El fin de la era mágica - Capítulo 325
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325: 325 Desorden de Maná 325: 325 Desorden de Maná Editor: Nyoi-Bo Studio Herman no tuvo que hacer nada más para lidiar con eso Solo aumentó el poder de la Mano Devoradora para permitir que ingresara el maná que brotaba.
Los segundos transcurrían con lentitud.
Una gran cantidad de maná se derramaba por el cuerpo de Herman.
Tanto Suyass como Barlow podían ver con claridad que este se estaba hinchando, su toga flameaba como consecuencia del maná que brotaba.
Comenzó a verse como un globo lleno de aire.
Era muy gracioso y ridículo.
Pero ni Suyass ni Barlow se reían… Porque sabían que Herman, que se veía gracioso y ridículo, se encontraba en su estado más aterrador; lo que hacía que su cuerpo se hinchara como un globo no era aire, sino una gran cantidad de maná puro.
Si este estallaba, se generaría una explosión desastrosa.
De hecho, Suyass y Barlow ya podían sentir cómo se formaba un aura escalofriante y, aunque Herman estaba concentrado en mantener la Mano Devoradora bajo control, Suyass sabía que, una vez que el maná de Herman llegará a un punto crítico, los esperaría una explosión desesperante.
Solo Suyass, que se había enfrentado a la Mano Devoradora, conocía esa escalofriante habilidad.
Fue aquella vez, en el bosque del Plano del Bosque Dorado, que Suyass había visto con sus propios ojos a Herman luchar contra una bestia mágica de nivel treinta.
En ese entonces, Herman era solo un Alto Mago de nivel nueve, no obstante, había devorado más de la mitad del maná de aquella bestia mágica antes de hacer eclosión y, así, había matado a aquella bestia mágica de nivel treinta con un solo movimiento.
Aquella batalla había impresionado mucho a Suyass.
Herman había liberado un poder que excedía mucho su nivel de aquel entonces; se trataba de un ataque que superaba sus límites.
Aquella bestia mágica de nivel treinta soltó un grito capaz de helar la sangre mientras caía a sus pies.
Él podía haber sido quien había atraído con gran esmero a aquella bestia mágica para detener la persecución de Herman, pero Suyass estaba tan consternado que hasta olvidó huir.
Ahora Herman se estaba llenando nuevamente de maná.
Suyass sabía que a aquel joven Alto Mago no le quedaba demasiado tiempo, si no lograba contraatacar de inmediato, pronto acabaría como aquella bestia mágica.
—Niño, no te queda demasiado tiempo… —Mientras la Mano Devoradora reunía el maná alocadamente, Herman sintió esa sensación familiar del maná e hizo una mueca de desdén.
Ya había devorado el maná suficiente y aquella Herramienta Mágica Espiritual contenía una enorme cantidad.
Ahora Herman tenía la seguridad de que si estallaba con aquel maná, la explosión podría incluso derribar a un Archimago como Suyass; con más razón lo haría con el joven mago que se encontraba ante sus ojos.
Pero Herman no tenía apuro.
Todavía conservaba su Mano Devoradora.
Porque quería ver la lenta desesperación de aquel joven mago, quería ver la impotencia en su rostro, como la había visto en todos sus oponentes cuando había usado la Mano Devoradora.
Todos en la Torre Negra sabían que Herman disfrutaba mucho matando los Magos de Batalla de Gaugass y observándolos mientras lloraban de la desesperación.
Pero, esta vez, Herman había calculado mal.
La Mano Devoradora ya había alcanzado el límite de su funcionamiento, el maná fluía frenéticamente, sin embargo, el joven mago que estaba frente a él no parecía asustado.
Por el contrario, seguía mirando a Herman con una sonrisa.
—Así es, no me queda demasiado tiempo para estudiar esa fascinante habilidad, es una lástima… —¿Hmm?
—Por alguna razón, Herman tuvo un escalofrío al escuchar las tranquilas palabras de aquel joven mago.
Era una sensación rara para él.
Herman hizo fuerza por recordar, era lo mismo que había sentido hacía algunos años al ingresar en la Ciudad Mágica de Somal, en el Bosque Dorado.
Cuando robó el ojo de aquel Dragón Malvado del Abismo, la reina de los Elfos Oscuros lo había mirado exactamente de la misma manera.
«Esto se siente tan similar…» «Es la misma sensación espeluznante».
«Pero, ¿por qué?» «Un bárbaro de Gaugass, un mago de veinte años, ¿cómo es posible que me haga sentir así?» Desafortunadamente, Herman no tuvo tiempo de pensar.
Descubrió de pronto que el maná de su cuerpo se había transformado en un caos.
Era una sensación semejante a la de tener incontables víboras abriéndose paso por su cuerpo y removiendo frenéticamente todo su interior.
No pasó mucho tiempo hasta que la camisa interior de Herman se empapó de sudor frío.
Estaba entrando en pánico, no era que él nunca hubiera sufrido un desorden de maná, después de todo, una habilidad extraña como la Mano Devoradora no era algo que se presentara en los magos con frecuencia.
Era una habilidad demasiado maligna y peligrosa, por esa razón, Herman nunca la usaba para absorber maná para sí mismo, solo para crear una explosión con la que robaba.
Al ser tan cuidadoso, Herman había logrado sobrevivir a los peligros repetidas veces.
Había sufrido el desorden de maná con anterioridad y siempre había logrado resolverlo.
Pero era la primera vez que sufría un desorden tan problemático como el de ese día.
Ese dolor incomparable excedía mucho incluso la tortura más dura que se podía imaginar.
En el rostro de Herman se reflejaba una mezcla de pánico y miedo.
«¿Por qué es así?» Herman parecía haberse vuelto loco cuando un grito salió disparado desde las profundidades de su garganta.
Retrocedió algunos pasos tambaleándose y señaló a Lin Yun, mientras se cubría el estómago con la otra mano.
Luchó por abrir la boca, pero no salió ningún sonido.
—Qué pena… —Lin Yun sacudió la cabeza con una expresión de pesar.
Tal vez él era el único que sabía que no estaba siendo sarcástico, sino que realmente lo lamentaba.
La Mano Devoradora de Herman era sumamente extraña; aún con sus conocimientos que trascendían esa época, era la primera vez que Lin Yun escuchaba de esa habilidad.
En verdad quería investigar acerca de ella… Desafortunadamente, no tuvo la posibilidad.
Esta vez, Lin Yun usó la Matriz Mágica.
Esta tenía diez fuentes de poder diferentes, junto con dos Remolinos de Maná Alquímicos adicionales.
En otras palabras, la producción de maná de Lin Yun era doce veces superior a la de un mago común.
Era como si Herman hubiera devorado el maná de doce Altos Magos.
Si no sufría un desorden de maná después de eso, la Mano Devoradora sería realmente incomparable.
Si eso se sumaba al maná previo del Bastón Mágico Espiritual, el resultado era predecible.
—Estoy muy interesado en saber cuál es tu Conjunto de Leyes de Meditación… —Lin Yun estaba parado delante de Herman con una sonrisa, no estaba reuniendo su maná ni acabando la batalla con un carámbano o con una Cuchilla de Viento.
Tampoco había usado un hechizo defensivo.
No era que Lin Yun hubiera olvidado defenderse o atacar a su enemigo, después de todo, se encontraban en una batalla a muerte.
Era solo que Lin Yun ya sabía que no había necesidad de hacerlo.
Herman ya estaba siendo torturado por aquel desorden de maná, incluso, era posible que quedara inválido.
Le costaba hasta mover un dedo, con más razón atacarlo.
Pero Lin Yun no actuó de inmediato contra Herman, no perforó su pecho con un carámbano, ni cortó su garganta con una Cuchilla de Viento.
Seguía sintiendo curiosidad por la Mano Devoradora.
—Ja, ja… —Herman sonrió con amargura, pero miró a Lin Yun a los ojos.
Ese era el orgullo de un Archimago.
Todos los magos que lograban elevarse al reino del Archimago eran personas talentosas, ¿quién de ellos no tenía un camino glorioso?
Aunque se encontrara en una situación desesperada, Herman todavía no quería bajar la cabeza.
Menos aún quería inclinarse ante un bárbaro de Gaugass.
—Tú… ¿deseas saber?
Ja, ja… —Tras ser torturado por el desorden de maná, Herman ya había perdido la compostura.
Con una voz helada y llena de odio dijo—: Es posible, es posible si vienes a la Torre Negra… Dejaré que esos guardias de la Prisión Obsidiana… te digan qué Conjunto… Conjunto de Leyes de Meditación es… —No hace falta que te molestes tanto… —Lin Yun seguía sonriendo y no le importaba que Herman ahora se encontrara tendido sobre el suelo frotando el anillo que llevaba puesto.
—Demonios, ¿por qué estás molestando a este señor?
Acabo de lograr dormirme… —La etérea figura del Lobo Fantasma que se autodenominaba «Señor Shawn» apareció en el laboratorio.
Esta ya era mucho más sólida que la primera vez que Lin Yun lo había visto.
Lin Yun sabía que se había recuperado mayormente gracias a la enorme cantidad de cristales de maná que había recibido, en especial a aquel cristal de maná de alma… Si bien Shawn no se encontraba en la cima, no estaba tan lejos.
Algo trivial como extorsionar a un Archimago debilitado no debería ser un problema.
—Ayuda a este señor Herman, haz que recuerde el Conjunto de Leyes de Meditación que ha aprendido.
En cuanto a la recompensa, podrás obtener un cristal de maná de nivel veinticinco.
Tras decir eso, a Lin Yun no le importó cómo Shawn cuidaba de Herman y solo se dio vuelta hacia Suyass y dijo—: Señor Suyass, ¡cuánto tiempo sin verlo!
Usted debería ser el responsable del procesamiento de mis materiales mágicos, ¿verdad?
—Tanto tiempo, Merlin… —sonrió Suyass, pero su sonrisa parecía algo amarga.
Tras regresar del Cañón de Cuatro Estaciones, Suyass había quedado impactado por el poder de aquel joven mago pero, la mayor parte del tiempo, mantenía una actitud respetuosa.
Como no podía permitirse ofenderlo, se mantenía alejado.
Pero Suyass sabía que ese día no podría esconderse.
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