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El estratega de Plata: Arco de Tharvella - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Poder Vacío
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17: Poder Vacío 17: Poder Vacío [al día siguiente] —¡eres una basura!

—Gritó un hombre mientras lanzaba una botella.

Una púa de acero la hizo añicos en el aire.

Nohier estaba de pie en medio de la calle, recibiendo los insultos de aquel hombre.

Gotas de vino aterrizaron en el suelo acompañadas de trozos de vidrio —estás borracho… no te recomendaría beber en las mañanas… podrías cometer una locura, y yo tendría que matarte… ―le amenaza el estratega rojo.

—¡los mataste por falta de monedas!

¡infeliz!

¡¿acaso no tienes alma?!

― le respondió el hombre, retorciéndose de dolor en el suelo.

—No sé de lo que hablas… —le responde Nohier con indiferencia.

Notando cómo la gente comenzaba a acumularse en los alrededores para presenciar la escena ―mi hermano… su esposa y mis sobrinos… ¡todos a la horca por tu culpa!

¡usaste sus cuerpos como ejemplo público!

¡eres un monstruo sin alma!

― Le grita con dolor el hombre.

―¡un farsante!

—¡¿farsante?!

—repitió molesto Nohier, levantando su mano para ver cómo una hoja de acero brotaba de debajo de su manga.

—¡eres un farsante!

—grito otro hombre, seguido de una mujer.

Luego de la multitud.

―¡no eres Lazarus nova!

¡solo eras un patético graduado busca fama!

—¡eres un tipo ordinario al que se le subieron los humos!

¡ya sabemos dónde vives!

Filos de lanza se alzaron por todo el cielo.

Apuntando a cada persona presente en aquel momento.

Mujeres, hombres y niños por igual, todos bajo la mira del filo.

—La ley es ley… si se atreven a acercarse a mi hogar.

Les afrontará una muerte dolorosa.

― Les amenaza él al público.

—Todos los aquí presentes están advertidos… y el pueblo también… quien se acerque a mi hogar.

Morirá… La gente se inmutó ante la brutal amenaza de Nohier.

No había terror, ni miedo ni pena en su mirar.

Como si todo estuviese movido con una lógica tan fría, que incluso la misma rabia quedaba callada ante los filos flotantes en el aire.

—Ahora dispérsense… La multitud se separó.

Se vio cómo los filos se hicieron polvo en el aire, con la lluvia de polvo desapareciendo.

La silueta de Nohier se perdía en la lejanía de sus pasos … A lo lejos, desde la muralla.

Vestidos con la armadura imperial de la guardia.

Después de haber presenciado aquel episodio.

Solo les quedó cruzar miradas con algo de disgusto en el fondo.

—Esto está marchando por mal camino… ¿y así quiere Kantaro introducirnos en los juegos de la guerra?

—preguntó un soldado.

—¿Tú qué opinas, Walder?

—No sé qué decirte… yo estoy a punto de tener un hijo.

No quiero que crezca en una ciudad así… ― le responde Walder a su compañero.

― Pero oponerse a esto es más peligroso que seguirle la corriente… solo espero que no me arrastre a una cascada… —la verdad… siento miedo de lo que fuera a pasar en el futuro… ese tal Nohier es muy poderoso… —un talento nato en acero… es un elemento bastante versátil… ¿lo viste pelear?

—le pregunta Walder, curioso.

—No… pero me enteré de que hirió al capitán Altharion.

Luego sostuvo una pelea contra un desconocido en la calle… esa sí fue peleada… Walder miró a la gente de la calle desde la altura.

Posturas de disgusto y repudio ante la pasada presencia del estratega.

—si el pueblo se revela… ¿pelearías a favor de la gente?…

― le pregunta mientras dejaba su lanza a un lado, tomaba asiento sobre la valla de ladrillo y se sacaba el casco ―depende… hay mucho que perder… si en la batalla, está ganando el pueblo, claramente jugaría al traidor y ayudaría a la gente.

Porque sé que es lo correcto… en cambio, no puedo arriesgar mi vida solo por tirar piedras al aire… —ya veo… gracias por responder… — expresa Walder.

—este mes fue muy complicado… gente rogándote días de espera, un descuento o ayuda… y luego estábamos nosotros, con compañeros que disfrutan golpear y abusar de las personas… — habla su compañero.

—En el reinado de Greyrat Eldwood, muchos hombres se pudrieron por dentro, Kantaro supo aprovechar eso y realizar el golpe de estado… —menciona frustrado Walder, agarrándose la cabeza.

—No logro entender… tenemos el privilegio de no estar en guerra con nadie… y aun así.

Quieren guerra… este mundo merece ser arreglado… … —Papá… — llama la voz de un joven desde un balcón.

Toid estaba mirando al pueblo desde el balcón de su habitación en el palacio.

―¿qué quieres?

—pregunta Kantaro mirando desde su cama holgazaneando.

―¿no tienes miedo?

―¿miedo de qué?…

―hay gente poderosa buscando cortarte la cabeza.

Y no te veo temblando…― —Son todos hormigas, Toid.

Los de aquel pueblo, como los nobles sin poder como los Eldwood y Linus.

En este mundo, si no tienes el poder, no vales nada… ― le explica su padre ―mírame… gané poder gracias a los guardias que pensaban igual que yo… ahora queremos engrandecer a Tharvella dominando en los juegos de la guerra… —¿También los ves como hormigas?…

―soy tu padre, eso lo heredaste de mí… y estoy orgulloso… —¿Por qué eras sirviente real?

Se supone que servías a los poderosos… —como dije: sin poder, no eres nada… volviéndome sirviente real.

Me agarré de un borde y comencé a escalar… mírame, Toid.

Soy el rey, y tú el príncipe… aquellas hormigas no tienen nada.

Harán lo que se les diga porque son solo hormigas… ―¿a qué poder nos estamos refiriendo, Pa?…

—¿Por qué no te envié a la escuela?

Me habrías salido menos bruto.

― comenta Kantaro, señalándole a Toid con el dedo.

― poder político, Toid… ¿Por qué el pueblo no se alzó cuando tomó el trono?…

porque Eldwood era un rey vacío.

¿Por qué la guardia no se opuso cuando tomé vía libre para matar a Eldwood?…

porque ese poder estaba vacío… —¿Por qué Altharion no me mató cuando estaba aquí con nosotros como capitán?…

porque ni siquiera sus propios hombres lo seguían… era un hombre con poder vacío… ¿te das cuenta, Toid?

Sin poder… se vuelve una hormiga obrera sin más… Toid se ríe con suficiencia.

—Es cierto, Papá… en todos sus asaltos, no lograron nada más que romper una ventana… son hormigas… no sé por qué me preocupo… —Me pone orgulloso escucharte así… falta poco para tu cumpleaños… ¿qué quieres de regalo?

—una esclava… —dice sin pensar Toid — sexy, de buenas curvas y voluptuosa… —enano retorcido… —balbucea Kantaro entrecerrando los ojos.

—bueno… está bien… … Eran las 9 de la noche.

La maga se encontraba practicando su anhelada magia.

Los nobles practicando sus dotes con las armas bajo la tutela de Altharion.

El Ladrón estaba inventando su propio artilugio.

La curandera solo admiraba a su padre practicar con la lanza.

―< ábrete Zarmáso >― ordenó la voz de Mark en todo el refugio.

Una entrada se abrió permitiendo su llegada.

Todo el día fuera, sus pies dentro de la base solo llevaron a todo el grupo a reunirse.

Era momento de por fin explicar detalladamente el Plan.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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