El Harén NTR del MC Malvado - Capítulo 13
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13: Capítulo 13 Casualidad 13: Capítulo 13 Casualidad —¿Dónde estuviste ayer?
Faltaste a clase por primera vez en tu vida.
Eso no es propio de ti, Sophia.
¿Qué pasó?
—preguntó Jazmín, con una voz que denotaba una mezcla de confusión e inconfundible preocupación mientras se inclinaba para estudiarle el rostro.
Sophia apartó la mirada, esforzándose por mantener la compostura.
—Estuve en el hospital, velando a Mark —respondió, en un hilo de voz.
La mentira se le escapó con facilidad, pero la tristeza de su tono era real, lo que le confirió un velo de sinceridad que hizo que Jazmín se la creyera sin dudarlo.
—De acuerdo, eso tiene sentido —dijo Jazmín, asintiendo con lentitud—.
Por cierto, ¿cómo está él?
Lamento no haber pasado.
Sabes que no soporto los hospitales.
—Se mordió el labio mientras bajaba la mirada, jugueteando con el borde de la manga.
Los recuerdos del trágico accidente de sus abuelos afloraron en su mente, llenándola de un pavor que solo los hospitales parecían evocar.
Desde aquel día, los hospitales se habían convertido en el único lugar que era incapaz de visitar, por mucho que quisiera estar allí para sus amigos.
Sophia suspiró, sintiendo el peso de la empatía de Jazmín, pero también la carga de sus propios secretos.
—Él… sigue igual —respondió, con la voz quebrándosele un poco al hablar.
Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas, sus emociones a duras penas reprimidas.
A pesar de todo lo que había ocurrido entre ellos, no podía borrar los sentimientos que una vez tuvo por Mark.
Habían compartido tantos recuerdos, tantas risas y sinsabores, y era doloroso pensar en él postrado allí, inmóvil y vulnerable.
—Tiene suerte de tenerte para cuidarlo —murmuró Jazmín, alargando el brazo sobre la mesa para darle un apretón tranquilizador en la mano—.
Siempre has sido tan compasiva, Sophia.
Incluso cuando la gente te hace daño, parece que nunca les guardas rencor.
Es… sinceramente, asombroso.
—Sonrió con dulzura, y la admiración brilló en sus ojos.
Sophia le devolvió la sonrisa, aunque sentía el corazón pesado.
En realidad, sus emociones eran mucho más complicadas de lo que Jazmín podía imaginar.
Esto era especialmente cierto después de lo que había ocurrido entre ella y Ross.
Su mundo, antes perfecto y apacible, se había puesto patas arriba, y se preguntaba si alguna vez podría recuperar aquella vida de inocencia.
Sospechaba que la respuesta era no; algunas cosas, una vez perdidas, son difíciles de recuperar.
Crecer nunca era fácil, y parecía que la vida exigía sacrificios a todo el mundo.
Ahora, Sophia sentía una extraña mezcla de emoción y aprensión cada vez que pensaba en él, algo que distaba mucho de los días despreocupados de su pasado.
—Sophia.
—Una voz familiar la llamó por la espalda, rompiendo su ensoñación.
Sophia y su amiga Jazmín se giraron hacia el origen del sonido, y sus expresiones contrastaron bruscamente al divisar la figura que se acercaba.
Ross caminó hacia ellas; su alta y enfermiza figura vestía lo que era, sin lugar a dudas, ropa de diseñador.
A Sophia le dio un vuelco el corazón y un rubor rosado le tiñó las mejillas al cruzar su mirada con la de él.
Durante un instante breve y vertiginoso, los recuerdos inundaron su mente: momentos de una intimidad que nunca antes había experimentado.
Sintió que la cara le ardía, que su piel cremosa se volvía tan sonrosada como un melocotón fresco bajo su mirada.
Jazmín, sin embargo, no estaba tan impresionada.
Entrecerró los ojos, evaluando el aspecto de Ross con ligera sorpresa.
No era poco atractivo, admitió para sus adentros, pero desde luego no parecía lo bastante extraordinario como para explicar la reacción de su amiga.
Aparte de su altura y su atuendo a todas luces caro, parecía bastante corriente.
Y, aun así, ahí estaba Sophia, visiblemente ruborizada, con la cara del color de un tomate maduro.
Era como si la mera presencia de Ross hubiera lanzado un hechizo sobre su amiga.
«¿Es este… el novio de Sophia?», se preguntó Jazmín para sus adentros, frunciendo aún más el ceño.
Alternó la mirada entre Ross y Sophia, intentando dar sentido al evidente encaprichamiento de su amiga.
Desde su perspectiva, Ross no parecía merecedor del intenso rubor que ahora teñía las mejillas de Sophia.
Jazmín siempre había considerado a su amiga una persona sensata, pero ahora miraba a Ross como si fuera alguien especial, alguien único… alguien que le aceleraba el corazón.
No era solo la expresión de Sophia lo que confundía a Jazmín.
Eran los pequeños detalles: el nerviosismo de las manos de Sophia, su mirada que se desviaba hacia el suelo y volvía a subir, y el ligero temblor de sus labios, como si quisiera hablar pero no encontrara las palabras.
Por primera vez, Jazmín sintió que estaba viendo una faceta de su amiga que antes había permanecido oculta, una faceta marcada por la vulnerabilidad y el anhelo.
A medida que Ross se acercaba, les dedicó a ambas una sonrisa relajada, ajeno a las reacciones contrapuestas que estaba provocando.
El rubor de Sophia se intensificó y entrelazó los dedos, mientras que Jazmín se cruzó de brazos, intentando enmascarar su escepticismo.
En ese momento, Jazmín no pudo evitar preguntarse cómo un tipo como Ross había logrado conquistar el corazón de su amiga, que solía ser tan perspicaz.
Y qué era, se preguntó, lo que tenía él que había sacudido su mundo tan profundamente.
Lo que Jazmín no sabía era que Ross y Sophia compartían una conexión que iba mucho más allá de un afecto inocente.
Los momentos que habían compartido ya habían traspasado los límites de un simple romance para adentrarse en el terreno de la pasión y en profundidades de intimidad tácita.
—Ross —susurró Sophia con dulzura, con la voz cargada de expectación y contención mientras se mordía el labio, conteniéndose a duras penas para no decir más.
Tenía las mejillas sonrojadas y los ojos le brillaban con una mezcla de emoción y nerviosismo.
En ese instante, se veía tan naturalmente cautivadora que cualquier hombre se habría sentido tentado de acortar la distancia entre ellos; y Ross, al sentir esa atracción, no dudó.
Acto seguido, la atrajo hacia él, posando las manos en su cintura mientras se inclinaba y capturaba sus labios en un beso firme pero tierno.
Fue un beso lleno de posesión y familiaridad, como si hubieran ensayado ese momento incontables veces.
Los párpados de Sophia se cerraron mientras el pulso se le aceleraba y sus dedos se aferraban con suavidad a los hombros de él en busca de apoyo, mientras el mundo a su alrededor parecía desvanecerse.
—Mmm… —El suave gemido de Sophia fue apenas audible, ahogado en la cercanía entre ambos.
Ross la apretó más contra sí, explorando las curvas de su cuerpo con una confianza desenfadada.
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