El Extra que Estaba Destinado a Morir se Convirtió en el Villano - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 La Herencia que No Se Olvida
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20: La Herencia que No Se Olvida 20: La Herencia que No Se Olvida La tensión sobre la Plataforma N.º 3 no se había disipado.
Al contrario.
Se había vuelto más fina… más peligrosa.
Lian Ruyu respiraba con control forzado, la espada aún firme en su mano, pero la diferencia ya era evidente para cualquiera con ojos entrenados.
El intercambio anterior había dejado claro algo incómodo: Lin Zhen no estaba siendo presionado… estaba empezando a responder en serio.
Desde la zona de espectadores, Chen Xuan observaba en silencio, los brazos cruzados dentro de las mangas.
Por fuera, su expresión era la habitual: tranquila, ligeramente aburrida.
Por dentro… su mente estaba muy lejos de allí.
Porque la técnica que Lin Zhen acababa de usar… la recordaba demasiado bien.
La Palma del Linaje Celestial… Sus ojos se entrecerraron apenas.
Así empezó todo la última vez.
En la línea temporal original, ese momento había sido decisivo.
Lian Ruyu había quedado impresionada —aunque no lo admitiera— y, con el tiempo, su relación con Lin Zhen se había profundizado.
Cooperación.
Confianza.
Y eventualmente… algo más.
Chen Xuan soltó aire por la nariz.
—…Qué historia tan predecible —murmuró en voz baja.
Porque él sabía algo que nadie más allí sabía.
Sabía cómo terminaba ese camino.
Sabía quién sobrevivía.
Sabía quién caía.
Y sabía… que esta vez ya no estaba dispuesto a seguir el guion.
En la plataforma, Lin Zhen dio un paso al frente.
Su postura se había vuelto más profunda.
Más estable.
El qi alrededor de su palma giraba con una cualidad antigua, como si no perteneciera del todo a la secta.
Lian Ruyu lo sintió.
Sus ojos se afilaron.
—…Así que eso escondías.
Lin Zhen no respondió de inmediato.
Cuando habló, su voz fue calmada.
—Todos tenemos cosas que proteger.
Por alguna razón, esa frase hizo que Chen Xuan soltara una pequeña risa nasal.
Sí… claro.
Todos tenemos cadáveres en el pasado.
Y sin querer… sus pensamientos se desviaron.
— Hubo un tiempo en que el nombre Lin había sido temido en su propio mundo.
No por Lin Zhen.
Sino por su familia.
Una familia fuerte.
Influyente.
Lo suficientemente poderosa como para atraer miradas equivocadas.
Chen Xuan cerró los ojos medio segundo.
Los recuerdos no eran borrosos.
Eran nítidos.
Demasiado.
— Su padre no había sido un hombre ambicioso.
Eso era lo irónico.
Mientras otros en la familia luchaban por poder, por recursos, por herencias… su padre solo había querido estabilidad.
Protección.
Un hogar tranquilo.
Y aun así… lo habían envenenado.
Silenciosamente.
Sin honor.
Sin duelo.
Chen Xuan recordaba todavía la expresión de su madre aquella noche.
Pálida.
Controlada.
Rota por dentro.
Recordaba la caja que su padre le había dejado a ella “en caso de que algo pasara”.
Recordaba la huida.
La desaparición silenciosa de la familia principal.
Él.
Su madre.
Y su hermana pequeña.
Tres sombras saliendo de un clan que se estaba devorando a sí mismo.
Los dedos de Chen Xuan se tensaron ligeramente dentro de sus mangas.
…Interesante, pensó con ironía fría.
En esta vida también estoy rodeado de gente con historias trágicas.
Sus ojos volvieron a la plataforma.
A Lian Ruyu.
La tuya tampoco es bonita.
La masacre de su clan.
El cultivador demoniaco.
La obsesión por volverse fuerte.
Sí.
Demasiadas coincidencias incómodas.
— En la plataforma, el combate volvió a estallar.
Lian Ruyu avanzó de nuevo.
Esta vez sin reservas.
El qi frío se condensó violentamente alrededor de su espada.
Arte de la Espada de Escarcha Serena — Cuarta Secuencia.
La ofensiva cayó como una tormenta invernal.
Rápida.
Precisa.
Despiadada.
La multitud contuvo el aliento.
Porque esta vez… Lin Zhen no esquivó con facilidad.
Retrocedió medio paso.
Luego otro.
Sus ojos finalmente se afilaron con seriedad real.
— En la zona elevada, varios ancianos intercambiaron miradas.
Uno murmuró: —Esa chica… ha crecido.
— Chen Xuan ladeó apenas la cabeza.
Claro que creció.
No está entrenando en la misma línea temporal que antes.
— Pero entonces… el qi de Lin Zhen cambió.
No más pruebas.
No más tanteos.
Su respiración se volvió profunda.
Estable.
Antigua.
El aire alrededor de su cuerpo se comprimió con una cualidad distinta a todo lo anterior.
Chen Xuan sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
…Ah.
Sacó la carta.
— Lin Zhen dio un paso al frente.
Su palma se alzó lentamente.
El qi giró en espiral compacta.
Más denso.
Más puro.
Más peligroso.
— Palma del Linaje Celestial — Forma Heredada.
— El impacto llegó como un trueno contenido.
¡BOOM!
La espada de Lian Ruyu fue desviada violentamente.
Sus ojos se abrieron.
Su equilibrio se rompió por un instante crítico.
Y ese instante… fue suficiente.
— El árbitro intervino apenas medio latido después.
—¡Ganador… Lin Zhen!
— El silencio que siguió fue pesado.
No porque el resultado fuera inesperado.
Sino porque… no había sido fácil.
En absoluto.
— Desde las alturas, una presencia finalmente se movió.
Sentada en la sección reservada para los picos principales, una mujer abrió lentamente los ojos.
Cabello oscuro como tinta.
Rostro de belleza fría y elegante.
Aura… profunda como un lago en invierno.
Shen Qiuyao.
La maestra más poderosa del Pico del Espíritu Floreciente.
Y una de las figuras más respetadas de toda la secta.
Sus dedos golpearon suavemente el apoyabrazos.
Una vez.
Dos.
Sus ojos —claros y afilados— recorrieron primero a Lian Ruyu.
Luego… muy brevemente… se posaron sobre Chen Xuan entre la multitud.
Solo un instante.
Pero fue suficiente para que la espalda de Chen Xuan se tensara apenas.
…Oye.
Eso no estaba en el plan.
Porque en la historia original… ella solo había mostrado interés mucho más adelante.
Mucho después.
Cuando todo ya estaba encaminado.
Pero ahora… la mariposa ya había batido las alas.
Y el viento… estaba empezando a cambiar de dirección.
— Chen Xuan exhaló lentamente.
Luego murmuró con total seriedad: —…Esto se va a poner problemático.
Pero en el fondo de sus ojos… había un brillo peligroso.
Porque si algo tenía claro… era que esta vez… no pensaba quedarse mirando cómo la historia avanzaba sin él.
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