la receta!

—Se defendió Mark, asomando la mirada por detrás del plato que usaba como barrera protectora.

—Leynian no tiene mucha tolerancia a la sal —intervino Altharion con calma.

—¡Eso explica su cocina tan desabrida!

—replicó Mark al instante, utilizando el plato para desviar la trayectoria de un vaso que Leynian le lanzó.

—¡Si lo hubieran mencionado, habría hecho una ración aparte con menos sal!

—se quejó, irritado, mientras retiraba una porción de estofado y se dirigía a la cocina.

Regresó a los pocos instantes para deslizar el nuevo plato ante Leynian.

—Quizás esté un poco aguado… pero debería tener menos sal.

Ella, aún escéptica, cortó un trozo de patata con el tenedor y lo llevó a sus labios.

Sus mejillas se tiñeron de un ligero carmesí.

—Sí, está rico… —confesó, la voz apenas un murmullo de asombro maravilloso.

«Creo que de entre todas las raciones, esa es la más sosa… En fin, cada quien con sus gustos», pensó Mark con resignación mientras volvía a su sitio.

… Sentado en su cama, rodeado de varios libros abiertos y cuadernos repletos de apuntes.

Sus ojos luchaban con obstinación contra el cansancio.

Mark intentaba descifrar la forma de deshabilitar la barrera mágica del castillo.

Las runas estaban a la vista, pero el interruptor de activación había desaparecido.

—¿Transferir maná?

Es difícil, pero no imposible… —murmuró, mientras comenzaba a dibujar una runa, configurándola para almacenar energía en un trozo de papel.

Tras terminarla, le infundió poder con la palma de la mano, concluyendo con certeza de que la idea funcionaría.

—Pero, ¿cómo activo una runa con esto?…

—¿Una flecha?

—interrumpió una voz suave como el terciopelo.

Mark levantó la mirada de golpe, hallando a Leynian parada en el umbral de la puerta.

—¿Ningún toque a la puerta?

¿Y si hubieras entrado y me hubieras visto desnudo?

¿Dónde quedaron los modales de la nobleza?

—preguntó Mark, con un tono más juguetón que molesto.

—¿Quieres que te golpee?

—replicó ella con una sonrisa gélida y se sentó sin permiso a su lado en el borde de la cama.

—Mi cuarto es tu cuarto —cedió él, evadiendo la amenaza con una media sonrisa—.

¿Una flecha?

No es mala idea.

Podría encantar una y que Jioro la dispare… ¿Tienes idea de la distancia límite que él maneja con el arco?

—Según él, creo que con el ángulo y los trayectos adecuados, puede alcanzar unos cuarenta metros —respondió Leynian, sopesando la información.

—Una hazaña impresionante, sí, pero sigue siendo poco.

¿Usa un arco tradicional?

—Sí.

—Eso cambia las cosas… con un arco largo, podríamos alcanzar más de doscientos metros.

Ya sé qué regalarle a “Don Cuernos” —rió para sí, soltando un bostezo largo y profundo que le rasgó la garganta.

El agotamiento era palpable.

—Suficiente por hoy… me voy a dormir —le anunció Mark, desplomándose en la cama justo detrás de la espalda de Leynian.

—¿Vas a dormirte aun cuando alguien te está haciendo compañía?

¡Qué descarado eres!

—le reprochó Leynian.

—Cuando despierte mañana, seguirás aquí; no tengo que preocuparme por la impresión que cause.

Además, es tarde y debo levantarme temprano para continuar trabajando.

Respondió con los ojos ya cerrados, el rostro a medias enterrado en la almohada y enfocado en la fría pared, como si esa inmovilidad fuese el único refugio posible.

—Eres un patán… —le dijo Leynian con un puchero amargo que le tensaba la boca.

Pero solo recibió un suspiro lento, profundo y definitivo como respuesta, un género de dicción que confirmaba su claudicación ante el sueño.

—¡¿Ya se durmió?!

¡Desgraciado!

Lo observó con la dentadura tan tensa que notaba el dolor punzante en las sienes por unos segundos, presa de una rabia muda.

Finalmente, cedió.

Apoyó los codos en sus piernas y sostuvo la pesadez de su rostro desde el mentón con la palma de la mano, permitiendo que el abatimiento borrara el ímpetu de su frustración.

… —Caballo de B-5 a D-6… y supongo que jaque.

—dice Mark, en aquel momento.

Cuando estaban jugando al ajedrez mientras cocinaba.

Jioro golpeó con exasperación la mesa, desordenando todas las piezas de madera.

—¡Ya no juego más!

—¡Pero aún no pierdes!

—le animó Leynian.

—¡Pero el desgraciado adivina mis jugadas sin que las mencione!

—Vociferó Jioro.

—¡Eres muy bruto!

Es obvio que no mueves al rey —le replicó Mark desde la olla, mientras destapaba el guiso.

Los comentarios de Altharion captaron la atención de Mark.

Quienes comenzaron a hablar del struders cocinándose en ese momento.

Leynian miró el tablero desordenado.

—es un buen tipo… cuídalo, ¿sí?

— le dice Jioro a Leynian con naturalidad.

La frase provoca el sonrojo progresivo en la dama.

―¡¿de qué me hablas?!

—Interprétalo como se te dé la gana, pero si es lo que creo que es… hazme caso y cuídalo bien… ―dios… ¿qué les pasó a ti y a Mark ahí fuera?

¿de qué hablaron?

Estuvieron actuando extraños… —nada importante… solo júralo, ¿sí?…

—Bueno, pero ten en cuenta que es un juramento vago… —con eso es suficiente… … Ella volteó a mirar a Mark.

Quien seguía profundamente dormido.

—estaba claro que hablaba de ti… Dios, ¿tan obvia soy?…

Se palmea las mejillas repentinamente.

Despabilando sus ideas.

—apenas te conozco hace 4 días… ¡es imposible que caiga ante tu encanto!¡ni siquiera me coqueteaste!¡no soy una…!

¿Cuál sería el apodo en estas ocasiones?…

—No estás despierto para corregirme… gracias a Dios… —balbuceó ella.

Caminando fuera del cuarto de Mark.

En la sala, se encontró con Nim y su padre.

Ambos compartiendo un momento en una partida de ajedrez.

―¿y?

—preguntó el Sr.

Nizian al ver a Leynian frente a la puerta del viajero.

—se durmió… —dijo en un suspiro — fue un día muy pesado para él… —estuvo trabajando todo el día… es un gran hombre, posiblemente sea un gran esposo en un futuro… hay que ver si su actitud no lo condena… —comentó el hombre mientras movía una torre.

―jaque mate… —le dice Nim a su padre.

―¿que?…

¿Cuándo?…

—“gran esposo” ―repitió Leynian con rubor.

—¿dijiste algo?…

—no, nada… … Un fuerte choque de ramas resonó en la sala.

Leonard soltó un poderoso grito mientras lanzaba el largo de su espada de madera al hacha falsa de Marcus.

Otro impacto de metales los llevó a retroceder a ambos.

―no pierdan la firmeza… midan sus pasos… sean cercanos con el cuerpo, pero no al punto de entorpecer sus movimientos.

― les dirigió Altharion.

Leonard lanzó una patada al pecho de su hermano, pero fue como si hubiese pateado un muro.

Marcus golpeó a Leonard con la zona sin filo del hacha, alejando a su hermano.

Antes de chocar contra el muro, Leonard logró poner sus pies, deteniendo su trayecto antes de chocar.

―¡fenomenal!

― rio Leonard ―¡sigues siendo el más fuerte, hermanito!

La puerta se abre y Leynian entró a la habitación ajustándose un guante de esgrima.

Agarrando una espada de madera de un mueble y entrando a la arena.

—¡Como en los viejos tiempos!

—clamó Marcus.

—¿Qué viejos tiempos?

¡Tenemos entre 17 y 19 años!

¡Aún hay vida por delante!

― le respondió Leonard, lanzándose en contra de su hermano.

Con un movimiento rápido, Leynian cruzó su espada entre las piernas del príncipe.

Con fuerza logro levantarlo en el aire, provocando que caiga de cara contra el suelo.

—Tramposa… —se quejó escupiendo arena.

Leynian repentinamente bajó el cuerpo, evadiendo la ofensiva sucia de Marcus.

Aprovechando la inclinación para volver a enterrar la cara de Leonard en la arena.

El príncipe, al ser soltado.

Giró a lo largo para evadir un próximo hachazo de su hermano.

Al poner ambas manos en la arena, giro para dar una patada próxima a ser bloqueada por Leynian.

Un bricho hacia atrás y ella lanzó su espada al suelo, revoloteando para que el mango le pegara en la frente al grandulón.

Solo para que ella en el aire con un brinco la pueda recuperar y desencadenar en la caída un choque de espadas con Leonard.

Ella recibe un arrastre en el tobillo.

La mirada tramposa de Leonard se hizo presente.

Perdió la guardia y él la tomó de la muñeca, lanzándola a un lado con fuerza, solo para después ser golpeado por la espada por su propio hermano.

Unas 2 horas después… los 3 nobles se encontraban cubiertos de arena, sudor y moretones.

Al gira, ven a Altharion con 3 pociones de sanación.

—suficiente… a tomar una, bañarse y dormir… hay trabajo que hacer mañana… —anunció el maestro.

—gané… —anunció Leynian.

—mentirosa… — llamó Marcus, estirando su espalda.

―fue un empate… punto― dijo Leonard, con la pócima correspondiente en la mano.

… [Día 2 – 9 de la mañana, 3 días antes del fin del pacto de sangre].

… ―¡esto es una broma!

¡¿Cómo quieres que dispare con eso!?

—comentó Jioro mirando el arco largo que Mark le estaba regalando.

—¡¿Cuánto mide esta cosa!?

¡es enorme!

—tampoco es para tanto… mide 2 metros… —le indica Mark, lanzando un pañuelo al aire para medir la fuerza del aire— era leve.

—El peso no supone un problema… pesa menos de un kilo… puedes manejarlo con tranquilidad… —es cierto… —dijo, aceptado al tomarlo en sus manos—, pesa menos que mi arco… —¿a qué le disparo?

Mark saca un catalejo de su mochila, se lo cede a Jioro y señala a un punto en específico.

Jioro se pone pálido al usar el catalejo.

―¡no hay forma de que llegue hasta allá!

¡Son más de 200 metros!

―por eso te traje aquí, algo lejos del reino para que practiques con calma… necesito que domines este arco en menos de 2 días… eres clave para anular la barrera que anula la magia del castillo ―vale…

practicaré… —¿En serio?…

¿Así de fácil?

—¿esperabas que me niegue?

¿Enserio?

¿tú ves la situación en condiciones para que venga un genial idiota como yo y se niegue?

— es cierto… te dejo practicando… nos vemos… ―adiós… Mark se dio la vuelta, solo para ver a 3 siluetas acercándose a ellos.

Entrecerró la vista extrañado.

Eran Nim, el señor Altharion y Marcus, los 3 dirigiéndose a él y a Jioro.

—¿Qué pasó ahora?

—balbuceó acercándose a ellos.

—No ha pasado nada… solo los estábamos buscando… —le responde Marcus.

—Se han desaparecido muy de repente… Leonard sabía dónde estarían, por la dirección que le diste, claro está… pero se temía algún ataque algo… —esto no es como ayer… estamos a dos kilómetros de la capital, resultaría imposible que nos encuentren — argumenta Jioro.

— Mejor prevenir que lamentar… — expresa Altharion suavemente.

―pero yo tengo otros motivos.

Mark, ¿vendrías conmigo?…

El viajero dudó, pero luego suspiró, aceptando.

El medio giro del espadachín bastó para hacerle entender que le siguiera.

Tras sus pasos.

Estaba Nim, la niña curandera, siguiéndole.

«¿Por qué siento que algo estúpido va a pasar?» se preguntó él.

Bajando la cabeza.

—Dime, Mark… ¿tienes familia?

—le pregunto Altharion.

Girando para verle de costado.

—No… no estoy casado, ni tengo hijos… —responde de mala gana.

—No me refería a eso… ―ya sé… solo lo estoy molestando.

― ríe Mark, evasivo ― sí señor… si tengo familia… vengo de una familia numerosa… mis padres y mis 3 hermanos…― —Bueno, 2… uno de mis hermanos murió en un accidente —.

Se corrigió Mark, dolido.

—Lamento oír eso… —Descuide… ¿vino solo a preguntarme eso?…

—No, vine para que podamos llevar nuestro duelo a cabo… ―¿es broma?…

—pregunto incrédulo.

―me lo juraste… —No lo juré… solo acepté… ¡pero no pensé que pasaría entre días de trabajo!

Hubo un breve silencio.

Altharion continuó caminando, Mark creyó que había logrado salirse con la suya.

Pero cuando se fijó en su alrededor, se dio cuenta de que siguió al caballero hasta una zona despejada.

—Que me lleve la que me trajo… —balbuceó dándose cuenta de que le iba a tener que tocar pelear.

Él vio cómo se alejaba unos metros, guardándole distancia.

Nim se sentó contra un árbol para ver la batalla.

—Señor Linus… si yo llegase a ganar… ¿me enseñaría a usar la magia de inventario?

―pregunta Mark ―¿no la dominas?

—preguntó curioso Altharion.

—conozco el concepto… pero no la práctica… —Te enseñaré en pelea… ―¿enseñarme en qué…?

El sonido metálico de su espada chilló al salir de la vaina.

La empuño con ambas manos.

Elevando el filo por encima del hombro, apuntándole directamente a Mark.

―la magia de inventario… es como cargar una mochila invisible en todo tu cuerpo… ― le habla ―mientras más objetos llevas… más peso ganará tu cuerpo… —¿Eso significa que podría pesar más de cien kilogramos con solo guardar objetos?…

No hubo respuesta, solo vio el fulminante movimiento de Altharion.

Una patada en el centro del pecho que lo arrastró unos metros hasta caer.

Se levantó sin mostrar dolor u enojo.

Solo se sacudió la ropa.

El sonido del giro de una ruleta resonó en el aire.

El mango de encastre se inyectó en la espada Longlife.

Aquella varilla giró en el aire con las maniobras de Mark.

La empuñó con firmeza, mirando fijamente a Altharion.

—con todo… —solicitó el espadachín, viendo cómo Mark se balanceaba hacia él.

―usted lo pidió… —dijo Mark con una frialdad que hizo vibrar la piel de su contrincante.

Con un rápido serpenteo.

Mark Arminton realizó un movimiento circular que hizo estallar un choque de metales vividos.

El veterano dio un paso atrás para realizar un tajo rápido.

Tajo, el cual apenas rozó los cabellos café del viajero.

Viajero cual rueda giro golpeando con su cuerpo ambas piernas del hombre, antes de que caiga al suelo, ambas piernas se tensaron pateándolo para elevarlo unos centímetros, volviendo más dura la caída.

«¿qué está pasando?» se preguntó el hombre impresionado antes de caer de espaldas contra el césped.

―Aerokanon viento― soltó el aire, y un cañonazo de aire golpeó a Altharion directamente en el pecho.

Si la silueta quedó marcada como una ligera hendidura en la tierra.

Las pupilas de Altharion subieron para ver la sombra de su contrincante.

Opacada por el sol.

—inventarium: Clarus… — llamó Altharion alzando la mano.

La espada ropera había sido invocada desde una runa blanca en el aire.

cayendo directo hacia su mano, salvo por la parte en la que Mark patea el largo de la espada.

Arruinando la llegada a su dueño… «no logro comprender… ¿a quién me estoy enfrentando?

es como si mi título de espadachín fuera nada ante este muchacho…» pensó desde el suelo el hombre, viendo la tranquilidad en la cara de Mark «Mark Arminton… ¿Quién eres?

¿En verdad estabas en desventaja en nuestro primer combate?…

se contuvo… el infeliz se contuvo en nuestro primer duelo… daba igual su falta de magia…» El hombre soltó una suave carcajada, solo para reír más… —Eres un infeliz… burlándote de un viejo… —no me burlo… la primera vez yo no lo conocía… ahora yo sabía que no abusaría de sus trucos como en la otra vez… — le responde Mark tendiéndole la mano.

—solo le devolví un pequeño favor… agradezca que no le apuñale o corte… —en marcha… hay cosas por hacer… ―Termina.

ayudando al hombre a levantarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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