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El Exilio de la Villana - Capítulo 55

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Capítulo 55: Capitulo 1: Bienvenida… ¿Ya te vas?

Las noches desérticas son…, interesantes, Amarilis era experta en supervivencia de bosques, de manera no continúa había podido ir a algún desierto cuando tenía su primera vida, más ahora sentía que aunque estaba cumpliendo algo, sabía que de todas maneras no podía subestimar el ambiente…, pero tenía sus ventajas.

—Un cielo estrellado, una fogata, un buen libro, música en mi abanico y más que nada la calidez de mi caballo, si, esto es vida, asi quiero que sea mi final

Recostada en un espacio no apartado de la caravana que estaba enfrente de ella, con Axtriz recostado manteniendo una postura por si acaso había de levantarse con la cabeza en alto, como una pareja disfrutando del ambiente, una lámpara de aceite a un lado y el memorándum de aquel sujeto, Mark.

El alrededor no se quedaba atrás, con guardias en algunos puntos ciegos, caballos descansando en una propia fogata, los carruajes con el Rey y la Reina vigilados por más seguridad, una mitad descansando mientras la otra mitad resguardaba por turnos.

Desde su punto de vista era como ver el panorama de una película o documental sobre ambientes así.

Pero lo que más aún así llamaba la atención era lo que estaba encima de los mismos carruajes…, gatos, gatos y más gatos.

»…

Amarilis podía ver a algunos de ellos encima, llenos y brillantes en sus ojos por naturaleza, la capacidad de ser tan nocturnos como podían y esa presencia sencilla pero que veía que algunos ya tenían tiempo haciendo eso pues miraban el alrededor con naturalidad y claramente sintiéndose dueños de todo, tal vez amaestrados, tal vez entrenados o simplemente por qué se sentían más cómodos de esa manera… pero aun así era raro de ver… Claro, Barthog también tenía sus gatos, pero eran más de casa y calle, además de no tantos en un solo lugar como los que veía ella.

Algunos eran distintos, totalmente a los que ella conocía. Claro, en Barthog no faltaban algunos gatos así, pero no eran tan vistos o mejor dicho, no eran bastante frecuentes, habían familias con algunos, otros callejeros pero no a un nivel donde un carruaje tuviera tres gatos vigilando o durmiendo, incluso caminando en arena al cual sus patas no estaban para esos terrenos.

Ella podía sentir las miradas de los gatos, podría compararlos a cuando leía o escuchaba sobre dueños que decían que sus gatos miraban fijamente una esquina de su casa sin que hubiera nada ahí, pero ahí, en ese mismo instante si había alguien ahí.

Justo antes de salir de la frontera, en los límites cubiertos por un gran muro de tabique, roca y muchas torres de vigilancia, había otro bosque que conectaba hacia uno de los caminos a Kangalet, en una de las casas de seguridad antes de salir, estacionados y en espera, se encontraban un gran conjunto de carruajes, más caballos, más armamento, más comida y claro, esos gatos, todos encerrados en jaulas acomodadas, no incómodos, no estresados, justo como los que a sus dueños estarían listos para llevarlos de paseo, cuando el Rey dio la orden, estos fueron sueltos y enseguida subieron a los carruajes, unos buscaron algo entre lo que algunas caravanas traían de Bartogh como recuerdo o les había llamado la atención.

—¿Ratones?— preguntó Amarilis curiosa a un soldado cuando tuvo oportunidad

—Y más — respondió

Aquellos gatos del tamaño de justamente comadrejas, eran solo diez centímetros más grandes que un gato Maine Coon {La raza de gatos más grande} teniendo además dos colas y otros tres, posiblemente dependiendo el tipo de raza de ese mundo. De colores distintos y esperados, los clásicos sólidos como negro, naranjas, marrón y lila entre otros…

Volviendo a la noche.

Unos estaban en la fogata, recostados, de pelaje angosto, cara redonda, se notaría un carácter tranquilo pero…, Amarilis podía sentir algo de guardia de su parte hacia ella justamente, algo extraño ya que no podía sentir eso de los soldados.

—Me tienen más confianza ellos que los gatos, deberían hacerles caso— dijo suspirando

El día llegó nuevamente y con ello una nueva ronda de caminata, el medio día sería tomado como la hora del descanso, como todo desierto siempre que el sol empezaba a alzarse hasta que la sombra fuera uno con el dueño significaba que todo podría morir si no se tenía respeto por lo mismo.

—Al menos aquí respetan eso— dijo en voz alta

Los gatos que querían volvían a sus jaulas, los que no, seguían en espacios seguros del sol, cubiertos un poco, los caballos vaya que tenían que esperar de pie.

»Quería ver camellos

El mediodía llegó y claro, la temperatura aumentó, Amarilis estaba en una gran lona, los soldados en otra, y claro, los caballos en una más. Podías ver más dunas de arena que antes, lo que significa que estaban casi al centro entre países, no perdidos pues ellos ya habían pasado muchas veces por ahí.

Aunque fue advertida que esa área era más caliente que las anteriores por estar más alejada de los bosques o cuevas, incluso de cualquier lugar posible para ocultarse del sol.

El calor siempre era abrasador, no húmedo, seco, pero seco en el sentido que entraba en la garganta e incomodaba al no estar acostumbrado.

Amarilis estaba leyendo el memorándum y descansando un poco la vista miró al frente…

—¿?

Una duna acababa de moverse a la lejanía, justamente a muchos metros delante de ellos…

»Los espejismos están cabrones

Siguió leyendo hasta que su caballo se levantó de dónde estaba y fue con ella.

»¿Axtriz? ¿Qué pasa?

Él parecía algo alterado, también llamó la atención de los demás soldados. Pero seguía moviéndose, levantando las patas delanteras y relinchando apresurado, Amarilis trató de calmarlo.

—¿Qué le ocurre a tu caballo?

Ataraxia había llegado con ella, algo preocupado por claramente saber la raza y el tipo de comportamiento de esos caballos.

—No se, pero, dime si estoy loca o no, ¿Las dunas de arena pueden moverse?

—…

Ataraxia la miró y un soldado carraspeó para después reírse, los demás también y unos cuantos se quedaron serios. Sabía que había preguntado algo muy estúpido pero quería arriesgarse.

—No, las dunas no pueden moverse, ¿Que te hace pensar eso?— preguntó Ataraxia sin perder la calma y claro, como si estuviera delante de un turista que diría algo así

—Creo que él vió lo que yo— respondió al lograr calmar a su caballo

—… ¿que?

Los demás soldados seguían riéndose, Ataraxia miró más detenidamente a Amarilis.

»¿Y dónde viste eso?

—Ahí

Y al mismo tiempo que apuntó a dónde va la visto moverse esa duna, otra se movió justamente para ocupar ese lugar…, haciendo que incluso los que se estaban riendo se detuvieran de golpe.

»… Por favor, dime qué no estoy loca, dime qué eso es normal— dijo ella nerviosa —, dime por favor que el calor nos hizo ver cosas a los dos

—…

—…

Y Ataraxia no tardó en dar órdenes.

—!Protejan al Rey y a la Reina¡

Todo mundo se movió, pero incluso ella veía que era una situación lo bastante sería.

El Rey y la Reina fueron alertados, muchos magos que venían con ellos empezaron a conjurar protecciones lo más rápido que podían, algunos soldados se prestaron a las armas, otros tocaron el suelo con las manos, sus ojos brillaron, era una especie de sonar para saber que estaba más adelante, otros más tomaron sus armaduras y mucha agua aunque se tirase al suelo, los caballos fueron movidos de su lugar y preparados, pero Amarilis y Axtriz eran los únicos que junto con los gatos no sabía que estaba pasando realmente.

—Señorita Amarilis, tiene que ponerse a resguardo— dijo Ataraxia con un rostro serio todavía sin perder la concentración

—¿Que pasa? ¿qué es eso?

—Solo debes preocuparte por tu seguridad, no salga de aquí

—No me subestimes, ¿No aprendiste de esa vez?, ¿Qué es?

—Es-

—!Vamos a sacarla, preparados¡— interrumpió un soldado a todos los demás

Ataraxia salió corriendo sin más y sacó sus espadas mientras tomaba posiciones, aquella duna apareció ahora acercándose peligrosamente, para después de una manera, una ráfaga de aire salida de la nada… O mejor dicho, de la magia de los magos hizo explotar aquella arena para descubrir lo que trataba de atacar de esa manera, haciéndola detenerse y levantar el cuerpo hasta casi cubrir parte de toda la caravana.

—Hoo, ya

Un monstruo de muchas partes, del cuerpo de serpiente brazos de mantis, rostro humano, cola de escorpión, de la boca humana se abría hasta la mitad del estómago de manera gráfica, incluso podias ver la línea que iba haciéndose hacía abajo, el torso escamoso y tres filas de dientes repartidas en pares que se abren como una trituradora, levantándose como una cascabel a punto de atacar, amenazante, espeluznante, aterradoramente visible y visceral.

»¿Una Manticora?

Las Manticora eran el justo origen de las Quimeras de Grecia, pero, ¿Algo como eso existía en el libro?

En el volumen dos, justamente se hablaba de las Mabestias del desierto, algo como la segunda rama después de aquellas Mabestias que vivían en los bosques, pero nunca se habló ni un poco sobre algo como esto, había escorpiones Mabestia, hipopótamos Mabestia, incluso cocodrilos Mabestia, espíritus y demonios, en su mayoría estos últimos eran los que dominaban los terrenos que la humanidad y seres conscientes no ocupaban, y más si es un desierto, ¿Pero algo como eso? Jamás fue descrito…, lo que significa una cosa.

»son ellos, son esos idiotas ¿Debería…

Su carta fuerte “Q”, no se encontraba en ese momento, estaba ocupado en Barthog por si algo ocurría, Ataraxia se veía nervioso, tal vez incluso él no estaba acostumbrado a pelear contra cosas así.

Ella todavía no se recuperaban del todo, pero…, simplemente no podía… y atacó, inesperadamente ataco pero no de la forma convencional, nada de embestidas de cola o cuerpo, eran espinas salidas en latigazos que daba con la punta de su cola, todos apenas bloqueados con magia de los magos.

Los magos estaban lanzando magia a dónde esa cosa estuviera, los soldados esperaban órdenes y Ataraxia quería atacar pero, acertadamente no sabía cómo moverse, había escuchado sobre una bestia tal cual acaba de ver, pero nunca creyó que realmente existiera, se había preparado para todos, menos para algo así.

Una especie de cosa extraña de más de treinta metros aproximadamente, con una envergadura de trece metros sin contar las extremidades, los magos también eran atacados por las extrañas espinas que esa cosa arrojaba de su cola, era rápida, justamente como un escorpión y una serpiente, lo que dificultaba el daño, pero aún así, aún sin saber cómo debería acercarse, corrió.

La cosa estaba distraída, la velocidad de Ataraxia era igual de veloz que los movimientos de esa manticora, moviéndose en zigzag para evitar la mirada donde fuera que la tuviera, no podía valerse de ese rostro humano, después vino el salto como pudo y el corte por uno de los lados de esa cosa.

El grito de dolor era incluso extraño, ahogado, gutural y casi indescriptible, los movimientos se volvieron incontrolables, más rápidos incluso, Ataraxia se movió esquivando coletazos fuertes cuál látigo al suelo, los magos seguían disparando pero las puras parecían ahora retrasar los ataques, los soldados ahora dispararon flechas de manera consecutiva, pero ahora la manticora parecía más furiosa, lo que hizo levantar una cortina de arena a todos y arrojar polvo alrededor con su cola para tanto atacar como distraer.

Ataraxia fue afectado y sintió la necesidad de cubrirse por sus pies con sus armas, la punta de la cola fue directamente a esa parte y el impacto lo recibió sus espadas haciéndolo girar lejos y sintiendo las extremidades temblorosas, había sido un fuerte golpe.

Pero no había terminado, en un giro el Caballero Sagrado Ataraxia se acomodó y sorpresivamente esa cosa había desaparecido, podía apenas entender que estaban gritándole además de seguir disparando, pero no entendía nada, hasta que fue tarde, el suelo se volvió más suave y unas tres filas de dientes aparecieron a los lados, el sintió un dolor en el estómago aparte del vacío de no sentir firme el suelo y ver eso, estaba dispuesto a al menos dañar los dientes pero sintió algo más aparte del dolor interno.

—!Malditas drogas!

Fue lazado de la cintura y jalado tan fuerte que por un momento sintió que las espadas se le iban de las manos, después el arrastre de algo, y algo tapándole un poco el sol a esa velocidad.

»!Sube al maldito hipopótamo, esa cosa te quiere a ti¡— gritó una voz

Se sujeto de lo primero que sintió y subió a lo que había ahí, enseguida notandolo después de algunos pestañeos.

Amarilis estaba en su caballo a la velocidad de la Mabestia Hipopótamo en el que él estaba, detrás estaba el agujero que esa cosa había hecho y después volvió a levantarse más rápido y frustrado por no lograr lo que quería.

»¿Alguna idea de como matar esa cosa? !Son tus tierras¡— gritó ella

—!No lo sé¡ no hay registros de eso, ha sido avistada pero hasta ahora a atacado!— respondió Ataraxia

—Esos malditos— susurró

Axtriz relinchó alertando que eso seguía atrás y ellos se alejaron.

»Bueno, empecemos con lo de siempre, cortemos la cabeza a la serpiente— dijo—, !Haz que te siga¡

—!Bien¡

Ella se separó y Ataraxia siguió adelante, Amarilis podía ver el paso de la tierra moverse detrás de él hipopótamo, sabía que atacaría como una, pero no sabía la forma de tomarla, hasta que mismamente Ataraxia detuvo al hipopótamo, algo que asustó demasiado a Amarilis.

—!¿Que haces?¡

—¡Estoy tomando tu consejo!

La manticora apareció con el frente de sus dientes como justamente una serpiente, Ataraxia enseguida saltó encima mientras la cabeza humana pasaba a devorar o morder al hipopótamo, este hizo un sonido muy fuerte, siendo asesinado al instante, Ataraxia clavó las espadas en lo que parecía ser la nuca, y las extremidades filosas aparecieron en una contorsión esperada, más Amarilis apareció con otro lazo, tomando una y jalando con Axtriz hacia atrás, el movimiento aún era hacia adelante, lo que hizo moverse la espalda y equilibrio de Ataraxia pero apenas logró controlarse, la otra extremidad fue hacia él pero se había movido, el Caballero saco solo una de sus espadas y corto donde iniciaba aquellas cuchillas naturales pero peligrosas, la manticora volvió a gritar de dolor retorciéndose.

La cola apareció rápidamente y Ataraxia sostuvo la parte cortada, haciendo impactar ambas cosas, haciendo un desvío de la cola hacia más adelante, más antes que pudiera hacer algo, Axtriz pasó por encima de un gran salto y aún sosteniendo la otra extremidad que aún seguía sujetada, aflojó un poco el agarre, para que quedara encima de la cola y no dejar que se movieran hacía arriba.

—!Ahora¡

Ataraxia enseguida reaccionó y cortó esa otra extremidad, la dejó caer encima la cola, está fue cortada y para no perder el ritmo, enseguida tomó la punta y la clavó más en la nuca de esa cosa, no tardó en reaccionar tarde, levantarse hasta arriba otra vez como una cobra entre más gritos desesperados, Ataraxia se sostuvo de la espada que aún estaba clavada y Amarilis con su caballo del lazo donde aún no había cortado, pero todo indicaba que era la señal de muerte de esa cosa, como un último estiramiento ante-mortem (antes de la muerte), como si hiciera que su cuerpo aplastase en un último movimiento para al menos lastimar al dejarse caer hacía atrás… pero no logrando lográndolo al ser asesinado con su propio y mortal veneno.

—!Amarilis¡

—!Sube a mi caballo, tengo una idea¡

Él saltó hacia ahí y en el movimiento de péndulo que provocó, ella tomó una de las espadas y cortó el lazo para ir a la espalda nuevamente de esa cosa.

»!Aquí vamos¡

El caballo se había mantenido serio incluso en lo anterior pero si alguien lo mirase sabría que no quería morir.

El cuerpo empezó a torcerse a ablandarse, como una onda registrada o el movimiento de un latigazo en una línea extensa al caer hacía adelante, las pezuñas de Axtriz estaban resbalandose en las escamas de esa cosa mientras instintivamente quería retroceder.

»!Tu puedes, tu puedes, tu puedes¡

Estaba peleando por no salirse o máximo no resbalarse más de lo necesario, para cuando la cabeza cayó el latigazo del cuerpo y ellos llegando al final por justamente la cola cortada fueron arrojados irónicamente cerca el campamento, dos rodando incontrolablemente y un caballo cayendo de bruces fuertemente al suelo apenas rodando.

—! Ataraxia¡ ! Señorita¡

Unos cuantos soldados fueron con ellos, los dos se levantaron lentamente.

Pero Amarilis fue con su caballo enseguida.

—¿Todos están bien?— preguntó Ataraxia

—Eso es lo que nosotros deberíamos preguntar— dijo un soldado

—Esa fue una locura, quedará registrado en los libros, eso sí

—No me interesa eso, solo quiero saber, !¿Cómo fue que a nuestros gatos se les escapó esa cosa?¡

—…

Esa era una buena pregunta.

—Hagan que alguien revise, por qué si ese caballo salió seriamente lastimado, el responsable quedará peor— ordenó enojado

Él se acercó a Amarilis y a Axtriz.

—!Alto¡— gritó Amarilis

—… Perdón, si fui el culpable…

—No, Axtriz aunque esté lastimado, está alterado, atacará al desconocido que se acerque a mi, quédate ahí por favor— dijo ella

Y si, Axtriz estaba respirando pesadamente, acostado, cansado, estresado incluso por lo que acababa de pasar, Amarilis estaba acariciándolo del cuello, calmandolo.

Después se levantó rápidamente.

Ella se subió después a su espalda.

»iré a dar unas vueltas con él para calmarlo, no nos iremos lejos

Avanzó sin decir nada, lentamente, a paso tranquilo, el caballo empezó a respirar por la nariz y hacerlo bajando la cabeza, Amarilis estaba ahora centrada en calmarlo con palabras y caricias, además de dejarlo avanzar a gusto aflojando sus riendas.

»Vaya bienvenida de su parte

La noche se acercaba así que debían descansar, habían soldados revisando aquella cosa y asegurándose que estuviera muerta, otros tantos estaban con los gatos, sin saber que les había pasado.

—¿Y bien?— preguntó el Rey—, se me informó que de no ser por Amarilis y su caballo, estaríamos en problemas, ¿algo que añadir? ¿Algo porque nuestra invitada tuvo que hacer algo que nosotros debimos darnos cuenta?

La Reina estaba a un lado, algunos sirvientes también estaban ahí, posiblemente los encargados de los gatos pues se veían nerviosos.

Amarilis estaba ahí también pero en el suelo, con Axtriz aún a lado de ella igual acostado, ella sin dejar de tocarlo del cuello, no quería soltarlo hasta que realmente él se hartara de ella.

Ataraxia estaba a un lado de ellos a una distancia segura, conocía igual a los Yazarballan (La raza a la cual pertenecía Axtriz) tal vez atento, tal vez para vigilar el alrededor.

—¿Entonces los gatos son como alarmas?— preguntó Amarilis a Ataraxia

—Si, aparte de cazar plagas y ratones que suelen estar entre los viajes, sus sentidos nos permiten detectar el peligro a distancia o incluso en la noche, tenemos la fuerte creencia que cuando un gato se eriza y mira a un punto fijo, es por qué ahí está el peligro, que si se quedan quietos y tranquilos significa que él viaje será seguro y más que nada, que si se escondían en lugares de la caravana o cualquier carruaje, es por qué algo muy malo iba a pasar…

—Y pasó

—Y pasó— confirmó Ataraxia molesto—, nuestra cultura es en general de crianza de gatos y su bienestar, ¿Puedo contarte una historia?

—Me encantan, adelante

—Se decía que la Diosa Salomé dejó atrás a unos Guardianes una noche después de un gran peregrinaje, un perro, un ave y un gato, el perro vigilaba el día, tranquilamente, audaz alerta, feroz, el ave vigilaba el cielo, alerta, rápida, inteligente, pero el gato se quedaba quieto, no hacía nada, una noche, esa noche, el perro hablo:

“Mi señora, mi Diosa”

Dijo mientras el fuego calentaba a su alrededor.

“Perdone mi impertinencia, pero no entiendo por qué ha de elegir que el gato continúe, soy un buen elemento para la protección de usted, puedo oler el peligro a grandes distancias, puedo percibir la maldad de las personas, puedo serle leal hasta donde usted diga, pero el gato, perdona mis modales, pero no te he visto hacer nada que no sea solo dormir, solo estar… Ahí, no entiendo por qué alguien así podría continuar”

El ave levantó la ala derecha.

“Si hablamos de eficacia, puedo también decir que mi vista es espectacular, puedo saber de lejos todo lo que alguien puede cargar, incluso intuir en las acciones de las personas para saber si traman algo, no apoyo la idea del perro en decir algo que no sepa de mi compañero gato, pero en lo que sí estoy de acuerdo es en que no lo he visto hacer nada que no sea dormir, no es molesto pero hace que tengamos más trabajo”

Dijo y los dos esperaban a qué el gato dijera algo, algo para defenderse, algo para refutar, algo para que incluso fuera para expresar su desacuerdo, pero no se movió, o más bien, solo se levantó sin apartarse de su lugar, extendió las patas delanteras y de entre el mismo suelo aparecieron muchas cabezas de serpientes, colas de escorpiones, entre otras criaturas sumamente peligrosas que ellos no esperaban ver ahí.

La Diosa se rió un poco.

“¿De dónde o de quién creen que he sacado la carne que gustosamente hemos comido?”

Preguntó. Y después miro tiernamente al perro.

“Eres justamente lo que has dicho, pero no puedes percibir lo que ya está a lado de ti”

Después miró al ave.

“Eres inteligente, la más grande que he tenido de compañía, pero tú nunca supiste lo que gato hacía, así que esté es mi sermón.

“Se lo que los demás creen que eres, para así ellos nunca sepan de lo que eres capaz, hasta que no sea necesario, haz el bien necesariamente por que así debes hacer, esperar algo de alguien solo es vanidad sin mérito a que solo lo haga sin realmente sentirlo para sí mismo.

—… Hermosa historia

—Si, por eso mismo tratamos a los gatos así, pero ahora esto, es sacrilegio — dijo Ataraxia algo enojado presionando sus manos —, poner en peligro a todos, a todos…, es imperdonable, muy imperdonable

Los sirvientes seguían ahí sin saber a dónde mirar.

—Su Majestad, no les hemos hecho nada, jamás nos atreveremos a hacerles algo a los sagrados gatos, créame por lo que yo más amo

Y más súplicas aparecieron entre ellos, avergonzados, apenados, sintiendo la muerte cerca…

—Solo hay algo, una cosa que posiblemente haría algo como esto— dijo Amarilis añadiendo más cosas

—No, nuestros gatos no serían envenenados, desde pequeños se les da cierta cantidad de veneno para que puedan resistir— dijo Ataraxia

—¿Quién dice que es veneno? Bueno, si, pero no— dijo y se levantó cuidadosamente del lado de Axtriz

Y en un movimiento rápido lo derribó, lo que llamó la atención de unos soldados.

—¿!Qué haces¡?— preguntó Ataraxia

Pero ella se dispuso a oler su ropa, sus pantalones para ser exactos.

Los demás soldados miraron eso, incluso los Reyes.

—¿Señorita Amarilis? ¿Qué está haciendo?

—… Buscando un olor, ¿Podrían traer a un gato que esté despierto? Creo que puedo saber qué está pasando, tengo una corazonada

—…

La Reina se quería reír pero el Rey ordenó hacerlo, enseguida trajeron un gato negro, este parecía no saber que estaba pasando, lo traían en una almohada pequeña para su tamaño, ella lo tomó cuidadosamente.

—Arriba

—…

Ataraxia lo hizo y Amarilis lo pasó por la ropa de él, el gato seguía tranquilo, hasta que en su muslo derecho este cayó inconsciente casi al instante, lo que alarmó a todo mundo.

—¿¡Ataraxia!?

—¡¿Eh!?

—!Veneno, veneno¡— gritó un soldado al ver algo imposible en ese momento

—!Está desmayado, pedazo de piña¡— gritó Amarilis antes que todo se volviera más desastroso

Lo regresó después.

»Hierba gatera

—¿Hierba? ¿Hay una planta que puede hacer eso?— preguntó el Rey

—Pues, se suponía que no, pero quiero creer que justamente esa cosa estaba rociada por esto, de ahí que los gatos no reaccionaran, estaban drogados, y eso fue más rápido que el efecto que conozco, soy una Necromancer, así que conozco de cosas para dejar fuera a quien sea

—¿Eso es verdad?

—Si miento, me cortaran la cabeza junto con ellos, ¿Pueden traer ahora las escamas de esa cosa?

Para no alargar la noche , fue correcta su hipótesis, las escamas hacían dormir a los gatos, algo en ellas hacía que solo con acercarse un poco, los gatos cayeran inconscientes o estuvieran adormecidos de golpe.

—Ssssss, sus majestades, alguien realmente odia a la realeza— dijo Amarilis —, alguien capaz de crear esto y saber que ustedes estaban por aquí, quiero reírme, pero nope, sería justo el cortarme la cabeza y no me quejaría si lo hago

Eso encendió las alarmas en ese espacio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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