El Extra Que No Debería Existir - Capítulo 389
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Capítulo 389: Capítulo 390: Jodido (2)
De repente, Alex, conteniendo a duras penas una sonrisa, los miró a los tres por igual. —Basta de preguntas. De todos modos, ¿por qué intentaban encontrarme? ¿Pasó algo? ¿El palacio está en llamas o algo así?
Lucas se llevó la mano a la cara con un gesto dramático y suspiró. —Sabía que este tipo lo olvidaría por completo.
Le lanzó una mirada severa a Alex. —¿Ya te has olvidado del gran anuncio? Hoy vas a nombrarme rey públicamente desde el balcón y a entregarme todo el poder real para que por fin puedas liberarte de tu trabajo a tiempo parcial.
—Dijiste que les asegurarías a los miles de personas en la plaza que confías en que haré un buen trabajo gobernando con sabiduría.
Tras escuchar la explicación completa, Alex se dio una palmada en la frente con un sonoro y teatral golpe. —Ah, sí… casi se me olvida mi último trabajo. Neblina mental por… eh, todo.
Alden se cruzó de brazos, con sus pobladas cejas fruncidas. —¿En serio? ¿Qué has estado haciendo hasta ahora para desaparecer como un fantasma? ¡Registramos los jardines, las bibliotecas e incluso la armería!
A Alex se le entrecortó el aliento, su mente buscando a toda prisa una excusa. —¡Estaba haciendo ejercicio, sí! Superando mis límites en una sala contigua. Una sesión bastante intensa… repeticiones y ejercicios que te hacen sudar.
El sistema estalló en una carcajada histérica dentro de su cabeza. [¡Jajajajaja! ¡Oh, Dios mío, no puedo controlarme! ¡Llamarlo «sesión intensa» es el eufemismo del siglo!]
Ethan asintió con sabiduría y le dio una palmada en el hombro a Alex. —Ah, por eso estás todo sudoroso y desaliñado, ¿eh? Tiene sentido.
Alex asintió enérgicamente, evitando el contacto visual directo y desviando la mirada hacia el suelo. —Sí, exacto, por eso. Rendimiento máximo.
Lucas dio una palmada con decisión. —Bueno, basta de perder el tiempo con excusas. Acabemos con esto rápido, que después tengo un montón de trabajo.
Alex volvió a mirar por todo el bullicioso salón —nobles que se arremolinaban como torbellinos de colores, risas y tintineo de copas, sirvientes que pasaban veloces con bandejas—, pero ni rastro del faro dorado.
«Es inútil, ya debe de estar lejos en ese coche. Y de todos modos, nadie va a recordar una mierda sobre el día de hoy —o sobre mí— a partir de mañana. Así que mejor no le doy demasiadas vueltas»
Lucas agarró con firmeza el brazo de Alex y lo guio a través de portales arqueados hasta el balcón del Palacio Real: una amplia extensión de mármol blanco pulido con vetas de oro, paredes talladas con leones rugientes y vistas a la enorme plaza central, abarrotada con miles de ciudadanos que vitoreaban bajo un dosel de luces flotantes y ondeantes estandartes.
Al salir, unas enormes pantallas holográficas se materializaron en el cielo nocturno sobre la ciudad: etéreas proyecciones de maná azul que se extendían por varias manzanas, transmitiendo a cada rincón el rostro de Alex con su sonrisa ladina, su alborotado cabello plateado y su confiada pose.
La colosal multitud de abajo estalló en vítores ensordecedores —¡Alex! ¡Nuestro Rey Héroe! ¡Gloria Eterna! ¡Larga vida al Salvador!—, con los puños en alto y las banderas ondeando; una marea de adoración que rompía hacia arriba.
Alex los miró desde el borde del balcón, esbozando una sonrisa carismática mientras suspiraba para sus adentros. «Acabemos de una vez con este paripé, digamos adiós con la manita y larguémonos de aquí antes de que estalle más drama»
——-
Mientras tanto, a kilómetros de distancia, Evelyn se reclinaba en el opulento coche de palacio forrado de terciopelo, cuya estructura reforzada se deslizaba con suavidad sobre los adoquines mientras la llevaba hacia su finca privada.
Su respiración era entrecortada y superficial, su pecho se agitaba bajo el desaliñado vestido dorado —el corpiño a medio desatar, las faldas subidas de cualquier manera—. Su rostro de porcelana permanecía arrebolado con un profundo y persistente carmesí, como ascuas que se negaran a morir; su cabello dorado, un salvaje halo revuelto, con mechones pegados a la piel húmeda de sudor.
Sus largas piernas temblaban de forma incontrolable bajo la tela y sus muslos se estremecían con las secuelas.
Como si estuviera marcada a fuego, aún podía sentir el calor de Alex grabado en ella: el agarre fantasma en sus caderas, el calor entre sus muslos, su aroma aferrado a su piel como un hechizo.
De repente, la voz de Aurora resonó telepáticamente en su mente, profunda y divertida como un trueno de terciopelo. {Eres realmente audaz, ¿no crees? Nunca pensé que tuvieras las agallas para echarle esa poción en la bebida; y nada menos que mi brebaje especial.}
Evelyn se agarró el corazón desbocado, con la culpa retorciéndose en su interior como un cuchillo, su voz un susurro incluso en su pensamiento. —Cállate ya. Siento tanta culpa que prácticamente me estoy ahogando en ella, asfixiándome con cada recuerdo.
Aurora rio con calidez. {No sirve de nada preocuparse ahora, es como llorar sobre la poción derramada. Por primera vez en tu vida de niña mimada, hiciste exactamente lo que tu corazón deseaba, sin dramas ni vacilaciones.}
Evelyn se mordió el carnoso labio inferior, con sus ojos dorados neblinosos. —Pero no estuvo bien, no fue honorable. ¿Y si ahora me odia? ¿Y si me desprecia para siempre?
Aurora la consoló con sabiduría. {Bueno, después de la que has liado —drogar al Salvador—, cualquiera estaría echando chispas… pero algo me dice que ese tunante no te odia. ¿Furioso? Probablemente. ¿Odiarte? Improbable… tiene esa debilidad de pícaro.}
De repente, Aurora ahondó en el tema con curiosidad. {¿Pero por qué le mentiste diciéndole que tú también te olvidarías de él? Sabes que no eres normal, ¿verdad? Eres mi encarnación, una parte de mí.}
{Si la voluntad del universo no puede tocarme con sus insignificantes maldiciones, entonces a ti no puede afectarte en lo más mínimo, eso ya lo sabes, ¿verdad? Tus recuerdos de él permanecerán; mientras tú misma no desees deshacerte de ellos, estarán contigo para siempre.}
Evelyn suspiró con anhelo, contemplando por la ventanilla del coche cómo las borrosas luces de la ciudad pasaban como estrellas fugaces. —Precisamente por eso no le dije la verdad. Al menos así, creerá que lo he olvidado todo, incluido el haberlo drogado hasta dejarlo sin sentido.
»Así podré seguir actuando con normalidad a su lado, sin miradas incómodas… si no logra convertirse en un dios y regresa con nosotros.
Aurora tarareó en señal de aprobación. {Sabes que ese chico no es de los que se rinden, ¿verdad? Asaltará los cielos o morirá en el intento.}
Evelyn susurró con fiereza, apretando las faldas con los puños. —Lo sé. Y eso es lo que me asusta todavía más: los peligros que le aguardan.
»Pero aun así no me arrepiento de lo que he hecho esta noche. Lo amo con cada latido de mi corazón e hice lo necesario para formar parte de su vida. No puedo permitir que Alicia gane siempre con esa desfachatez que tiene.
Aurora rio de buena gana. {¡Esa es mi chica! ¡Al fin admites tus verdaderos sentimientos por él!}
Evelyn se irguió, su determinación endureciéndose como acero forjado. —Lo hecho, hecho está.
»Ahora solo espero que vuelva a casa sano y salvo.
Sus ojos dorados brillaban con feroz devoción. —Y lo esperaré… no importa el tiempo que haga falta, aunque sean siglos.
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