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El estratega de Plata: Arco de Tharvella - Capítulo 31

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Capítulo 31: Primera batalla.

—Comenzó la segunda mitad del año y solo me exigen mantener el 10… es un fastidio… —balbuceó Kroven mientras caminaba por delante de Kont.

—¡¿En serio?!… ¿y tú crees que puedes manejarlo?…

—podré adaptarme… una hora más estudiando ya no es nada… —le respondió girándose para verle, pero su hermano ya no estaba detrás suya. Al rebuscar un poco, pudo ver cómo unos chicos arrastraban a su hermano hacia un callejón.

—No tiene dinero… ¿Cómo pueden costearle la escuela si su madre es una puta asistente de panadera? ―

—¡No hablen así de mi madre!… —les ordenó Kont tratando de soltarse de ellos, pero fue callado de un puñetazo en los labios.

―solo sabe hablar mierdas… ¿qué hacemos con él?… —pregunto uno de los matones a su compañero.

―Golpéenlo con una roca y déjenlo tirado; eso le enseñará a traer dinero… ―

—Me da rabia que esté pobretón saque mejores notas que yo… —balbuceó el último de los tres matones, caminando para tomar una roca.

El chico sintió una sombra que tapara la luz, al subir la vista. Se encontró con unos ojos vacíos color carmesí.

—¿Algún problema? —le pregunto una voz vacía de emoción.

—Yo… —balbuceó antes de ser interrumpido por la suela de un zapato contra su nariz.

―Ey… trae la piedra de una vez… no podemos llegar tarde a clase…―

No hubo respuesta. Solo la piedra estrellándose contra su cara.

—Pero que… —emitió el único matón en pie, antes de ser agarrado de la chaqueta, recibir dos puñetazos en la cara y ser estrellado de cara al suelo…

—Kroven, basta… ya es suficiente —le dijo Kont sujetándose la boca, el puñetazo le había provocado un corte.

―Kont… Puedo matarlos… no me va a pasar nada, descuida… ―le aviso con una voz escasa de empatía.

—No, no los mates… — le pidió Kont agarrándole el brazo a su hermano — basta… ya es suficiente… gracias, pero no es necesario que los mates…

Ante esas palabras, Kroven solo soltó al matón y sacudió sus nudillos. La sangre salpicó el suelo. Se acercó a su hermano y le agarró del cuello del uniforme, le revisó la boca.

―ay… me duele…

—Aguántate… —le ordenó mientras le metía los dedos en la boca y tocaba la herida —“Genevroosta” —pronunció mientras se dibujaba una runa pequeña y sanaba el labio…

—Ay… pude aguantarme el corte… — le avisa separándose de su hermano de un empujón.

—Ya sé… pero te usé para practicar… —le confiesa mientras se da la vuelta y camina a la escuela —después de todo, si puedo usar magia curativa. Pero solo soy capaz de usar hasta el nivel 2… o al menos hablando de la magia Luminus… sospecho que mi naturaleza de nacimiento es Animus… ―

—¿Nivel 2?… eso es malo… ¿Cómo podría ayudarte?…

—tranquilo, ya practico lo suficiente conmigo mismo…

―¡¿Contigo mismo!? ―Se exalta Kont, corriendo para agarrar a su hermano del brazo y arremangarle, encontrándose con cortadas cicatrizando en su antebrazo. ―¡tarado!¡no hagas esto! ¿¡qué pensaría mamá!?

—¿Qué importa lo que ella piense?…

—Sí, a ti no te importa… —balbucea fastidiado. Solo para sentir la mano de Kroven revolverle el cabello.

—No te preocupes por mí… esto es necesario… debo mejorar para liberar a nuestra gente…

—Solo no te conviertas en un monstruo… ¿sí?… haz el esfuerzo…―

—bueno… está bien…

—prométemelo… es inevitable que mates a personas… pero trata de que no sean posibles aliados… por más malos que sean contigo o conmigo…

—Dije que está bien…

—y yo dije que me lo prometas… — le exige el joven.

La mirada de Kroven se ablandó ante su hermano.

—Bueno, te lo prometo… pero tú prométeme que tratarás de tener una infancia normal… al igual que en la aldea…

Kont por fin pudo sonreír calmado. —Lo prometo…

…

Las espadas chocaron, la pierna de Kees se elevó para conectar una patada en el pecho de Kroven. La palma atrapó el pie y usó el trayecto para acercarse por la retaguardia y conectar un codazo en su cara, seguido de un puñetazo.

Al intentar dar otro, el capitán logra bloquearlo. Sin embargo, Kroven fue astuto y pateó el pie de apoyo tumbándolo en el suelo. Al instante, el capitán de la guardia de Holganä sintió la daga contra el cuello.

—Excelente trabajo, Kroven… hoy tienes 10 en los entrenamientos físicos… —expresa soltando una sonrisa su profesor.

La mirada de Kroven se relajó ante la noticia.

—Pero nunca le pongas la daga al cuello a tu superior… —agregó el capitán conectándole un golpe completo en la mandíbula.

Kroven rodó por el suelo agarrándose la cara, no por dolor, sino por reflejo. Automáticamente, dos guardias le inmovilizaron los brazos.

―Métanlo al calabozo por esta noche… ―

―¿que? ¡No! —exclamó desesperándose.

—excelente desempeño Kroven, tranquilo… esto es solo disciplina… debes aprender a no ponerte así de cerca a mí… —le explica mientras se ponía de pie —cuelguen a 2 esclavos hoy… así me aseguro de que aprenda esta única vez…

―¡No! ¡Kees, así no va nuestro trato!…

—El trato lo definimos nosotros, Kroven… tu parte es obedecer para verlos vivos…

—¡No! ¡Por favor, no lo hagas!… —le suplico forcejeando con los guardias, pero solo podía ver cómo el capitán le daba la espalda mientras él era arrastrado a las húmedas celdas del castillo.

…

El amanecer se asomaba mientras él contemplaba el cuerpo de una mujer y su hijo colgando del cuello. Kees desde la distancia estudiaba la mirada de Kroven, una mirada vacío, carente de emoción, pero los labios templando de impotencia. El chico aún no estaba roto del todo… aunque lo estaban moldeando, aún no podían convertirlo en un soldado perfecto…

El hecho de que allá suplicado significaba que aún tenía un alma viva.

…

Kont estaba por cumplir los quince años. Él y su madre habían trabajado de más para poder hacer por primera vez una fiesta decente en años. Kont había invitado a sus únicos amigos de la escuela; se mostraba muy contento, alegrado mucho aquella mirada de Kroven; su hermano estaba llevando a cabo la promesa de tener una juventud normal.

Cuando el día de la fiesta llegó. Kont esperó durante horas, fueron 6 horas en total y nunca llegó nadie…

Cuando la noche cayó, Kroven entró a la habitación y se sentó en su cama. Sus ojos se volvieron hacia el otro extremo del cuarto, donde vio a Kont, deprimido, con la cara pegada a la almohada; ni siquiera se había quitado los zapatos para acostarse.

—No vinieron porque yo estoy aquí, ¿no?… — Kroven se llevó la mano al cuello, sintiéndose incómodo, apenado por su hermano.

Quise convencerlos de que no eras un mal tipo… en cuanto te conozcan se llevarían bien. Incluso les prometí que los cuidarías de los matone… pero aun así no quisieron venir… —expresó Kont con la voz ahogada en el almohadón.

—Lo siento mucho… hubiera salido de casa para que tu fiesta en paz…

—No digas estupideces, la idea de Mamá y Yo era que tuvieras amigos… no puedes ser simplemente el títere de Khorvus. —Despegó la cara de la almohada para verle a la cara.

—Ellos seguirán siendo mis amigos… pero queremos que la gente se acerque a ti de forma honesta… es difícil para mí y mamá verte aislado y sufriendo en soledad… usamos mi cumpleaños como escusa para que venga gente, porque era obvio que en la tuya no vendría nadie…

—Amigos… —balbuceó Kroven con los pensamientos divagando— Gracias, Kont, te prometo que haré amigos… no te preocupes… ―

—solo trata de no hacer tus cosas en soledad, ¿sí?… tampoco quiero que acoses a personas para que estén a tu lado…

—tampoco soy un rarito… — la vena de la frente se le hinchó, pero simplemente se dejó caer en la cama para dormir.

— Tranquilo, solo estoy bromeando… tampoco para que te enojes…

…

Kroven cumplió los 16 años y cerró su segundo año con un promedio de 9,9. Adelantando materias de tercer y cuarto año. Se consagró como un prodigio en la academia militar. Era el único en toda su clase con el derecho a graduarse, toda su clase le aplaudía por obligación, pero nadie quería estar ahí, en frente de él venerándolo como si fuese la estrella y el más popular.

Inmediatamente fue asignado como estratega del ejército del mantra naranja, bajo el liderazgo de Kees y el nuevo subcapitán Dirk. Todo su trabajo y esfuerzo serían puestos a prueba en los verdaderos exámenes de la guerra.

Ahora él estaba de pie entre 50 soldados y sus 2 superiores, montones de familias estaban dándoles sus fuerzas a los hombres de sus familias. Mientras que el nuevo estratega estaba aislado, esperando que den la orden de marchar.

—¡Hijo mío, sé fuerte! —Kroven se dio la vuelta para ver a su madre y hermano gritándole ánimos. Él solo pudo levantar el puño jurando fuerza mientras que sus labios se permitían sonreír.

—concentre, estratega… tu primer reto será el reino de Polom, el ejército del águila plateada… descuida, no son gran cosa. Nuestra victoria debería ser aplastante…—mencionó el subcapitán mientras le sacaba brillo a su espada con un pañuelo.

«Habla de la vida de personas como si fuese un deporte, qué repugnante», pensó Kroven sin dirigirle la mirada.

La tropa entera estaba caminando por un sendero de tierra desnuda situado en medio de un bosque. Solo se oía el crujido de las armaduras avanzar y el choque de los metales como un casual encuentro de verano. Luego de avanzar unos cuantos kilómetros, Kroven y Dirk avanzaron hasta el frente de la tropa para unirse a la guía de Kees, pero se vieron sorprendidos cuando un único hombre estaba de pie delante de los 53 soldados.

Se había detenido a mitad el camino por un único hombre. Un joven alto, cabello rubio y unos anormales ojos dorados. En su espalda había una espada de aspecto peculiar. Una armadura blanca y azul que le daba un aspecto elegante y amenazador.

—¿Qué hace el “elegido por Dios” interponiéndose delante de un ejército militar…? Yo creí que no te metías en discusiones políticas… Señor Arturo… —expreso el comandante, apartando discretamente sus manos de las armas. Todos los soldados buscaron hacer lo mismo.

—Kroven, suelta el arma… este tipo puede erradicarnos en 2 segundos… no es el enemigo, pero tampoco hay que provocarlo…—Dirk sujetó la muñeca de Kroven y se la apartó de la espada envainada.

—Es cierto… solo estoy de pasada… había un gigante a unos kilómetros, pero el camino ya está despejado… es una lástima, me amargaron el día con sus presencias. ¿A dónde van? ¿a causar una masacre o a ser masacrados?…

—Tenemos una batalla programada contra Polom, disculpamos nuestras molestias, señor Arturo… y gracias por matar al gigante…

—¿Cómo te llamas, trozo de mugre?

—Capitán Kees… —balbuceó frunciendo el ceño, pero esforzándose por no tocar su propia arma.

—Está bien, capitán Kees… yo me marcho. Por favor, no destruyas más allá del ejército enemigo… —les pidió Arturo mientras caminaba tranquilamente hacia el frente, mientras todos los soldados hacían un pasillo para no molestarlo.

Mientras él pasaba entre ellos. Kroven sintió un calor abrumador irradiar de Arturo. Como si él fuera la personificación de un sol vivo.

La mirada dorada del elegido giró y se fijó en Kroven, quien estaba paralizado sin saber cómo responder a tal descomunal presencia.

—¿Cómo te llamas, chico? —preguntó, disminuyendo la presión de su propio calor. El chico permaneció callado antes de que su voz pudiera responder.

—K-Kroven Vermeer… —respondió viendo cómo Arturo se paraba justo delante de él.

El silencio fue breve. Kroven miró hacia los lados notando que todos los guardias temblaban nerviosamente. Él solo tenía incertidumbre y nervios. Nunca en su vida había estado en cercanía de un poder tan descomunal.

Se dice que solo los expertos en el uso del Maná pueden sentir la presencia de la misma. Pero Arturo era tan exageradamente superior que incluso los que no tenían ni más remoto uso de la magia podían sentir la presencia mezclada con luz y fuego.

—Kroven Vermeer… —repitió en un murmullo, cambiando su cara de curiosidad. La abrumadora presencia desapareció fugazmente. Se acercó por demás a Kroven, un acercamiento algo incómodo. No dejaba de ser estudiado por el elegido de Dios.

—¿Qué pasa? —le pregunto Kroven tratando de mantener distancia.

—Dime, Kroven… ¿te sientes solo?…

—¿eh?… —balbuceó sin responder a la pregunta. Su reacción fue mirar a Dirk, quien estaba a su lado, pero Arturo interpuso su mano, haciendo que lo mirara solo a él…

—Hay algo que te impida hablar, Kroven… Dímelo y le puedo poner fin aquí mismo… —Esas palabras hicieron que Dirk se llevara la mano al pecho.

Kroven pensó su respuesta durante unos segundos.

―¿a qué te refieres exactamente? ¿Por qué me preguntas eso?… —le pregunto confundido.

—¿Uh?… ¿no entendiste? Ja, qué divertido…. —balbuceó divertido, alejándose de él para darle espacio. —Bueno, al parecer aún no entiendes a lo que me refiero… veamos qué respondes después de un tiempo…

«No está preocupado por mí… hizo una pregunta que yo no pude leer entre líneas ¿a qué diablos se refería?» pensó él mientras miraba cómo Arturo continuaba su camino.

—Adiós Kroven… ¡un placer conocerte! ¡Espero verte pronto! —exclamó mientras sacudía la mano vagamente, saliéndose del pasillo hecho por los soldados.

—Ahora que lo pienso… conocer a este tipo en persona debe ser un fastidio… —murmuró el estratega mientras la tropa retomaba la formación y retomaba paso.

…

—Kroven… ven y planifica… ¿qué podríamos hacer? —preguntó el subcapitán parado en una colina. El estratega emergió del bosque para ver a la distancia la base provisoria del ejército del águila plateada.

Estaba claro que la batalla se llevaría a cabo debajo de una capa gruesa de hojas. La densidad del bosque sería una ambientación ventajosa o todo lo contrario, depende de cómo se maneje el estratega.

―¿lograste ver cuántos soldados son en nuestra contra?… —preguntó a la vez que se inclinaba para poyarse sobre su rodilla.

―Creo haber contado 62… pero pueden llegar a ser más…—le responde Dirk mientras contempla al enemigo desde la distancia. Ambos bandos separados por aproximadamente 920 metros.

—Tenemos cierta ventaja… —menciona poniéndose de pie. —Si iniciamos el combate desde aquí arriba de la colina… podríamos cerrar terreno con un flanqueo…

—desarrolla… — ordena Dirk sin apartar la mirada del enemigo.

―El enemigo tal vez ya nos haya visto desde aquí…

—¿Por qué dices eso…? —murmura, siendo interrumpido por el brazo de Kroven señalando al frente. 3 soldados estaban mirando fijamente a ambos. —La vestimenta de esos 3 destaca sobre el resto, deben ser los capitanes y su estratega…

—Por el momento, solo saben que somos 2… podríamos dar la impresión de que somos menos soldados…

—Tenemos 6 arqueros y 4 magos en nuestras tropas… —le avisa.

—Eso nos deja con 40 soldados que irán al bosque… sumándonos a Kees, a ti y a mí, 43… —murmuró agarrándose la mandíbula para pensar. —Este terreno tiene 2 bajadas suaves que requieren volver hacia atrás. 10 soldados y 2 magos tomarán cada camino, cada grupo será acompañado por una autoridad… tú y yo seríamos 13 hombres flanqueando cada lado de la bajada delantera de la colina y moviéndonos. Mientras que Kees con el cuerpo principal de 20 soldados toma la bajada agresiva, él dará la impresión de ser pocos, cuando lo ataquen, nos uniremos a la batalla golpeando fuerte…

―¿y los arqueros?…

―Son arqueros, atacarán desde aquí. El bosque les taparía la vista, pero les haremos un hueco a las puntas para que sirvan en la caída.

—Entonces cuando escuchemos el silbido buscamos cobertura…

—¿Qué piensas?

—Me gusta… haremos eso… pero tú tomarás el mando de la tropa principal… —le indica mientras le da la espalda y camina hacia el acampado.

«sabe que si el plan falla, Kees podría morir… es un desgraciado. Si alguien va a morir, ese seré yo, ¿no?… mal nacidos…» apretó la dentadura y frunció el ceño, pero solo se levantó y caminó detrás del subcapitán.

…

—A tu señal nos uniremos a la batalla… ¿ok?… —habló Kees mientras Dirk y los soldados se largaban, quedando solo Kroven con sus hombres asignados.

El estratega miró a los hombres; nadie le miró con desprecio. Solo tenían la mirada gacha listos para obedecer. Todos sabían que dependían de seguir el plan de Kroven para volver a casa. Pero él no podía sentir empatía por ellos. Consideraba que, si alguno moría siguiéndole, no le daría ni pena ni gloria.

—Vámonos… —ordenó caminando hacia la caída de la colina.

—Señor Borys… se están moviendo… —informó el estratega del águila plateada. Sentado en un tronco mirando al suelo.

―¿cómo se desplazan…? —giró para verle a la cara.

—El jovencito está deslizándose por la colina de donde los vimos, y el otro está rodeando la caída. El anciano teme romperse las piernas…―

―Decidieron ser ellos los que iniciaran el duelo… ―

—Quieren hacer un flanqueo… —entendió el subcapitán

―Si te paras frente a la colina, el flanqueo te llagara por la izquierda… —agrego usando sus para ponerse de pie.

El estratega del águila plateada, Viktor Wolski. Tiene un problema con la estética. Todo debe combinar y estar meticulosamente ordenado en su casa o vida. Al ser el estratega del águila plateada, el muy infante desarrolló magia que encarna conceptos asociados a un águila. Cuando los dos capitanes y él se quedaron viendo a Kroven y Dirk desde la distancia con el hechizo “marca del cazador”, permitiendo seguir a ambos por el bosque en tiempo real. Kroven y el subcapitán estaban bajo los ojos de un águila depredadora.

—Somos 78 soldados en total… envía unos 30 al frente y otros 20 a la izquierda…

―¿y el resto, capitán Borys? —le preguntó Stanisław Jan Kowalski, el subcapitán del ejército águila plateada.

—Que aguarden por si necesitamos refuerzos —respondió, caminó tranquilamente hacia la profundidad del bosque con sus soldados detrás…

—Otra vez se está confiando… —se ríe Viktor, poniéndose de pie. —Te recomiendo que tomes la delantera, Stans…

—bueno… está bien… —balbuceó llevándose los dedos a la boca y soltando un fuerte silbido.

Kroven, incluso aun a una gran distancia, miró hacia el cielo, creyendo que el silbido era de las flechas aliadas. Estaba equivocado, pero algo le hacía ruido.

—Todos escóndanse en la maleza… —ordenó corriendo para separarse de los guardias, adelantándose para buscar un punto solitario.

—¡Burza! — exclamó una voz. Un fuerte rugido resonó en el bosque, estremeciendo a todos los militares.

El viento comenzó a rugir con la fricción de algo volando ―debajo de ti… —indicó una voz, al instante Kroven saltó a un lado para evitar ser atravesado por una lanza en caída. El subcapitán Stans había atravesado el techo de hojas montado en una bestia alada. Cuerpo de caballo y águila gigante, una majestuosidad que daba miedo.

La bestia rugió revelándose como un hipogrifo macho. ―¡todo tuyo, Burza!―exclamo el subcapitán bajándose de su montura, permitiendo que la bestia se lance con todo hacia Kroven

«un domador de bestias, leí sobre cómo algunos capturaban, domaban y criaban a sus bestias, pero nunca creí ser lo primero a lo que me enfrentaría… » analizo con una calma inquietante mientras desenfundaba su espada. «hice bien es separarme de los soldados… si me atacaba en grupo, delataría nuestras posiciones. Sin embargo, esta bestia no dudaría ni un minuto…»

Kroven se movió a la izquierda logrando eludir a la bestia, la cual, al pasar sin freno, chocó contra un árbol. La ejecución pudo haber sido fácil si el dueño no fuera tan apegado. Stans se acercó para realizar el primer intercambio.

Una lanza de doble filo daba la sensación de ser una espada con un mango exagerado, eso fue lo que Kroven pensó mientras desviaba la hoja del enemigo y luego ser golpeado por un escudo redondo.

Stans creyó que Kroven caería al suelo, pero le ayudó con el impulso para eludir el zarpazo de las garras de Burza. Fue sencillo para Kroven alzar el brazo y rebanarle esa pata al hipogrifo.

La bestia rugió de dolor mientras con sus pesuñas de caballo lograba acertar una patada en el pecho del estratega. Tosió sangre al chocar contra la rígida corteza de un árbol, pero para alguien que se autolesionaba para aprender a curarse solo, regenerar 2 costillas rotas fue juego de niños.

Lanzó su espada con tal precisión que el filo le atravesó la nuca al animal, desplomándolo en el suelo sin más rastro de vida.

―¡¿que?!… ¡Burza! —gritó dolido mientras se lanzaba a la ofensiva. —Te mataré… por matar a mi amigo…

—Ya sabías que el animal podía morir… ¿Por qué desmontas? —Le pregunto a Kroven sin miedo.

…

—¡Borys, espera!… la marca de Stans desapareció… ya no puedo detectarlo, desapareció estando debajo de uno de los enemigos… — le informó Viktor mostrándose confundido.

—Qué extraño… —respondió sorprendido el capitán.

—Te dije que quería agarrar mi espada… —comentó soltando una piedra teñida de rojo. —Pudo haber sido más fácil para ti…

Se mueve a un lado, dejando allí tirado el cadáver del Subcapitán Stans, quien tenía toda la mandíbula molida de forma grotesca.

—Sí pudo encontrarme tan fácilmente, debo de tener una marca que me delata… —revisó su ropa, pero era obvio que no tendría nada a la vista. Abrió los ojos al darse cuenta de que el enemigo les estaba mirando fijamente antes de separarse. Lo que significaba que Dirk y él fueron marcados en ese momento exacto.

Giro para ver el cadáver de Stans, contemplando la mandíbula inferior demolida por su culpa. Aun lado, se encontraban el escudo y la lanza de él.

—Perdóname por la muerte que te di… —suplica sin sentir pena alguna. Sino como ritual de respeto antes de apropiarse de las armas de su enemigo. Arranca la espada del cadáver de Burza, guardándola en su funda. Cuelga el escudo y lanza en su espalda antes de moverse solo hacia el frente.

—Si me uno a los soldados nuevamente, corro el riesgo de delatar a toda la tropa; ellos ya tienen sus instrucciones… pueden completarlas solos —analizo mientras se movía entre arbustos y usaba árboles como cobertura.

El ejército de águila plateada avanzaba en completo silencio, sin pensar que había entrado al alcance el gran mantra naranja. Borys sintió la presencia tarde, bloqueó con su escudo la estocada de un soldado salido de un arbusto y le atravesó el pecho con su hacha salvándose a sí mismo la vida.

Muchos de sus hombres no fueron tan afortunados como él. Once soldados caídos ante el ataque sorpresa indicado por Kroven.

El primer golpe fue poderoso, pero el águila plateada no tardó en dar vuelta los resultados antes de ser sorprendida por una serie de silbidos provenientes del cielo. El ejército naranja se ocultó buscando cobertura. Borys dio la orden de cobertura, presenciando cómo una lluvia de flechas eliminaba una mínima parte de sus hombres, pero suficiente para nivelar de nuevo el tablero para la naranja.

—No me cabe duda… Stans murió… —aceptó dolido Viktor, adentrándose en el bosque, sintiendo la presencia de Kroven acercándose a Borys. —Iré a ayudar… si muere Borys, perdimos la batalla…

—Al parecer, el plan de Kroven no funcionó del todo… qué decepción… —Dirk presenciaba los cadáveres de los soldados que los atacaron. A sus espaldas, 5 cadáveres aliados. El flanqueo izquierdo había fracasado, pero no derrotado.

…

La tropa correspondiente a Kroven estaba buscando una retirada mientras más flechas caían del cielo, truco el cual ya había sido descubierto por el águila plateada. Ante el silbido solo debían alzar escudos y resistir hasta que acabara la lluvia.

—¡Mátenlos a todos! —Ordenó señalando a los soldados que huían con su hacha de guerra. 2 militares estaban por empalar a los últimos de la huida, pero desde la copa del árbol Kroven aterrizó, amortiguando con su escudo y los 2 sujetos la cruda caída.

Borys y los soldados se quedaron frente a él, la mirada carmesí chocaba contra los 13 enemigos presentes con vida. Tras contar los cadáveres aliados, Kroven se dio cuenta de que perdió a dieciséis hombres de su tropa. Dejándolo con 4 aliados vivos en la cercanía.

Al mirar hacia atrás, sus aliados restantes se habían esfumado; no habían notado que el estratega les salvó en el último momento.

Borys y Kroven chocaron miradas.

—Tú eres al que fue a buscar Stans…

—Lo maté de una forma horrible, lo siento… y a su mascota también… —respondió sin atisbos de pena.

—pagarás con tu sangre… —alzó su hacha desafiante…

—Ven a cobrarte entonces… —le respondió con la lanza en mano.

Los 12 soldados avanzaron en respuesta a Borys, pero Lanzas emergieron con velocidad a las espaldas de Kroven, eliminándolos repentinamente. Los 4 soldados habían regresado acompañados de la tropa dirigida por Dirk.

—¡Mátalo! —ordenó a la vez que Kroven se lanzaba instintivamente al Capitán.

Intento atacar con el filo de la lanza. Sin embargo, Borys atacó al mango, partiendo y separando la hoja de la vara. Eso no detuvo a Kroven para golpear la rodilla de su enemigo con la madera.

La rodilla del enemigo quedó intacta tras el golpe; era tan dura que partió la vara en dos. Rápidamente tuvo que usar su escudo para bloquear el hacha. El impacto fue tan potente que estampó a Kroven contra el suelo y sostenía medio escudo.

Giro a la derecha para ver cómo el hacha se incrustaba en el suelo en un segundo ataque, sin perder tiempo, se aferró a ella para evitar que Boys la arranque del suelo.

Lanzó un puñetazo para sacarlo de encima, pero la mitad del escudo bastó para bloquear el arrebate. Kroven se impulsó con las piernas para darle una patada, chocando contra el casco del capitán. Aunque no le provoco daño, lo obligo a soltar el hacha.

Intento arrancarla, pero era pesada y el estar incrustada lo hacía complicado en ese tiempo reducido. Borys lanzó una patada, la cual el estratega desvió con el escudo y la inercia del enemigo.

Al girarse, un puñetazo directo en el frente del casco le tambaleó hacia atrás. En ese tiempo reducido, Kroven se puso de pie en el cabo del hacha, usando su peso para hacer palanca y arrancar el filo de la tierra. Borys corrió para evitar que el estratega lograse girar y usar su arma en su contra, pero solo vio cómo su arma era lanzada por hacía el aire, atravesando el techo de hojas.

Kroven dibujó una cruz en la tierra con las botas y se lanzó a la ofensiva agarrando 2 piedras en el camino. Borys lanzó un puñetazo, pero el enemigo lo eludió con un desvío rápido y se posicionó en su espalda, empujándolo hacia el frente. Al girarse y buscar defenderse, se encontró con los golpes sin descanso de las piedras en su casco.

Las abolladuras causadas comenzaron a bloquearle la visión. En un breve descanso que Kroven le dio, él se quitó el casco y se alistó para seguir la lucha, pero Kroven miró al suelo verificando su éxito. Borys estaba sobre la marca dibujada sin que pueda reaccionar o mirarle de vuelta, el hacha volvió al suelo partiendo en 2 la cabeza de su dueño.

Al ver la sangre en el suelo. Busco estirar su espalda; el impacto contra la tierra le dolió mucho. Aplausos sonaban aproximándose, Dirk estaba sorprendido por la batalla calculada de Kroven.

—Bien hecho, Kroven… —comentó solo recibiendo una mirada amargada como respuesta. El techo de hojas fue atravesado por un ente veloz. Este arrancó a Kroven del suelo sujetándolo de los hombros sin que ninguno de los dos pueda reaccionar a tiempo.

Al alzar la mirada, pudo ver una gran águila pálida calzándole sus garras con fuerza en sus hombros; hilos de sangre caían con la amenaza del animal para arrancarle los hombros. Antes de que pueda tomar medidas en contra del águila fue arrogado a la tierra para ser únicamente recibido por un devastador puño de Viktor colocado en el centro del estómago.

―Mierda… —Balbuceó Dirk corriendo para seguir el trayecto del águila, pero los refuerzos del águila plateada llegaron. Veintiséis soldados habían llegado para erradicar lo restante del mantra naranja.

La tropa dirigida por Kees llegó a la escena justo a tiempo para que la ventaja fuera suya. El combate final estaba por llevarse a cabo mientras los estrategas se enfrentaban a solas.

—Te dobló en edad, mocoso. Y aun así lograste superar a mis superiores… —frunció en ceño Viktor evitando que Kroven se levantara con un golpe directo en el pecho, lanzándolo con una devastadora fuerza en contra de una roca.

La mirada de Kroven se nubló ante el golpe, con esfuerzo se levantó mientras sentía su frente húmeda.

—Szporak— pronunció el estratega del águila plateada, las runas que dibujó se consumieron para dar vida a manifestaciones etéreas de las patas de un águila en cada brazo.

«un combatiente mano a mano… y también un domador de bestias… » analizó con dificultad mientras vigilaba al águila pálida que volaba vigilando la batalla. «solo domino hechizos hasta de nivel 6… me falta mucha práctica en ese ámbito. Intuyendo que sus manos son ahora similares a las de un águila, cortarán… » desenfundo su espada.

―¡te mataré! —exclamó mientras corría hacia Kroven, listo para dar una estocada con sus manos.

―Qué imprudente… —murmuró Kroven realizando un tajó preciso al brazo que marcaba la ofensiva. Viktor fue desviado; sin embargo, la mirada de Kroven se tensó al ver cómo el choque desprendió chispas. Esas garras mágicas eran tan duras como el acero de su espada; una estocada podía igualar la letalidad de su filo.

El torso de Viktor giró para sorprender a su enemigo con una parada conectada con el talón.

Kroven fue empujado unos centímetros; no había tregua para él. Sin perder tiempo, bloqueo con la espada: dos golpes rápidos.

Viktor saltó y, con ambos pies, golpeó el pecho del joven, lanzándolo nuevamente contra la roca a su espalda. Los pies apenas tocaron el suelo, lanzó un tercer golpe que Kroven apenas pudo eludir moviendo la cabeza, pudo sentir cómo la mano de Viktor se hundía en la roca tras ese impacto. Aprovecho para usar su espada por debajo de los hombros de Viktor apuntando al torso. Sin embargo, el estratega no se dejaba superar, atrapando el arma por su filo con la mano libre.

Kroven fue apartado a un lado de un rodillazo mientras arrancaban el brazo incrustado en la roca. Rodó por el suelo agarrando dos piedras. Cuando estaba por lanzárselas a Viktor, el águila atrapó su brazo derecho y comenzó a arrastrarlo por el suelo hasta hacerle chocar contra el tronco de un árbol.

—Pióroskrawor— pronunció Viktor, manifestando una runa a sus espaldas. 2 alas de águila emergieron de su espalda, para después desarmarse enciéntas de plumas dirigidas a Kroven.

Con esfuerzo rodeo el árbol para cubrirse. Las plumas azotaron la corteza como miles de navajas en una cadena asesina.

―Brandfluxing—invocó Kroven, colocando sus manos para enviar una potente llamarada contra la corteza, quemándola de forma controlada.

—Sal para que te pueda matar… —le ordenó Viktor mientras se acercaba lentamente.

El impacto persistente de las plumas desgastó la cobertura por el frente, Kroven la estaba quemando por detrás. El estratega del mantra naranja estaba dotado de una fuerza que si se entrenara, superaría a un hombre de 30 con facilidad. Uso cada músculo de su cuerpo para empujar la ahora débil estructura del árbol.

Viktor se sorprendió al ver al árbol caer encima de él, no pudo salirse del medio a tiempo. Kroven se apresuró tomando una pesada rama y corrió hacia donde está la cabeza de Viktor libre.

El chillido del águila aturdió el odio de Kroven mientras era arrancado del cielo por tercera vez, siendo elevado con las agarras clavándose en el brazo que sostenía su improvisada arma.

Soltó la rama para atraparla con la otra mano; el águila no esperaba recibir un contundente golpe que le destrozaría el cráneo.

La caída fue cruda, el águila muerta y Kroven se estamparon contra el suelo. Rápidamente intento correr para rematar a Viktor antes de que se libere. Sin embargo, no podía levantarse; un dolor agudo se hacía presente en su rodilla.

La caída le había sacado la rodilla de lugar, debía sanar la lesión antes de que Viktor quedara libre. No era un hueso roto, era un tratamiento médico del que Kroven nunca se había hecho cargo o practicado, pero sí conocía el tratamiento que debía aplicar.

Kroven observó su rodilla desplazada con una fijeza aterradora. El dolor era un ruido ensordecedor en su mente.

Bajo los restos del árbol, Viktor rugía, su magia Szporak chispeando con un matiz violáceo de furia pura ante la muerte de su águila. La madera crujía; el estratega del Águila Plateada estaba a segundos de liberarse.

Sus ojos carmesí no dudaron; ese dolor era secundario ante el verdadero. Se aferró a la parte superior de la rodilla. Giro para usar el suelo de traba para su pie, un giro tan crudo que le ayudó a recolocarse la rodilla.

Se levantó, recuperó el arma asesina del águila y corrió rengueando hasta donde estaba Viktor cortando el tronco a golpes para liberarse.

Sus pupilas giraron para verle al enemigo, sus ojos se tensaron de horror al ver esa mirada sangrienta acercándose contra un tronco. Intento apurar los golpes para partir la madera, pero Kroven ya estaba a 5 pasos de él.

—¡espera! —gritó horrorizado antes de sentir la pesada rama estrellarse contra su rostro acompañada de un húmedo estallido. Kroven alzó la rama para el segundo golpe, pero se dio cuenta de que dejó irreconocible al estratega con un solo golpe, solo era sangre y carne magullada acompañada de sus ojos fuera de lugar.

El mana de los brazos de disipo señalizando una desconexión con el maná. Kroven soltó la rama y se dejó caer en el suelo, para aplicarse magia curativa en la rodilla. Le punzaba por tanto esfuerzo.

—Sa… sabes magia curativa… ayúdame… ten piedad de mí… — habló la deformada boca del estratega Viktor.

—solo llego al nivel 6… no creo poder sanar toda tu cara…

—Solo detén el sangrado y reúbica mis ojos… del resto me encargo yo… por favor… no quiero morir así…

Kroven observó las manos temblorosas de Viktor, que buscaban a tientas una simetría que ya no existía. El joven se puso en pie, ignorando el pinchazo de dolor en su rodilla recién estabilizada.

—La piedad es un recurso que no me sobra—murmuró Kroven, acercándose con la mirada carmesí fija en el desastre de carne.

“―Solo no te conviertas en un monstruo… ¿sí?… haz el esfuerzo…―”

Kroven se estremeció ante ese recuerdo, suspirando con aceptación.

Kroven no usó suavidad. Colocó sus manos sobre el rostro destrozado del estratega.

—Genevroostendal —murmuró, comenzando a sellar los sangrados, regenerar la piel y restaurar parte de la estructura del rostro, pero no al 100%.

El ojo izquierdo de Viktor, el cual sufrió gran parte del golpe, quedó inútil, y algunos dientes ya se habían perdido. A eso sumándole que la piel se cerró sin regenerar carne, dejando como resultado un rostro lleno de cicatrices.

Ni siquiera se molestó en sacarlo de debajo del árbol, simplemente se alejó tomando camino hacia sus superiores. No se despidió ni dirigió la palabra, pero pudo escuchar el agónico “gracias” del estratega.

Esa fue la primera victoria de Kroven en los juegos de la guerra. Al llegar con sus superiores, notó cómo ningún enemigo había sobrevivido en batalla.

Le tocó volver a ver a Holganä y ver cómo todos aplaudían la vuelta de los soldados sobrevivientes y la victoria. Kroven permaneció de pie en un rincón, viendo cómo nadie le dirigía la palabra o las felicitaciones. Quedó en silencio, co el único premio que pudo permitirse tener de esa batalla, apropiarse del hacha del caído capitán Borys. Hacha, la cual mantenía aferrada en sus manos mientras esperaba que el festejo acabara, para simplemente caminar a casa y ver a su familia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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