El Exilio de la Villana - Capítulo 24
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24: Una Servicial pausa 24: Una Servicial pausa Salom siempre había acompañado a Amarilis en casi todos sus momentos, incluso en sus entrenamientos con Ramuko, podía decirse que él solo se le permitirá ver los básicos, los apenas peligrosos, por qué habían casos donde Amarilis estaba lastimada o enferma de algo desconocido y él no sabía que hacer, más en solo líneas de esas dos lo definieron todo.
—Es normal, no es el fin del mundo— dijo Amarilis —Solo preocúpate cuando yo me preocupe — dijo Ramuko Justo como había dicho ella, la forma en la que creció la había forjado a la señorita que ahora era… y eso complacía a Salom de ser su Sirviente… aunque le parecía curioso igualmente el cómo había pasado ese cambio.
Pensando en qué hacer en adelante.
—¿Osea que renuncias?…
Se que hay diferencias y todo lo que últimamente ha pasado pero… ¿Porqué?— preguntó el padre de Amarilis al tener enfrente la carta de renuncia de Salom —No me voy por qué me sienta incómodo o algo así… agradezco cada momento vivido y su hospitalidad desde que entre… es solo… que… Bueno… siento que ya no me necesitan —!!!..
¿Y eso?
Sabes que no es así pero, ¿Por qué piensas que es así?
—…
¿Recuerda la razón por la que me contrató?
—…
Si, fue para que enseñaras a Amarilis a comportarse como una señorita, además de ser su tutor privado… bueno, creo que entiendo algo tu punto, ¿Pero estás seguro?
Ellos… puede que vengan, como siempre lo hacen, ¿En serio estás seguro de esto?
Ya no te podré proteger… —Totalmente lo sé y tendré que lidiar con eso ya por mí mismo, así que, muchas gracias por todo, absolutamente todo —…
No puedo detenerte en tus decisiones… aunque creo que a Amarilis no le gustará para nada la noticia, ¿Ya se lo dijiste?
—…
No, no la encuentro —Ya veo El jefe de la familia se levantó de su lugar y extendió la mano hacia él.
»Entonces, gracias por tus servicios, ahora dejaré de ser tu jefe Salom estrecho su mano y sonrió.
—Hasta pronto Se despidió tranquilamente y salió sin nada más que sus cosas en una maleta.
Antes de todo debía darse de baja en la asociación a la que pertenecía, la que le dió el trabajo y oportunidad de ser diferente a lo que estaba acostumbrado, así que caminó sin detenerse.
Era un edificio sencillo pero grande con esa inscripción en una gran puerta al frente, como si no quisiera decir que nadie puede no entrar, que todos eran bienvenidos.
*Buro de trabajo/asistencia/soporte/ayuda* Entró y se dirigió sin prisa a la recepcionista principal, desde la primera vez que entró ahí, sabía que no encontraría a la que una vez, decidió darle las opciones de trabajo, ahora estaba otra más joven.
Así que mostró un papel con sus datos y estadía, el papel tenía el sello del buró.
Un martillo y una pluma cruzándose en un fondo azúl.
—Bienvenido al buró, ¿Que servicio desea?— preguntó la recepcionista tranquilamente como si siempre fuera la primera vez —Es el término de mi servicio, vine a darme de baja y buscar un nuevo trabajo— respondió Salom por primera vez —Si, con mucho gusto Dijo ella y tomó el papel, para ser detenida en el acto por otra mano.
Salom se sintió como aquella vez que lo vio por última vez, incómodo, molesto, furioso y triste, ese anillo en uno de sus dedos parecía ser absoluto en cuanto a molestar su vida pacífica, era una de las razones por las que no quería dejar de trabajar ahí, pero a su vez, entendía que algunas cosas debían seguir solas, aún a costa de otras cosas que no iban al caso.
—…
¿Qué es lo que quieres?— preguntó claramente hostil queriendo no serlo, pero siendo imposible —Sabes lo que quiero, es tu responsabilidad, ya jugaste demasiado al mayordomo feliz, así que es hora que vuelvas— respondió una voz como si hubiera esperado largo tiempo el decir eso Pero Salom no apartó la mirada detrás de la recepcionista, ella estaba algo aturdida por esa plática, así que no interrumpió.
—Preferiria tener sexo con una mujer hecha de lija que volver a esa familia, ¿Que?
¿Siguen siendo lo peor aún cuando me despojaron de todo?
¿No sé supone que ese tipo iba a volver a poner en la cima a la familia?
¿Qué pasó?
—…
Hasta la recepcionista decidió no intervenir en absoluto, sabía que una mala palabra y todo se iría al garete.
—Podemos darte lo que quieras, tu solo puedes pedirlo y haremos lo imposible por cumplirlo —¿A si?
¿Pueden devolverme la dignidad?
¿La angustia de mi madre?
¿Regresar el tiempo que tuvimos que sufrir ella, yo y mi hermana por qué ustedes dijeron que ya no éramos necesarios?
¿Puedes borrar todo ese tiempo que nos tomó recuperarnos como podíamos?
El otro tipo que aún no mostraba su rostro, por qué Salom no quería ni verlo así, se quedó callado.
»No puedes Le arrebató el papel y lo entregó apenas arrugado a la recepcionista.
—No tienes a dónde ir desde este momento, no hay nadie que quiera darte trabajo Salom no se preocupó.
—Si hablas de que por la señorita y su magia Necromancer piensan que yo podría estar infectado o algo así… no me interesa, como te digo, estoy acostumbrado al esfuerzo de sobrevivir como más pueda, tu y ellos me lo enseñaron La recepcionista asintió y fue a los demás papeles.
—Aun así, no creo que puedas soportar más tiempo sabiendo que algo como eso está a tu alrededor, no creo que aún haciendo un buen trabajo y buenas referencias, alguien pueda- —Aquí tiene, una solicitud para usted— interrumpió la recepcionista como diciendo que ya era suficiente y le mostró otro papel más nuevo que el de él —…
—…
—¿Qué?— preguntó Salom —Hay una solicitud de un trabajo para usted, específicamente decía su nombre y que era requerido de inmediato —…
¿Es en serio?
—Totalmente, puede revisar si quiere, ahí encontrará las especificaciones Y lo tomó para leerlo, era real, no había trampa, el otro tipo solo espero, no podía creerlo, pero sabía por la expresión de Salom, que era real.
—… ¿Quién es?
—Un nuevo cliente que recientemente adquirió una empresa, ¿Entonces acepta?
—Totalmente —Bien, firme aquí por favor Lo hizo y el otro solo seguía sin creérselo.
—Al parecer, tendrás que esperar más tiempo para volver a molestarme, no quiero ver tu maldita cara otra vez Y diciendo eso se fue a la dirección que tenía el papel sin perder tiempo.
Era una casa sencilla en el barrio más pobre de la misma capital, había estado en algunos lados pero no en todos los barrios al borde de ahí.
—…
Mirando el edificio hueco, sucio, con maderas podridas, una puerta apenas funcional… podía sentirse más seguro que con el otro idiota.
Se acercó a la puerta y tocó.
—Pasa Al hacerlo la misma puerta cayó al frente haciendo un ruido hueco pero sonoro, levantó todo el polvo del suelo como una cobija que nunca se lavó, la luz del día todavía entraba por ahí, pues las ventanas estaban tan cubiertas de polvo que no entraba la luz del sol, solo y apenas de manera tenue estaba un escrito al frente con un sillón.
—Buenos días, soy Salom Serte Severa, vine por qué alguien aquí, requería mis servicios… ¿Es correcto?
—Si, así es, quiero a alguien confiable para un asunto serio— respondió una voz en ese espacio oscuro posiblemente sentado en ese sillón pero dándole la espalda Apenas podías ver lo que había alrededor sin que el polvo te intentase ahogar.
»Un trabajo en especial y específico sobre este y otros lugares, en pocas palabras, administración, ¿Sabes algo de eso?
—Si, lo suficiente para poder manejar un negocio, estuve en muchos puestos pequeños pero que me ayudaron a comprender todo lo necesario —Perfecto… ¿No te importa como se vea el lugar?
Digo, es nuevo aunque no se vea —No, a decir verdad, me salvó de una situación muy horrible para mí, así que no me importaría limpiar este sitio primero —Vaya, tenemos a un entusiasta… me gusta… aunque igual parece que aún con esa cantidad de ansias, puedo ver qué no estás del todo completo para trabajar, ¿Tan mal te trataron en el otro trabajo?
—¿Qué?
!No!
No, solo… no esperaba que pasará esto, incluso puedo decir que quería hacer más cosas en un pequeño tiempo libre —¿Y esas serían?
Tengo curiosidad si es posible Salom se quedó callado por momentos.
Después suspiró.
—Solo… hubiera querido despedirme de alguien… solo eso pero… no creo que se pueda, quién es esa persona… es muy importante para mí… no sé en qué estima me tenía pero… no me interesaba mientras todavía podía hacer algo por ella, más ahora… me retire por qué sabía y sé que ella puede manejar cosas que yo no tengo por qué enseñarle… por qué ella puede hacerlo sola… solo… quería hacer eso y podría decirse que estaría completo… como usted dice —…
Ya veo… sé algo que tal vez no sepa usted, pero había una chica que estaba hablando con comerciantes y gente de la nobleza hace no mucho, no escuché los detalles pero era algo sobre que ella era el problema y no los demás sirvientes, no se que problema decía pero se veía que realmente quería que quería decir eso para librar a alguien de algo… ¿Estaríamos hablando de la misma chica?
—…
Salom se quedó callado, no sabía eso, en absoluto no sabía eso… que ella sabía que él se iría… »Ya veo… creo que pensé que la conocía pero… —Veo que aunque usted no piense que ella no lo vé, si lo hace, pero no lo demuestra de frente… es una niña rara… debiste haberte despedido de ella —…
Lo sé, ahora puedo decirle que me arrepiento de no haber dicho eso… Salom se limpió las lágrimas que habían salido.
—Ahora vayamos a lo que importa —Si —Quiero que le enseñes a quien va a manejar esto todo lo que puedas sobre los negocios, sobre mantenimiento así como relaciones públicas entre la nobleza y todo lo necesario para hacer una gran compañía, lo suficiente para que sus caprichos puedan cumplirse, tiene unas ideas tan raras pero interesantes, puede que en algún momento puedas disfrutar de eso si haces un buen trabajo —Entendido —Acércate Lo hizo y vio un papel.
»Ahí tienes la información sobre a quién vas enseñar, los términos y condiciones así como las metas a cumplir, espero y puedas ayudarle lo suficiente —…
Aquel sillón se dió la vuelta y el padre de Amarilis lo miró, después se levantó y sin mirarlo se puso a un lado.
—No voy a dejar que nadie tome lo que es nuestro, mi hija se ha esforzado lo suficiente y tú serás testigo hasta el final de eso, así que toma está advertencia… no vuelvas a ponerla triste sin siquiera hablar con ella de frente… o te mataré Camino a la salida tranquilamente.
»No te irás hasta que esté sitio esté reluciente y arreglado, y por si preguntas, ¿De dónde crees que ella sacó lo sádico?
Salom recordó los primeros días que conoció a Amarilis.
—¿!
Qué!?
¡¿Por qué tengo que obedecer?!
!Soy tu dueña¡ ¡Así que no puedes decirme nada¡ Podía todavía recordar las primeras cosas.
—!¿Y se supone que este es un buen vestido!?
!¿Quién te enseñó a hacer algo como esto!?
!¿Una bruja!?
!
vuelvelo a hacer¡ La razón por la que no se rendía.
—!La gente que tira a otras debería morir¡ !Todo mundo le pertenece a quienes puedan pagar por ello y tenerlo!
!así que agradece que estás aquí, maldito muerto de hambre¡ Tenía ciertos modos, incluso después del golpe en la cabeza.
—¿Salom?
¿Puedes enseñarme sobre esto?
Era un cambio tan fuerte que era como si fuera otra persona… pero aún con eso… sabía que era la original Amarilis.
—¿Que clase de idiota te dejó ir si puedes hacer cualquier cosa?
Ahora entiendo por qué papá te contrato, lo que no entiendo es cómo es que no has conseguido novia y estoy siendo honesta Tenía la misma lengua afilada como sus padres, las mismas actitudes, así como los mismos gustos.
—Vamos, vamos Salom, come un poco, por qué si no lo haces, quién sabe cuándo volvemos a ver está delicia de este vendedor ambulante, yo invito, ¿Si?
Esa niña era la cual conoció de bebé y no quería interrumpir en su decisión… pero tampoco quería dejarlo ir aunque doliera… aunque no quisiera aceptarlo… aunque no lo mostrase… Lágrimas cayeron sobre el papel y después se limpió la nariz, abrió su maleta y sacó ropa sucia para usarla, después empezó a trabajar en esa casa.
Había también guardado el secreto sobre Belialh, pues era un proyecto tan serio y familiar que el ser parte de ello era totalmente un honor para él.
—¿Salom?
¿Salom~?
Esas palabras lo volvieron al presente.
—¿Eh?
Ah, ¿Qué ocurre, señorita Amarillis?
—Te estaba preguntando si mis tetas no han crecido desde hace un mes— dijo Amarilis en ropa interior presionandolos con sus manos casi frente a él —…
Ese tipo de preguntas debería preguntarle a una mujer, ¿Por qué no a una de sus amigas?— preguntó avergonzado por lo que ella hacía con los ojos cerrados —Están locas como yo… además, confío más en ti como hombre que me ha conocido desde siempre, e igual puedes tomarlo cuando logres encontrar a alguien con quién casarte —Eso lo dudo señorita —Nunca digas nunca —…
Así era estar con ella, raro, demasiado raro, pero también imposible no intentar seguir el ritmo.
Un ritmo que quería seguir hasta el final.
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