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El estratega de Plata: Arco de Tharvella - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 El Gran Farol del Estratega
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21: El Gran Farol del Estratega 21: El Gran Farol del Estratega ―Ábrete, Zarmáso.

― ordenó Mark, pero solo el silencio respondió.

—Mark, hace 2 horas que estamos aquí.

Debemos darnos prisa.

―apura Altharion, mostrándose algo tenso ―ya sé, ya sé… pero no logró entender qué le está pasando a Zarmáso.

― ―me preocupan los muchachos.

¿Habrán escapado?…

―preguntó el señor Nizian igual de tenso que Altharion.

—Desde lo más profundo de mi corazón, espero que sí.

Pero prepárense para un resultado desastroso― expresa Mark con total calma.

―es una lástima que el plan fracasara… parecía un buen plan.

Pero tienes un plan B, ¿cierto?

―¿para qué quieres un plan B?

El plan A aún no está roto.

Solamente se alteró, supongamos que Leonard llevó a cabo el ataque frontal.

Dos alternativas, o gano y cuando salgamos, festejaremos con vino y leche.

O perdió y habrá que rescatarlos.

Las 2 son válidas.

― A la habitación entró el mago real, mostrándose algo agotado, pero con una postura firme.

Él se había encargado de revisar el estado de su propia creación, volviendo al cuarto con un diagnóstico.

—Zarmáso está agonizando… literalmente se comprime con nosotros dentro, si no logramos salir, morirá con nosotros dentro.

― explicó el mago tomando asiento ―La barrera casi lo atrapa dentro del castillo, y ya sabemos que pudo ver pasado… pero fue fuerte y salió antes de ser afectado.

Eso sí, su reserva mágica está inútil, en cuanto desaparezca, lo hará con nosotros.

—Eso suena muy feo — se preocupa Mark.

—¿Cómo podemos revivirlo?

—reparar su reserva y suministrarle una gran cantidad de maná… — le responde de inmediato.

Pero recién me estoy recuperando de estar tanto tiempo sellado en el calabozo, y la señorita Nim no puede sostener tanto tiempo un flujo de maná tan fuerte… ―tranquilo, yo me encargo.

Guíame al corazón de Zarmáso y yo lo restauraré.

… Pharagus guió a Mark hasta un cuarto oculto dentro del mismo Zarmáso.

Entrar fue como darle un juguete nuevo a un niño, un cuarto lleno de runas y símbolos del mismo Zarmáso.

En el medio, un cristal celeste con un brillo a punto de extinguirse.

—El cristal es el corazón de Zarmáso, donde está toda su vitalidad… las runas son sus comportamientos y capacidades.

—Explico brevemente Pharagus, pero Mark no respondió.

El viajero estaba embobado apreciando las runas de su cuarto.

—lo siento… —se disculpa Mark componiéndose.

—¿Cuándo debo suministrarle?

—lo ideal… sería darle una hora completa de energía, para que pueda servirnos en un futuro en la batalla… «O sea que saldríamos de aquí a las seis de la tarde… dándome 5 horas antes de que me toque morir…» analizó Mark, mientras se miraba el brazo, sabía que la cadena que lo ata a Leonard seguía vigente.

El trono estaba lejos de estar recuperado «Yo no quiero morir… pero tampoco me quiero ir a la guerra con las manos desnudas ni respaldo… está bien… » —ok… — acepta Mark.

— aprovechando todas las escrituras de Zarmáso.

¿puedo darle unas modificaciones?

—Estás pidiendo permiso, ¿para modificar el trabajo de casi 3 años?

—le pregunta algo indignado el mago.

—tal vez puedas ayudarme… — bromea Mark.

… —Leonard… despierta, por favor… mantente consciente, por favor… no duermas más, o no sabremos si moriste… —habló la voz de Jioro, pateándole.

El príncipe abrió los ojos con dificultad; un intenso dolor le recorría cada extremo del rostro.

Al bajar la mirada, notó cómo gotas de sangre chorreaban desde su mentón.

Tras levantarla nuevamente, se encontró con la imagen de sus amigos igual de golpeados.

—¿Qué rayos pasó?…

―el rey se desquito con nosotros como si fuéramos sacos de para golpear… a ti se siguió golpeando, aún inconsciente; intentó manosear a Leynian, pero… ― habló Jioro, pero comenzó a reírse, aguantándose el dolor de los huesos rotos.

―¿pero qué?…

—¿Qué pasó?

—preguntó, desconcertado, Leonard, girando para ver a su amiga.

Ella le miró y luego con los ojos señaló a un rincón.

Donde había un dedo mutilado en el suelo.

—Acerco los dedos a los labios de Leynian… y ella no perdonó… Leonard soltó una risa baja y buscó a su hermano, notando que no estaban presentes.

Ni él ni Zayrra.

—Nos interrogan para saber dónde se esconde el resto del equipo… Kantaro perdió los servicios de Nohier y está completamente desesperado… ― le explica Leynian, el dolor se sentía en su voz.

—Pero no sabe que Zarmáso es invisible para quienes no tienen la conexión.

—pueden llevarnos a uno de nosotros como brújula, con el que te confíes — le interrumpe Jioro.

—Jioro tiene razón.

Puedes arrastrarnos hasta las cloacas para dar la entrada a Zarmáso… —esperen… pensándolo bien… no es un mal plan… en Zarmáso deberían de estar Altharion y el señor Nizian.

—Recapacita, Jioro, levantando la cabeza.

—es cierto… no es un mal plan… — habló alto Leynian.

La puerta se abre de golpe, provocando que el silencio se apodere de los nobles y el ladrón.

Al cuatro entra un guardia, arrastrando a Marcus y a Zayrra desde los respaldos de sus respectivas sillas para ser colocados juntos, espalda con espalda.

Ambos goteaban sangre, sus miradas mostraban dolor, pero ambos estaban conformes con estar juntos.

Zayrra dejó caer su cabeza hacia atrás para descansar sobre el hombro de Marcus.

Ambos habían pasado un doloroso momento.

Que ni sus amigos se atrevieron a preguntar qué pasó.

Kantaro entró al cuarto y señaló a Jioro con el dedo.

Se notaba cómo a su mano le faltaba el pulgar de la mano izquierda.

Dio la orden de obligar a Jioro a guiar a la guardia hasta el refugio de los rebeldes.

Tras cruzar miradas, Leonard y Jioro asintieron con una sonrisa ganadora.

Lo último que vieron fue cómo Jioro abandonaba el cuarto escoltado por cuatro guardias.

Al avanzar por los pasillos del palacio, cruzó la vista con un reloj de la pared, notando que eran las 18:45 de la tarde.

Lo primero fue pensar en Mark.

¿estaba muerto?

¿Está vivo?

¿huyó o está en camino para ayudarles?

… Fueron obligados a caminar por las cloacas debido al levantamiento popular en el pueblo.

Era obvio que los aldeanos apostarían por la liberación de Jioro.

Un largo camino hasta que Jioro notó que estaban fuera de la barrera del palacio.

—Ábrete, Zarmáso.

— ordenó Jioro.

Pero en lugar de materializarse una puerta abriéndose, se materializó un ojo de piedra iluminado con maná.

—Mis cordiales saludos, Sr.

Altaír.

¿Ellos cuatro son invitados suyos…?

― preguntó una voz grave, un tono de voz indescriptible, solo se podía imaginar a una roca hablar con voz ronca.

—dile que sí… — ordena el guardia.

―¡para nada!

¡son enemigos!

― gritó Jioro separándose de ellos, arrimándose a un muro.

Los guardias rápidamente fueron a darle fin a su vida, pero un muro con forma de palma separó las cloacas, dejando a Jioro solo y a salvo.

—¿Qué carajos?…

― balbuceó perdido, presenciando cómo a sus espaldas se abría una puerta de entrada.

De la cual asoma la figura de Nim contenta.

―¡el señor Altharion tenía razón!

—exclamó con energía mientras estudiaba el demacrado cuerpo de Jioro.

No tardo en depositarle su magia curativa para aliviarle.

Gritos de terror en la lejanía constante resonaron desde el otro lado de la pared.

Cuando descendió para dejar ver el resto de la cloaca, no había más guardias.

―descuide, Sr.

Altair, solo arrastre a los guardias a la cloaca más lejana de la capital, pero si usted lo desea, puedo aplicar fuerza letal.

―¡no!

¡¿Qué te dijo Mark!?

¡cero fuerza letal!

― regaño Nim al ojo de piedra.

—Mis disculpas, madám Nizian.

―Nim… ¿Dónde está Mark?

—El señor Mark, Altharion y papá están trabajando… ― le responde con una sonrisa confiada la niña ― me dieron la orden de curar a quien sea que llegue y que te reacomodes para un contrataque.

Jioro suelta una carcajada aliviada ―hijos de perra… ― suspiro aliviado.

… ―¡Maldita sea!…

¡¿Dónde se metió Armand?!

¡no puede abandonarnos así como así!…

― se quejó Kantaro, sentado en el trono del rey.

—papá… — murmura por lo bajo Toid — ¿Cómo crees que hubiese reaccionado Armand si la medicina que le darías era una mediocre botella de agua?

—nunca se la iba a dar… el hiperflujo de mana es incurable, debes ser un genio controlando el maná en su estado puro… ¡y eso es imposible!

―Papá… nos estabas condenando a todos… ― —Cállate, Toid.

Un mediocre inútil como tú no puede contrastar con la brillantez de mi plan… tenía a Nohier comiendo de mi palma… hasta que decidieron asediarle la casa y matar a su madre… por suerte, murió en ese incendio.

O estaríamos muertos sin dudar… Ante los comentarios de su padre.

Toid negó con la cabeza, no creía ni una palabra que salía de su boca.

—tengo que pensar en un plan B… sin Armand como mi arma, debo ser apto para pelear en caso de que ataquen… necesito poder… ―¿y si recurres a un conjuro hablado?…

adquiere alguna fuerza y entrega algo… ―¡por fin dices algo útil!¡y lo voy a hacer!― exclamó, conforme el rey.

Sonidos extraños resonaron, de tal forma que los guardias se pusieron alerta frente a la entrada al salón del trono.

Las puertas se abrieron con una fuerza impresionante que azotó a quienes cometieron el error de acercarse de más.

—¡permiso que voy pasando!

—grito la voz de aquel que antes se llamaba “soy idiota” según el rey.

Mark Arminton había entrado al salón del trono con una carreta llena de barriles a sus espaldas.

El viajero desbordaba una sonrisa burlona mientras forzaba la tonalidad del Gero español.

—¡Cómo estáis, chavales!

—clamó a los cuatro vientos.

―¡¿Cómo…?!

¡¿Cómo diablos llegaste hasta aquí?!

― se exalta aterrorizado , aferrándose al trono.

―joder, tus soldados son panes de dios, me cedieron el paso amablemente… ― respondió Mark señalando a su espalda.

Al mirar con atención, se podían ver decenas de guardias tumbados en el suelo de todo el pasillo, sin señal de conciencia.

―te voy a hablar sin más rodeos ni chistes, Kantaro.

Dame a Leonard y compañía, o vuelo el palacio por los aires.

Matándote a ti, a mí y a todos… Kantaro suelta una risa incrédula, recomponiéndose en su silla mientras los guardias rodeaban a Mark —¿Cómo planeas hacerlo, imbécil?

—Seguro recuerdas que Leonard y el resto te robaron 160 kg de pólvora en el pasado.

— responde Mark confiado, señalando los barriles.

Lo inquietante fue la flama desprenderse del dedo de Mark, volviendo más tangible la amenaza.

Kantaro y sus soldados quedaron pálidos ante la revelación.

No tardó en suplicar un alto y ordenar traer a los rebeldes al salón del trono.

… Tras unos minutos, los nobles son atraídos al salón del trono; una mirada de esperanza recorre el rostro de cada uno de los prisioneros.

—aquí están… baja la flama… por favor… ― le pide Kantaro tembloroso.

Logrando que Mark baje la mano.

Leonard se acerca a Mark y le susurra.

—Exígele el trono… La cara de Mark se tensó y negó nervioso.

En ese momento, Leonard se sintió un idiota al pensar que todo estaba ganado.

Leynian, Marcus y Zayrra se acercan a Mark.

Quien con un hechizo de fuego les quema las cuerdas a los cuatro.

—ya los tienes a tu lado — Habla Kantaro mostrándose algo confiado.

―Mark… ¿Por qué tardaste demasiado?

― le susurró Leynian al oído.

Recibiendo como respuesta que Mark gastó tiempo en hacer algunas preparaciones.

—“Soy idiota”… debo informarte que cada salida está cubierta por decenas de guardias… —informa Kantaro, pero se ve interrumpido por las risas de los nobles.

—pasaron días y sigues diciendo mal el nombre… ― Menciona entre risas Mark ―esto va a pasar, Kantaro… yo me marcharé con los rebeldes del palacio, y a cambio te entregaré toda esta pólvora de vuelta… Todos palidecieron ante la propuesta, parecía una decisión completamente estúpida.

Incluso los nobles dudaron de la decisión.

—¡acepto!

—clamó sin dudar Kantaro.

—Pero apenas atravieses la salida del Palacio, ¡decenas de guardias estarán tras ustedes!

—me parece justo… ― murmura con calma Mark ― esto es un pacto de caballeros… rómpelo y volaré el palacio por los aires… ― le habla mientras toma camino al pasillo, haciendo un gesto a los rebeldes de que lo sigan.

El paso de Mark era tan tranquilo que inquietaba a sus compañeros.

―¡¿se puede saber qué estás haciendo?!

― le reclama al oído Leonard mientras le siguen el paso con la piel tensa.

—Bufón, ¿en serio creíste que iba a traer pólvora real?

don barriles de sal y harina húmedos, mezclados con tinta negra.

― le responde en un susurro bajo.

―apenas pasemos por la puerta… Corran lo más rápido que puedan, entren a Zarmáso.

Que Nim los cure y ataque de frente… yo tomaré cartas en el asunto…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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