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El estratega de Plata: Arco de Tharvella - Capítulo 20

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20: Caos 20: Caos “—la vida no es gratis.

Debes trabajar duro para mantenerte de pie”.

Esa fue la lección de un padre que se levantaba a las cinco de la mañana cada día, para salir a cazar, vender carne de calidad a las carnicerías y poder mantener los estudios y la vida de sus hijos.

Armand es el menor de tres hermanos.

Creció bajo la enseñanza de ser una persona trabajadora, con la capacidad de no depender de nadie si la vida se tornaba complicada para él.

“—Hay que tener ambiciones, deseos que nos lleven a la cima”.

Esa fue la frase de una madre que quería que sus hijos fueran ambiciosos y lucharan por aquellos deseos que se proponían a sí mismos.

Una frase de una mujer amorosa y soñadora, que siempre buscaba inspirar a sus hijos y marido.

A pesar de aquella bondad de donde nace la frase, está mal dicha.

La frase exige al individuo ambiciones que lo lleven a la cima; la frase verdaderamente pide al individuo que sus deseos lo lleven a superarse.

A pesar de estar mal dicha, cumplía su función.

Los hermanos mayores de los Nohier cumplieron con sus ambiciones.

Cletus Nohier, el mayor.

Aspiro a ser médico, trabajando para ganar dinero y con la ayuda de su padre, pagar sus estudios en la academia militar más orientada a la matrícula de medicina.

Samuel Nohier no se fue por el lado académico.

Practico arte y comencé a trabajar como pintor de un artesano.

Ambos hermanos mayores supieron hacer buen uso de la leña que sus padres lanzaron al fuego.

Pero del tronco nace siempre una rama.

Armand fue el único de los hermanos que entendió la frase por cómo se menciona originalmente, y nadie estuvo ahí para explicarle el significado original de la frase.

No era un genio en toda la palabra, pero aun así se comportaba como tal.

Quería ser inteligente, estudiaba todo lo que estaba a su alcance.

A tal punto que el conocimiento se tornó una obsesión para él.

Quería ser fuerte, entreno su cuerpo día y noche hasta lograr una buena aptitud física.

Su prueba fue darle una paliza a quienes molestaban a un niño.

Quería amigos y mantuvo a su lado al chico que defendió.

Quería la misma grandeza que sus hermanos y se metió en la academia militar para ser un soldado poderoso, capaz de escalar a ser subcapitán.

A pesar de tener que ir a la segunda peor academia de Punta Este, perteneciente a la región de Tharvella.

El sistema educativo le presentó un sistema evaluativo muy excitante para él, la nota numérica.

Dicho sistema le permitía competir con cada individuo de la escuela, obsesionándose con llegar a constantes 10.

El rumor de que un joven estaba en camino a ser el nuevo espadachín de Tharvella hizo ruido en el pueblo.

Tras retarlo e intentar demostrar que él era mejor, el muchacho se topó con su primera pared.

Un joven Leonard lo había logrado derrotar sin despeinarse a Armand.

La batalla fue en privado, sin espectadores a la vista.

Pero aun así, una herida intensa se abrió en él, jurándose ganar el próximo duelo.

Jurándose no, obligándose.

En un examen, Nohier se encontró con un resultado de 9,5.

Un resultado que no le sacudiría el ego.

Lo que le haría agarrar rabia es encontrarse que su único amigo estaba tratando de superarle en resultado, no era capaz de entender lo que era una competencia sana.

Sana o no, él debía ganar siempre.

Lo único que se supo del chico fue que apareció moribundo cerca de la boca de una cloaca.

Desde ese día, Nohier permaneció solo, cultivándose y superándose a sí mismo.

Esforzándose en que nadie sea capaz de superarle.

Rumores de la clase se hacían cada vez más fuertes, Armand no estaba bien de la cabeza, era alguien maligno.

No quería amigos, quería seguidores Todo cambiaría repentinamente cuando surgió la noticia de la muerte de su padre.

En una de sus cacerías, fue emboscado por un engendro de roca.

Siendo hallado por guardias y confirmado por la autopsia de su propio hijo.

Ese día fue el día que la llama de Nohier comenzó a apagarse.

Lo último que se supo del estratega fue que se graduó a los 16 años como un prodigio.

Tiempo después, Cletus se mudó lejos de Tharvella para aprovechar oportunidades laborales.

Más específicamente en los reinos partícipes de los juegos de la guerra.

Samuel siguió los pasos de su hermano mayor y se fue a buscar otras oportunidades, mudándose a países con bellos paisajes, esperando ser trasladado a un hermoso lienzo.

Este abandono solo sumaría más y más a la extinción de aquella llama.

El final de ese fuego culminaría en la enfermedad de su madre.

Obligando a Nohier a trabajar solo para mantener respirando a su madre.

Trasladado a ser un fantasma en el pueblo durante cuatro años.

El único momento cuando la llama tuvo el atisbo de revivir.

Fue cuando Kantaro tocó su puerta ofreciéndole un trato.

Dándole la oportunidad de tener ambiciones otra vez, salvar a su madre.

… Los pasos resonaban en el caótico pasillo, guardias alistaron sus defensas para asegurar a Kantaro en sus espaldas.

La silueta sombría de un hombre caminando y a sus espaldas 6 cuerpos.

Nohier había regresado al palacio, sosteniendo a los rebeldes en sus alambres y a Toid.

―¡Toid!

—exclamó Kantaro con preocupación al ver a su hijo caer al suelo delante de él.

Pero sus ojos cambiaron de rumbo al ver caer a los rebeldes.

Sin perder tiempo, los guardias los rodearon, postrando a cada uno de rodillas ante Kantaro.

Débilmente, los ojos de Leonard se fijaron en los de Kantaro.

Una carcajada escapó de sus fauces.

Una risa victoriosa salió de su boca, dejando a su propio hijo en el suelo, y caminó hasta el príncipe, sujetándole del cabello y obligándole a mirarle fijamente a los ojos.

—Mírate… ¡derrotado!¡una vergüenza total!― Se le burla en carcajadas, dándole una patada en el pecho.

Leynian se sacudió, preocupada, pero los guardias no le permitieron moverse.

Los 4 rebeldes solo podían ver cómo Kantaro golpea repetidamente a Leonard.

Sin piedad, sin remordimiento, la sangre de Leonard salpicando la alfombra.

Cuando finalmente abandonó los golpes, ordenó preparar la horca para las nueve de la noche.

El rey estaba desempeñando un espectáculo nocturno, celebrando con un festín, fue en ese momento cuando con un pisotón firme, Nohier se paró ante él.

—La medicina… —interrumpió Nohier, extendiendo la mano.

Kantaro refutó de inmediato la exigencia con arremangarse el brazo derecho, como una cadena astral seguía sujeta a su brazo.

—Aún no… no completas el trato, Nohier… el pacto de sangre no se rompió, aún no atrapas a todos los rebeldes, aún no aseguras mi trono.

La vena de la frente de Nohier se hinchó.

Una mirada tensa y la fuerza de su dentadura eran palpables.

—idiota… ya tienes la medicina, ¡dámela!

¡necesito curar a mi madre, ya no sé cuánto tiempo le queda!

― le exige Nohier, con una desesperada rabia.

―lo siento, Armand.

Pero si te doy la medicina, el pacto se rompe y nada asegura que te quedarás a mi lado como aliado.

―¿y si te mato aquí y ahora?

—le pregunta Nohier, extendiendo su brazo para manifestar una espada.

Al dar un paso para acercarse.

Todos los guardias se interponen ante él.

Sin embargo, múltiples varillas salieron para empalar a uno y cada uno de los protectores del rey.

—E-Espera… —le suplica Kantaro, arrepentido de sus decisiones mientras retrocede asustado.

Las puertas del palacio se abren de golpe, entrando un soldado herido con un anuncio desesperado.

El pueblo se había descontrolado, y la guardia apenas podía contenerlo.

―mierda… No ahora… ― se quejó Kantaro.

―¡imbécil!

¡Te estoy amenazando de muerte y te preocupas más por un estúpido trono!

― se asquea Nohier.

Listo para darle un tajo limpio.

―¡espera!

― se cubre con los brazos sudoroso.

―¡estoy protegido por el pacto!¡el trato es que protegerías el trono de los rebeldes capturándolos!¡si me matas, el pacto te matará por traidor!

―¿me crees idiota?

¡la muerte fue una condición no impuesta!

¡nada te protege, porque eres tan idiota de no pensar en tu seguridad!

― explica sin miedo Nohier, acercándose más.

—y si ese fuera el caso… entonces nada lo protege a él — termina Nohier.

Apuntando su espada al inconsciente Toid.

―si vas a matar a alguien.

¡Mátalo a él!

¡me da igual, puedo tener otro hijo!

― se protegió Kantaro alejándose entre tropiezos del estratega.

―¿que?…

—puedo tener un hijo en cualquier momento, ¡soy el rey!

¡tengo el poder!

¡puedo tomar a una de aquellas dos zorras y tener un hijo mucho más fuerte que el actual!

— expresa Kantaro, señalando a Zayrra y a Leynian.

Quienes, acompañadas por Nohier, los tres le miraron con total repudio.

―por un momento… creí que la mierda de persona era mi título… pero tú me ganas con una montaña de diferencia… ― expresa Nohier, alzando su mano para matar a Kantaro.

—¡Señor Nohier!

―entro desesperado otro guardia.

―¡nos informan de que su casa está siendo asaltada!

¡Las guardias hacen lo posible para defenderla, pero nos resulta imposible!¡venga pronto!

La cara de Armand cambió de rabia lentamente hasta el horror.

No dijo una palabra, pasó entre los 2 guardias con prisa.

—¡Espera, Nohier!

¡no puedes dejarme!

― le avisa Kantaro.

―¡puedes morirte y enterrarte en mierda, Kantaro!

― le respondió con repudio Nohier mientras corría fuera de los límites de la barrera, para sacarse la extensión e iniciar el desesperado trayecto Una plataforma de acero se manifestó levitando en el aire, Nohier puso sus pies encima y la hizo volar para llegar más rápido a la escena.

El aterrizaje fue brusco, la plataforma destruyó parte del suelo y él cayó rodando, solo para ponerse de pie y correr hasta su casa.

Encontrándola envuelta en llamas.

El estratega nunca había sentido tanto miedo en su vida como en ese momento.

Sintió algo quebrarse, él se arremangó el brazo y contempló cómo la cadena que lo ataba a los intereses de Kantaro se rompía.

La puerta estaba abierta, pasó entre las llamas sin miedo a quemarse.

—¡¿Mamá!?

— Llamo con temor, suplicándole una respuesta.

Pero solo el rugido de las llamas era el único que respondía.

Avanzo entre humo y fuego hasta llegar a las escaleras y subir al segundo piso.

La puerta del cuarto de su madre estaba cerrada.

Uso su acero para abrirla de un impacto y entro.

El cuarto aún no había sido alcanzado por el fuego, pero lo impactante llega en una sola persona.

Un hombre, sentado en una silla en medio del cuarto, sus manos cubiertas de sangre sosteniendo una botella de vino.

Era aquel hombre que lo enfrentó en la calle, quien reclamó por la muerte de su hermano y sobrinos.

El hombre mantenía una sonrisa calma, como si ya hubiese cumplido su última voluntad en este mundo.

—Todo tiene su costo.

—murmura con una voz ebria, antes de que los instintos de Nohier hagan volar su cabeza con una cuchilla.

Pasando al lado del decapitado cadáver.

Nohier va junto a su madre, encontrándola dormida, o eso pensó antes de fijarse en el cuchillo incrustado en su pecho.

―No… No… No, ¡mamá!

—exhala adolorido, sin saber qué hacer, a simple vista, se sabía que apuntaron al corazón.

Una muerte que mostró más piedad a la mujer que al mismo Nohier.

—Mamá… —balbuceó entre lágrimas, no podía pensar con claridad, trataba de hacer mil acciones a la vez sin siquiera comenzar a llevar a cabo siquiera una.

Algo se había roto dentro de Nohier.

Era verlo retorcerse en un llanto justo al lado del cadáver de su madre, mientras el fuego del hogar se extendía para entrar al cuarto.

Jurando consumir poco a poco la vivienda.

Los responsables del incendio fueron capaces de ver cómo el hogar se derrumbaba, sin ver al estrega salir antes del desastre.

El pueblo había llegado a una conclusión.

El estratega desapareció junto con su madre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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