El fin de la era mágica - Capítulo 369
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369: 369 Pitón Negra del Bosque 369: 369 Pitón Negra del Bosque Editor: Nyoi-Bo Studio Lin Yun apenas pudo resistir el ataque de los cien Leopardos Mágicos apoyándose en él.
En cuanto al Rey Leopardo Mágico, este puso a Lin Yun en situaciones peligrosas.
Pero Lin Yun usó todo su poder para detenerlo momentáneamente.
Tras conseguir la ventaja, no se atrevió a relajarse.
Lanzó veinte Llamaradas seguidas, cuyas explosiones resonaron una detrás de la otra.
No se atrevía a respirar, ya que temía cometer un error que le hiciera perder la ventaja.
Para ese entonces, Lin Yun ya había lanzado treinta Llamaradas.
Cualquier Alto Mago de nivel dos ya habría agotado todo su maná.
La situación era grave, Lin Yun superaba por completo sus propias habilidades de lanzamiento y su escasez de hechizos trascendía las reglas de la magia.
Era como una máquina sobrecargada; tenía un gran peso sobre su maná y su mente.
Ni siquiera Lin Yun podía pelear así durante mucho tiempo.
Pero ahora, no le quedaba otra opción que seguir usando Llamaradas para detener al Rey Leopardo Mágico sin dejarle tiempo para respirar.
Si dejaba de lanzarlas, el Rey Leopardo Mágico se abalanzaría sobre él a la velocidad de un rayo y lo atacaría.
En ese momento, tendría que enfrentarse a las afiladas garras que eran capaces de destrozar el acero con facilidad.
Lin Yun dependía de su suerte… Se estaba arriesgando para ver quién de los dos se desplomaba primero.
Seguía disparando Llamaradas, las cuales agitaban los elementos de fuego.
Treinta y uno, treinta y dos, treinta y tres, treinta y cuatro… Los estruendos eran constantes… Las Llamaradas impactaron contra el Rey Mágico Leopardo una detrás de la otra.
El aire se llenó de intensos ruidos y deslumbrantes chispas, lo cual daba la sensación de que las Llamaradas eran lo único que existía en el mundo.
No había más Leopardos Mágicos en el área de batalla aparte del Rey Mágico Leopardo y, además, luego del bombardeo, brotaba humo de la oscura tierra.
Lin Yun lanzaba sin parar, llevando su Matriz Mágica al límite y exigiendo al máximo tanto sus lanzamientos como su escasez de hechizos.
Lanzó una última Llamarada, la número cincuenta.
Esta se elevó en el aire antes de caer sobre el Rey Leopardo Mágico al igual que todas las anteriores.
Pero, esta vez, fue seguida por un lúgubre y siniestro gemido.
Los ojos sanguinolentos del Rey Leopardo Mágico se fueron oscureciendo y su cuerpo carbonizado, finalmente, no pudo soportar su propio peso.
Su muerte provocó algunos cambios grandes en la batalla.
Los Leopardos Mágicos que quedaban perdieron en el acto su pilar de apoyo y, en sus ojos sangrientos, podía verse el miedo.
Aunque Lin Yun se había encontrado con muchas bestias mágicas desde que había ingresado en las Huellas de la Desgracia, solo el Rey Leopardo Mágico había sido una verdadera amenaza.
Pero ahora estaba muerto… Apenas prestaba atención a los Leopardos Mágicos que huían.
La Rueda de los Diez Mil Hechizos, controlada por Enderfa, estalló con un poder escalofriante y masacró a los Leopardos Mágicos que tomó como objetivo.
Enseguida, la batalla acabó.
Solo una docena de Leopardos Mágicos logró escapar mientras que el resto eran cadáveres helados desplomados sobre el suelo.
Sus primos no se encontraban en las Huellas de la Desgracia, por lo que Lin Yun tuvo que juntar el botín solo.
Por fortuna, el Cristal de Espíritu de Maná de nivel treinta mantuvo su interés mientras recogía el botín.
Luego de despejar el campo de batalla, Lin Yun no se detuvo porque sabía que el olor sanguinolento de esos cadáveres atraería muchas más bestias mágicas al lugar.
Durante tres días, Lin Yun se desplazó a gran velocidad hacia el norte para llegar a la cadena montañosa Tulan.
En el camino, aparecieron todo tipo de bestias mágicas que emergían como una marea.
Lin Yun llegó a perder la cuenta de las veces que se encontró con ellas, pero tenía la sensación de que habían sido cerca de cien ataques.
Algunos incluían un puñado de bestias mágicas, mientras que otros tenían alrededor de cien.
Hasta mató a dos bestias mágicas del nivel del Rey Leopardo Mágico, gracias a lo cual obtuvo un total de tres Cristales de Espíritu de Maná.
En cuanto a los cristales que superaban el nivel veinte, ni siquiera sabía cuántos de ellos tenía.
Su toga negra estaba cubierta de manchas de sangre, pero era la sangre de las bestias mágicas.
En esos tres días, Lin Yun pasó casi el 99 % del tiempo luchando en las Huellas de la Desgracia.
Ese debe haber sido su momento más difícil desde que había llegado a esa era.
Ni siquiera la pelea contra uno de los tres Santos de Espada de la familia Merlin podía compararse con eso.
Cabía destacar que luchar en un campo de batalla tan difícil aumentaba aún más si habilidad de lanzamiento y su control sobre la Rueda de los Diez Mil Hechizos.
La espesa y tóxica niebla parecía despejarse a medida que avanzaba.
Estaba atravesando las Huellas de la Desgracia sin sufrir contratiempos.
Ahora, se encontraba en el límite del negro páramo.
Incluso después de tres días de batallas continuas, Lin Yun no tenía mal aspecto.
La Matriz Mágica siempre giraba al límite, lo cual hacía que no se perdiera ningún detalle de los alrededores.
Ese era el límite de las Huellas de la Desgracia.
Aunque no era tan peligroso como antes, cualquiera que no fuera, al menos, un Alto Mago de nivel nueve, podía perder la vida en un momento de descuido.
Cincuenta metros adelante había una pitón renegrida enroscada en la vegetación.
Sus siniestros y triangulares ojos estaban clavados sobre Lin Yun y parecía lista para abalanzarse.
Una Pitón Negra del Bosque de nivel veinticinco.
Ninguna bestia mágica podía esconderse de Lin Yun, que se encontraba en un estado de máxima alerta.
En sus manos apareció una chispa mientras se preparaba para matar a la bestia mágica en el acto.
Pero, de pronto, frunció el ceño.
Miró hacia la distancia y sintió algunas fluctuaciones de maná.
Lanzó tres Ojos de Mago y descubrió a cuatro personas de fuerza decente que se aproximaban, aunque todavía se encontraban a varios cientos de metros.
Un Alto Mago de nivel cinco un Experto Espadachín de nivel cuatro, un Experto Espadachín de nivel seis, y un Arquero Divino de nivel tres.
Podía decirse que era una formación formidable, incluso para Noscent, pero se encontraban en las afueras de las Huellas de la Desgracia.
Para Lin Yun, el grupo caminaba al borde del abismo.
Si la suerte no los acompañaba, se encontrarían con un grupo de alocadas bestias mágicas y, posiblemente, se enfrentarían a la destrucción.
Pero, en el mundo, existían muchas personas a las que les gustaba exponerse al desastre, y Lin Yun no tenía intención de meterse en los asuntos de los demás.
―¡Pitón Negra del Bosque!
En un abrir y cerrar de ojos, el joven Alto Mago liberó fluctuaciones de maná, levantando una pared de hielo ante ellos con solo alzar su mano mientras disparaba una docena de Púas de Hielo hacia la Pitón Negra del Bosque que se encontraba algunos metros delante de él.
El joven Alto Mago no pudo ocultar su alegría mientras miraba fijamente a la Pitón Negra del Bosque e ignoraba por completo a Lin Yun, que se encontraba al lado.
Era un lanzador bastante habilidoso y, tanto su experiencia de combate como su poder, eran un poco mejores que los de Leon.
La Pitón Negra del Bosque, que se estaba alistando para la caza, fue molestada de golpe y, naturalmente, se enojó.
El frío aura se extendió por una docena de metros y marchitó el bosque en una fracción de segundos.
Al mismo tiempo, una sombra salió volando a una velocidad alocada, esquivando con facilidad las Púas de Hielo del joven mago.
Pero la esperaban ocho Lanzas de Hielo.
No logró esquivarlas a tiempo y recibió el impacto de dos de ellas.
Sus ensangrentadas fauces se abrieron de golpe y su lengua de serpiente se deslizó al tiempo que un olor acre se expandía.
Esta le escupió una bola de veneno al joven mago que la había hecho enojar.
Era el momento perfecto para un Escudo Rúnico y, en efecto, el joven mago lo lanzó justo en el momento en el que la Pared de Hielo se desplomaba.
Este detuvo cinco bolas venenosas antes de atenuarse.
El rostro del joven mago seguía sin mostrar expresión mientras él usaba esos cinco segundos ganados para lanzar un hechizo Dragón de Fuego, que envolvió en el acto a la Pitón Negra del Bosque.
La pitón soltó un lúgubre lamento al ser alcanzada por las llamas.
Una silueta que se asemejaba a un relámpago apareció con una espada de la que brotaban llamas y le dio el golpe fatal a aquella Pitón Negra del Bosque.
Era una mujer de una belleza extraordinaria.
Tenía la tez clara y un cabello rojo que le llegaba a la cintura.
Al ver a la pitón que se encontraba en el suelo, preguntó: ―Orson, ¿está bien esto?
Llevó un día entero rastrear a esta Pitón Negra del Bosque.
¿Es suficiente eso para un Gran Alquimista como tú?
Rara vez sacas pociones y, sin embargo, siempre nos pides a nosotros que recolectemos materiales mágicos.
La próxima vez, no me busques para algo así… En ese momento, el Arquero Divino y el Experto Espadachín se acercaron.
Vieron el cadáver de la Pitón Negra del Bosque y no pudieron evitar alegrarse.
―¿Quién eres tú?
El alegre joven Alto Mago finalmente reparó en la extraña persona que se encontraba cerca de ellos.
Vestía una toga andrajosa cubierta de manchas de sangre y sostenía un bastón mágico de aspecto ordinario.
Sus fluctuaciones de maná lo colocaban cerca del reino de Alto Mago de nivel dos.
Orson no pudo evitar fruncir el ceño.
Su rostro evidenciaba desdén.
«Un Alto Mago de nivel dos se atrevió a venir aquí solo… Realmente no habría sabido cómo murió».
―Yo… ―Lin Yun miró a la Pitón Negra del Bosque antes de observar ese grupo de cuatro.
No planeaba quedarse allí, solo quería seguir avanzando pero, justo cuando estaba a punto de responder, el joven Alto Mago lo interrumpió.
―Sé lo que estás pensando, tú encontraste la Pitón Negra del Bosque primero… El joven Alto Mago notó que ese mago de aspecto extraño miraba el cadáver de la Pitón Negra del Bosque con codicia y no pudo evitar resoplar mientras observaba a Lin Yun con desagrado.
―Una bestia mágica de nivel veinticinco poco frecuente.
Todo su cuerpo puede usarse como material mágico de valor considerable.
Esto no es algo que un Alto Mago inferior como tú pueda tomar… ―…
Lin Yun era inocente, sin embargo ese joven Alto Mago parecía haberlo tomado por alguien que codiciaba botines de batalla.
«Esto es ridículo…»
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