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El Guía X - Capítulo 2

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  3. Capítulo 2 - 2 Ruptura Instantánea de Mazmorra
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2: Ruptura Instantánea de Mazmorra 2: Ruptura Instantánea de Mazmorra La longitud de onda y la energía de un guía determinaban su rango, pero era aún más importante para manejar y calmar las caóticas energías de un Esper.

En teoría, un único guía de Clase S podía proporcionar suficiente orientación a múltiples Espers de alto rango, e incluso a otros de Rango S, y todavía tener energía de sobra.

Y lo mismo se aplicaba al resto de guías hasta llegar a los guías de Clase-D, que apenas podían lidiar con un Esper de Rango-C y otros tres de Rango D.

Los guías de Clase E eran raros y, a diferencia del prestigio de un rango superior, a nadie podía interesarle su «rareza».

En la mayoría de los casos, los guías de Clase E servían de apoyo a los guías de clase superior con su insignificante longitud de onda, pero aun así era posible orientar a un Esper de Rango D.

Estaban muy por encima de la gente normal, pero también eran el eslabón más bajo en la jerarquía de lo extraordinario.

Así que, al ser el guía de Clase E de menor nivel, e incluso lo más bajo de lo bajo en términos de energía, apenas podía lidiar con un Esper de Rango E; no era de extrañar que a Ayen lo llamaran un guía inútil.

Casi siempre permanecía inexpresivo, ignorando las miradas de la gente antes de salir con indiferencia.

Su apatía era realmente digna de ver; con el paso de los años, nadie continuó burlándose de él, y actuaba como si fuera invisible.

Era como hablarle a una pared cuando intentaban insultar a Ayen.

Ayen se detuvo junto a la ventana abierta, y el viento lo envolvió con su brisa.

Sus intimidantes ojos negros y entrecerrados contemplaban las secuelas de la batalla.

Todavía quedaban algunos limpiadores y Espers, limpiando los cadáveres de los monstruos y acarreando los cristales y las piezas valiosas.

La escena se reflejaba en sus ojos.

Ya estaba acostumbrado a este panorama y al hedor de la sangre y la carne quemada.

Sin embargo, la mayor parte de su experiencia provenía de cuando lo asignaron a una de las zonas naranjas, donde se encontraban la mayoría de las mazmorras de Rango-B.

Seguía siendo una vista inusual en una zona amarilla, que estaba catalogada como una zona relativamente segura, aparte de las zonas verdes.

Sus ojos se movieron al parpadear, y se quedó allí de pie, sin que su expresión mostrara emoción alguna.

—Una zona amarilla…

¿eh?

—murmuró; hasta su voz tenía un deje de pereza.

Ayen se quedó mirando durante unos segundos antes de darse la vuelta y seguir su camino.

Para él, pasara lo que pasara en esta zona, no era asunto suyo.

Si la situación se agravaba, solo significaba que lo asignarían a otra zona, nada más.

Era un guía y, a la vez, no lo era.

Lo trasladaban de una zona a otra, pero a Ayen…

nunca le había importado.

Y, sin embargo, al pasar por la zona de orientación, una extraña emoción brilló en sus ojos antes de desvanecerse mientras seguía caminando, sin mirar atrás.

Pasaron unos días más, y la frecuencia de las alertas rojas y la oleada de monstruos cesó como por arte de magia.

Era como si lo que había ocurrido en los últimos meses hubiera sido un sueño y la vida en la zona amarilla hubiera recuperado su tranquilidad habitual.

—¿Crees que es solo una falsa alarma?

—le dio un codazo Keeran a Ayen, que estaba comiendo un sándwich frente a él en una de las mesas exteriores.

Ayen levantó la vista y se encogió de hombros antes de seguir comiendo.

No le importaba; ese era el significado implícito de su respuesta.

Falsa alarma o no, ¿qué tenía que ver con él?

Keeran frunció los labios, insatisfecha por su falta de reacción.

Sin embargo, no estaba realmente enfadada, pues ya estaba acostumbrada a la actitud de Ayen de indiferencia hacia el mundo; incluso si este fuera a ser destruido, él se quedaría inmóvil observándolo.

—Pero tengo razón, ¿a que sí?

—se recompuso y empezó a parlotear de nuevo—.

Es sospechoso que todo parezca normal otra vez después de estos meses.

Fíjate, de repente se siente todo en paz, sin la más mínima señal de avistamiento de una mazmorra —exclamó, muy acalorada al expresar su opinión.

Mientras Ayen se limitaba a seguir comiendo, para los demás parecía que ella estaba hablando sola.

Sin embargo, aunque Ayen pudiera parecer indiferente la mayor parte del tiempo, en realidad estaba escuchando todo lo que ella decía.

—¿Estás de acuerdo conmigo, verdad?

—volvió a darle un codazo y se inclinó, abriendo mucho los ojos—.

Es imposible que las cosas sean tan sencillas.

Debe de ser la calma que precede a la tempestad.

—Asintió con la cabeza y le dio otro bocado a su sándwich, como si estuviera cansada de tanto hablar.

Ayen asintió, sin decir nada, pero estaba de acuerdo con Keeran.

A veces parecía una cabeza hueca y era muy habladora, pero en realidad Keeran era perceptiva, y lo que decía solía tener sentido.

Como ella había dicho, era la calma que precede a la tempestad.

De hecho, Ayen sabía que no eran los únicos que podían presentirlo.

La repentina paz e incluso el silencio de las mazmorras activas ya lo indicaban.

Pero nadie sabía lo que iba a ocurrir, y a todos solo les quedaba permanecer alerta, incluso en el cuartel general.

—Solo prepárate —dijo él tras un instante.

Keeran hizo una pausa.

—¿Preparada para qué?

Ayen bebió el agua antes de limpiarse los labios, con los ojos oscuros como la noche.

—Prepárate para hacer las maletas —dijo con vaguedad antes de levantarse, sin esperar a Keeran, y emprender el camino de vuelta.

Dada la situación, Ayen sabía que esta zona ya no sería una zona amarilla.

Podría surgir una zona naranja…

o incluso una zona roja.

Sin embargo, Ayen aún no había entrado en el edificio cuando, de repente, el viento sopló con violencia, y casi tropezó antes de recuperar el equilibrio.

Frunció el ceño, con el pelo meciéndose en la brisa.

Al levantar la cabeza, el entorno se veía oscuro, como si el sol estuviera cubierto.

Se dio la vuelta y no pudo evitar quedarse paralizado, atónito por lo que veía.

No lejos de él, en medio de la ciudad, surgió una enorme puerta de la mazmorra.

Era la puerta de la mazmorra más grande que había visto en su vida.

E incluso la energía que emanaba de ella provocaba en todos un escalofrío y un terror indescriptibles.

No solo eso, sino que monstruos y criaturas empezaron a salir de la puerta.

En el momento en que lo vio, un único pensamiento cruzó por su mente: «¡una ruptura de mazmorra!».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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