El estratega de Plata: Arco de Tharvella - Capítulo 5
- Inicio
- Todas las novelas
- El estratega de Plata: Arco de Tharvella
- Capítulo 5 - 5 el estratega de la bandera roja
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: el estratega de la bandera roja 5: el estratega de la bandera roja Mark volvió a encaminarse por la ciudad, dejando que sus pasos lo llevaran entre las calles que ya empezaban a resultarle familiares.
Revisó su bolsillo: aún guardaba el cambio del pago anterior.
De las siete monedas de platino que había entregado, Héctor le devolvió cuatro, junto con setenta y tres monedas de oro.
Mientras caminaba, una tienda llamó su atención.
El letrero y el olor penetrante de hierbas lo delataron: un alquimista.
Revisó su mochila y recordó que la última poción la había gastado en las cloacas tras la mordida del Kreever.
Decidido, empujó la puerta de madera.
Una campanilla tintineó, y al levantar la vista se topó con una figura peculiar: un hombre cubierto con una túnica negra y una máscara de metal con forma de pico de cuervo.
—¡Saludos, mi elegante señor!
—exclamó el extraño, alzando los brazos con entusiasmo.
El gesto, torpe y exagerado, golpeó la mesa detrás de él.
Varias botellas vacías cayeron al suelo, estallando en una lluvia de cristal.
― ¡Mierda!
—gritó, torpemente avergonzado.
Agarró una escoba y comenzó a barrer con desesperación.
—Esto me va a salir caro en la venta… ¡ja!
—rio nervioso, sin atreverse a mirar directamente a Mark.
Mark se quedó mirando atónito el desastre de frascos rotos.
—Ehm… h-hola… —saludó con cautela, todavía sorprendido por la escena.
El alquimista levantó la cabeza, mostrando un cartelito de tela cosido en su túnica con el nombre: Roudrik.
—¿Qué está buscando?
—preguntó, como si nada hubiera pasado.
—Hola, Roudrik —respondió Mark con una ligera sonrisa—.
Estoy buscando lo esencial para un viaje… pociones de curación, de maná y… de reacciones automáticas.
Roudrik abrió los ojos detrás de la máscara.
— ¿¡Reacciones automáticas!?
¡Fenomenal!
—exclamó, alzando las manos con entusiasmo—.
¡Nadie compra de esas!
¡Es más fácil aprenderse un hechizo de fuego que gastar en esas pociones!
Mark encogió los hombros.
—Bueno… son más rápidas y efectivas en realidad.
Además, pueden servir para espantar animales salvajes en plena persecución.
El alquimista se quedó pensativo, como si esas palabras hubieran reactivado una memoria olvidada.
—Es cierto… —dice sonriente Roudrik, tomando botellas con líquidos brillantes y de colores.
—pociones de Curación, regeneración, maná, combustión automática… — enumera mientras las mete en un cajón de madera.
— y por parte de la casa… una Poción de veneno paralizante con el antídoto.
—Muchas gracias… ¿Cuánto le debo?…
― le pregunta Mark.
―172 monedas de plata… ― Mark dejó sobre la mesa 3 monedas de oro —guarda el cambio… te compro el cajón también… —dice Mark, metiendo en su mochila.
—de acuerdo… —¿No se le apetece nada más?…
—¿Vendes pólvora?
―vendía… me la confiscaron toda… ― le responde Roudrik ― este reino no se beneficia por su ejército, y lo apuesta todo en la artillería… aunque escuche que el estratega de plata se está por unir a las tropas de aquí, y yo digo: ¿Cómo?
¿no se suponía que se confirmó su muerte hace un mes?…
Mark se quedó congelado tras la noticia.
—Imposible… —murmuró Mark con la voz quebrada.
—Yo también lo creía, pero lo escuché de los guardias —respondió Roudrik con total despreocupación.
—Gracias por todo… —dijo Mark a prisa, cargando la mochila sobre su hombro.
—¡No hay de qué, vuelva pronto!
—replicó el alquimista mientras agitaba la mano, observando cómo el viajero desaparecía por la puerta.
Mark salió de la tienda y se encaminó hacia la herrería de Héctor, pero apenas había avanzado unos pasos cuando notó que una multitud se movía en dirección contraria.
Eran decenas de personas que caminaban con el ceño fruncido, arrastradas por una misma curiosidad, como un enjambre de hormigas que no encontraba el camino de regreso al hormiguero.
Intrigado, Mark se unió a ellos.
Todos avanzaban hacia la plaza principal.
—¿Estratega de plata?
—Mark se detuvo, con los ojos abiertos de indignación.
—Es imposible… muy imposible… ― suelta una risa incómoda ― vaya… te dan por muerto y muchos se aprovechan de tu fama para ganar estatus… —Pobre Lazarus… te invitaría un café si en verdad hubieras existido… Soltó unas risas que luego relajaron con un dolor punzante… —es horrible que tu novia te intente matar, ¿no?…
por suerte falló al corazón, si no que estuvieras muerto… —pero ahí estás… ― comentó mientras apretaba la mandíbula con tanta fuerza que un hilo de sangre se filtró desde su encía.
― con un búfon tomando tu nombre y título… hasta se torna gracioso en parte… La plaza se abría frente a él, con dos escaleras de piedra que subían directamente hacia los dominios del castillo real.
En el centro, entre aquellas escalinatas, se erguía un escenario con gruesas cortinas rojas cerradas, como si aguardara el inicio de una obra sombría.
Mark separó la mandíbula, calmándose.
El mismo sabía que lo que se menciona es imposible, pero tenía miedo de que la estupidez fuera a surgir.
Mientras caminaba, el viajero pensó en la situación que se estaba presentando.
—Si este cuento es verdad, y un imbécil se hace pasar por el estratega de plata… el problema de los rebeldes no será solo el tratado con Notumheim… — murmuró por lo bajo, siguiendo a las multitudes de personas.
—si la noticia se sale más allá del reino… podrán tener problemas con el ejército de plata… “insultar” al estratega de plata traería problemas al reino y a mí… tengo más que claro que querrán terminar el trabajo que quedó pendiente desde el “incidente”… Cuatro guardias escoltaban a un hombre de porte arrogante, vestido con telas finas que brillaban bajo la luz del mediodía.
Todo en él gritaba “noble”, aunque sus gestos delataban más soberbia que linaje.
Mark se abrió paso entre la multitud hasta quedar cerca del frente.
Sintió un toque en el hombro.
Al girar, se encontró con Katán.
El alivio le arrancó un suspiro breve, antes de volver la mirada hacia el escenario.
― ¡Señores!
—clamó el hombre vestido con elegancia, su sonrisa de superioridad resonando incluso más fuerte que su voz.
Katán se inclinó apenas hacia Mark, hablándole en voz baja: —Se llama Toid Canvil… hijo del sirviente del rey anterior.
Ese sirviente… es el rey ahora.
Mark frunció el ceño.
—Entonces no es un noble… ―Exacto ―replicó Katán, con un dejo de desprecio―.
Es solo el hijo de un sirviente que robó el trono… y ahora se cree príncipe.
― ¡como muchos sabrán!…
― clamo Toid ― ¡Tharvella no destaca en la punta este por su ejército mediocre!
¡lo único que tenemos a nuestro favor es la pólvora y la artillería pesada!
― menciona, referenciando a los cañones y monteros.
—el inepto del rey Eldwood se negaba a potenciar su ejército… —dijo el falso noble — pero nuestro Rey Kantaro Canvil nos consiguió la guía de un estratega a nuestras tropas… un estratega propio de Tharvella… Mark contempló con una mirada profunda el escenario, sabía que claramente.
Alguien saldría de detrás del telón rojo.
—antes llamado Lazarús Nova… —dijo el príncipe barato, provocando que la mirada de Mark se tense.
—mejor conocido como el estratega del ejército de plata… se une para convertirnos en la nueva nación invencible… —debemos mencionar que como cambio de región… y de medios para liderar… el estratega se cambió el nombre… —Saluden con un fuerte aplauso a Armand Nohier, el estratega de la bandera Roja… —¡Esto es una farsa…!
—murmuró Mark, rabioso.
Pero luego relajo la mirada viendo el acto como una buena idea — cambiarle el nombre al estratega, tal vez desvié el posible problema con Narzu… Un hombre emergió de detrás del telón.
Tenía el cabello desordenado y oscuro, alto, quizás superando el metro ochenta.
Sostenía un escudo en su mano izquierda, mientras con la derecha sujetaba su espada aún envainada.
Una capa roja con bordados dorados caía sobre sus hombros, y en la zona del cuello llevaba lana de chivo, casi idéntica a la capa de Mark.
Vestía una armadura de la guardia real, pero con un diseño de placas mucho más elegante.
Nadie aplaudió ante la aparición del estratega.
Él, con un aire de desprecio, recorrió al público con la mirada, observándolos como si no fueran más que un conjunto de plebeyos insignificantes.
—¿Nadie va a saludar a la nueva estrella de nuestro reino?
—reclamó Toid, incómodo por el silencio.
Pero Armand levantó la mano pidiendo calma.
—No importa… me parece justo que no quieran aplaudir.
Después de todo, son un pueblo libre… —“Libre” … —repitió Katán con fastidio, lo suficientemente bajo como para que solo Mark la escuchara.
Armand continuó, con un tono firme y altivo: —No tengo problemas en que me miren con desprecio… pero recuerden que, como nuevo comandante de la guardia del reino, no toleraré a los criminales.
Ladrones, asesinos, invasores y deudores… ninguno tendrá mi perdón.
La multitud comenzó a murmurar con desdén.
Nadie parecía confiar en aquel falso salvador.
Entonces, un chasquido metálico resonó.
El telón se abrió lentamente, revelando algo que heló la sangre de todos.
Un suspiro de horror recorrió a la multitud.
Mark abrió los ojos con un repudio absoluto.
—Como escucharon… no voy a tolerar actos criminales —prosiguió Armand, con la voz inflada de falsa justicia—.
Esta familia… tan joven aún… se atrevió a no pagar impuestos.
Katán se cubrió la boca con la mano, horrorizada al presenciar lo que había detrás del telón.
—¿Cómo se atreven…?
—murmuró Mark, incrédulo y con la voz quebrada—.
Niños… los padres… ¡malditos!
Ante sus ojos, una familia entera colgaba de la horca, ajusticiada por una deuda mínima.
La plaza estaba llena de murmullos, y algunos aplaudían lento, incómodos, como obligados por el miedo.
La gente se veía arrepentida de haber presenciado semejante injusticia.
Mark se apartó de la multitud, respirando con dificultad.
Su mirada estaba cargada de furia y repudio.
—Esto es un engaño… —susurró—.
Tomaron la imagen del estratega de plata y la pusieron en el primer imbécil que encontraron.
Se detuvo, los dientes apretados, y llevó la mano a su capa, palpando la tela como buscando un símbolo, un mensaje oculto.
―Mi capa y la de ese imbécil eran iguales… ―pensó―.
Katán me dijo que parecía especial… No sé si es coincidencia o un aviso, pero lo que ella me dio contrasta con él… Un estremecimiento recorrió su cuerpo.
La rabia lo consumía.
—Tal vez sea solo una excusa que me doy a mí mismo… pero voy a romperle el tabique.
A él… y a su estúpido rey.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Dicher ——————————————– SÉGUIME EN MIS REDES, HERMANO/A.
¡Motívame a seguir escribiendo y creando!
¡Ayúdame con tu grano de arena dándome Like y siguiéndome!
(no en la calle, porfa) REDES SOCIALES: Instagram: https://www.instagram.com/the_dicher07 Facebook: https://www.facebook.com/the.dicher X (Twitter): https://x.com/The_Dicher07
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com