El fin de la era mágica - Capítulo 368
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368: 368 Las Huellas de la Desgracia 368: 368 Las Huellas de la Desgracia Editor: Nyoi-Bo Studio Lin Yun sabía que el lugar destruido por aquel pilar de luz era el valle donde había estado hasta recién, y que el pilar era, definitivamente, el poder del Dios Antiguo.
Durante miles y miles de años, el poder del Dios Antiguo había cubierto el valle pero, como el fragmento de alma estaba enterrado, ese poder nunca había salido a la superficie.
Ahora que Lin Yun había sacado aquel fragmento de alma y lo había fusionado con otro, involuntariamente había desencadenado el poder que envolvía el valle.
Cuando este eclosionó, lo destruyó por completo.
Pensándolo bien… El valle tenía varios kilómetros de ancho.
Si él no hubiera salido a tiempo, ¿acaso no habría quedado convertido en cenizas?
Demasiado escalofriante… Lin Yun todavía tenía piel de gallina, su corazón latía como loco mientras examinaba los alrededores.
Era una llanura negra, cubierta de una profunda e interminable niebla.
Aunque uno hubiera tenido la vista de un águila, no habría sido posible ver más de cincuenta metros hacia adelante.
—¿Cómo puedo tener tanta mala suerte?
—Lin Yu frunció el ceño.
Las Cajas de la Fortuna eran tan detestadas porque nunca se sabía dónde acabarían.
Tal como esa llanura negra.
Aquel era un sitio horrible, y solo se veía esa niebla negra.
Simplemente no podía orientarse.
Nadie podría evitar perder el rumbo en un lugar así.
«Un momento… una llanura negra…» Lin Yun se sobresaltó al recordar algo.
«Una llanura negra cubierta de una espesa niebla… ¿Es posible que esto sea las Huellas de la Desgracia?
No puede ser».
Lin Yun se quedó atónito al llegar a esa conclusión.
«Este es el aspecto exacto de las Huellas de la Desgracia, ¿o no?
… ¿Acaso esto no es tener demasiada mala suerte?» Lin Yun se había llevado a Leon con él precisamente porque quería evitar ese lugar.
Pero había acabado allí de todas formas… Eso era bastante problemático… Lin Yun adoptó una expresión sombría.
A las Huellas de la Desgracia también se las conocía como la cicatriz de la Cadena Montañosa Tulan.
Esa era una tierra realmente maldita, un páramo negro que estaba permanentemente cubierto de densa niebla.
Si una persona común entraba en contacto con ella, la niebla le causaría la destrucción y la muerte.
Ni siquiera los magos y los espadachines se atrevían a permanecer en esa niebla tóxica demasiado tiempo porque esta corroería hasta el maná y el aura.
Solo los generadores como los Altos Magos y los Expertos Espadachines podían confiar en su maná y en su aura para resistir el ataque de la niebla tóxica.
Seiscientos años antes, cuando la Torre Negra se encontraba en su apogeo, había intentado conquistar ese cañón maldito.
En ese entonces, los Magos de Batalla de Gaugass todavía no se habían separado de la Torre Negra.
Esta se encontraba en su mejor momento ya que dominaba la totalidad del reino de Andlusa y podía considerarse la fuerza número uno.
Tenía, incluso, dos generadores de nivel Celestial, más de una docena de Archimagos y más de cien Altos Magos.
Una fuerza así podía arrasar con el Okland actual.
Pero, aun así, la Torre Negra sufrió algunas pérdidas inimaginables en los Rastros de la Desgracia.
Al principio, habían avanzado sin inconvenientes.
La lujosa formación de la Torre Negra arrasó con casi la totalidad de las Huellas de la Desgracia, de sur a este.
Aplastaron a incontables bestias mágicas con su bombardeo de hechizos.
El reporte de cada batalla llegaba hasta Okland y causaba sensación.
Pero… Justo cuando la Torre Negra pensaba que conquistaría las Huellas de la Desgracia, un desastre cayó sobre ella.
Comenzaron a aparecer bestias mágicas de todo tipo, más numerosas y fuertes, llegaban en olas que se sucedían, tal como una marea.
La Torre Negra las destrozó al comienzo pero, enseguida, notó que algo no estaba funcionando.
Esas bestias mágicas que aparecían de repente parecían no acabar nunca.
No importaba cuántas mataran, siempre aparecían más, y estas eran más feroces, más grandes, más guerreras… Aquella fue la batalla más encarnizada en la historia de la Torre Negra.
Varias docenas de Altos Magos dieron su vida en ella.
Seis Archimagos murieron y un generador de nivel Celestial resultó gravemente herido, antes de caer cien años después.
Esa batalla no enriqueció a la Torre Negra, sino que la debilitó y sentó las bases que llevarían a su división trescientos años después.
Luego de tres meses, la Torre Negra se retiró de las Huellas de la Desgracia y ocultó toda la información, guardando silencio al respecto.
Nadie más que sus miembros sabían lo que habían encontrado en las Huellas de la Desgracia.
Esas acciones arrojaron una luz mística sobre aquel lugar.
Ya habían pasado seiscientos años desde aquel entonces, sin embargo, no había fuerza en Andlusa que se atreviera a desafiar las Huellas de la Desgracia.
«¿Cómo puedo tener tanta mala suerte?…» Lin Yun se rascó la mejilla mientras se preguntaba qué estaba sucediendo.
De hecho, no era correcto decir que tenía mala suerte, si se tenía en cuenta que había logrado escapar ileso de la explosión de poder de un Dios Antiguo.
Pero tampoco podía describirse como algo bueno… El hecho de que la Caja de la Fortuna lo hubiera enviado a las Huellas de la Desgracia no podía considerarse un hecho afortunado… «Por suerte no es demasiado tarde…» Lin Yun calculó qué época era.
Todavía faltaba una década para que esa cosa se despertara.
En otras palabras, no acabaría como la Torre Negra, encontrándose con una infinidad de monstruos que hacían caer hasta a los generadores de nivel Celestial.
Pero esa era la única buena noticia para él… «Realmente espero que la fecha esté bien registrada…» Lin Yun se aferró con firmeza a su Bastón de la Fatalidad y lanzó un hechizo de luz, confiando en la tenue iluminación para dirigirse hacia el norte.
En esa dirección se encontraban las montañas Tulan.
Ahora Lin Yun sabía por qué se decía que las Huellas de la Desgracia eran una tierra maldita.
Ese lugar estaba lleno de peligros.
En solo una hora, Lin Yun luchó siete veces.
Esa era una frecuencia increíblemente alta.
Pero eso era normal en las Huellas de la Desgracia.
En el interior de la espesa y tóxica niebla se escondían bestias mágicas de todo tipo.
La inanición y la toxina las atormentaban hasta enloquecerlas y, estas, atacaban frenéticamente cuando detectaban el aura de un ser viviente.
Sin embargo, todas las bestias mágicas capaces de vivir en las Huellas de la Desgracia eran depredadoras.
Estas sobrevivían a la niebla tóxica alimentándose de las bestias mágicas más débiles y, de esa manera, sobrevivían al incesante hambre.
Eran mucho más fuertes que las bestias mágicas comunes.
Hasta Lin Yun pasó un mal momento en ese páramo negro… Se escuchó otra explosión… Lin Yun ni siquiera podía recordar cuántas Llamaradas había lanzado.
La Rueda de los Diez Mil Hechizos, que se encontraba sobre su cabeza brillaba con la intensidad habitual mientras las runas se abalanzaban como una marea.
Los hechizos se desparramaban al tiempo que las runas volaban en todas las direcciones, derribando a un leopardo mágico detrás del otro.
Y, frente a él, se encontraba un Rey Leopardo Mágico de nivel treinta.
Ese Rey Leopardo Mágico medía más de un metro de alto y superaba los cuatro de largo.
Su cuerpo estaba cubierto por una piel de alta calidad que se asemejaba a un raso negro e, incluso en un lugar sombrío como las Huellas de la Desgracia, era posible ver los destellos que emitía de tanto en tanto.
Dos ojos rojos del tamaño de un puño miraban a Lin Yun con atención, desbordando sed de sangre y locura.
La velocidad del Rey Leopardo Mágico era impactante.
Incluso si Lin Yun usaba Prisa hasta alcanzar su límite, no podría seguirle el ritmo a esa velocidad anormal.
Realmente era como un relámpago.
Si no ponía atención, se acercaría y rompería la Pared de Hielo y el cuello de Lin Yun de un solo golpe.
Bastaría un golpe para dejar su cuerpo hecho trizas.
Lin Yun cometió un error al comienzo de la batalla.
Su Destello de Llama fue más lento por una fracción de segundo.
En ese momento, el Rey Leopardo Mágico, se movió con rapidez detrás de Lin Yun y dio un golpe.
Por fortuna, Lin Yun reaccionó con la rapidez suficiente.
Cuando se dio cuenta de que su Destello de Llama había sido demasiado lento, lanzó un Escudo de Fuego y Hielo para protegerse, viéndose obligado a usar el Escudo de Hielo para detener aquel golpe.
Pero aun así… Las afiladas garras del Rey Leopardo Mágico destrozaron el Escudo de Hielo en el acto, lo cual hizo que Lin Yun, que había logrado crear una distancia con el Destello de Llama, comenzara a sudar frío.
Si la garra alcanzaba su cuerpo, aunque Lin Yun tuviera los hechizos defensivos de todo tipo que lanzaba la Rueda de los Diez Mil Hechizos, sería destrozado por el Rey Leopardo Mágico.
Esa era la batalla más difícil en la que se había visto envuelto luego de ingresar en las Huellas de la Desgracia; había más de cien Leopardos Mágicos rodeándolo y un Rey Leopardo Mágico que alcanzaba el nivel treinta mirándolo con codicia.
Por fortuna, él era Lin Yun.
Controlada por Enderfa, la Rueda de los Diez Mil Hechizos estalló con todo su poder.
Había hechizos de todo tipo cayendo sin parar.
La Gema de Estrella y el Ámbar Elemental iluminaban con una tenue luz al emitir energía.
Lin Yun calculó que a esa Herramienta Mágica de Espíritu Verdadero le tomaría un día completo recuperar su potencia máxima.
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