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El estratega de Plata: Arco de Tharvella - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 La Noble y la Rebeldía
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2: La Noble y la Rebeldía.

2: La Noble y la Rebeldía.

—Dime… eres de Narzu, ¿verdad?

—preguntó Leynian mientras caminaban bajo el dosel de los árboles, con pasos tranquilos y sin prisa, mientras la noche se asomaba poco a poco.

—¿Qué te hace pensar eso?

—replicó Mark, con un dejo de curiosidad.

— El lenguaje que usaste para pronunciar los dos hechizos antes… es el que se usa en Narzu.

—Buena observación… —dijo Mark, algo impresionado.

—Sí, soy de Narzu… —Así que vienes del reino más poderoso de todo “punta este” … —murmuró Leynian, intrigada.

—tal vez… no sé, no estoy muy al día con los status de poder de cada reino… solo sé que Narzu acabo de pasar por la tragedia de Lazarus nova… pero me da igual, mientras más lejos, mejor… —le responde sin desviar el mirar del camino.

—Tharvella y Porthual parecen reinos tranquilos; me enteré de que carecen de ejércitos para la guerra… es una lástima que no pueda explorarlos más… —¿Cuál es la prisa?…

¿Por qué no ver el paisaje?…

Tharvella tiene hermosos lugares por explorar… me gustaría verlos cuando tenga oportunidad… ― comenta Leynian con una sonrisa sincera.

―yo no hago turismo… — ¿entonces qué haces…?

—Me alejo de todo… Narzu tiene al ejército de plata, Holganä al ejército del mantra naranja.

Notumheim al ejército de Torre acero.

Y así cada región tiene su propia armada… ―le explica Mark —la verdad, todo esto me tiene saturado… — le confiesa.

― ¿odias la guerra?…

― —Desprecio la muerte… —corrige con tranquilidad.

―por eso no me permitiste matar a los guardias… ― se da cuenta Leynian ―por eso mi espada es una vara de metal que se ensambla… ―agrega al ejemplo Mark.

—un soldado no se da cuenta… pero cuando mata a al menos.

A un enemigo… no tiene en cuenta si está destruyendo algo… —Las batallas aquí son como un deporte… son solo para presumir una victoria en casa… un status de poder y respeto… no importa el costo, una nación solo quiere el 1er puesto.

—Holganá pasó por una dictadura solo para preparar una armada y derrotar al ejército de plata, destruyeron a su propia gente solo para ganar un puesto arriba en la gráfica… —ya no estás actuando como un Búfon… —se ríe Leynian.

Impresionada por la información—es que me van a pagando por caminar… no quiero arruinar la oferta… —bromea Mark — Eres muy hábil para ser un “mendigo viajero” … eres inteligente, y tus movimientos son muy… —¿Podemos dejar de hablar de mí?

—La interrumpió Mark, con fastidio.

—Dime, ¿qué pasó con el Reino que ahora anda con un grupo rebelde?

—El rey estaba enfermo, y su hijo estaba a punto de asumir el trono.

Leonard Eldwood.

― Ya veo… ― Mark arqueó una ceja.

― Y, ¿el muchacho resultó ser un pésimo rey?

—¡No, para nada!

—respondió ella con firmeza.

—Él es el líder de la rebelión.

― ¿Leonard?

—Cree que un tratado de paz y una alianza son más fuertes que un ejército.

Antes de asumir como Rey, intentó sellar un tratado con el monarca de Notumheim.

— Oh… — Mark se cruzó de brazos, ya sospechando el giro.

— Ya tengo una idea de por dónde va la cosa… —El sirviente del Rey lo traicionó.

Le arrebató la vida antes de tiempo, y los guardias conspiraron en un golpe de Estado.

Expulsaron a la familia Eldwood del trono, mientras Leonard estaba fuera.

—¿Qué pasó con el tratado de paz?

—preguntó Mark, inclinándose hacia ella.

― Se logró dar… el monarca aceptó.

― respondió ella, pero su voz bajó un tono.

― El problema es que ahora Tharvella está bajo el mandato de un tirano.

Corremos el riesgo de que estalle una guerra por un falso tratado.

—Ajá… —Mark entornó los ojos.

—El apellido Eldwood está en ese tratado.

—Exacto.

—asintió.

—El problema no es el documento en sí… sino que puede convertirse en un arma, un tratado engañoso usado en contra de todos.

—Tenemos un mes para recuperar el trono… —agregó con seriedad.

—Un mes antes de que la segunda hija del monarca llegue para casarse con Eldwood.

Mark arqueó una ceja, soltando una risita socarrona.

—Oh… entonces Eldwood la ligó doblemente con el tratado… qué jugada peligrosa.

— No es gracioso… Leonard estaba tratando de dar un primer paso como futuro Rey, y a sus espaldas asesinan a su padre y encarcelan a su madre… —La vida no es justa… —respondió Mark con frialdad.

—Espero que pueda solucionarlo.

Leynian lo miró con una mezcla de rabia y desilusión.

— ¡¿Después de todo lo que te conté, no nos ayudarás?!

— No es tan fácil, Len… ― suspiró él.

― Meterme en un tema que no me incumbe solo me traerá problemas a mí.

— Eres un egoísta… Mark la observó fijamente, con esa calma irritante que le era natural.

—Ahí entramos en un dilema, ¿no crees?

¿Quién es más egoísta?

¿El que sigue su camino… o la que pretende arrastrarlo a un conflicto que no le corresponde?

Las palabras se clavaron en el aire.

Leynian se quedó en silencio, incapaz de encontrar una respuesta inmediata.

—Veré cómo puedo aportar… pero no pretendo quedarme más de un día —soltó Mark mientras avanzaba, trayendo un poco de calma a Leynian.

— Tal vez me consideres bueno peleando… ¿pero de qué te sirvo?

Ni siquiera pienso en matar a alguien.

Y si la tarea es eliminar al tirano… pff, más bien se las complicaría.

—Eras bueno pensando y anticipando… —insistió ella.

—¿Por qué contabas en voz alta cuando realizaba una acción para atacarte o liberarme?

—Eran pistas… —respondió con simpleza.

—Me habían hablado de un fugitivo, y de pronto apareces tú con una herida de espada.

Solo calculé todo lo que podías hacer… y lo anticipé.

— ¡Ves?!

¡Sé nuestro estratega, Mark!

― exclamó Leynian con entusiasmo.

― Danos un plan que nos acerque a la victoria, te pago el doble y luego te vas.

Mark alzó una ceja, divertido.

— Como que sueltas dinero muy fácil, ¿no?

Bien que eres amiguita del Rey, no abuses de su bolsa… Ella bajó un poco la mirada antes de soltarlo casi como un reto: — Soy una noble… mi familia colaboraba de cerca con los Eldwood.

Por eso… soy una rebelde.

—¿Podrías parar con el tira y afloja?

—preguntó Mark con su calma habitual.

—Me sorprende lo natural que les sale a las mujeres… casi caigo.

—¡Te digo en serio, soy una noble!

—protestó Leynian, dolida.

Mark arqueó una ceja, medio divertido.

— Nunca dije que no lo fueras… me refiero a la intención de hacerme trabajar para tu causa.

—¿Tan jodidos están?

¿En serio necesitan a cualquiera en la rebelión?

― replicó con ironía.

Leynian bajó la mirada, la voz le tembló apenas.

— Nuestra situación es más complicada de lo que crees… Mark cerró los ojos y soltó un suspiro largo, cargado de frustración.

No dijo nada más, ni redujo el paso.

… Mark se detuvo frente al muro de la muralla del reino.

Alzó la cabeza y su mirada recorrió los más de treinta metros de altura.

—Tuvimos suerte de no cruzarnos con algún duende o… lo que sea que haya en esta región… ― murmuró, sin apartar la vista del muro.

—¿Y ahora qué?

Le canto “¿Ábrete, sésamo” a la pared o…?

—preguntó, girando la cabeza hacia Leynian, que empujaba la metálica puerta de salida de las cloacas.

—No… —respondió ella, con un dejo de resignación.

—Lo siento mucho, pero nos toca entrar por aquí.

—Dime que al menos no implementaron el sistema de retretes en este lugar… —bromeó Mark.

—Muy pocas casas lo usan por ahora.

La mayoría de las cloacas todavía sirven solo para desaguar las lluvias… ― explicó Leynian.

Mark soltó un suspiro de alivio y la siguió, pasando detrás de ella.

Las cloacas tenían un camino de humedad que seguía a lo largo de cada parte de la zona oscura.

El aroma no era tan desagradable.

Se notaba que aún no era usada para desechos, solo el olor a humedad invadía las fosas nasales.

—Si aquí sueltan desechos, seguro habrá una pequeña plaga de Kreevers… —advirtió.

—¿Kreevers?

—preguntó Leynian, algo intrigada.

—Son como ratas, pero del tamaño de un lobo.

Se alimentan de desechos y de plagas más pequeñas… ― explicó Mark.

—Nunca vimos de esas aquí… —comentó ella, algo aliviada.

—Espero que siga siendo así… Son asquerosas.

Una vez me metí en una cueva para dormir y tuve que enfrentarme a una plaga de trece Kreevers… ― murmuró Mark, frunciendo el ceño ante el recuerdo.

Mark hace un breve silencio mientras sigue a Leynian, quien gira la cabeza para verle.

—¿Qué sucede?…

—Sabes lo que haces, ¿no?…

¿Estás llevando a un desconocido a un escondite rebelde?

—¡claro que sé lo que hago!

—aclara Leynian frunciendo el ceño… ―Len… ¿sientes eso?

― pregunta Mark, arrugando la nariz.

—¿Sentir qué?

—el aroma… El aroma de humedad se iba opacando por otro aroma repugnante.

Chillados y mascadas húmedas se escuchaban no tan lejos.

—¿Alguien sabe que se esconden aquí?…

—Todo el reino sabe que nos ocultamos en las cloacas… pero no encuentran el escondite exacto… —Seelenflamme Schein —pronunció Mark mientras levantaba la mano.

Una runa rojiza se manifestó en la mano de Mark, y arriba de esta la flama de una vela tan fuerte que iluminó un gran área cerca de ellos.

—Sabían que estabas herida y débil… —le comenta Mark a Leynian.

Mientras él tomaba la delantera ―señálame el camino… —Recto… —señaló Leynian, empuñando su daga con firmeza.

Mark, ya casi al final de la zona iluminada, notó cómo un sendero se abría hacia la derecha.

Un chillido agudo resonó en la oscuridad.

Rápidamente, sacó el puñal de espada de su bolsillo y lo ensambló con la varilla de acero, formando su improvisada espada.

Una criatura repugnante se presentó ante ellos: un Kreevers.

Mezcla entre perro, mapache y rata, con restos de excremento en la boca.

Su aspecto era horripilante, y aún peor al estar tan cerca.

—¡Qué asco!

—gritaron Leynian, retrocediendo.

—¡Que no te muerda!

—advirtió Mark—.

Tiene tanta suciedad en la boca que su mordida te infectaría la herida en un instante.

Tras la criatura, aparecieron 6 más de ellas.

Mark dio un paso atrás, resbalando con la humedad y cayendo al suelo.

La cañería se apagó por un momento.

Leynian retrocedió unos pasos, escuchando golpes fuertes, chillidos de dolor y esfuerzo, tanto de Mark como de las bestias, pisadas en los charcos, el choque de la varilla contra el suelo.

― ¡Seelenflamme Reinheit!

—clamó Mark con rabia.

Una runa más compleja que la anterior apareció en su mano, manifestando una flama potente que flotaba frente a él.

Mark lanzó la llama hacia uno de los Kreevers; al rebotar y regresar, la pateó, enviándola a otro.

Mientras tanto, recogió su espada del suelo y conectó un golpe certero en la cabeza de un tercer Kreevers, partiéndole el cráneo en el impacto.

Las ratas huyeron ante la intensidad del fuego.

Mark miró a la derecha, notando una montaña de excremento a lo lejos.

—Hijos del diablo… concentraron la plaga aquí como trampa… —gruñó Mark, con evidente dolor.

Leynian observó al Kreever muerto y le lanzó a Mark una sonrisa juguetona.

—Creí que no matabas… —No mato a humanos… —aclaró Mark, levantando la botamanga de su pantalón y mostrando una mordida que empezaba a morarse por la carne infectada.

Leynian se tapó la boca, impactada por la visión.

Dejó caer su mochila, la abrió y escarbó en ella…

sacando una botella con un líquido rosado.

El fuego se apagó sin aviso.

—tranquila… solo me quedé sin maná… — le aclara Mark, siendo iluminado por el brillo del líquido de la botella.

—¿Qué es eso?…

—una opción de curación… se supone que debe limpiar la infección… Vertió el contenido sobre su herida; el morado de la herida se perdió en un instante.

Rebusco en su mochila, sacando un rollo de vendas.

Con las cuales envolvió su herida y se puso de pie.

Dando un fuerte pisotón.

—espero que tengan alguna poción de maná en el escondite… necesito restaurar esta herida… —Tranquilo… tenemos una curandera en el grupo… —Voy a repetirlo… ¡¿Estás segura de que sabes lo que haces?

—¡Claro que sí!

—rezongó Leynian, frunciendo el ceño.

—Bueno, te creo… … —¿Uh?…

—susurra una chica extrañada.

—¡Leonard!

―lo llama enseguida.

Un joven de cabello rojizo entra en el cuarto, encontrándose a la muchacha con varios libros en la mano.

—¿Qué sucede, Zayrra?

—pregunta el príncipe, intrigado.

—Las runas de detección marcaron la presencia de Lyn… y junto a ella, una fuente enorme de maná.

—¿Quieres decir que…?

—Es posible… —responde con seriedad.

—Alístate para un posible ataque —ordena Leonard, dándose la vuelta.

―Marcus, prepara a todos.

―Entendido.

… Mientras tanto, Mark y Leynian llegaban a un pasillo sin salida.

—¿Y ahora?

—gruñó Mark, tanteando el muro como si buscara un interruptor escondido.

―Ábrete, Zarmáso ―ordenó Leynian.

De inmediato, los ladrillos comenzaron a reacomodarse, separándose de forma imposible hasta dejar ver una puerta de madera.

—Tiene que ser una broma… —murmuró Mark, incrédulo—.

¿Por qué aquí y no afuera?

—Saludos, Leynian Linus —respondió la puerta, con una voz profunda.

—Hasta habla… —susurró Mark, impresionado.

Ambos dieron un paso al frente, atravesando la puerta de madera.

Todo ocurrió demasiado rápido.

Cuando Mark recobró la conciencia, ya estaba sentado en una silla tosca, atado de brazos y piernas contra la madera.

—Creí que sabías lo que hacías… —murmuró Mark, con decepción en la voz.

—Lo siento… —respondió Leynian, bajando la mirada, avergonzada.

El viajero alzó la vista: estaba rodeado por todo el grupo de Leonard.

Todos lo observaban con una seriedad férrea.

Sus ojos se movieron lentamente, paseándose con frialdad por cada uno de ellos, uno por uno.

El grandulón del grupo empuñó su hacha con firmeza.

Entonces, sin previo aviso, Mark esbozó una sonrisa suave, casi forzada, cargada de ironía.

—Hola, me llamo Mark Arminton y tengo 24 añitos… —canturreó con un tono infantil.

― ¡Cállate!

—ordenó Leonard con dureza.

—Vas a responder todas mis preguntas.

—Claro, su majestad… —replicó Mark, manteniendo ese timbre infantil y burlón, como un niño impertinente frente a un adulto.

El príncipe apretó la mandíbula con molestia, conteniendo la furia ante la insolencia de su prisionero.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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