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El estratega de Plata: Arco de Tharvella - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 El Fuego del Nuevo Rey
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24: El Fuego del Nuevo Rey.

24: El Fuego del Nuevo Rey.

Pasaron aproximadamente 20 minutos de silencio puro.

Nohier y Mark permanecieron mirándose fijamente.

El reloj marcaba las 20:32.

—Responde una pregunta… —pidió Nohier.

—¿Qué te llevó a conseguir tan poder?

¿qué clase de ambiciones te llevaron a coronarte como el más grandioso estratega de todos los tiempos?

―¿ambiciones?…

¿uno necesita ambiciones para ser lo que es hoy en día?…

además, ¿me acabas de llamar “el más gracioso estratega de todos los tiempos”?

¿En serio llegué a tal extremo?

Sabía que me volví algo temido… pero ¿el más grandioso?

Son muchas flores para mí… ― —¿eh?…

¿de qué me estás hablando?…

¿no tuviste ambiciones de que te hagan trabajar para lograr tu fuerza?…

—No… para nada… creo que todo lo que sé hacer fue por mera curiosidad… era un niño que en el fondo, sabía que el mundo era infinito… — le responde con calma Mark.

—Lo admito, quería hacer que mi figura sea reconocida de alguna forma más allá de mi apellido… pero me daba igual el método… con mi mejor amigo, queríamos abrir un taller, tal vez investigador o algo que me dé renombre… creo que estratega fue el camino más fácil que tome… pero no porque sea un genio… sino porque fue el camino más corto que encontré… o consideré… ―continuó Mark.

—A lo que voy… es que ser estratega no fue mi deseo total… ¿me esforcé?

Sí, pero nunca fue mi meta principal… ― Nohier se quedó inquietado, mirándole a Mark con total sorpresa.

Viendo su expresión sincera.

Sintió rabia al verlo tan tranquilo.

―¡¿que?!

¡Qué mentiroso!

¡¿Me estás diciendo que ser Lazarus Nova fue solo un paseo para ti?!

― le reclama Nohier, con una mirada enfadada.

—Te acabo de decir que me esforcé… un promedio de 10 no se mantenía así como así… —¡¿Promedio de diez!?

—repitió rabioso Nohier.

—tanto potencial… sin ambición… es de débiles… ¿Por qué escapaste de esa vida, Lazarus?

—Te dije que no me llamó Lazarus, me llamó desde nacimiento Mark Arminton… Lazarus Nova fue un apodo que me puse… como dije, quería ser conocido más allá de mi apellido.

— le aclaro antes de responderle — abandone el lugar por problemas externos e internos… —Ja… —exhala en burla Nohier— eres patético… yo creí que eras grandioso, que podía aprender de ti… que superarte sería un reto.

Pero solo eres una pared a escalar… ― —solo eres un pobre desgraciado escapando de su grandeza… ¿creías que no sabía la historia de que moriste?

Tanto potencial… desperdiciado por su simpleza… ― Expreso Armand con una sonrisa ganadora.

Mark bajó su mirada para ver su reloj de bolsillo.

20:37 marcaban las agujas ―bueno… habrá mucho que discutir en nuestra pelea… ― le comunica Mark, con una mirada molesta, llena de desdén.

―a las 21:10 ya estarás muerto, Lazarus… no, no eres digno de esa grandeza.

Arminton… —Ahí me gustó más, adoró ese apellido… —le responde Mark, mientras se tronaba la nuca, mostrando una mirada llena de confianza.

… ―¡carguen los cañones!

¡maten a esos desgraciados!

—ordenó Kantaro mientras sostenía una espada en su mano.

La gente del pueblo había logrado subir hasta el territorio del palacio, no había magia ni armas.

Solo un pueblo que quería llevarse todo por delante.

Guardias alistaron los cañones, apuntando a la entrada principal.

Cuando estaban por cargar, se percataron de que la pólvora se notaba extraña.

Al tocarla, se dieron cuenta del engaño.

La pólvora era falsa.

El pueblo entró sin miedo al patio delantero del palacio, donde se encontraba la rebelión batallando por entrar al palacio.

Leonard, al ver a la gente unirse a la batalla, no pudo sentir nada más que más ganas de pelear por ellos.

—¡Todos a la carga!

—ordenó Leynian con la mirada iluminada.

―¡ayuden a la gente!

¡que nadie muera!

―Ordenó Leonard, chocando su espada con la de un enemigo ―¡revisen los demás barriles!

—ordenó otro guardia.

Compañeros, levantaron un barril con dificultad, era más pesado que el resto.

La respuesta llegó sola cuando de un tajo el barril se abrió.

Altharion, quien se ocultaba entre los barriles de pólvora falsa.

Tenía su momento de entrar al conflicto.

2 hábiles patadas fueron difíciles para lidiar con cada guardia, y un tajo leve al último, solo para incapacitarlo con la precisión de un águila.

—¡Leonard!

— le llamo su maestro.

—¡Maestro!

—respondió el príncipe al percatarse de la presencia de Altharion en la zona de los cañones.

―¡entren al palacio de una buena vez!

¡yo pelearé con el pueblo!

― le ordenó sin rodeos.

―¡ya lo escucharon!

¡todos adentro!

—Ordenó Leonard a sus aliados.

—¡Denle una paliza!

—suplicó un hombre de montón mientras forcejeaba con un guardia para quitarle la espada.

deteniéndose sin seco ante los gritos de la gente.

―¡detengan esta barbarie!

¡se los suplicamos!

― ordenó la sastre Katan, ayudando a controlar a los guardias acompañada de más personas.

—¡Libérenos!

—grito la esperanzadora voz de un joven.

Roudrik, el alquimista, quien batallaba a la par de sus vecinos, a la vez que era alcanzado por el filo de una espada.

—¡VAMOS!

—exigió Leynian, agarrando a Leonard del brazo y arrastrándolo al palacio.

Avanzaron por el largo pasillo de piedra; no había tiempo para apreciar los muebles dañados o los escudos de la familia Eldwood dañados.

Solo entraron para encontrar al trono vacío.

Marcus dio unos pasos al frente y de un manotazo mandó a volar el trono, solo para ver cómo Toid emergía de detrás con la lanza de Leonard en mano.

Rápidamente la atrapó desde el asta, con la punta a centímetros de su cara.

La cara de horror de Toid no tuvo precio para el grandulón.

―gordo enano de mierda ― balbuceó Marcus mientras dejaba el filo de lado, y el puño derecho aterrizaba en la cara de Toid.

noqueándolo por 2.ª vez en el día.

—¡Kantaro!

— exclamó Leonard de inmediato ordenando su presencia.

Una estampida de guardias no tardó en llegar.

—¡alto!

—Gritaron una voz.

Los nobles se giraron para ver a un guardia reteniéndose un sangrado en el brazo.

Walder había alcanzado a los nobles, pero no se dirigía a ellos, sino a sus propios compañeros.

―El rey Kantaro hoy cae, y los que lo sigan hasta el final serán juzgados como traidores… ¡piensen bien a quién servirán!

― les ordenó el hombre, cayendo con una rodilla al suelo.

El agarre de las armas flaqueó de inmediato.

Los guardias miraban con duda sus acciones.

De los 22 guardias presentes, 14 abandonaron sus armas, retrocedieron del conflicto.

—Gracias… —les agradeció Walder, para caer al suelo ante la mirada de sus aliados.

―¡¿Qué están haciendo!?

― les reclamó Marcus a los recién retirados del conflicto ― ¡ayúdenlo, que no muera!

― les ordenó, mientras veía cómo corrían a la ayuda del aliado llegado.

Los ocho traidores por elección se lanzaron al ataque, pero una corriente de agua los arrastró fuera del palacio; Zayrra ni parpadeó ante la amenaza.

―¡Kantaro!¡muéstrate cobarde!

― Exclamó Leynian furiosa.

Harta de encontrar más y más distracciones.

—Aquí estoy… ya no es necesario que griten… —interrumpió una voz calmada de repente, a la vez que una puerta se tumbaba del marco de un fuerte estruendo.

Todos se giraron para verle a la cara, pero se quedaron congelados al notar su apariencia.

Kantaro no llevaba ropa en la parte superior de su torso, dejando a la vista una musculatura intimidante.

—¿Cómo rayos?…

—balbuceó Leynian— ¡tus brazos eran fideos!

¡¿Cómo rayos…!?

—Fui un idiota todo este tiempo… depender de la defensa de Armand, ¡qué bruto fui…!

— exclama Kantaro, abriendo los brazos como si fuese un actor en teatro.

― Un conjuro hablado… me di el físico que supere del de cada hombre de Tharvella a cambio de todo mi Maná… no poseo mucha, pero era suficiente para hacer que los supere a ustedes… ―¿recién se da cuenta?

― pregunta por lo bajo Marcus, con un tono despectivo —Leonard… no veo una extensión de la runa… ¿en verdad habrá sacrificado su maná?

— preguntó Jioro.

―Eso da igual, debemos de recuperar el trono, levanten las armas… ―habló Leonard, alzando su espada.

―¿no vamos a invocar armas?… ―preguntó Leynian, ―¿para qué?

Por favor, es Kantaro… ― se burla Jioro.

Kantaro se miró los brazos, notando cómo sus músculos se moldeaban con el paso del tiempo.

Estaba en proceso de tratado, recibiendo lo que pedía.

—Kantaro… te ordeno que te rindas… acabemos con esta batalla.

Perdiste… ― le habló Leonard, la firmeza estaba presente en tu voz.

El rey no les miró a los ojos, seguía mirando sus manos.

Leonard dio un paso al frente y rápidamente se vio obligado a bloquear un puñetazo con el eje de su espada.

El filo tembló como si hubiese chocado con otra espada; la potencia fue tal que mandó a Leonard al otro lado de la habitación hasta chocar con la pared.

—Esta fuerza… ¿tanta Maná tenía?

Mierda, que desperdicio de potencial… bueno, por lo menos ahora soy increíblemente fuerte… ― expresó en voz alta el rey.

Contemplado el desconcierto de los rebeldes.

Leynian lanzó una estocada, pero el rey atrapó el filo con la mano desnuda.

El hombre sentía que los movimientos de sus rivales eran demasiado lentos.

En un movimiento rápido agarro a Leynian del cuello e intento apretar con fuerza.

Marcus evitó tal catástrofe lanzando un tajo con su hacha, obligando al rey a retroceder de un salto.

—¡¿Estás bien!?

—preguntó el príncipe a su compañera.

—¡Sí!

— no dudó Leynian en responder mientras se sostenía el cuello.

Kantaro, tras soltar unas carcajadas secas.

Llevó su mano al cinturón y desenfundó una espada.

La segunda arma que Leonard había perdido en el combate contra Nohier, Azuralumbre.

—Creo que tienen bien mentalizado en tomar cosas que no son de ustedes… — Jadea Leonard mientras se levantaba del suelo.

—lo hice con un patético trono, puedo hacerlo con lo que quiera… ― le responde burlonamente el Rey.

Leynian se lanza al combate nuevamente; Kantaro estaba listo para intervenir con un tajo devastador.

Pero Marcus se cruzó en medio, bloqueando el filo de la espada y desviándola, dando vía libre a Leynian para cruzar dándole un tajo a Kantaro.

El corte fue superficial, como cortar carne con un cuchillo sin filo.

El cuerpo de Kantaro se estaba perfeccionando a tal punto que podría volverse un guerrero invencible.

Pero nadie se inmutó, fue un corte, había sangre.

Para los nobles, se podía vencer.

Sin perder el tiempo, Marcus dio un medio giro para conectar un hachazo.

A pesar de eso, el rey logró alejarlo de una patada, una fuerza tal que lo lanzó hacia Jioro.

El ladrón evadió al grandulón de un salto.

Sus pies al tocar el suelo, dieron un brinco rápido para pasar por arriba del hombro de Kantaro y dar un tajo a su espalda.

Medio giro y un codazo fueron suficientes para lanzar a Jioro lejos.

«¡Un golpe!» fue lo que pensó antes de caer inconsciente al suelo Una bola de fuego azotó a Kantaro, generándole quemaduras graves.

―¡no eres invencible, idiota!

¡ríndete!

—Le exigió Zayrra antes de lanzar otro hechizo.

Kantaro fue lo suficientemente veloz para darle un contundente golpe en el estómago, elevándola hasta chocar contra el techo y caer.

―¡Zayrra!

―se desesperó Marcus tratando de atraparla antes de que caiga, colocándose descuidadamente frente a Kantaro, quien ya tenía el arma lista para matar.

Pero antes de lograr hacer el tajo, Leynian y Leonard bloquearon con sus espadas el impacto, igualando la fuerza de Kantaro para bloquearlo.

Permitiendo a Marcus atrapar a Zayrra y salir por él medio.

Uso todas sus fuerzas para completar el envío y empujar a Leonard y Leynian por igual.

Tras un movimiento ágil, Kantaro intentaría conectar un golpe en Leonard.

Quien clavo los pies en el suelo e inclino su cabeza hacia atrás solo para ver el puñetazo acariciándole como una brisa de verano en la frente.

Un tajo rápido irrumpió en el brazo de Kantaro.

Quien se estremeció y se alejó en ese instante.

—Ya puedo leerte… ― le confiesa Leonard con una mirada completamente fuera de sí.

― “Inventarium: Noctivelo” ― pronunció, y la runa manifestó el arma justo en la palma de su mano.

―“Inventarium: Cendaluz”― pronunció Leynian a la par.

Aquella espada forjada por el herrero Héctor.

Devuelta por la mano de Mark, ahora empuñada por su verdadera dueña.

Kantaro trató de usar los poderes de la espada Azuralumbre, pero era inútil.

El muy burdo estaba entregando toda su maná a cambio de fuerza, sin esa energía vital, no podría activar los encantamientos de la espada insignia de Leonard.

El príncipe dio un paso al frente.

Los ojos del rey se abrieron como platos al darse cuenta de un detalle vital.

Él se dio cuenta de que estaba sintiendo los pasos de sus enemigos.

Sus percepciones también se estaban maximizando, motivo por el cual pudo defenderse de Jioro.

Pero en este momento, Leonard se movió como si fuese aire, sus pasos eran vacíos, inexistentes.

“Silencio mortal” es el tercer encantamiento de Noctivelo.

Al aplicar maná a la tercera runa, la espada absorbe todo sonido que su portador realice, incluso la propia voz.

Kantaro cometió su primer error vital, centrarse en detectar los pasos de Leonard, a pesar de tenerlo en frente.

Ignoro a Leynian solo por 7 segundos.

Se dio cuenta cuando era tarde; el rey sintió un doloroso corte en la espada.

Dio media vuelta y golpeó a la noble, estrellándola en seco contra la pared, pero nada le borraba la sonrisa a la chica.

Primer de tres encantamientos de la espada Cendaluz; “Resplandor áureo”, cada corte o toque que dé la hoja emana una onda mágica que afecta a la mente de su víctima, provocando que se intimide.

Pero el encantamiento fue anulado por el verdadero estado de Kantaro, el terror.

¿Qué se podía esperar de alguien que ataca por la espalda?

¿o que nunca estuvo en una pelea real?

Desesperadamente trato de hacer un corte en Leonard, pero se había vuelto predecible, lento, sin una pizca de técnica en sus maniobras.

Dale a un vago un machete, y te golpeará ramas con el filo hasta romperlas.

Dale un machete a un trabajador y te dará cortes efectivos.

Utilizando danza veloz, Leonard se desplazó a un lado y, con precisión, partió la mano de Kantaro en dos, mutilándole los 4 dedos que sostenían la espada Azuralumbre.

Un grito de dolor ensordeció la sala; el rey parecía retorcerse de dolor, pero fue una jugada sucia: un puñetazo desesperado en medio de la cara a Leonard.

Cayó de espaldas al suelo con la conciencia al límite, un golpe tan duro que le estaba durmiendo —¡Leonard!

—Se desesperó Leynian, moviéndose para ayudarle.

Clavo sus dedos restantes en la alfombra y tiro de ella, provocando que Leynian caiga y devolverla de una patada al muro.

Giro, y vio a Marcus asestarle un golpe en la nariz.

Un breve intercambio, un segundo golpe y un hachazo en el pecho, el cual regaló un profundo corte.

Pero no alcanzando a ser letal.

Mientras que Kantaro lanzaba puñetazos a lo tonto, pero tan fuertes que con uno solo logró tumbarlo en el suelo.

—¡Papá!…

—clamó Toid, con hilos de sangre brotando de la nariz.

—Lo lograste… —murmuró, tambaleándose en sus pasos.

―¿lo logré?

—repitió incrédulo Kantaro, viendo a los rebeldes en el suelo.

Un punzante dolor creció en su dolor, como si se le estuvieran arrancando un órgano desde adentro.

—¿Papá?…

—preguntó Toid confundido al ver a su padre sangrar desde la boca y vomitar un charco carmesí.

El conjuro hablado había acabado el intercambio.

Un conjuro hablado exige un intercambio equivalente.

Kantaro estaba solicitando fuerza a cambio de toda su maná, lo que equivaldría a poder levantar 22 kg más de lo natural.

Pero al estar bajo la barrera del palacio y no llevar consigo una extensión de la barrera, el maná de Kantaro al estar anulado era inaccesible para el conjuro.

Por lo que este eligió algo de valor para dar algo equivalente.

Kantaro recibió una fuerza superior a la de cualquier hombre de Tharvella, pero a cambio.

Fue despojado de uno de sus riñones.

El verdadero problema es que el conjuro le arrancó el riñón desde adentro, provocando un sangrado interno.

―mierda… esto está Mal… ¿qué está pasando?…

― se preguntó el rey aterrorizado.

Su mano se aferraba al origen del intenso dolor.

―¡Toid!

¡ve a la habitación de Pharagus y trae un pergamino de curación o algo!

¡Rápido!

― le ordeno con pánico.

—¡Sí, Papá!

—respondió aturdido el hijo, corriendo entre tambaleos a buscar lo solicitado.

Tras el nervioso cuerpo de Kantaro, la figura de Leonard emergió de pie nuevamente.

Le sangraba la nariz, hilos rojos que corrían hasta llegar a gotear desde su barbilla.

—no… no… ¡quédate en el suelo!

¡no te levantes!

― murmuró con dolor Kantaro, alzando su puño para acabar con él.

Una cuerda se enroscó en su brazo y forcejeó para que no ataque.

Jioro había usado su gancho para retenerlo.

Kantaro tiró con fuerza logrando arrastrarlo un poco antes de que Marcus ayudara, agarrando la cuerda y tirando.

Kantaro giró la cabeza para recibir 2 puñetazos de Leonard.

Intentó defenderse con su mano libre.

Pero Leynian usó el segundo gancho de Jioro para inmovilizarle el brazo y asegurarlo clavando su espada en el suelo.

Leonard y Leynian comenzaron a repartir puñetazos tras otro al rey, esperando que cada uno de ellos sea el último para que caiga.

Con todas sus fuerzas y aguantándose el dolor.

Kantaro logra lanzar a Marcus y Jioro hacia Leonard.

derribándolos a los 3.

Con el otro brazo arrancó la espada del suelo, liberándose.

Giro e intento dar un tajo a Leynian.

—¡Zyrmálix!

—exclamó la voz débil de Zayrra, provocando que una fuerza invisible tire de la espada.

—¡¿Qué demonios?!

—balbuceó el rey notando cómo la espada se resbalaba de sus dedos restantes.

Al mirar a la Noble, Leynian con toda la amabilidad del mundo.

Le regaló un contundente puñetazo en medio de la nariz.

―¡Cae de una maldita vez!

― Ordeno Jioro.

quien corrió a darle un segundo puñetazo.

―¡esto es por mi padre!

—rugió Marcus, emergiendo de detrás de Jioro.

acertando un impacto ―¡por mi madre!

—continuo dando otro consecutivamente.

—Los esfuerzos de todos dan frutos hoy.

No nos esforzamos mucho para hoy perder… ― murmuró el príncipe, con ese fuego emergiendo por segunda vez.

Su puño se incendió de forma repentina.

—¡cae de una vez!

—exigió el legítimo rey, mientras se desplazaba con el puño ardiendo.

Kantaro solo pudo presenciar en primera plana cómo el puño ardiente de Leonard impactaba en medio de su estómago, aumentando la punzada generada por el órgano faltante.

La fuerza lo lanzó contra la pared de la habitación.

Quedando encima de la humedad causada por el chorro de agua hecho por Zayrra.

—Zhilakor— terminó la hechicera desde el suelo, lanzando un latigazo eléctrico que impactó en el inicio de la humedad, provocando una reacción en cadena que electrocutó a Kantaro.

Un grito desgarrador ensordeció la sala hasta apagarse, vapor brotaba del cuerpo del rey cuando la descarga acabó.

Cayendo al suelo derrotado y agónico.

La profunda respiración de Leonard era lo único que se escuchaba.

Levantó su mano, notando que podía manifestar flamas sin esfuerzo, sin runas o hechizos.

—Ja, un talento nato en ascuas… felicitaciones, Leonard.

— murmura con voz ronca Zayrra.

—Zayrra… —balbuceó Marcus con prisa mientras iba a su ayuda.

—¿Cómo te encuentras?…

—le pregunta mientras le alza en sus brazos.

—estoy bien… tranquilo… solo me duele el pecho… ― le responde la maga.

Mientras cerraba los ojos y se acurrucaba en los brazos de su amigo.

—Tranquila… te llevaré con Nim… —los acompaño… — mencionó Leynian, caminando con dificultad detrás de ellos.

―felicitaciones… Mi rey ― Bromea Jioro mientras se limpiaba la sangre de la nariz y caminaba hasta Kantaro.

El Rey intentó levantarse, pero una patada en el estómago del ladrón se lo impidió, de inmediato, con la cuerda de su gancho.

Lo inmovilizo, dejándolo de rodillas ante Leonard.

—te odio… ¿Cómo es posible que un par de mocosos me ganen a mí?… ― Le pregunta Kantaro, con una voz cargada de dolor y llanto.

― Me niego a ser derrotado así… —Cállate… eres tan idiota que hablar contigo es como escribir cartas para mí mismo… — le responde Leonard.

―¿y ahora?

—pregunto Jioro.

interrumpido por la entrada de Toid, quien tenía el pergamino en sus manos.

El chico no tardó en ser neutralizado y amarrado.

Jioro fue responsable de curar el sangrado interno de Kantaro.

Pero nada más.

La derrota de los Canvil es definitiva.

—¿Qué hora es?…

—preguntó Leonard, viendo cómo Jioro miraba al reloj ubicado en una esquina.

—las 20:55… ― le responde, sonriendo.

—Qué suerte… Mark debe de seguir vivo… Altharion y un grupo de guardias acompañándole entran al salón del trono; la sonrisa no tardó en salir.

Ver a Leonard victorioso, lleno de orgullo al maestro, quien no tardó en correr a abrazarlo.

—Tu padre estará orgulloso… —Gracias, Señor… —le responde estando al borde de la lágrima.

—Vamos… a que el pueblo salude al nuevo rey… ¡hazlos celebrar!

—ordena Jioro, sintiéndose emocionado mientras empujaba a Leonard fuera del palacio.

Al caminar por aquel largo pasillo que conducía al patio delantero del palacio, se veía a la gente reunida.

Ayudándose mutuamente para sanar heridas o atender necesidades.

En un rincón, aquellos guardias atados que juraban lealtad a Kantaro.

El pueblo respiró expectante al ver a la figura del príncipe salir del palacio.

Un silencio breve provocaba la ansiedad de todo el mundo.

El puño se alzó hasta lo más alto, para encenderse como una antorcha milagrosa.

—Ganamos… —suspiro el nuevo rey con la humedad de sus ojos emerger en forma de gotas.

Solo ver aquella flama provocó el grito de alivio y festejo del pueblo, con un alma y esperanza renovada.

Nunca el pueblo se había sentido tan unido en una única causa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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