El Extra que Estaba Destinado a Morir se Convirtió en el Villano - Capítulo 12
- Inicio
- El Extra que Estaba Destinado a Morir se Convirtió en el Villano
- Capítulo 12 - 12 Deudas Cenizas y una Línea que Ya Conocía
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: Deudas, Cenizas y una Línea que Ya Conocía 12: Deudas, Cenizas y una Línea que Ya Conocía El peso de los cristales espirituales era reconfortante por razones que Chen Xuan no estaba dispuesto a discutir con nadie.
En especial no con su yo del pasado, ese tonto que creía que “la dignidad” pagaba comida, armas o consolas mágicas.
Se detuvo en un tramo silencioso del sendero del Pico del Espíritu Floreciente, donde el viento olía a pino y tierra húmeda, y abrió su bolsa de almacenamiento con la cautela de un sacerdote revisando ofrendas sagradas.
Cincuenta cristales.
Exactos.
Brillaban suave, como pequeñas lunas atrapadas en vidrio.
Chen Xuan los observó un segundo, como si temiera que desaparecieran por puro espíritu de contradicción del universo.
Luego asintió.
—Bien… —murmuró—.
Ahora sí parezco un cultivador funcional.
Pero esa tranquilidad duró lo que dura un mal chiste.
Porque había prioridades.
Si quería seguir moviéndose dentro de la secta sin levantar sospechas… debía actuar como una persona con cerebro, no como un adicto a la realidad virtual espiritualmente ilegal.
Sacó quince cristales y los separó con cuidado, alineándolos como si fueran piezas de un tablero.
—Deuda… —murmuró—.
Más intereses.
Porque soy un villano responsable.
Los ojos le brillaron con una satisfacción extraña.
No era solo estrategia.
Era… prevención.
Lian Ruyu no era alguien a quien pudieras engañar por mucho tiempo.
No porque fuera desconfiada por capricho, sino porque su mente trabajaba como una espada: cortaba lo innecesario y dejaba solo lo verdadero.
Y Chen Xuan lo sabía mejor que nadie.
Porque él ya había leído su historia.
Ya conocía su dolor.
Ya conocía su destino.
Y, en la versión original… él solo era un extra destinado a morir antes de que la trama se pusiera interesante.
— La encontró en un lugar apartado del pico, cerca de un pequeño pabellón donde apenas pasaban discípulos.
Lian Ruyu estaba de pie bajo la sombra de un árbol joven, quieta, como si su presencia no tuviera peso.
Su espada estaba envainada, pero el qi frío alrededor de ella era tan limpio que casi podía sentirse como un filo invisible en el aire.
Cuando Chen Xuan se acercó, ella no se sobresaltó.
Solo lo miró.
Como si lo hubiera estado esperando.
Chen Xuan levantó la mano.
—Buenas noticias financieras.
Lian Ruyu no respondió de inmediato.
Su mirada bajó a la bolsa de almacenamiento que él sostenía, y luego volvió a sus ojos.
Había menos dureza que antes… pero más seriedad.
Chen Xuan sacó los quince cristales y los depositó en una bolsita pequeña.
Se la extendió.
—Te devuelvo lo que me prestaste.
Con intereses.
Quince.
Lian Ruyu la tomó.
Abrió apenas la bolsa.
Sus cejas se fruncieron levemente.
—…Cumples.
Chen Xuan sonrió.
—Mi reputación crediticia vive.
Un silencio corto se instaló entre ambos.
No incómodo.
Más bien… cargado.
Porque ambos sabían que el dinero no era el punto real.
El punto real era lo que había pasado en la plataforma.
La forma en que Chen Xuan, Terrenal medio, había derribado a un Terrenal avanzado sin usar ninguna técnica reconocible.
Y esta vez, Lian Ruyu no lo atacó con preguntas como antes.
No lo arrinconó.
No lo presionó con “¿qué estás ocultando?” Solo habló con voz calma.
—Necesito tu ayuda.
Chen Xuan parpadeó.
Esa frase, viniendo de ella, era más pesada que un martillo.
—¿Mi ayuda?
—repitió—.
¿No preferías auditarme el alma?
Los ojos de Lian Ruyu se estrecharon apenas, pero no fue enojo.
Fue cansancio.
—No tengo tiempo para eso —dijo—.
Pausa.
—No si quiero sobrevivir.
El viento se sintió más frío.
Chen Xuan dejó de sonreír del todo.
Su expresión se suavizó, apenas.
—¿Qué pasó?
—preguntó, aunque la respuesta ya la conocía.
Lian Ruyu bajó la mirada un segundo.
Luego habló.
Y cuando habló… su voz no tembló.
Eso era lo más aterrador.
—Mi clan fue masacrado.
Chen Xuan no reaccionó por fuera.
Por dentro, la escena ya estaba viva.
Porque la había leído.
Porque la había odiado.
Porque en la novela original, esa tragedia era un “trasfondo” conveniente para construir a la heroína como alguien fría y determinada… antes de que el protagonista apareciera para “salvarla” simbólicamente.
Pero aquí no era trasfondo.
Era real.
—Fue un cultivador demoniaco —continuó ella, sin emoción aparente—.
Sus dedos se cerraron un poco sobre la bolsa.
—No era Fundación Espiritual.
Chen Xuan lo sabía.
Pero aun así, cuando ella lo dijo, el aire pareció volverse más pesado.
—Era… Reino de la Tribulación Celestial.
Ese nombre golpeó como un trueno silencioso.
El segundo reino más alto.
Un monstruo.
Un ser que ya había atravesado leyes del cielo y sobrevivido.
Un cultivador tan lejos del mundo de los discípulos externos que parecía ridículo incluso pronunciarlo en la misma conversación.
Chen Xuan exhaló lentamente.
En ese instante, un murmullo de su memoria se mezcló con la realidad: En la historia original, ella lo persigue durante años.Se encuentra con Lin Zhen.Luchan juntos.Y al final… lo vencen.
Y en el proceso… Lian Ruyu termina mirando al protagonista con una mezcla de admiración y dependencia emocional que, sinceramente, siempre le había parecido sospechosamente conveniente.
Chen Xuan apretó los dientes por dentro.
Ese era su final.Su “ruta romántica”.El premio por sufrir.
Ahora, de pie frente a ella, esa idea le pareció repugnante.
Lian Ruyu siguió hablando, como si esas palabras ya se hubieran repetido mil veces dentro de su cabeza.
—Llegó de noche —dijo—.
Quemó los salones.
Rompió las formaciones.
Mató a los ancianos.
Pausa.
—No buscaba tesoros.
No buscaba recursos.
Sus ojos se elevaron lentamente.
—Buscaba… exterminar.
Chen Xuan tragó saliva, casi sin darse cuenta.
Porque él sí recordaba el nombre que el libro había dejado caer como si fuera un detalle: El demonio que hacía “colección” de clanes, como si fueran insectos.
Pero él no lo pronunció.
Aún no.
Todavía no.
Lian Ruyu exhaló.
—No tengo a nadie más aquí —dijo con una sinceridad fría—.
La secta es grande, pero la gente mira hacia otro lado cuando el enemigo es demasiado alto.
Chen Xuan sintió un pinchazo incómodo.
No por culpa.
Sino por realismo.
En un mundo así, la justicia era… opcional.
La fuerza era lo único obligatorio.
Lian Ruyu inclinó la cabeza apenas.
—Por eso te pido ayuda.
Chen Xuan se quedó en silencio.
La miró.
Y en su mente, la escena futura se reprodujo sola: Ella, cubierta de sangre, peleando junto a Lin Zhen.
Ella, salvada en el momento clave.
Ella, enamorándose inevitablemente del protagonista porque la trama lo exigía.
Chen Xuan sintió un pequeño impulso oscuro.
No celos.
No exactamente.
Más bien… rechazo.
No.Esta vez no será así.
Su sonrisa volvió lentamente, pero era distinta.
Más suave.
Más peligrosa.
—Te ayudaré —dijo.
Lian Ruyu parpadeó, apenas.
Como si no esperara que fuera tan directo.
—¿Por qué?
Chen Xuan ladeó la cabeza.
—Porque si ese tipo está suelto… tarde o temprano me tocará a mí también.
Pausa.
—Y porque odio que el destino se salga con la suya.
Ella lo miró unos segundos.
Y por primera vez, en mucho tiempo… su mirada pareció menos fría.
No cálida.
Pero… humana.
—Entonces entrenemos —dijo.
Directo.
Sin dramatismo.
Como si la decisión ya estuviera tomada.
Chen Xuan casi se ríe.
—¿Así de simple?
—No es simple —respondió ella—.
Pero es necesario.
Silencio.
Chen Xuan asintió.
—Bien.
Solo una condición.
Lian Ruyu levantó una ceja.
—¿Qué condición?
Chen Xuan levantó el pulgar.
—No hagas preguntas que me obliguen a mentir demasiado.
Lian Ruyu lo miró como si estuviera evaluando si esa frase era una broma.
Luego dijo: —No necesito tu pasado.
Pausa.
—Necesito resultados.
Eso… era exactamente lo que Chen Xuan quería.
—Perfecto —murmuró—.
Entonces estamos alineados.
Cuando se separaron, Chen Xuan caminó de regreso a su residencia con la mente en tensión controlada.
Tenía cincuenta cristales.
Ahora le quedaban treinta y cinco.
Había devuelto quince.
Había ganado algo más valioso que recursos.
Había ganado una alianza.
Y al mismo tiempo… había confirmado una amenaza real, ridícula, imposible.
Reino de la Tribulación Celestial.
Un monstruo contra el cual incluso Lin Zhen, en la historia original, necesitaba años y apoyo para enfrentarse.
Chen Xuan entró a su habitación, cerró la puerta y apoyó la espalda contra la madera.
—…Genial —murmuró al techo—.
Pausa.
—Ahora sí tengo una razón legítima para volverme absurdamente fuerte.
Su mirada se deslizó hacia la consola.
La caja negra descansaba sobre la mesa como un pecado tecnológico.
Chen Xuan sacó un cristal.
Lo sostuvo entre dos dedos.
Sonrió.
—A trabajar.
Colocó el cristal en la ranura.
La consola pulsó.
El visor descendió.
El mundo se rompió.
Y la arena regresó.
La interfaz apareció frente a él.
[Seleccione su luchador] Chen Xuan eligió a Ryu sin dudar.
Pero esta vez… cuando el rival se materializó… no era Ken.
Era una figura ágil, postura ligera, piernas preparadas como resortes.
Chun-Li.
Chen Xuan alzó la guardia.
Y su sonrisa se volvió honesta.
—Ok… —murmuró—.
Sus ojos brillaron con anticipación.
—Hoy las mujeres me están causando muchos problemas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com