El fin de la era mágica - Capítulo 324
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324: 324 Gracias 324: 324 Gracias Editor: Nyoi-Bo Studio Era escalofriante.
A Suyass se le cayó el alma a los pies: «En verdad lo está usando…» El huracán de maná se acercaba frenéticamente a la mano, como si estuviera siendo absorbido por una fuerza incorpórea.
En un instante, el tranquilo laboratorio se transformó en una gran tempestad.
—Barlow, ¡sal de aquí!
—Suyass se había enfrentado a la Mano Devoradora antes y sabía lo escalofriante que esta podía ser.
Durante esa persecución había sufrido algunas veces a causa de ella.
Ahora que había aparecido esa Mano Devoradora, Suyass supo en el acto que algo malo pasaría y, por eso, se apresuró a apartar a Barlow.
En efecto…
El poder de la Mano Devoradora eclosionó justo cuando Barlow comenzaba a retroceder.
Suyass entonces escuchó un grito y se dio vuelta solo para ver el rostro extremadamente pálido de Barlow.
La parte más escalofriante era que Barlow intentó lanzar un hechizo dos veces…
pero el Escudo Rúnico nunca salió.
Barlow era un auténtico Alto Mago de nivel cinco y solo necesitaba decir una palabra para materializar su Escudo Rúnico.
Pero ahora…
Coreó dos conjuros completos, y no había señales de que el escudo apareciera…
Suyass sabía que esa era la prueba de que había un desorden de maná…
Ese detalle hizo que Suyass adoptara una expresión tensa.
Realmente no esperaba que, en pocos años, la Mano Devoradora de Herman se volviera tan escalofriante.
Después de todo, a Barlow solo le habían afectado las secuelas de la Mano Devoradora.
No obstante, esta le había provocado un desorden de maná.
Su verdadero objetivo era Merlin.
Al pensar en eso, la expresión de Suyass empeoró.
—Demonios…
—maldijo Suyass mientras levantaba la cabeza.
Porque vio que la mano derecha de Herman se extendía hacia Lin Yun.
Suyass sabía que la parte más escalofriante de la Mano Devoradora era cuando esta tocaba un objetivo directamente.
En ese momento, esta se asemejaba a una existencia inigualable.
Hasta un Archimago como él perdería una gran cantidad de maná al entrar en contacto con aquella Mano Devoradora.
Si eso sucedía, lo mejor que podía pasar era acabar con un desorden de maná.
En el peor de los casos, le sacaría su remolino de maná.
Lo mejor que podía hacer el joven Alto Mago era alejarse de inmediato.
Solo podría encontrar una oportunidad de contraatacar si evitaba el ataque más fuerte de la Mano Devoradora.
Pero Suyass se quedó congelado en el momento en el que vio que el bastón mágico que el joven mago tenía en sus manos se elevaba.
«Se ha acabado, se ha acabado…» En efecto, mientras Suyass maldecía, el joven ya estaba blandiendo el bastón mágico.
En un abrir y cerrar de ojos, el bastón mágico que tenía una enorme y preciosa gema incrustada golpeó aquella mano.
—Realmente te estás sobreestimando —se burló Herman con frialdad mientras le dedicaba una amplia sonrisa a Lin Yun.
Había logrado distinguirse en la despiadada Torre Negra y, a lo largo de los años, se había salvado por poco en muchas ocasiones, venciendo a incontables enemigos poderosos.
Nadie más que él sabía lo poderoso que era el contacto de su Mano Devoradora.
Dejando de lado a un mago de veinte años, hasta los rivales que hacía mucho lo habían superado en poder y talento, quedarían instantáneamente conmocionados y llenos de remordimientos al ser tocados por aquella mano.
La Mano Devoradora, que ahora era enorme, emitió otro estallido de poder cuando entró en contacto con el bastón mágico.
Luego de eso, la enorme gema mágica que estaba incrustada en la punta del bastón mágico se oscureció al tiempo que un flujo constante de maná ingresaba al cuerpo de Herman.
Este se sintió embriagado por aquella sensación familiar que no era inesperada pero tampoco era una sorpresa agradable.
Herman sabía que, en un minuto o dos, la Mano Devoradora transformaría esa decente Herramienta Mágica en chatarra y enseguida le tocaría el turno al joven Mago.
Si lograba absorber todos los rastros de maná que había en ese joven mago, lo dejaría completamente inválido de por vida.
Herman tenía todo bajo control.
El bastón mágico confrontaba a la Mano Devoradora, y la enorme gema florecía resplandeciente mientras las runas comenzaban a aparecer sobre el bastón mágico.
Se veían impactantes e inspiradoras.
Pero Herman sabía que aquel no era más que el último aliento de la Herramienta Mágica.
En efecto, ante la continua emisión de poder, la preciosa gema se encendió y luego se fue atenuando cada vez más.
Las runas que aparecieron en aquel bastón mágico eran como flores que se marchitaban.
Solo pasaron diez segundos hasta que Herman sintió cómo el poder de aquella herramienta mágica decaía abruptamente.
Pronto sería incapaz de detener a su Mano Devoradora.
«¿Qué debo hacer…?» Suyass estaba pálido y atemorizado.
El movimiento repentino de Herman había sido demasiado inesperado.
Suyass nunca se imaginó que llegaría tan lejos.
Además…
Merlin era demasiado descuidado.
«¿Cómo puedes ser tan descuidado como para tocar la Mano Devoradora directamente?
Esta es la carta de triunfo más grande de Herman, una de las Runas Conductoras de Magia más poderosas de la Torre Negra.
Esta habilidad deriva de eso y de su Conjunto de Leyes de Meditación.
Es una habilidad escalofriante que le permite a Herman aplastar a cualquier oponente de su nivel».
Merlin se encontraba frente a esa terrorífica habilidad.
«¿Qué debo hacer?
¿Qué se puede hacer?» Suyass sabía que esa Herramienta Mágica no podría durar y, pronto, el poder de la Mano Devoradora golpearía a Merlin directamente.
¡Suyass sentía que tenía que hacer algo!
De ninguna manera podía dejar que el poder de la Mano Devoradora descendiera sobre Merlin, como tampoco podía permitir que Herman se lo llevara.
De lo contrario, ¿cómo podría enfrentar a su maestro?
¿Cómo podría enfrentar a Karon?
A ojos de Suyass, la Mano Devoradora sería capaz de devorar a cualquiera que se encontrara al mismo nivel.
Justo cuando Suyass se estaba desesperando, el Ambar Elemental que se encontraba sobre el Bastón Mágico emitió su último destello de luz.
Eso significaba que su último vestigio de maná había sido devorado y que la Mano Devoradora ahora consumiría el poder del bastón mágico propiamente dicho.
—Qué pena, esa era una Herramienta Mágica decente.
—Herman sacudió la cabeza al tiempo que instaba una vez más a la Mano Devoradora.
La Herramienta Mágica fue destruida por completo.
—En efecto, qué pena.
Es la primera vez que veo una habilidad de este tipo…
—Previamente a eso, Lin Yun habló, ya que la batalla había comenzado.
Pero los otros no comprendieron lo que quiso decir…
¿Qué quiso decir con que era una pena?
—¡No me engañarás!
—Herman resopló con frialdad mientras la Mano Devoradora estallaba con todo su poder.
En un abrir y cerrar de ojos, el Bastón Mágico Espiritual se deformó.
Todas las runas y las matrices que estaban sobre él se torcieron.
Esa indicaba que la Herramienta Mágica estaba colapsando.
Esta vez no era solo Suyass.
Hasta Barlow, que no había estado demasiado contento con Lin Yun, no pudo evitar sudar y cruzar sus dedos por aquel joven mago.
Si la Herramienta Mágica explotaba, el joven mago perdería la última cosa en la que había estado confiando y no tendría más opción que enfrentarse a la Mano Devoradora por sus propios medios.
En ese momento, el tiempo parecía haberse congelado.
En todo el laboratorio de alquimia reinaba un clima opresivo.
Un segundo, dos segundos…
Eventualmente, el poder de la Mano Devoradora destruyó por completo la matriz de aquel bastón mágico y, en esa fracción de segundo, a todos les pareció escuchar el sonido de un lamento.
Era el sonido que hacía la Herramienta Mágica al caer.
—Oye…
—El pálido Suyass soltó un suspiro.
«Qué pena…» Pero entonces, Suyass vio que el joven mago que había pedido su bastón no se veía abatido…
en realidad, parecía bastante alegre.
—Gracias, señor Herman —Las matrices del Bastón Mágico Espiritual ya habían colapsado y la estimada Herramienta Mágica Espiritual ya se había convertido en un objeto común, sin embargo, ¿Lin Yun le agradecía?
En efecto, había sido un «Gracias…» Los otros tres magos pensaron que habían escuchado mal.
¿Acaso ese joven mago se había vuelto loco?
Su Herramienta Mágica Espiritual había perdido su poder y él podía perder su vida frente a la Mano Devoradora.
¿Por qué le agradecía?
Pero no tuvieron tiempo de pensar, porque Lin Yun guardó los restos de la Herramienta Mágica en su bolsillo mientras hacía girar sus Matrices Mágicas y sus dos Remolinos de Maná Alquímicos.
El maná se derramaba de una manera increíble, como una inundación incontrolable que atacaba a la Mano Devoradora alocadamente.
—¡Ridículo!
—se burló Herman.
No era que él nunca se hubiera encontrado con nadie que intentara una jugada así.
Eso era algo que sucedía con bastante frecuencia; se había encontrado con muchos oponentes así que estallaban con todo su poder en un momento crítico, usando en vano ese método para intentar volver a la competencia.
Pero desafortunadamente…
Ninguno tenía éxito.
Incluso esos oponentes Archimagos habían sufrido derrotas terribles.
Con más razón le sucedería a un joven mago veinteañero.
Era cierto que ese joven mago era realmente poderoso y perseveraba ante la Mano Devoradora.
Aunque había perdido una Herramienta Mágica Espiritual, esa actuación ya había hecho que Herman lo respetara.
Pero solo era respeto.
El maná de un niño de veinte años tenía que ser inferior al suyo, por lo que, en esas circunstancias, no importaba si él estallaba o contraatacaba, no sería más que una broma.
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