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El estratega de Plata: Arco de Tharvella - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 infiltración
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18: infiltración 18: infiltración Un sujeto encapuchado se puso de pie sobre el tejado de un edificio.

Alzó su arco largo, apuntando directamente al balcón del cuarto del rey.

“—El cuarto del rey tiene un balcón de difícil acceso… pero da vista directa al pueblo… —Habló Mark a la resistencia horas atrás.

―coloque una de las runas que anularían la barrera sobre la cabeza.

Justo en el centro.

Fue tallado con una daga.

Apenas se ve… pero me salió lo suficientemente grande como para usarlo como blanco… ― Explico Altharion.

―perfecto… déjenmelo a mí… ― soltó con confianza Jioro.” Jioro levantó el arco justo en el ángulo perfecto.

Soltó la flecha.

La cual fue disparada dejó atrás un poderoso zumbido en el aire.

iniciando así la primera fase del plan.

La infiltración y liberación.

Ni bien llevado a cabo el disparo.

Jioro soltó el arco y brincó desde el techo, usando su cuchillo para deslizarse desde la pared hasta el suelo.

Con ambos pies en suelo.

La próxima zancada fue veloz.

“—Jioro, una vez dispares la flecha.

No entres a Zarmáso.

Corre hasta el palacio, toma las cloacas y entra por el pozo de la basura.

Ten cuidado, podrían ver Kreevers, procura que no te muerdan… ― le indica Mark.

sin despegar la mirada de sus notas.

―¡¿Kreevers?!

¡puta madre!

¡esas cosas dan asco!

― se queja él.

—¿Por qué no entrar a Zarmáso?

—preguntó Leynian con duda.

―nosotros nos vamos a meter directamente en los calabozos.

Si la flecha que preparamos para anular la barrera falla, quedaremos dentro con posibilidades de ser capturados.

Necesitaremos a un discreto héroe que nos saque del apuro… ― le responde Mark a ella señalando al ladrón con el dedo.” El ladrón corría entre las multitudes de personas buscando la boca de tormenta más cercana.

Cuerpos de guardias ya atentos a la presencia del rebelde no tardaron en plantarle cara.

Se arrastró por el suelo.

Pasando entre las piernas del primero.

Un giro rápido para patearle la espalda desde abajo.

Un ligero impulso para con la espalda y quedar con boca abajo y seguido usar las fuerzas de sus manos para elevarse en lo alto.

De su cinturón emergieron dos ganchos atados a sus muñecas.

Un rápido lanzamiento las llevó a incrustarse en una pared.

Un tirón rápido y sus pies ya estaban contra la superficie de roca, dar 4 pasos en la pared y luego caer rodando en el suelo.

Continúo con su carrera.

Dejando detrás a una decena de hombres anonadados ante la maniobra.

Cada paso le hacía ganar velocidad.

Allí estaba.

Una ligera elevación con caída que arrastraba todo tipo de líquido derramado en exceso.

Tranquilamente entraría un niño de 11 años por ese espacio, ¿pero por qué lo haría?

—¡atrápenlo!

— clamó un guardia.

Él, el cual fue repentinamente golpeado por un mercader.

El ladrón se sorprendió ante tal ayuda.

Pero no era momento para pensar en otra cosa.

Salto.

Cayó de espaldas mientras la inercia le arrastraba por el suelo.

Una postura recta.

El pecho comprimido, y Jioro pudo entrar sin problemas en tal espacio.

… —Ábrete, Zarmáso… —ordenó Leonard, presenciando cómo la entrada se abría directamente en el calabozo.

En el subsuelo del castillo.

No tardaron en pasar por la puerta.

Se cerró por detrás con una delicadeza silenciosa.

—apesta a humedad aquí abajo… —comenta Zayrra.

—es cierto… nunca habías bajado aquí abajo… — menciona Marcus, revisando las celdas tras sus pasos.

Zayrra se gira para verle a Mark ―¿Por qué Altharion, Nim o su padre no podían acompañarnos?

—5 aquí abajo ya somos demasiados… — le indica sin rodeos.

—con cuidado… podría ver guardias en cualquier parte de aquí… — avisa Leynian, con la funda de su espada firme en su mano.

—tampoco se muevan con calma… la flecha solo durará quince minutos… no podemos movernos con el mago y la madre por todo el palacio… — les avisa Mark, aligerando sus pasos.

Con pasos cargados de prisa.

Eludiendo charcos y cualquier fuente de luz que los haga visibles a la vista.

El recorrido fue apurado.

Zancadas que buscaban el máximo sigilo de los pasos.

Un guardia apareció, monitoreando los pasillos.

Todos alcanzaron a esconderse en la sombra del muro de una celda.

El tintineo de unas llaves despertó algo en Marcus y Leonard.

De una movida rápida, el príncipe metió sus dedos en el espaciado de los ojos del casco.

Se lo arrancó de un tirón.

Antes de que el guardia pueda abrir la boca para avisar, un puñetazo seco en la mandíbula parte del bruto de Marcus lo desconecta de la conciencia.

De rodillas al suelo y luego de cara.

El sonido de caída resonó suavemente por el vacío lugar ―a la mierda el sigilo… ― balbucea Marcus.

Mirando a través del pasillo con el fondo iluminado con los fuegos de múltiples antorchas.

Leonard se asoma al pasillo, con llaves en mano.

—los metieron en el lugar más recóndito del calabozo… —la salida está del otro lado… no podrán avisar — menciona Leynian, desenfundando su espada y dando inicio a su caminata hacia los guardias.

El vigía contempló a la noble acercarse sin miedo a él.

Un silbido indicó a los guardias cercanos sobre lo que estaba sucediendo.

Ocho guardias emergieron de la oficina de control.

―mierda… ¡Leynian!

― se queja Mark ―¡deja de quejarte y pelea!

—le ordena ella a Mark.

La noble y el primer guardia corren para reunir sus espadas en un poderoso choque que resuena en todo el pasillo.

Zayrra da apoyo con un hechizo eléctrico de bajo nivel.

Pero suficiente para que el enemigo suelte la espada ante la descarga y sea víctima directa de una patada de Leynian.

Mark arrastró su pie derecho rompiendo el equilibrio del próximo.

La espalda del guardia se encontró con el suelo luego de una caída.

Sus ojos vieron una varilla de metal desencerrada hasta golpearle el estómago con fuerza.

Longlife le dio con todo en caída al guardia.

Antes de que pudieran hacer algo, Marcus envolvió con sus brazos los torsos de los guardias, arrastrándolos hasta acabar en un choque brusco contra el muro.

Tres espejismos de Leonard se aparecieron ante el próximo rival.

El guardia atacó al Leonard de la derecha, pero se disipó como uno.

Mientras que el espejismo izquierdo se tornó real al conectar un gancho debajo del casco.

Una corriente eléctrica tocó la armadura de 2 guardias, haciéndolos volar hacia atrás antes de ser impactados por Leynian y la funda de su espada.

Los dos guardias restantes solo se quedaron mirando; ambos se dejaron caer de rodillas, declarando sus rendiciones.

Tras meter a todos tras una reja.

El grupo no tardó en avanzar hasta una reja en concreto.

―¡Mamá!

― clamaron Leonard y Marcus tras ver a una mujer de rojo cabello detrás de la reja.

―¿chicos?

—balbuceó la mujer sorprendida y confundida.

La cerradura se destrabó, y ambos ayudaron a su madre a salir con la delicadeza de una flor.

—¿Cómo fue que…?

¿Cómo lograron entrar?…

—Preguntó casi sin aliento debido a su asombro.

—Lo verás pronto, Madre.

—explica Marcus.

Llevándola hasta una pared.

—Ábrete, Zarmáso… —habla Mark, presenciando la apertura de la puerta en el muro de ladrillo.

—Madre… metete en esa habitación.

Nos veremos luego… ― le pide Leonard a su madre a medida que la escoltaba hasta la salida.

—mis muchachos… —murmura la dama admirando a sus dos hijos con ojos cristalizados en lágrimas —¿Cuándo han crecido tanto?

—preguntó casi con el corazón en la mano.

Mark ayudó a la dama a pasar la puerta.

Mientras tanto, Leynian y Zayrra seguían navegando en las celdas en busca del mago Pharagus.

Leynian pasó frente a una reja, pero retrocedió al instante al notar algo extraño.

—¡Zayrra!

— le llamo Leynian.

La maga no tardó en acudir al llamado, topándose con la escena de un anciano.

Con un sipo en el cuello, cuál animal, manos encadenadas en la espalda y una llave que le impedía cerrarlas.

El anciano no podía hablar por una mordaza en la boca.

Pero estaba claro que para el juicio retorcido de Kantaro.

Ese anciano era la persona más peligrosa en todo el palacio.

El mago de la realeza.

El Hechicero real Pharagus.

—¡¿lo encontraron!?

—preguntó Mark llegando en un trote.

Encontrándose al mago aprisionado como criminal.

―madre mía… —exhalo impresionado.

—Maestro, lo sacaremos de aquí… —aviso Zayrra, usando magia de fuego para fundir cadenas y candados.

El viejo estiró la espalda, miró a Mark con sus dudas.

Pero luego a sus dos conocidas.

—Me alegra saber que son las primeras dos caras que veo en el día… —menciona el anciano, mientras era guiado hasta Zarmáso con prisa.

―Mark… ¿Cuánto tiempo nos queda?

― preguntó Leynian con el paso aligerado y mandíbula tensa.

—Relájate… nos quedan 3 minutos suficientes para salir… — aviso Mark.

… Toid entró al cuarto de su padre, apreciando la habitación del rey por tercera vez en el día.

En la fecha en que su padre deje el cargo, él lo tomaría.

Toid Canvil, Rey de Tharvella.

En su cabeza sonaba fantástico.

Casi mitológico.

Salió al balcón.

Para apreciar el pueblo de hormigas desde aquel lugar tan privilegiado.

Presencio desde lejos la disputa entre los civiles y la guardia.

Insultos, reclamos y empujones hacían un eco sordo en los oídos del príncipe.

Retrocedió unos pasos acomplejado.

Sus pupilas subieron para ver una flecha incrustada arriba de la puerta de balcón.

Había rayones en la piedra, pero no se distinguía bien desde su perspectiva y el sol reflejándose a través del vidrio de la puerta.

Su mano se colgó de la flecha.

El peso de su cuerpo hizo el resto, arrancándola del muro.

Al apreciarla bien.

Noto los garabatos de runas dibujadas.

Una punzada se presentó en su nuca.

Algo andaba mal.

―¡papá!

—Llamó con pánico mientras entraba de nuevo al cuarto.

… Pharagus acababa de cruzar la entrada de Zarmáso.

El anciano sintió cómo su magia volvía a asentarse en su cuerpo, como si por fin respirara después de horas bajo el agua.

Mark estaba junto al acceso, atento.

En cuanto Pharagus regresó del trance, se colocó a su lado para dejar pasar a los demás.

Algo vibró en el aire.

Una tensión sutil, como un hilo que se estira demasiado.

Mark intentó trazar una runa para encender una flama, pero su maná titubeó.

—Deprisa —alcanzó a gritar.

La puerta del muro se cerró de golpe, empujándolo hacia adentro, y un temblor sacudió todo el edificio.

Los cuatro perdieron el equilibrio y cayeron al suelo.

Leonard quedó paralizado, una mano apoyada contra los ladrillos aún temblantes.

—No… no ahora —murmuró.

—¡Mierda!

¡Tenía que pasar justo en el peor momento!

—rugió Mark, golpeando el piso antes de levantarse.

—¿Estamos solo nosotros?

—preguntó Zayrra, tragando saliva.

—Colóquense la extensión de la barrera —ordenó Leonard, forzando la voz a mantenerse firme—.

Esto va a ponerse feo.

Mark apretó los dientes.

—Esto no estaba en el plan… maldita sea.

Quedó atrapado dentro del refugio, acompañado por la madre de los Eldwood y Pharagus, mientras Leonard, Marcus, Zayrra y Leynian permanecían bajo el subsuelo del palacio.

La maniobra inesperada de Toid Canvil había roto la fase 1 del operativo y los había separado, obligándolos a continuar la fase 2 desde dos frentes distintos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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